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- Au Chili, la dictature de Pinochet n’en est plus une par Victor de La Fuente
- La Elite Resentida de Chile. Por Eda Cleary
- Financiamiento para el Desarrollo ¿La ONU privatiza el desarrollo?Por Miguel Santibañez, Katiuska King, Ana Tallada y Óscar Ugarteche

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Allende y la necesaria verdad histórica. Por Ricardo Klapp

“Que caro hemos pagado el susto que le hicimos pasar a la oligarquía”.
Antonio Gramsci, Cuadernos de la Cárcel.

Este 2018 se conmemoran los 48 años del triunfo de Allende y los 45 años del Golpe de Estado y de la muerte en desigual combate del Presidente Salvador Allende y se hace todavía necesario que se esclarezcan los hechos y las circunstancias de lo ocurrido, como un segmento de la necesaria verdad histórica.

El legado de la lealtad y compromiso con el pueblo, la dignidad con sus cargos, la coherencia ideológica entre sus dichos y su accionar, el acto de sacrificar su vida por nosotros, hizo que el compañero Allende tuviera apoyo popular y social. Está vivo como estandarte del anhelo de transformación y justicia social. Su proyecto y formulas doctrinarias eran emancipadoras y en los sectores populares tenían un carácter de genuino sentimiento popular.

Los voceros de la dictadura cívico-militar han tratado de imponer la tesis del suicidio, pero aún no existen certezas jurídicas sobre las razones de la muerte e inmolación del Presidente constitucional, elegido por el pueblo.

Al final de ese día (11 de septiembre) se encontraban en La Moneda 67 personas: 24 integrantes de la escolta (GAP), 20 funcionarios, 8 médicos, 15 detectives y 9 visitantes. Tenemos la certeza que Allende comandó la defensa de la democracia en La Moneda, repelió junto a un destacamento de colaboradores la embestida golpista y enfrentó la cobardía y la adversidad con entereza, por más de cuatro horas.

Ese día, los edecanes Roberto Sánchez (Aviación), Sergio Badiola (Ejército) y Jorge Grez (Marina), le informaron al mandatario que tenía un avión en Los Cerrillos, para que abandonara el país. Nuestro Presidente contestó: “Dígale al general (Pinochet), que el Presidente de Chile no se arranca en avión. Yo estoy aquí, y me quedaré defendiendo al gobierno que represento por la voluntad del pueblo. No me voy a rendir; díganle a su comandante en Jefe que si quieren mi renuncia, me la tienen que venir a pedir aquí; que tengan la valentía de pedírmela personalmente”.

A las 10 horas, cuando el General de Ejército, Ernesto Baeza, por teléfono lo conmina a rendirse, el Presidente le responde: “Ustedes, como generales golpistas que son, no conocen a los hombres de honor”. Posteriormente, también por teléfono, a Pinochet le responde: “Yo no hago trato con traidores, y usted general Pinochet, es un Traidor”.

Según declaraciones en conferencia de prensa de la Junta, Pinochet declaró: “La Junta le ofreció al Presidente Allende, en cuatro oportunidades, que se entregara, dándole la posibilidad que saliera fuera de Chile y garantizando la vida. No lo aceptó”. Y agregó: “Cuando nuestras tropas entraron en La Moneda, el Presidente Allende disparaba su metralleta sobre nuestras tropas”. Igualmente, el general de aviación Gustavo Leigh aseguró: “Allende no se rindió en ningún momento. En La Moneda y la residencia de Tomas Moro que se negaban a rendirse y hacían un nutrido fuego de armamento liviano y pesado que estaban causando muchas bajas”. Declaración contradictoria al comunicado de la Junta que señaló: “A las 13:09 de ayer martes, Salvador Allende ofreció rendirse incondicionalmente. Su cadáver fue trasladado al Hospital Militar donde los Servicios de Sanidad, junto a un médico legista constataron su deceso y dictaminaron el suicidio”.

El prefecto de Investigaciones, René Carrasco, declaró a la prensa golpista: “La muerte del derrocado mandatario se produjo aproximadamente entre las 13:30 y las 14 horas de hoy, martes 11”.

El general Javier Palacios, quien participó en el asalto a La Moneda, afirmó en una entrevista: “Cuando rodeamos La Moneda, la aviación había destruido gran parte de La Moneda. Nosotros entramos sin máscaras de gases y nos recibieron a balazos los miembros de la guardia personal y no veíamos casi nada por el humo. Cuando subí al segundo piso abrí la puerta, allí estaba Allende sentado en un sofá. No me pareció que era Allende, estaba pobremente vestido, vestía una chomba, pantalones grises, arrugados, ahumados, manchados y sucios. Me acerqué al cadáver, sentado, con la metralleta en las manos y el casco y la máscara a un lado, los anteojos en el suelo. Después llegaron los peritos de las tres armas. Comprobaron el suicidio y tomaron fotografías”.

