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En este numero:

- "METER A LOS INDÍGENAS EN LA CÁRCEL ES MATARLOS!" (Héctor Llaitul) A PROPÓSITO DE LAS CONDICIONES DE DETENCIÓN Y LAS REIVINDICACIONES DE LOS 12 PRESOS POLÍTICOS MAPUCHE, ENCARCELADOS EN ANGOL (CHILE). Por DOMINIQUE GRANGE, OBSERVADORA INTERNACIONAL Texto en español y en francés
- Llamamiento de Democracia para Chile: Plebiscito Ahora!
- Foro mundial de medios libres 2016: renacer, proseguir e imaginar. Por François Soulard

- Sumario completo



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Chile necesita un cambio de paradigma. Proposiciones para reflexionar. Por Teruel A. Carrasco

“Seamos realistas…pidamos lo imposible”
Estudiantes franceses (1968)

PARA EMPEZAR

Las protestas y marchas, que están ocurriendo últimamente en nuestra patria, son impresionantes y al mismo tiempo preocupante. Es impresionante ver millares de chilenos y chilenas ocupando las calles de Chile exigiendo justicia. Es estimulante presenciar hombres, mujeres, jóvenes y niños marchar por las calles de casi todo nuestro país protestando contra la injusticia. Estos eventos populares son preocupantes dado que el pueblo chileno ha estado protestando y marchando por más de 100 años sin un progreso tangible. Estas manifestaciones, convocadas al margen de los partidos políticos, podrían marcar un hito en la historia del movimiento popular si identifica sus objetivos en el contexto general del desarrollo de una patria mejor para Chile y si logran obtener resultados concretos.

Es el momento de evaluar con valentía el resultado de estos movimientos haciendo un análisis de fondo. Estos eventos llaman a la reflexión, con una perspectiva macro y a largo plazo para definir su propio futuro. Estas páginas se proponen empezar un proceso de análisis que parece necesario y urgente.

En este instante, hay luz al final del túnel. En efecto, han surgido iniciativas en base a las farmacias populares, ópticas populares, panadería popular, supermercado popular como una expresión del surgimiento de la Economía Popular. La economía popular debe ser considerada seriamente como una alternativa seria que permita producir un cambio de paradigma que se necesita con tanta urgencia.

Es oportuno indicar que estas páginas están escritas por una persona común y corriente para lectores que se consideren también personas comunes y corrientes. Estas páginas no tienen mayores pretensiones que ser parte de este diálogo y hacer proposiciones que, por cierto, no pretenden ser la última palabra. Su intención no es aconsejar, instruir o profetizar, sino que simplemente dialogar. Esta es una invitación para conversar como individuos en base a lo que cada uno piensa por sí mismo.

Este artículo puede causar incomodidad en algunos lectores. Muchos no aprobaran las proposiciones que aquí hay. No sería extraño que estas proposiciones sean consideradas fuera de la ortodoxia en boga aceptada y consabida. Puede que algunas propuestas sean atrevidas proponiendo cambios de paradigmas y más de algún lector se molestará. Está bien, doy la bienvenida a la diferencia de opiniones y por eso estas páginas son una invitación al debate.

LAS PROTESTAS Y LAS MARCHAS

Las marchas y las protestas son la expresión inicial y primaria del pueblo contra la injusticia. Son necesarias dado que dan la oportunidad a los afectados a expresar y ventilar su rabia y frustración. El pueblo de Chile ha usado estas herramientas en la búsqueda de la justicia social. La historia de Chile registra movimientos y manifestaciones populares que han ocurrido por largos años. Estos eventos siguen ocurriendo en el presente. Han sido glorificados y honrados como parte de los esfuerzos, muchas veces dramáticos, de un pueblo que anhela una patria mejor.

Estas expresiones populares empezaron a principios del siglo 20. Durante el siglo 19 se registran huelgas que representan el comienzo de movimientos populares pero que no tienen mayor trascendencia. No hay memorias de manifestaciones populares significativas. Seguramente hubo protestas, pero dado que los regímenes de este siglo fueron totalmente oligárquicos nadie se preocupó de anotarlas.

