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En este numero:

- OLCA: La ministra de Medio Ambiente debe ser removida de su cargo
- Nuestras relaciones internacionales: integración ahora y no más cahuines en el barrio. Por Felipe Trujillo López
- Interpelación a quienes detentan autoridad y poder. Por Humberto Palma Orellana

- Sumario completo



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Andan Mal. Por Samuel Jiménez M.

Sin la historia no entendemos lo que nos sucede y no logramos avanzar, apenas constatamos una cierta molestia colectiva que nos afecta negativamente.

El poder hace mucho que no se encuentra en los palacios o casas de Gobierno, lo tienen y ejercen personas y grupos que nos han impuesto una manera de ver y de ser.

Ha sido así desde la creación de los Estados nacionales y la distribución de los territorios en una orgánica que denominamos repúblicas, naciones, países, sin tener claridad sobre el significado de esos conceptos: ni siquiera eso.

Chile es un ejemplo, el llamado “nuestro país” es el territorio en el que habitamos, somos explotados y vulnerados legalmente.

Los llamados poderes ejecutivo, legislativo y judicial son tres servicios que tienen la misión de administrar “su” territorio, determinar las relaciones entre ellos y los habitantes (legalmente llamados ciudadanos) que son controlados y juzgados de acuerdo a leyes, que ellos dictan en nombre del pueblo pero sin el pueblo.

La democracia, “gobierno del pueblo”, es un concepto que viene viajando desde la antigua Grecia y parece que los años de vida se le van terminando, ha entrado en la edad conclusiva de su idea, de su esencia.

Es tiempo de ver lo que se mira y darse cuenta que la vista los observa y escucha a ellos, no ha nosotros.

Esa parece ser una primera clave, el poder se mete en nuestra manera de pensar y sentir, las mayorías sociales no entran ni a La Moneda, ni al Congreso, ni a la Corte Suprema. Los elegimos a ellos, en esto que se llama democracia representativa. Cuando logremos construir un nosotros que nos incluya, tendremos la posibilidad de ser Pueblo, en lo colectivo, y ciudadanos en lo individual.

La esperanza es entonces avanzar a una democracia directa en capacidad de dar sentido a lo que, hasta hoy, es solo una frase:”nuestro país”.

Si seguimos viendo “su tele”, ”sus diarios”, ”sus radios” y no activamos nuestras propias redes, seguiremos diciendo, sin entender, que las cosas ANDAN MAL.

 
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