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En este numero:

- 12 de octubre: Declaración de los Hogares de Estudiantes Mapuche de Concepción
- EL MOVIMIENTO SOCIAL Y EL PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE: UNA EXPERIENCIA HISTÓRICA. A propósito de los 40 años de la caída de su primera dirección clandestina. César Cerda Albarracín
- Apuntes de una conversación desde la provincia, con Nelson Schwenke. Por Tatiana Mayerovich

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Ajusticiar al tirano fue un deber moral asumido. Por Enrique Villanueva

Los jóvenes de hoy y mañana tienen el derecho de conocer el pasado de su país y de hacer su propio juicio del pasado reciente, en eso consiste la batalla por impedir que el olvido oculte nuestra historia y favorezca la impunidad, enfrentando la amnesia provocada y controlada por intereses poderosos, que desean mantener el pasado de Chile bajo llave. Por ello recordar a nuestros héroes y heroínas, a los desaparecidos y desaparecidas, así como las acciones que valientemente se hicieron para terminar con el largo periodo dictatorial y de terrorismo de estado, se constituye en un deber moral, para no olvidar y traspasar una historia valiosa a las nuevas generaciones.

En este contexto es necesario recordar el intento que el FPMR hizo por eliminar al tirano, al máximo responsable de los crímenes cometidos en Chile, a contrapelo de las permanentes criticas y las opiniones propias del neologismo de la "post verdad". Argumentando que el atentado en contra del tirano fue hecho “por extremistas y subversivos”, entre otros calificativos o, que quisieron realizar un magnicidio, otorgándole al tirano el estatus de presidente que nunca tuvo.

Queriendo olvidar que el contexto en que se planificó e hizo esta acción, fue en dictadura, cuando no había estado de derecho, cuando el país era gobernado por una dictadura terrorista, impuesta a balazos en 1973. Asi es como crearon la guerra inventada “en contra del comunismo”, una guerra sin combates, en la cual los enemigos que supuestamente enfrentaron, fueron hombres y mujeres masacrados y masacradas en los campos de concentración y en cámaras de torturas.

Por ello y con mucha fuerza, los chilenos y chilenas conscientes, los y las rodriguistas, reivindicamos la operación siglo XX, (el intento por ajusticiar a Pinochet), porque es una acción que se hizo en la búsqueda de la libertad y la dignidad perdidas con el golpe militar. Una acción político militar que está en la memoria popular, porque puso en jaque a la principal figura del terrorismo de estado y demostró que el tirano con toda la fuerza militar bajo su mando, no era intocable.

El FPMR realizó muchas acciones, cometió y sufrió derrotas, pero también logramos victorias y sobre todo hubo inteligencia y hubo política, cuyo merito consistió en la comprensión de que el motor del desarrollo de la lucha antidictatorial fue el pueblo y sus organizaciones, que son los que siempre hacen la historia. Fueron los chilenos y las chilenas que se comprometieron con la libertad de Chile, aún arriesgando sus vidas, ellos y ellas fueron y son el factor decisivo, oponiéndonos enérgicamente la idea equivocada de que el arma es lo decisivo.

Si hoy se pudiera resumir este hecho, lo que se debiera decir, es que fue una acción político militar heroica, como otras realizadas antes, por militantes del MIR por ejemplo, con el intento de basificar guerrilleras en el sur de Chile, que si bien no cumplieron completamente el objetivo político militar planteado, hicieron notar que en la época más oscura que haya vivido el país, de terrorismo de Estado, hubo chilenos y chilenas que decidieron ser valientes, permaneciendo firmes a favor de nuestros valores y no convertirnos en cómplices cuando se cometían injusticias y se atropellaban masivamente todos los derechos humanos y el derecho a la vida.

El atentado a Pinochet se empezó a planificar a comienzos de 1986, en la dirección nacional del FPMR, aunque años antes también se había planteado la idea de ajusticiar al tirano, un planteamiento que presentó Raúl Pellegrin. La operación se mantuvo en secreto y no salió mas allá de esta esfera de decisión hasta unos pocos días antes de su realización, por lo que por varios meses cada equipo participante en la logística, a nivel operativo y político, trabajó por separado y sin conocer cual era realmente la operación que se estaba planeando.

En 1986 la estrategia del FPMR era una estructura del Partido Comunista, que había sido creado para ser un componente decisivo de la política de la Sublevación Nacional, elaborada en 1985, una ampliación de la política de rebelión popular de masas (PRPM) definida en 1980 por la dirección del partido. Al FPMR le correspondía y así lo hizo, ponerse a la vanguardia de la organización político militar del pueblo, validando el legitimo derecho a la rebelión y así aportar a derrocar al dictador.

El atentado a Pinochet formó parte de este proceso como también lo fue el ingreso de armas por Carrizal Bajo, (arsenales), decisiones que se tomaron acertadamente en medio de un contexto de protestas masivas en contra de la dictadura, las que venían en ascenso en calidad y cantidad desde 1983, prueba clara de que el pueblo le estaba perdiendo el miedo a la represión y se estaba organizando para emplear todas las formas de lucha. De hecho, la protesta mayor y última fue convocada para el 2 y 3 de julio de 1986 durante la cual oficiales del ejército de Chile cobardemente, quemaron vivos a dos jóvenes chilenos, Carmen Gloria Quintana y a Rodrigo Rojas.