En el siglo 20 se registran movimientos populares, marchas y protestas por mejores condiciones de vida como también horribles masacres. En efecto, en 1906 ocurrió la masacre de la Plaza Colon, en 1907 la terrible matanza de los pampinos en la Escuela Santa María en Iquique, en 1925 las masacres de Marusa y Coruña, en 1934 la horrible masacre de los campesinos de Ranquil, en 1938 la controvertida matanza del Seguro Obrero, en 1946 la masacre de la Plaza Bulnes donde fue asesinada, entre otros manifestantes, Ramona Parra, que se convirtió en un símbolo de lucha.

Por supuesto está el histórico y masivo movimiento de la lucha contra la dictadura instalada por la fuerza de las armas el 11 de \septiembre de 1973. Esta dictadura duró 17 años desde 1973 hasta 1990. Durante 17 años se asesinó, se hizo desaparecer a cientos de chilenos y chilenos, se encarceló y torturó a miles de patriotas a manos de las fuerzas armadas. Este es el capítulo más nefasto de la historia de Chile. Hasta el presente hay cientos de chilenos que están desaparecidos después de haber sido detenidos por los agentes de la dictadura.

Durante este periodo el pueblo no se entregó y muy temprano empezó la lucha contra la dictadura. Poco a poco se tomó conciencia anti fascista, se marchó y se protestó hasta que finalmente se depuso al dictador. Las marchas y las protestas tenían un objetivo muy claro y todo se orientaba hacia ello. Había que derrocar el dictador y restaurar la democracia. Había que detener un régimen de terror impuesto por la fuerzas de las armas. Este objetivo se cumplió.

LA POLITICA

A principios del siglo 20 el pueblo chileno empieza, en las salitreras del norte de Chile, a tomar conciencia política y organiza sus propios partidos. Estos partidos, a través de la historia del movimiento popular, fueron influyentes canalizando la ansiedad de los trabajadores a través de la organización de sindicatos y federaciones. En 1909 se organiza la Federación Obrera de Chile (FOCH) bajo el liderazgo del icónico Luis Emilio Recabaren Pronto, los partidos populares deciden ser parte del proceso político chileno y eligen diputados y senadores muchos de los cuales se convierten en líderes ejemplares. Incluso en 1958 se ambiciona la presidencia de la republica levantando como candidato al joven Dr. Salvador Allende Gossens.

Se entendía la política como un instrumento de cambio social y los partidos como una expresión orgánica que representara los intereses de la clase obrera. Al parecer, existió la ilusión que a través de la lucha política el pueblo tomaría el poder estatal para producir los cambios que dieran a los trabajadores una situación de vida mejor. En 1970 el Dr. Salvador Allende asume la presidencia de la república que suscitó grandes esperanzas. Tres años después es derrocado por la clase dominante apoyada por el gobierno de USA y usando las fuerzas armadas. Al parecer la ilusión en la bondad de la institucionalidad política fue y es solamente eso.

La institucional está compuesta por los organismos del estado chileno que siempre han estado al servicio de las clases detentadoras del poder económico. La clase dominante ha tenido en sus manos una superestructura sólida que maneja todos los asuntos del estado en función de sus intereses. La presidencia de la república, el poder legislativo y judicial, la poderosa burocracia, las fuerzas armadas y la policía componen este nivel de dominio y control.

En este punto es necesario hacer un balance y determinar que se adelantó o que se ganó con las manifestaciones y la participación en la lucha política. Bastaría, por ahora, mencionar el movimiento de los “pingüinos” que en realidad convulsionó Chile en el 2006. Cabe preguntarse cuál fue su resultado. Ahora miles de chilenos y chilenas salen a las calles para protestar contra las AFP. Nuevamente cabe preguntarse hacia dónde va este movimiento. El movimiento por una Asamblea Constituyente se fortalece cada día, pero es altamente incierto que el gobierno se atreva a convocarla.

Incluso, el movimiento contra la dictadura, no obstante que las marchas y protestas tenía un claro objetivo, es decir, sacar al dictador, no logró llegar al final de la meta. Este movimiento cayó en manos de los viejos políticos, algunos de los cuales apoyaron el golpe de estado que terminó el gobierno del Dr. Salvador Allende, y se olvidaron, convenientemente, hacer el cambio más importante. No se abolió la constitución de 1980, el legado más nefasto de la dictadura.

