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En este numero:

- Club Deportivo Ferroviarios de Chile. Por José Antonio Lizana Arce
- El “Acuerdo Nacional por el Desarrollo y la Paz en La Araucanía”: Análisis crítico desde la perspectiva de derechos humanos
- El extraño encanto del color y sonido de las palabras recobradas. Por Paquita Rivera y Alex Ibarra

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Catástrofe en el Norte: Lógica televisiva y espectáculo masivo.Por Mauricio González

La sociedad se ha construido bajo el alero del razonamiento científico (positivismo) por sobre la emocionalidad. El ser humano desde épocas inmemoriales ha buscado explicarse los fenómenos naturales, luego que se los explicó, ha buscado controlarlos.

El 5 de marzo del 2015 la naturaleza nos demostró que es independiente de nuestros deseos. El volcán Villarrica hizo erupción, esto genero la evacuación de las localidades de Villarrica, Pucón y Coñaripe.

El 23 de marzo la naturaleza se volvió a pronunciar. Las abundantes lluvias en el Norte Grande y Norte Chico causaron un desastre en las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo. Las inundaciones arrasaron con casas, autos y seres humanos. Debido a lo ocurrido el gobierno declaro Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe para la región de Atacama y Antofagasta.

Me pregunto: ¿Qué fue primero, la violencia contra la imagen o el establecimiento de la hiperrealidad?

La importancia de estos dos conceptos es trascendente, porque en ellos se puede connotar el actuar de los medios de comunicación televisivos durante la tragedia.

Sí fuéramos lineales podríamos aceptar primeramente la hiperrealidad y luego la violencia contra la imagen como parte de la construcción de la realidad integral. Pero ¿Cómo podemos enlazar estos conceptos a la tragedia en el Norte chileno?

Primeramente, la transmisión de la catástrofe en vivo y en directo, con cortes comerciales, espacio para tomarnos un café y seguir viendo un programa de televisión es típico del lenguaje en alta modernidad. Interesante es descifrar cómo nos habla la televisión, por ejemplo: Mega, divide la pantalla en dos, en un lado el animador perfectamente vestido y en el otro un periodista vestido outdoor, el paisaje desastroso, barro, tonalidades ocre dominan la pantalla, casa desmayadas y auto volteados. Transmisión del desastre en dos pantallas para una tercera pantalla, la nuestra, la del espectador. Y, nosotros como espectadores entregándonos al goce escópico definido por Lacan deseamos ver hasta el último gesto de tristeza de un ser humano que es instrumentalizado.

Este lugar lejano, es transmitido como un lugar tan cercano, como una realidad que está a la puerta de mi casa que llega a devorarse el modelo que él mismo encarna y se transforma en hiperrealidad. La televisión lo despoja de todo sus sentido y lo hace normal, cotidiano, superable y absorbible “el modelo opera como esfera de absorción de lo real”[1]. La desgracia del norte muta en algo tan real que casi no es verdadero, juego perverso de la conectividad total, que más que acercarnos nos separa.

La violencia de la imagen fenómeno abstracto, idea trabajada en un texto de Baudrillard, se vuelve palpable y visible. Palpable y visible como el Poder operando sobre el cuerpo del condenado. Nuevamente el cuerpo es la superficie donde se dibuja la realidad, cuerpos embarrados, caras desesperadas y ojos llenos de dolor. Lo anterior es el mismo código que vemos cuando se transmite de la situación en Gaza o cualquier escenario apocalíptico. El paneo completo del cuerpo tanto para mostrar la miseria o violencia 24 horas al día “nos conmueven tanto menos cuanto que están significadas en exceso: hay aquí un contrasentido total”[2].

Segundo paso de los medios es la utilización de imágenes ya no de seres humanos, sino de animales atrapados entre el barro. Y, finalmente, la cacería de brujas contra las personas que abusen de la solidaridad, reportajes sobre filántropos y las lamentables subidas de precio en los productos de primera necesidad. Todo con el único fin de mantenernos frente al televisor, ejercitando el musculo visual hasta lograr la hipertrofia, no necesitamos muchas veces forzar la vista, ya que las cámaras ocupan el máximo zoom-in.

A casi una semana del inicio de la crisis, la televisión ha bajado sus horas de transmisión, y así lo hará hasta olvidar el tema. El sufrimiento y la miseria vieja no generan rating, debe ser un dolor fresco y novedoso. Las redes sociales tienen su propio lenguaje, muchas veces similar a los diarios de Centroamérica. Las redes sociales no funcionan con una línea editorial, sino más bien bajo el libre arbitrio de la moralidad del usuario.

Todo lo anterior funciona en analogía directa con el diagrama de Ishikawa[3], sería lo siguiente: en la cabeza del diagrama estaría el efecto “desastre en el norte grande y chico de Chile”, sobre eso se abastecen los medios tradicionales, pero ninguno se preocupa de las diferentes aristas que generan este desastre, ninguno habla de las mineras, ninguno habla de la contaminación de las napas subterráneas, nadie habla de la preparación de los embalses. Y, por último, ninguno habla cómo la tragedia en el Norte responde a un capitalismo que devora agua, tierra, personas y aire.

[1] Baudrillard, Jean. “Cultura y simulacro”. Editorial Kairos. Pág.189

[2] Baudrillard, Jean. “El pacto de lucidez o la inteligencia del mal”. Editorial Amorrortu. Pág. 86

[3] Diagrama-causa y efecto, Pareto y flujogramas. http://www.gestiopolis.com/recursos4/docs/ger/diagraca.htm. (31 de marzo 2015)

 
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