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Consigna por la vida. Ni violencia, ni abuso, ni muerte. Por Sonia Brito, Lorena Basualto y Andrea Berríos

El 25 de noviembre se conmemora el día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (ONU, 2000), recordando el asesinato de las hermanas Mirabal, activistas políticas que fueron ferozmente asesinadas en el año 1960 por orden del dictador Rafael Trujillo, en República Dominicana. De este modo, la conmemoración tiene el propósito de denunciar el abuso hacia las mujeres en todas sus formas, exigiendo de erradicación de este flagelo. Es un día para levantar la bandera por la justicia, las reivindicaciones políticas por la equidad de género, la conciencia ciudadana y la convivencia pacífica.

La violencia contra la mujer, no distingue clase social, edad, nivel educacional, cultural, es transversal y tiene que ver principalmente con la asignación de roles y estereotipos que la sociedad ha determinado y clasificado por género. Al respecto, la ONU (1993), en su artículo n°1, la define como “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada” (p.2).

Los estudios indican que “el 35% de las mujeres de todo el mundo han sufrido violencia física y/o sexual por parte de su compañero sentimental o violencia sexual por parte de una persona distinta a su compañero sentimental en algún momento de su vida” otros “estudios nacionales demuestran que hasta el 70 por ciento de las mujeres han experimentado violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental durante su vida”. (ONU Mujeres, s/p). Estas cifras son alarmantes, sobre todo, porque este tipo de conducta se realiza principalmente en espacios privados, a puertas cerradas, donde no hay testigos. La denuncia, se torna en un imperativo frente a estos hechos vergonzosos y dolorosos, considerando que las victimas demoran como promedio 7 años en conversar la situación. Esta es una ¡pandemia que debemos erradicar! Lo lamentable, es que estos actos criminales suceden tanto en el contexto familiar que, por antonomasia ser un lugar donde se supone debemos estar confiadas y protegidas, como en el espacio público que es un espacio de todes.

Estos abusos tienen diversas dimensiones: material, psicológica, física y simbólica. Se despliega en todos los ambitos de la vida; la casa, el trabajo, la escuela, la universidad, el mundo virtual, medios de comunicación, entre otros. La violencia contra la mujer, se sostiene en los estereotipos y los imaginarios que se han construido en la sociedad patriarcal en torno al prototipo de una mujer: callada, gritona, sumisa, tonta, miedosa.

Estas creencias se han perpetuado, convenientemente, para mantener el statuo quo de una sociedad construida en la hegemonía del patriarcado. Este tipo de construcción social, propician conductas violentas, tales como, invisibilizar, discriminar, menospreciar, golpear, trasgredir, torturar el cuerpo, mutilaciones físicas, psicológicas e intelectuales, trata de mujeres, explotación sexual, violación, abuso sexual, acoso laboral, educación sexista, han tenido graves consecuencias, llegando incluso al femicidio. Este año en Chile, tenemos el lamentable número de 34 femicidios y 103 femicidios frustrados. El femicidio, es la síntesis de todas las formas de abuso, perpetuada por siglos, que se encarna en la vida de tantas mujeres, niñas, abuelas, madres, hermanas, esposas que, con desencanto transcurrieron sus vidas en el dolor, la soledad y el silencio, dejándonos el desafío del ¡nunca más!

Estas acciones, propias de una sociedad patriarcal, se sustentan en falacias que minimizan nuestro talento, nuestra dignidad, nuestra espiritualidad, nuestra hermandad y nuestra autoestima, connotando negativamente nuestra sensibilidad, nuestra empatía, nuestra asertividad, nuestra autenticidad, nuestro compromiso y nuestros modos de acompañarnos. Aportando al mundo un estilo singular humanizado y humanizante de saber ser, estar y convivir, afrontando las diversas dificultades con la genialidad y sabiduría de mujeres que desde una racionalidad entrañable (cuerpo, intelecto, espiritualidad, emotividad) conocemos la complejidad del ser humano desde una cosmovisión de ojos abiertos.

Esta violencia de género, perpetrada por abusadores, se ha amparado en la impunidad, el miedo, el silencio y la ineficacia de las instituciones. Así mismo, se mantienen mitos que han perpetuado una forma de entender lo femenino, expresado en frases como algo habrá hecho, se lo merece, ella fue la que me provocó, quien la manda a vestir tan provocativa, Si no se va es porque les gusta, dicen no y quieren decir sí, o bien, falacias e insultos tales como, feminaze, masculinas, lesbianas, amargadas, histéricas, entre otras. Aún hoy, en el siglo XXI, las mujeres debemos sobrevivir en una sociedad, en la cual, aún es normalizada la violencia y las inequidades, no otorgándonos las mismas condiciones y posibilidades que los hombres. Aclaramos no es no.

Es por este motivo que, desde la sociedad civil y diversos organismos, surgen las voces entonadas para denunciar y visibilizar las barreras, las brechas y las inequidades, aunados en un ¡NUNCA MÁS!, ¡NI UNA MENOS!, ¡TOLERANCIA CERO!, ¡NO LO DEJEMOS PASAR! Esta fuerza, ha permitido colocar en el imaginario colectivo el imperativo ético de la lucha por la equidad y libertad; sin armas, sin golpes, sin exclusiones, sólo con la herramienta de las palabras y, levantando la voz para impedir que se nos levante la mano, siendo la propia voz la que revindique una violencia histórica. Este camino, lo empezaron a construir mujeres que con valentía ensancharon senderos en momentos oscuros de nuestra historia, que hicieron frente al machismo, abriendo mentalidades y forjando esbozos de libertad.

Este año 2018, la ONU, levantó la campaña “Pinta el mundo de naranja: #Escúchame También, con la idea de llamar la atención de la sociedad civil, los gobiernos y a activistas para trabajar por la erradicación de estas formas de abuso que impide la convivencia social. Nos apropiamos de esta plataforma universal para expresar que exigimos un mundo sin violencia, un mundo de paz, equitativo, donde las tareas de la casa y la crianza sean compartidas, donde se nos reconozca nuestras capacidades en lo laboral, con sueldos dignos y justos; donde yo y solo yo, tenga decisión sobre mi cuerpo.

Abrazamos a todas las mujeres lindas, valientes, inteligentes, independientes, sabias y apasionadas que, con su existir aportan en la construcción de un mundo más amable y más vivible. Aclarando que, no es en contra de los hombres… es a favor nuestro… porque yo, no quiero caminar detrás, quiero caminar juntos para el logro de una convivencia justa y pacífica. Cuestión que es tarea de todes.

Referencias bibliográficas:

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer Resolución 54/166. Asamblea General de Naciones Unidas Aprobado el 17/12/1999. Publicado el 07/02/2000.

«Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (25 de noviembre de 2001)». 9 de diciembre de 2001. Archivado desde el original el 9 de diciembre de 2001.

Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer http://www.unhchr.ch/huridocda/huridoca.nsf/(Symbol)/A.RES.48.104.Sp?Opendocument

UN Woman (11/2009). «Violencia contra las mujeres». www.un.org.

Dra. Sonia Brito Rodríguez _Mg. Lorena Basualto Porra
Lic. Andrea Berríos Brito

 
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