En los últimos años se han desarrollado movimientos populares que han marchado por las calles para protestar y exigir cambios. Cada vez que ocurre una injusticia el pueblo levanta sus puños y sale a la calle a protestar.

Es digno de estudio y análisis el hecho que estas marchas y protestas han sido generalmente contra los mismos sectores sociales que causaron la situación injusta. Es difícil entender, desde una perspectiva nueva, porque se ha estado pidiendo y exigiendo a los culpables y causantes de los problemas del pueblo que corrijan la injusticia que ellos causaron. Los culpables no se inmutan un ápice. Ellos, los culpables, no hacen más que acomodarse muy tranquilos en los sillones exclusivos del Club de la Unión, o en sus opulentas casas, con un con vaso con wiski en las manos. Ellos saben que están protegidos por el poder de las armas y por la policía que tienen la misión de apalear, sin compasión, a los manifestantes. Ellos, los culpables, no tienen necesidad de preocuparse, pero el pueblo, los de abajo, los desposeídos, los abusados deben preocuparse.

Los dueños del poder económico, la clase política, la burocracia, las fuerzas armadas han desarrollado una sólida experiencia para manejar estas situaciones. Han desarrollado mucha astucia y están preparados para enfrentar cualquier situación. No fue un golpe de suerte que el movimiento encabezado por el Presidente mártir, Dr. Salvador Allende, fuera derrotado. Tienen además en planilla de sueldos a políticos que les sirven incondicionalmente, a gobiernos que son manejados y a una burocracia con una larga experiencia en el manejo de los asuntos de estado. No tienen necesidad de preocuparse.

Hay otros factores que se deben tomar en cuenta en forma muy seria y responsable. No se puede ni deben ignorarse. Los detentadores del poder usan todos los medios a su alcance y lo hacen bien. Preparan y entrenan individuos para que se infiltren en estos movimientos y cuya misión es empujar las manifestaciones para producir desmanes. Más aun entrenan individuos para llegar a ser dirigentes de los movimientos para llevarlos a extremos que dejan de ser aceptables. La historia reciente del derrocamiento del presidente Allende muestra que los partidos de la Unidad Popular que levantaron su candidatura estaban infiltrados a altos niveles.

Conjuntamente con los aparatos represivos y las tácticas de penetración de los movimientos populares, el poder del capital diseñó estrategias muy efectivas para masificar al pueblo y privarlo de una conciencia de su verdadera situación. Las técnicas del mercadeo, cada vez más poderosas con los adelantos tecnológicos, los partidos políticos, muchas iglesias, y líderes corruptos se dieron como objetivo masificar al pueblo para evitar que asumieran su propia libertad individual para tomar decisiones sin presiones. Un masivo lavado de cerebro hace que importantes sectores del pueblo apoye a los culpables de su propia miseria y se prestan para ser cómplices de las clases dominantes.

Se hace necesario que el pueblo también aprenda y por sobre todo que se haga conciencia que el enemigo es astuto, poderoso y peligroso. El pueblo debe aprender a ser más inteligente. El pueblo tiene la razón, trabaja con la verdad que son las herramientas fundamentales, pero además debe considerar seriamente no seguir reciclando las tácticas que se vienen usando por más de 100 años. Por estas razones es necesario un cambio de paradigma en las formas de promover los cambios que la patria reclama.

CAMBIO DE PARADIGMA

El cambio ha sido y es una línea constante en el devenir de la historia de la humanidad. Sabido es que todo cambia. Es urgente y necesario mantener los ojos y las mentes muy abiertos para reconocer la necesidad de innovarse y de cambiar para descubrir y construir nuevas alternativas y caminos.

Un cambio de paradigma constituye un salto afuera de lo cotidiano, de lo acostumbrado, de la consabida excusa “así se ha hecho siempre”, de la rutina, de un pasado oscuro estéril, hacia un nuevo nivel de pensamiento. Se trata de pensar y analizar cómo se están haciendo las cosas hoy y con un profundo espíritu de innovación inventar un nuevo presente para crear un nuevo futuro. Es una manifestación de coraje y de visión amplia. Es la valentía de quienes creen en sí mismos.

