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En este numero:

- El cerro Chiguaihue se cubre de sangre mapuche, una vez más. Por Martín Correa - Y otras informaciones
- Una propuesta cultural: deuda pendiente con el futuro y con el país. Por Diego Muñoz Valenzuela
- La Universidad del Mar: un tatuaje social. Por Juan G. Ayala

- Sumario completo



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Araucanía: la permanente desterritorialización y colonización como dinámica de acción hegemónica sobre el mapuche. Por Marco Silva Cornejo

En la Araucanía llueve la memoria con el frío, arquitectura de la miseria en desarraigo, así se teje el cotidiano de las existencias en la Frontera, destierro irremediable en precario desconsuelo, en celulosa queja, en sabor de lluvias que empapan el rostro de los hualles. Así desde hace más de doscientos años que el chileno y el colono han venido agujereando la ñuke mapu para extraer la riqueza que alimenta la promesa frenética de progreso y crecimiento esa que acompaña el incansable fantasma del desarrollo.

De esta manera se expresa con la dureza del cotidiano aquello que representa la compañía de teatro La Frontera en su obra “El casorio de Chile”, relato de notable precisión para caracterizar un contexto y un sujeto en fragmentación continua por la usurpación como condición de su existencia. Víctima de la acción de todas las hegemonías internalizadas en su consciencia de esclavitud irremediable. Como el monocorde relato de haber sido concebido y existido para ser periferia y propiedad de otro, plusvalor alienado como ofrenda de mineral viviente, primero al español, luego al colono y finalmente al Estado de Chile que ha transnacionalizado su territorio para objetivar la riqueza en la danza perversa de las mercancías. La coreográfica danza de existencias al servicio del capital bajo la imponente escena de la militarización domesticante hasta nuestros días.

Primero fueron enfermedades y alcoholes, luego a evangelización y la escuela. Es así como desprovisto el sujeto de su territorio y de su identidad, la domesticación solo ha sido parte de la continuidad de lo expropiado, una matriz cultural, donde miseria y negación de lo propio es el calendario de los siglos.

El Casorio de Chile es una obra desde la Araucanía para todo aquel que quiera poner oídos al clamor de un pueblo atropellado, un acto artístico que contiene en su ADN un aprendizaje descarnado referido a la matriz fundante sobre los que se ha constituido aquello que llamamos frontera. Un llamado a la conciencia y a la solidaridad activa con la causa de un pueblo que merece la dignidad y el respeto de una nación entera.

Marco Silva Cornejo
Mg. Ciencias Sociales Aplicadas UFRO

 
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