Incluso existe la versión de que ese día, el general Herman Brady gritoneó que “Al Presidente lo asesinó un GAP”.

A las 14:50 horas, comenzaron a ser apresados los primeros combatientes de La Moneda. Fueron llevados al regimiento Tacna, siendo bestialmente torturados y posteriormente exterminados en Peldehue. Según el subteniente Jorge Herrera: “Todos al ser ejecutados conservaron su dignidad y algunos murieron gritando consignas políticas”. Nuestros compañeros, al igual que el Presidente Allende, ofrendaron sus vidas en forma heroica.

El detective David Garrido, quien se quedó en La Moneda, recordó: “Escuché la voz del Presidente que dijo fuerte «Allende no se rinde milicos de mierda» y de inmediato dos o tres balazos…”. Al igual que detective Luis Henríquez, quien declaró: “Escuché un grito «Allende no se rinde» y a continuación algunos adjetivos…”.

El informe pericial de la Policía de Investigaciones no informa sobre máscara antigás ni de un casco antibalas (aunque hay pruebas fotográficas), y agrega que después de cuatro horas de combate, el Presidente tenía su vestón impecablemente abotonado, chaqueta de tweed color gris, pullover gris con figuras geométricas, camisa sport blanca, pantalones marengo, zapatos negros, ropa sin mancha alguna y con un pañuelo de seda en el bolsillo superior. También fotografiaron un fusil AKMS. No el AK-47 (obsequiado por Fidel Castro que estaba en poder de los golpistas). ¿Donde están esos fusiles?

Por otro lado, el detective Manuel Rivas, en el sitio de suceso, describió “El cuerpo sin vida de don Salvador Allende, el cual estaba en el suelo, en decúbito dorsal”.

¿Por qué un general afirma encontrar al Presidente en el Salón Rojo y sus restos los instalan posteriormente en el Salón Independencia? ¿Por qué, si el Presidente fallece en combate a las 14 horas, la Policía de Investigaciones afirma que fue alrededor de las 12 horas y el periódico El Mercurio des-informó estas imprecisiones el 21 de septiembre? Posteriormente, el Servicio Médico Legal concluyó que el pantalón del Presidente era azul oscuro. En otra declaración legal, el conscripto del regimiento Tacna, Manuel Garrido aseguró: “El general Palacios da orden de abandonar el salón, el que posteriormente supe se llamaba Salón Rojo”.

Mientras el Dr. Óscar Soto afirma que la chaqueta era de color marrón, el Dr. Arturo Jirón precisó que la chaqueta era gris (ambos médicos estuvieron en La Moneda). El Dr. Patricio Guijón habla de “El balazo”, no de los balazos. El bombero, Arcadio Sufán, quien Ingresó a La Moneda, afirmó: “Un gobelino que estaba ubicado tras la posición en que se encontraba y el orificio que vi en el cráneo, no coincidían con la dirección de la proyección de la masa. En cuanto al bando (militar) que salió en televisión y medios de prensa que señalaban que el Presidente se había suicidado, es un hecho que no comparto”.

El Dr. Guijón dijo: “yo vi como Allende se pegó el balazo”. Por su parte del Dr. Óscar Soto afirmó: “Guijón ingreso después de los disparos y la última vez que vi al Presidente con vida fue como a las 14 horas, estaba con “La Payita", Arsenio Poupin, el Dr. Jirón, Eduardo Paredes, Jaime Barrios y Enrique Paris”. Poupin, Paredes, Barrios y Paris fueron torturados, asesinados y hechos desaparecer en el Fuerte Arteaga de Peldehue.

El Dr. Danilo Bartulín, quien estaba en La Moneda, recuerda: “Yo hablé con Guijón y le pregunté directamente «¿Tú fuiste testigo presencial de la muerte de Allende?», Guijón me dijo que no”. Después, Bartulín agregó: “Allende disparó hasta el final, murió con el cargador vacío. Hay una foto en que aparece sentado en un sillón en una posición inverosímil. La autopsia revelo doble dirección de los disparos mortales, la autopsia se hizo en el Hospital Militar”.

En el Hospital Militar la autopsia la hizo el ginecólogo Luis Vásquez, quien no es consultor forense ni es perito ni tanatólogo; Vásquez es el mismo que realizó, en dictadura, autopsias engañosas a Carmelo Soria, Manuel Leyton y al niño Rodrigo Anfruns, entre otros asesinados.

Una radio de onda corta autorizada por la Junta ese día informó: “Allende ya es cadáver. El capitán Garrido nos ha liberado de las garras del marxismo, ha sido ajusticiado por nuestros soldados gloriosos”. Según la periodista investigadora Maura Brescia, Garrido, los tenientes Jaime Moscoso (quien le disparó) y René Riveros (quien lo remató), los tres eran oficiales de la Infantería de San Bernardo y serían los magnicidas del Presidente Allende.