Nicolás Copérnico, hace cinco siglos atrás, rompió la barrera de lo consabido. En efecto, en esa época la humanidad estaba convencida que la tierra era el centro del universo y que el sol giraba alrededor de la tierra. Era obvio. Todos los días el sol aparecía por el oeste, circulaba por el cielo hasta ponerse en el otro extremo por el este. Así era todos los días de manera que era natural aceptar que el sol giraba alrededor de la tierra y que esta era el centro de nuestro universo.

Copérnico dudo de esa convicción generalizada y pensó. Se educó, estudió mucho y se atrevió a desafiar lo establecido por siglos. Dijo, estamos equivocados. La tierra no es el centro del universo. Es el sol. Es la tierra la que circula alrededor del sol. Su teoría fue comprobada, años más tarde, y ahora todos sabemos que Copérnico tenía la razón. Nicolás Copérnico produjo un cambio de paradigma histórico porque se atrevió a pensar y a desafiar lo que todos creían era lo cierto.

Ha llegado el momento de hacer un cambio de paradigma fundamental en la forma como los chilenos y chilenas estamos tratando de construir una sociedad más justa en nuestra propia patria. Los modelos del ayer reciente, las estrategias usadas hasta ahora deben revisarse y quizás cuestionarse. No han dado resultado y no han solucionado nada. Peor aún la situación de nuestro Chile se ve cada vez más oscura. Tenemos un gobierno sin poder y sin peso político, una clase política desprestigiada, y una clase que detenta el poder económico por décadas. Además la mayoría de los medios de comunicación están en manos de los dueños del dinero y su propósito es masificar a las grandes mayorías para que acepten el statu quo.

La insistencia en mantener los modelos antiguos viene desde hace muchos años atrás. En realidad, Chile no se caracteriza por ser un país de cambios o de innovación en los procesos de búsqueda de cambios sociales. Ha habido una consistencia en proteger lo establecido y una insistencia en seguir haciendo lo que siempre se ha hecho. Hay excepciones como, por ejemplo, el movimiento en el cual se declara la independencia de Chile del imperio español en 1810 aunque en beneficio de las clases que tenían el poder. Más adelante, la historia no muestra cambios de paradigmas significativos. Podríamos citar intentos como el esfuerzo incompleto de Pedro Aguirre Cerda que proclamó en voz alta que “gobernar es educar”. Por otra parte inició un proceso de industrialización con la creación de la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo). Otro ejemplo es el gobierno de Salvador Allende que trató de hacer cambios fundamentales en la patria chilena. Es sabido cual fue el término de este esfuerzo que terminó en el sacrificio del propio presidente. Podemos citar la campaña por el NO en el plebiscito de 1988 que resultó en el término de la dictadura. Posteriormente, no hay muestras de innovar y producir cambios de paradigmas de fondo.

Por muchas décadas en nuestra historia el pueblo chileno ha puesto sus esperanzas en la lucha política y la ilusión que el próximo presidente será quien resolverá todos los problemas. El aparato del Estado reemplazó, de hecho, al señor encomendero. La institucionalidad, es decir, todos los aparatos que constituyen el estado chileno, pasó a ser un ente supremo que en la mentalidad del pueblo debía resolverlo todo. Hasta la fecha ha habido 49 presidentes de la república y ninguno ha tenido como meta solucionar los problemas del pueblo chileno. En dos casos, Pedro Aguirre Cerda y Salvador Allende esta meta estuvo presente pero no tuvieron la fuerza para lograr el objetivo.

El Estado ha estado controlado por los detentadores del poder económico y financiera durante el siglo 19 y 20. Apéndice del estado cundió un aparato burocrático compuesto por los funcionarios no electos de las diversas reparticiones del estado tales como en las oficinas de la presidencia, los ministerios y sus numerosas reparticiones. El poder legislativo forma parte de este aparato donde la clase política, en su calidad de diputados y senadores, han convertido la tarea de legislar en un instrumento para defender los poderes que dominan la sociedad. Más aun, el poder legislativo es la base donde hacen negociados para obtener fabulosas prebendas.

Esta infundada fe en la institucionalidad es una manifestación de la mentalidad de dependencia que nos dejó como legado la institución de la encomienda que existió durante la colonia en Chile bajo el régimen de la corona de España. La “encomienda” dejo una marca profunda en la conciencia de amplios sectores del pueblo chileno y se manifiesta en la idea que la solución vendrá desde arriba, es decir, desde la institucionalidad.

