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En este numero:

- Carta a la presidenta Michelle Bachellet por chileno Jaime Castillo Petruzzi preso en Perú hace 21 años
- Piñera, el caso de la ley Longueira y como se favoreció su inversión en Corpesca. Por Pablo Fernando González
- Soy inocente. Por Enrique Villanueva

- Sumario completo



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Carta abierta a los suboficiales de Carabineros de Chile por Álvaro Cabrera

Señores suboficiales de Carabineros de Chile:

¿Es que ya no queda decencia en esta octogenaria Institución? ¿Es que la decencia nunca volverá?

El carabinero sigue siendo una de las figuras de autoridad más confiables para las personas, sobre todo las más humildes, pero actuaciones como la de todo el día de ayer nos retroceden brutalmente a los tiempos más tenebrosos y cualquier confianza y respeto se pierde, a veces para siempre.

El Pueblo de Chile quiere con todas sus ganas poder querer, entrañablemente, a sus carabineros. Poder decirle “paco querido” y no “paco culiao”, saludarle, brindar con él o ella, debatir, abrazar al menos en Año Nuevo, y faltarle el respeto entre compatriotas de cuando en cuando. Sin embargo, le represión brutal y masiva de ayer enciende en todos nosotros un resentimiento amargo (combinado con mala educación, hace que algunos de nuestros cabros, de nuestros guachos, escriban “A kemar la yuta!”, “Pacos van a cobrar!” como si no supieran que ustedes padecen este sistema igual de mal o peor que la mayoría).

¿Es que no hay forma de detener, desde dentro, este accionar criminal del Alto Mando, ejecutado en terreno por los oficiales? ¿Esta demencia ordenada por Piñera y gestionada por Hinzpeter?

No puede ser que en el código ético de Carabineros de Chile, o en su Misión Institucional, o en alguna parte de ese himno que todos aprendimos, no exista una forma para oponerse al uso generalizado de la fuerza excesiva, a la exigencia de impedir el libre tránsito de personas, de detener injustificadamente, de maltratar, y violar reiteradamente la ley.

Sabemos que ustedes saben cuánto cuesta una bomba lacrimógena, y podrán estimar cuánta plata se gastó ayer de los impuestos que todos pagamos. Porque ustedes y nosotros pagamos impuestos, y pagamos comparativamente más que sus generales y que los dueños de Chile. ¡Fondos públicos de todos los chilenos para lanzar armas químicas, en nuestra sobre-contaminada ciudad, irritando las vías respiratorias, ojos y sistema nervioso de manifestantes pacíficos y cientos o miles de vecinos, adultos mayores, lactantes, cualquiera!

Sabemos que entienden que sus hijos están condenados a educarse en las peores condiciones existentes en el país, mientras los hijos de los oficiales tienen asegurado un pupitre en una escuela privada (lo más triste es que creen que es mejor, pero la educación es igual de mala). Que no pudieron acceder a la Educación Superior, pero quieren poder hacerlo alguna vez, o que sea la opción de sus hijos o sobrinos o nietos. Y entienden que así como están las cosas, la “esperanza” para la mayoría es lograr entrar a una institución con fines de lucro, para recibir una mala educación, un título de escaso valor y una deuda de 30 millones.

Sabemos que entienden que este Movimiento por la Educación es para cambiar eso, y lo comparten, no pueden no compartirlo.

¿Entonces? ¿Cómo puede ocurrir lo que ayer ocurrió?

No tendrán sindicato, ni podrán hacer huelga, pero alguna forma habrá para que el Honor de los Carabineros de Chile alce la voz desde las propias filas, y diga NUNCA MÁS pisotearé a una chilena o chileno, a un compatriota al que juré defender y servir, por proteger el derecho a la libre empresa (también podemos decir: la AVARICIA) de personas que, en cualquier país con leyes sanas, estarían haciendo sus negocios en la ilegalidad.

Un abrazo fraterno.

Álvaro Cabrera Maray
Chileno
5 de agosto de 2011

 
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