En 1980, Eugene M. Propper, fiscal norteamericano en el llamado “Caso Letelier”, logró establecer que el autor material de los disparos sobre el cuerpo tambaleante del Presidente Allende fue el teniente ayudante del general Palacios, René Riveros.

El año 2014 apareció la siguiente información: "Yo soy René Riveros Valderrama, pertenezco al Ejército de Chile y además pertenezco a la raza de los libertadores de Chile, y yo soy el que mató a Allende". Muestra su muñeca con un reloj y dice: “Este es mi botín de guerra y este era del tirano: yo maté al tirano", declaró, Robinson Guerrero, detenido en 1974, en entrevista al periodista Juan Pablo Cárdenas.

El general Baeza, el 28 de septiembre de 1973, reafirmó: “Allende se negó terminantemente a salir de La Moneda”. Fue nombrado director de la Policía de Investigaciones. Baeza, además, es suegro del general Iturriaga de la jefatura de la DINA y responsable de la Operación Cóndor. Baeza declaró en noviembre del 2000: “Si Iturriaga cometió un delito, fue por acatar órdenes”. Y responde sobre el asesinato del General Prats: “Las órdenes las daba Pinochet, en el ejército nadie se manda solo”. Como no pudieron presentar a nuestro Presidente renunciado, ni rendido y, claro, tampoco muerto en combate, difundieron la tesis de suicidio. Las fotografías muestran al Presidente Allende con un fusil de asalto AKMS y los golpistas afirmaron que era un fusil AK-47 (de 87 centímetros de largo), que le obsequiara Fidel Castro.

El abogado y asesor de Salvador Allende, Joan Garcés, opinó: “Los militares que llevaron a Allende a esta situación de fuerza y que además tenían la intención de matar, son responsables del delito de lesa humanidad”.

El 17 de agosto de 1990 se llevó a cabo una exhumación visual y reducción de los restos óseos (el cráneo estaba incompleto) de Salvador Allende. Los restos fueron dejados en una caja metálica, que se instaló dentro de un ataúd nuevo. En dicha exhumación no participó ningún médico legista, ni peritos oficiales del Servicio Médico Legal.

Se han presentado querellas por los delitos de Asociación Ilícita y Muerte de Salvador Allende. Entre los abogados querellantes están: Eduardo Contreras, Roberto Celedón, Matías Coll, Roberto Ávila, Gonzalo Taborga, Julia Urquieta, entre otros, en representación de organizaciones de víctimas de la represión y compañeros de ideales de Salvador Allende.

De acuerdo al abogado Roberto Ávila: “Hay un homicidio, sea que el Presidente hubiera puesto fin a su vida por mano propia o que hubiera muerto por la acción directa de terceros. Lo determinante es la voluntad homicida de quienes llevaron adelante el golpe de Estado”. Lo que se grafica en una frase del general Pinochet, que está grabada y adjuntaron en el proceso: “Ofrézcanle un avión viejo y el avión luego se cae: muerta la perra, se acaba la leva”. Ávila agrega: “Hay un símil muy significativo con el 11 de septiembre de 2001 (en Nueva York, conocido como las Torres Gemelas). La Suprema Corte de ese país estableció que esas muertes era un homicidio, porque las personas no habían tenido la voluntad libre al momento de tomar la decisión de arrojarse al vacío, sino que simplemente estaban tratando de evitar una muerte aún más terrible y se estableció que eran homicidios”.

¿Por qué el juez Mario Carroza aceptó solo algunas fotocopias de la documentación original, sin verificar los archivos originales de la autopsia? ¿Por qué del cráneo y de la mandíbula se recuperaron solo 32 fragmentos, de los cuales solo 21 de ellos pudieron articular? Faltan numerosos fragmentos, ¿dónde están?, además falta, un hueso óseo.

El Dr. Luis Ravanal, Máster en Medicina Forense, afirmó de manera científica “…las incongruencias forense y legales. En el informe policial se identifican claramente tres heridas asociadas a proyectiles a saber, una herida en la región mentoniana. Las descripciones de las heridas contenida en la autopsia no corresponden a un suicidio”. Y agrega: “Para simular un suicidio, se profirió un disparo bajo el mentón. Este segundo disparo habría sido con un arma de mayor potencia, como un fusil que provocó el estallido del cráneo”. Y concluye: “Tendría que haber escurrido mucha sangre por el cuello hacia abajo, en las fotos del cuerpo de Allende tomadas en La Moneda, no se aprecian gotas de sangre, ni en el cuello ni el chaleco del Presidente”.

Más temprano que tarde aflorará la verdad histórica. Ese día gris los golpistas bombardearon, cañonearon, dispararon e incendiaron La Moneda, con el objetivo de asesinar al Presidente Allende y a quienes lo protegían, tras sus reiteradas negativas a rendir la democracia a las armas conspirativas.

Allende nos cumplió. No se entregó vivo y combatió defendiendo el honor, la democracia, la Constitución y al Pueblo.

RICARDO KLAPP SANTA CRUZ

 
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