Durante el siglo 19 todos, sin excepción, los presidentes de la república fueron representantes de la oligarquía. Durante el siglo 19 la fuerza de trabajo se componía de los peones y campesinos que laboraban a cambio de salarios míseros. A través del siglo 19 el pueblo aun no adquiría conciencia y se dejó llevar por la influencia de la mentalidad del encomendado dado que el señor encomendero o feudal los cuidaba, los alimentaba y al mismo tiempo los explotaba. Los señores encomenderos o feudales constituyeron la oligarquía nacional que se adueñó de un alto porcentaje de la tierra y todo lo relacionado a la agricultura. Bajo ellos se crea el sector campesino que trabajan para los patroncitos sin mayores objeciones. La participación de los campesinos en el devenir político de Chile fue nula y son víctimas del engaño y explotación de los latifundistas. Para el periodo de las elecciones encerraban a los campesinos en los llamados “cambullones” donde los patrones los emborrachaban y los mandaban a votar por el patroncito.

A comienzos del siglo 20 llegan a Chile empresas bajo la protección del imperio británico que se dedican a explotar el salitre. Así empieza un desarrollo industrial incipiente que abre el paso al desarrollo de la clase obrera. Los trabajadores del salitre empiezan a tomar conciencia de sus derechos y comienzan a organizarse. Una de las manifestaciones iniciales fue la emblemática marcha de los pampinos desde la pampa salitrera hacia Iquique donde fueron asesinados en la Escuela Santa María en 1907. Allí cayeron cerca de 3600 trabajadores que solamente deseaban mejores condiciones de vida.

La clase política ya había tenido fuerte influencia en las estructuras del estado chileno por muchos años. A comienzos del siglo estaba consolidándose y empezó a hacerse cargo del estado en su propio beneficio y las de sus amos, es decir, los detentadores del poder económico. También surgieron partidos que representaban la clase obrera, pero cayeron en el juego político en el que participaron por más de 70 años. Hubo una chispa de esperanza con la creación de la Unidad Popular que ofreció un programa de acción patriótico y levantó la figura y el nombre del Dr. Salvador Allende. Sabido es el resultado que culmina en el derrocamiento sangriento del gobierno popular. El pueblo se levanta de nuevo y después de una intensa y dura lucha logra sacar al dictador del poder. Sin embargo y lamentablemente cae en la misma rutina del juego político con los gobiernos de la concertación y últimamente de la nueva mayoría para que le resuelva los problemas y haya justicia en Chile. Hasta ahora, desde 1992 no ha habido cambios importantes y hoy día presenciamos un desencanto significativo en contra de la clase política. El pueblo, como siempre se había hecho, sale a las calles a protestar y los gobiernos no resuelven nada. Sin embargo, el pueblo ha seguido marchando y protestando en forma profusa. Los resultados son muy cuestionables.

Ahora ha llegado la hora de producir un cambio de paradigma.

Esta es la valentía que necesitamos hoy. Debemos seguir el ejemplo de Nicolás Copérnico y desafiar las teorías y prácticas que hemos usado por muchos años y hacer un cambio de paradigma social. Se trata de alzar los ojos y mirar con los ojos bien abiertos. Necesitamos salirnos del box de lo obsoleto y pasar a un nivel superior de cambios. El objetivo es focalizarnos en construir, contribuir, inventar e implementar soluciones e innovar y cambiar los estilos para reclamar justicia social y económica. El objetivo es subir a un nivel mucho más alto que nos permita obtener resultados que sean productos de nuestra propia inteligencia y de nuestras propias manos. Los cambios no ocurren de arriba hacia abajo. Los cambios son desde abajo hacia arriba.

Necesitamos inventar el futuro sobre bases nuevas. Usemos nuestro haber intelectual como punto de partida, como un medio hacia un fin o metas superiores que en este momento no estamos viendo. Esto implica el desafío de asumir nuestra individualidad para hacer un análisis que nos refleje como seres pensantes. Necesitamos dialogar y para dialogar hay que empezar pensando como individuos. Luego necesitamos subir a un nivel más alto y re-pensar nuestros propios paradigmas. Esto es difícil y sin duda que asusta.

