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En este numero:

- Se echan de menos los “10” en la política. Por Patricio Guevara
- Consigna por la vida. Ni violencia, ni abuso, ni muerte. Por Sonia Brito, Lorena Basualto y Andrea Berríos
- Obra de teatro Punta de Rieles en Matucana 100

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Chile entre rejas por Katia Cotoras y Moisés Scherman

Hemos estado prisioneros por 38 años. Esta situación que abarca todos los aspectos de la vida nacional, se ha caracterizado porque el Estado en absoluto desmedro de la población, ha financiado la eficacia y eficiencia de los grupos económicos criollos y de las empresas trasnacionales, los que han obtenido sus beneficios mediante un control oligopólico del poder y sobre todo este Estado ha apoyado a las oligarquías financieras. El Oligopolio ha sido producto de un Estado ausente de velar por los derechos de la población, con grandes empresas actuando en constante colusión para influir sobre el control de los mercados. De esta forma, el Estado ha sido capturado y a los ciudadanos se les ha raptado sus derechos humanos por décadas, de la libertad e igualdad de trato con instrumentos legales con el objetivo de conseguir u obtener beneficios políticos, económicos o mediáticos.

Toda una red política, financiera y económica basada en los principios de Maquiavelo, que ha subsistido a costa de la fragmentación de la sociedad civil, de un Estado capturado y del apoyo del gran capital internacional.

Los bienes de consumo y la canasta básica de subsistencia familiar, han sido controlados por los sistemas y redes oligopólicos en todas las facetas cotidianas, abarcando desde un medicamento, alimentos, transporte, colegios hasta incluso los bienes inmobiliarios. A esta situación, debemos sumarle la captura de la participación ciudadana por el sistema binominal de elecciones, la nula legislación de participación ciudadana y sobretodo como una constante a través del tiempo: el invocar la ley de terrorismo para criminalizar y deshacerse de los espacios conquistados por la sociedad civil. Esta acción ha llevado a nuestro país a una fractura en todos los ámbitos de la vida de una familia: salud, educación, vivienda, cultura, etc., con el consiguiente empobrecimiento y marginalidad de los jóvenes. Pero, no debemos olvidar que la historia de los pueblos establece que la captura de los derechos es un hecho anormal en una sociedad y que por lo tanto esta buscará por todos los medios obtener su liberación. Es decir la libertad de ser, de poder ejercer sus derechos, romperá las ataduras de la esclavitud, tarde o temprano.

La gobernabilidad política y económica de este sistema es ilusoria y basada en burbujas de especulación. La razón es básica: el sistema ha desconocido en el fondo las necesidades de la población y que la soberanía recibe en la ciudadanía. El Estado capturado por individuos y empresas que han formado su nicho legal, creando leyes y reglamentos en beneficio propio donde el gran ausente es el bien común.

Claro ejemplo de este sistema y su deficiencia lo representan las autoridades que han asumido cargos en este gobierno. Como dice el refrán popular “por donde pecas pagas” ,ha quedado demostrado en el mal manejo empresarial dictatorial de los nuevos servidores públicos, que ha llevado al país a una gran crisis. Las palabras expresadas en la prensa, los hechos como bestias acorraladas, están llevando a que corra sangre por las calles de Chile. Esta acción recuerda la publicación en el diario New York Times en la década del 60 cuando las empresas amenazaron con sangre en las calles del país si se les expropiaba el cobre.

Una vez más, la historia demuestra que estas técnicas de poder, por el contrario, van transformando a la sociedad en un espiral de violencia con conductas de odiosidad y rencor en el tejido social. La esclavitud política -económica gestada por el poder va desequilibrando al conjunto de la sociedad abarcando el campo cotidiano, financiero, social, y llegando a tocar las puertas de todos los ciudadanos.

La esclavitud económica nos tiene sumidos en un modelo neoliberal de mercado basado en el individualismo, en la ruptura de la base social, en la desconfianza de unos a otros .Pero sin embargo, la historia nos enseña que la solidaridad social es la gran llave que abre los cambios. Esto implica hacerse cargo del bien común, ser veladores de él, frente a un Estado ausente, el que ustedes y nosotros nos hagamos parte del sufrimiento del otro, en acciones concretas. Hoy día, los estudiantes nos están mostrando caminos para liberarnos y convocándonos a sumarnos al cambio por una educación de calidad. Hay muchas formas de protestar y de desobediencia civil, para que el temor y el amedrentamiento de los medios, no consolide la no acción.

El sistema sobrevive por la compra y venta de bienes de consumo. Damos como ejemplo una decisión solidaria de insurrección silenciosa como puede ser, el que usted y su familia no consuma bebidas gaseosas de fantasía y las reemplacen por agua de la llave, o que decidan no comprar un diario o no ver un canal de TV. El sistema es más frágil de lo que usted supone, ya que no sobrevive sin su consumo. No existe la capacidad de control frente a una multitud solidaria y comprometida. Esta herramienta de protesta debilita al sistema. Usted puede cooperar con pocas acciones pero que al final del mes su aporte y el de todos, es vital. Cuando el operador del sistema percibe la baja del consumo, esto incide en su financiamiento en la banca, en sus utilidades, en su bolsillo y ahora es el inversionista el que presiona al mundo político por los cambios. Cae el sistema, porque dejó de ser rentable.

Este modelo neoliberal nos encauzó hacia los bienes de consumo, bienes gestados en un sistema que ha explotado al ser humano y al medio ambiente. Se trastocaron los valores humanos de tener en vez de ser, retroalimentándose así mismo, mientras nuestra conciencia ciudadana no rompa la cadena .Dejamos a otros hacerse cargo de velar por el bien común, pero nos olvidamos de lo esencial es que ustedes y nosotros debemos conquistar nuestra libertad económica, educacional, financiera. Nosotros produciremos el cambio en cada acción solidaria en nuestra vidas y en este momento solo necesitamos abrir los brazos y decirle a un joven “yo lo apoyo, con mi acción diaria unámonos para cambiar a este país”.

Katia Cotoras es arquitecta y miembro de Amigos de La Reina Ambiental. Moisés Scherman es economista, miembro de la Red Ciudadana por Ñuñoa y del Movimiento Amplio de Izquierda MAÍZ

 
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