En la Dirección Nacional del FPMR veíamos, en ese contexto, que el camino más acertado de las fuerzas populares y revolucionarias, era el de ser capaces de desarrollar la fuerza político-militar, que permitieran conducir al pueblo a grandes jornadas de lucha en la perspectiva de la Sublevación Nacional. Así fue que en el verano de 1986 se tomo la decisión de llevar a cabo la acción en contra del dictador, en la Dirección Nacional del FPMR, cuyo jefe máximo fue Raúl Pellegrin (comandante José Miguel) en consenso con la comisión militar del PC. Y fue José Valenzuela Levi, el “comandante Bernardo”, quien quedó a cargo de la operación, uno de los jefes del FPMR con una amplia preparación y experiencia militar.

La primera opción no fue la emboscada, sino que hacer explotar el vehículo de Pinochet, cuando éste volviese a Santiago desde su residencia de fin de semana en el Melocotón. Fueron dos o tres variantes las que se estudiaron en profundidad, en un nivel político-estratégico, operacional y táctico, para conseguir un objetivo estratégico político o militar.

Así fue que se iniciaron los preparativos en el sector de Las Vizcachas, lugar donde se cavó un túnel que llegaba al centro de la ruta donde se pondrían los explosivos para hacer estallar los autos de la comitiva de Pinochet. No obstante, los preparativos y el plan fueron abortados en el mes de agosto, después del descubrimiento de la internación de armas de Carrizal Bajo.

Posteriormente fue Bernardo (José Valenzuela Levi) quien le propuso a José Miguel (Raúl Pellegrin), la alternativa de hacerle una emboscada al tirano en la cuesta las achupallas, en el Cajón del Maipo. El trabajo se hizo rápido y de manera organizada sin que éste perdiera su nivel estricto de compartimentación. A finales de agosto el comandante José Miguel, el jefe del FPMR, informo en la DN que ya estaba todo listo, incluyendo a los fusileros que habían sido reclutados entre las filas del FPMR.

Han pasado más de tres décadas de una acción político militar brillante, que seguramente es estudiada en las escuelas de guerra del ejército de Chile, aunque no se cuente, brillante porque la estrategia planteada definió correctamente la dirección del golpe principal. Llevada a cabo por la fuerza propia y que se constituyó en esos momentos en una reserva moral de la lucha antidictatorial.

Fue una acción que se planificó y ejecutó tomando en cuenta la superioridad material del ejército represor, para llevarlos a un combate para el cual nunca estuvieron preparados, con un actuar logístico impecable para asegurar el suministro de materiales y pertrechos, es decir, el abastecimiento técnico material.

El FPMR reivindicó desde el primer momento el intento de ajusticiar al tirano, en Chile y en el extranjero, porque esta acción fue una inyección de moral grande para la lucha antidictatorial. También sabíamos que, si el resultado era exitoso o fallaba, de igual manera se harían escuchar voces en contra, desde la dictadura y también desde las filas de la dirigencia de la izquierda pesimista, la que nunca creyó en el derecho a rebelarse, pero que no tardó en “hacer correr la voz” de que la operación siglo XX había sido hecha “por los propios milicos”. Pero, en fin, la historia esta allí y para quien quiera investigarla seriamente, el golpe al tirano, al numero uno del mal, fue significativo, fue un aporte y un paso que permitió avanzar hacia el fin de la dictadura. De hecho, el gobierno norteamericano, después del ingreso de armamento a Chile y del atentado a Pinochet se puso en alerta, advirtiendo que la permanencia del tirano alentaba la lucha revolucionaria, porque a esas alturas, ya los chilenos habían perdido el miedo y el FPMR actuaba dando golpes certeros que alentaban la rebelión popular.

Pero la respuesta fue dura y violenta, lo habíamos previsto, en el marco en que siempre actuó la dictadura cívico militar, implementando una ofensiva terrorista represiva y en el intento de descabezar al FPMR. Pero nunca nos imaginamos que la CNI, al mando del oficial de ejercito, el psicópata Álvaro Corbalán Castilla, actuara de manera tan cobarde, en contra de personas inocentes, secuestrándolos, asesinándoles y luego abandonándolos en distintos puntos de Santiago acribillados a balazos: José Carrasco, Felipe Rivera, Gastón Vidaurrazaga y Abraham Muskalbit.

En el FPMR sufrimos la perdida de doce valiosos hermanos, y hermanas, asesinados por la CNI en la operación Albania, a su estilo, creando montajes para validar enfrentamientos que nunca existieron.

Meses después, en 1987, José Miguel resumía estos hechos reflejando el espíritu que nos permitió llevar a cabo el atentado al tirano, rodeados de una mística y de un compromiso que nos impulsaba a seguir luchando: “El dolor no nos detiene a llorar, pero golpes como estos deben hacernos detener y ver cómo avanzar mejor. Este es el espíritu que debe primar en cada reunión, donde debe estar en el centro, el análisis objetivo de lo realizado y la búsqueda de cómo estar en la altura de las exigencias y las obligaciones que hemos adquirido ante nuestro pueblo, para encontrar las conclusiones más acertadas posibles del año 1986, en lo político general, y en lo particular de nuestra organización y para trazar las perspectivas y tareas que tenemos por delante…

Honor a los héroes. Ni perdón ni olvido. Sí a la Justicia.

“Como la sombra de la memoria viva vuelve al combate frontal Manuel Rodríguez alto y duro como un rayo interminable en contra del mismo tirano inmemorial, vuelve encendiendo la guerra necesaria trae en las manos el fuego que castiga viene y va con sus milicias invisibles para señalar que un hombre nuevo crecerá..." Himno del FPMR.

Enrique Villanueva M.

 
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