No es una actitud responsable quedarse impasible. Tampoco es responsable quedarse en el mismo lugar. Es preciso aceptar el llamado a cambios de paradigmas aunque sea doloroso.

PRIMERO NUESTROS HIJOS

Hay un punto que al parecer todos los patriotas chilenos concordamos. Todos anhelamos una patria donde haya justicia social y económica dentro de un marco democrático. Este acuerdo, sin embargo, necesita tener un objetivo específico.

Este cambio de paradigma debe tener como foco central y como beneficiarios principales a nuestros hijos e hijas. Ellos deben ser la inspiración para implementar los cambios. Ellos deben ser quienes se beneficien en primer lugar. Tenemos el deber de entregarles, cuando ellos pasen a ser adultos, una patria mejor. Ellos tomaran la bandera y la antorcha para seguir adelante con ojos jóvenes y resplandecientes para elevarse a niveles superiores de desarrollo social y ellos a su vez le dejen una patria mucho mejor a sus propios hijos. Hasta que llegue el día en que exista justicia social y amor de hermanos entre todos. Nuestros hijos e hijas tienen un inmenso potencial. Tienen dentro de sí la semilla del desarrollo y la innovación. No hay que convencerlos que construyen lo nuevo. Ellos han venido a nuestras vidas a enseñarnos lo nuevo. Debemos, por lo tanto, abrir los caminos para que ellos florezcan y den los frutos que se expresaran en una sociedad en desarrollo hacia la justicia social.

Debemos crear las condiciones ahora para que ellos tengan la oportunidad de crecer en un ambiente optimista y positivo. Así podrán desarrollar su potencial con pasión y alegría. Démosles alas para que hagan volar la imaginación más allá de las estrellas más alto que la cordillera y puedan construir un futuro esplendoroso.

Las generaciones que están empezando el camino de toda la vida merecen que los que estamos en retirada a la retaguardia cumplamos nuestro deber con honra y valentía. Debemos dejarles un mundo mejor para que ellos sigan y lo mejoren más aún. Preparemos la senda para que ellos conquisten lo imposible.

Las generaciones que comienzan merecen un mundo mejor. El desafío que todos tenemos es echar las bases para que ese mundo mejor sea solo el comienzo de un cambio donde para “el joven se abran los caminos y para el viejo la tranquilidad”. O como dice el Himno a la Alegría donde todos podamos ser hermanos.

Nuestros hijos deben estar al centro de nuestro quehacer por cambiar la patria chilena.

HACIA DONDE VAMOS

El piloto de un avión, el conductor de un tren, el capitán de un barco saben exactamente donde van cuando salen desde su punto de salida. De otra manera seria un caos. La primera pregunta que hace el taxista cuando es llamado es ¿hacia dónde va? Es preferible darle una respuesta clara y especifica. Una sociedad, un movimiento, un pueblo, un país, una persona debe saber hacia dónde va. De otra manera llegara a cualquier parte menos donde debe o desea llegar.

El dilema del pueblo chileno es que no tiene claro dónde va. No hay una alternativa específica que sea el objetivo central del movimiento. Se protesta contra algo, muchas veces con razón. Se marcha contra algo más de las veces con razón. Pero nadie propone alternativas o soluciones concretas. La protesta se ha hecho un hábito que está siendo aprovechado por los enemigos del cambio llevándolo a los extremos. Esta táctica es vieja y ha destruido muchas causas justas. Estos hechos ocurren porque quienes van a la cabeza no saben dónde va.

Cada ser humano, que haya llegado a ser un individuo, tiene el deber de saber hacia dónde va en su vida. La sociedad toda debe y necesita saber hacia dónde va. Este es un principio fundamental no solamente de sobrevivencia sino de desarrollo hacia la felicidad. El destino de la humanidad depende del entendimiento y la práctica de este principio como punto de partida y como punto de llegada en el eterno progreso del desarrollo del potencial inagotable de los seres humanos.

Para definir hacia dónde vamos debemos reflexionar. Debemos parar un momento y pensar con las ventanas de la mente abierta a nuevas posibilidades. Debemos ser valientes para enfrentar lo que no funciona, lo que no está dando resultados concretos y entrar en un proceso de creación. Hay que inventar mucho para definir las metas de la sociedad chilena. Esto es posible. Somos capaces.

YO SOY EL CAMBIO

El punto de partida, inevitable, es entender que primero que nada tenemos que hacer un cambio de paradigma personal. Este se da en dos niveles. Empieza con un viaje hacia nuestro mundo interior. Este puede ser un viaje muy agradable o espeluznante. Hay que tener mucho coraje para entrar en este continente muy poco explorados por los seres humanos. Todos tenemos un mundo interior. No es posible negar esta realidad. No es posible ignorar que tenemos una mente que trabaja constantemente produciendo ideas, buenas y malas, que cada ser humano tiene sentimientos buenos y malos y por lo tanto todo un mundo al interior de cada uno de nosotros. Muchas veces tendemos a ignorar o cerrar los ojos y los oídos. Nos transformamos en entes insensibles que divagamos como barco a la deriva en mayor o menor grado.

Solamente hay que aceptar el desafío de mirarnos hacia adentro, es una decisión única que requiere valentía. Tarde que temprano debemos tomar esta decisión. Hay que tratar que no sea demasiado tarde. Definitivamente es posible. Y además al final del viaje se podrá ver un mundo nuevo y maravilloso.

El propósito de este viaje, de esta aventura sin igual, es definir qué tipo de vida vamos a vivir. Un anciano caminaba con su nieto por un camino aledaño. El anciano le dijo a su nieto: “Cada persona lleva dos lobos dentro de sí. Uno de ellos es malo, está lleno de odio, es perverso, mentiroso, muy infeliz. El otro es bueno, lleno de amor, integro, y muy feliz” el niño dijo: ¿y quién gana? El abuelo contesta: “el que tu alimentes”.

Esta historia es una metáfora que ilustra lo mismo que pasa a un ser humano. Todos llevamos algo parecido a los lobos de la historia. Hay dos tendencias en cada ser humano y el desafío es escoger cuál de los dos impulsos abrazaremos. Debemos decidir si seremos como el lobo malo o como el lobo bueno. Esta decisión es un cambio de paradigma esencial y substancial. Depende de la decisión que tomemos será el nivel de felicidad que tengamos en nuestra vidas personales.

Esta decisión es la primera etapa. Ser parte del problema o parte de la solución es el desafío esencial.

El segundo nivel está relacionado a nuestra responsabilidad social. Ciertamente somos parte integrante de la sociedad en que vivimos. Pero primero somos individuos. La sociedad no es más que la suma de cada uno de nosotros en nuestra calidad de individuos. La calidad de la sociedad es la suma de la calidad de cada individuo. Es una relación de causa y efecto ineludible. Esta es la premisa inicial y fundamental, pero en la realidad la mayoría de los seres humanos, desde que nacen, son víctimas de la masificación.

La masificación no es casual. Ha sido diseñada intencionalmente por los detentadores del poder para impedir que pensemos en forma independiente y nos atrevamos a liberarnos. Han creado ejércitos que son la máxima expresión de la masificación. Han creado filosofías religiosas para controlarnos mediante el miedo. Han creado los partidos políticos para amarrarnos a ideologías a cargo de líderes iluminados que finalmente son corruptos. Han creado el mercadeo que nos programa la mente y nuestra inteligencia para ser consumidores de productos que ellos diseñan sin que tengamos oportunidad de escoger. Más aun, han creado las condiciones para que un gran sector de la humanidad se hunda en la indiferencia por el sufrimiento ajeno y se ubica en un lugar donde no lo puedan encontrar. En definitiva, dejamos de ser individuos para convertirnos en robots u objetos controlados.

La tarea de hoy y de siempre es liberarnos para pasar a ser sujetos. Para convertirnos en dueños de nuestro destino. Para ser individuos con capacidad personal para pensar y hacer lo que decidamos hacer de acuerdo a nuestro propio discernimiento. Para ello debemos reactivar nuestras neuronas para llegar al convencimiento que es posible ser libres de decidir por nosotros mismos sin presión ajena. Tenemos este potencial y solamente debemos liberarlo para usarlo.

Titularse de individuos es una tarea difícil. Se trata nada menos que entrar en nuestro mundo interior y desalojar lo negativo, romper las cadenas de la masificación y ser capaces de tomar decisiones.

El objetivo de este proceso existencial es llegar a la conclusión que antes de esperar un cambio social debemos cambiar como individuos. Debemos llegar a la conclusión que nos permita decir en un suspiro de libertad suprema: “Yo soy el cambio”. Este es solamente el punto de partida que nos permitirá elevarnos como seres humanos a niveles de calidad humana inspirados para conquistar lo mejor de cada uno de nosotros. En la medida que mejoremos como seres humanos, en su expresión individual, la sociedad será mejor.

UN CAMINO NUEVO

Ha llegado la hora de proponer soluciones. Ha llegado la hora de actuar entendiendo que la solución será desde abajo hacia arriba. Es el pueblo mismo quien debe tomar la decisión final para asumir su rol de agente del cambio que la patria reclama. Para que esto ocurra cada chileno y chilena debe asumir su papel individual entendiendo que la sociedad es la suma de los individuos que la componen y que la calidad del movimiento que empuje los cambios depende que cada uno entienda que en primer lugar ellos son el cambio y que el cambio empieza conmigo. Necesitamos aprender y entender el significado de la frase que “Yo soy el cambio” y que si yo no asumo este entendimiento simplemente no habrá cambios.

El cambio de paradigma que necesitamos hacer debe empezar con un cambio de actitud. En primer lugar necesitamos un cambio en nuestra manera de pensar. Debemos penetrar dentro de nosotros mismos y expulsar desalojar todo pensamiento negativo y pesimista. Nunca un cambio se ha hecho con pensamientos negativos y pesimistas. Hay desalojar el odio, el resentimiento social, la desconfianza en nuestras propias capacidades, la indiferencia, la crítica al azar, en general todo sentimiento y pensamiento que nos lleve al barranco. Luego es necesario incluir en nuestro paradigma una alta dosis de optimismo, actitud positiva, amor, pasión, confianza en nuestras fuerzas, compromiso, valentía, coraje, buscar lo bueno y desarrollar una visión de futuro positivo. Sin este cambio no será posible decir que Yo soy el cambio.

Lo anterior nos llevara a la convicción que los cambios que la patria chilena pide son posibles. Esta convicción debe ser tan profunda que pasa a ser parte de nuestro ser y junto a nuestros compatriotas pasemos a ser una avalancha que supere todos los obstáculos. En la medida que inventemos nuevos caminos, que aceptemos el cambio de paradigma sin temor a la oposición, que levantemos los ojos a nuevas alternativas para construir el cambio estaremos avanzando por la senda correcta. Para esto es necesario que nos saquemos el peso de un pasado que ya está anejo y que no ha dado n ningún resultado. Hay que crear e inventar lo nuevo pasando por encima de los obsoleto mirando siempre hacia adelante.

Por supuesto que no será fácil. Nunca los cambios han sido fáciles. Habrá una fuerte y odiosa oposición. Se usaran todos los medios al alcance de los dueños del dinero y la institucionalidad. Usaran el odio, la mentira, el engaño, el desprestigio. Trataran de dividirnos. Trataran de comprar los dirigentes del cambio. Trataran de comprar las mentes de los que se descuiden. No se pararan en nada. Pero, el pueblo avasallante en la verdad y con los ojos fijos en el objetivo central, una patria mejor y más justa, no será derrotado. De hecho el cambio ya ha empezado. Las farmacias populares son un comienzo tímido pero que transmiten un fuerte mensaje. Las farmacias populares no son perfectas, pero nos señalan una solución, un camino en los hechos que debemos analizar. Ya se ha creado una óptica popular siguiendo el ejemplo anterior.

Tenemos la tarea de analizar las farmacias populares y ver cómo hacemos más cambio a este modelo para que sean aún más efectivas. Luego necesitamos pensar en la forma de seguir el ejemplo. Es urgente pensar en la educación. Por lo tanto debemos empezar a crear las escuelas populares. Aquí estamos aplicando la premisa fundamental que nuestros hijos son el foco de todos los cambios.

Están surgiendo los supermercados populares, las panaderías populares. Es necesario abrazar estas ideas y desarrollarlas de manera que realmente sean una expresión de la Economía Popular.

El pueblo es capaz de esto y mucho más, incluyendo, la Asamblea Constituyente. Atrevámonos a hacer lo necesario para implementar un cambio de paradigma que nos muestre caminos productivos que finalmente nos permitan avizorar un futuro promisorio.

 
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