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Contaminación y crisis ecológica: Los conflictos socioambientales y su relación con la lucha de clases. Por Catalina Rojas y Catalina Carvajal - Asamblea Territorial de Maipú

Quien no esté dispuesto a hablar de revolución debe callar a la hora de hablar del medio ambiente, porque solo mediante una profunda revolución económica, política y social que nos permita fundar una nueva sociabilidad poscapitalista será posible restablecer una relación armoniosa entre sociedad y medioambiente.
(A. Borón)

La situación socioambiental mundial ha llegado a un punto crítico, nos encontramos en una crisis ecológica de gran envergadura que debe ser enfrentada, ya que de esto depende nuestra sobrevivencia. Es por ello por lo que hoy, la crisis no será resuelta si no existe una transformación radical de la sociedad.

La relación del ser humano con la naturaleza existe desde que el ser humano ha debido sobrevivir, es decir, desde que éste aparece sobre la tierra. Sin embargo, ha existido, al interior de la izquierda revolucionaria una tendencia a menospreciar los conflictos socioambientales por no concentrarse en la contradicción capital-trabajo, o por ser supuestamente un tema de interés pequeñoburgués. Sin embargo, los problemas que trata la ecología se relacionan directamente con las contradicciones del capitalismo, el problema ha sido la escasa participación de nuestro sector en estas luchas lo que evidencia la escasa posición anticapitalista, antiimperialista y por sobre todo clasista de estos movimientos. A raíz de lo anterior se nos presenta un desafío como izquierda revolucionaria: avanzar hacia la comprensión de los conflictos socioambientales como parte de la lucha de clases y establecer una línea política clasista frente a éstos, la cual se incorpore al movimiento popular, en articulación con las demandas del resto de los sectores de la clase trabajadora y el pueblo en lucha.

Actualmente, la crisis ecológica se ha agravado debido a la agudización de las contradicciones que genera el capitalismo en la relación hombre-mujer/naturaleza evidenciado por la proliferación de conflictos socioambientales, los cuales se ven atravesados por intereses de clase, pues los afectados por los problemas causados por la destrucción de la naturaleza son los sectores explotados y oprimidos de la sociedad.

Debido a lo anterior es que estos conflictos están lejos de ser resueltos a partir de reformas al modelo, pues la única solución es destruir el sistema capitalista (generador de la crisis ecológica) en su aspecto económico, político y socio-cultural, convirtiendo la naturaleza en mercancía y el imperialismo como fase superior del capitalismo, agudizando el saqueo y destrucción de la naturaleza de manera creciente, engendrando problemas sociales de gran envergadura (pobreza, desnutrición, contaminación, entre otros).

Perspectivas para entender el problema de la crisis ecológica actual: el ecosocialismo como alternativa clasista y revolucionaria

En primer lugar, existen dos grandes corrientes al interior de los movimientos socioambientales: las reformistas y la radicales. Dentro de las reformistas están las llamadas perspectivas ambientalistas y medioambientalistas, mientras que las corrientes radicales están bajo el alero del ecologismo.

El ecologismo plantea la necesidad de transformar radicalmente la sociedad, es decir, en un sentido amplio y profundo, transformando sus aspectos sociales, políticos, económicos y culturales; a diferencia de las corrientes reformistas que buscan “mejorar” el sistema actual hacia vías sustentables. El ambientalismo asume que los problemas referidos a la crisis ambiental se deben a externalidades negativas del proceso de crecimiento económico que son posibles de ir corrigiendo y mejorando. Desde estas perspectivas nacen las llamadas economías verdes, conceptos como el de desarrollo sostenible, sustentabilidad, entre otros. Estas visiones han construido una perspectiva que reduce la naturaleza a un simple “depósito de recursos naturales” o “materias primas”, transformándose en una “perspectiva mecanicista e instrumental que veía la naturaleza como un hábitat pasivo, compuesto por “objetos”. Claramente las perspectivas reformistas, denominadas ambientalistas o medioambientalistas tienen estrecha relación con la clase burguesa, por tanto, son corrientes principalmente pequeño burguesas y burguesas, y de manera lamentable son las que han hegemonizado actualmente, potenciando una ideología liberal.

Y es por esto por lo que este tipo de pensamiento ignora la conexión entre el productivismo y capitalismo, generando la ilusión de que se puede compatibilizar el ambientalismo y el capitalismo, a través del desarrollo sustentable y el llamado el “capitalismo verde”, una reinvención más del mismo sistema para seguir explotando al ser humano y la naturaleza.

Frente a este tipo de posturas, así como frente a las críticas (que asume como válidas) que apuntan a los llamados “socialismos reales”, Löwy reivindica el marxismo como fuente teórica, científica y política trascendental para darle un giro anticapitalista y transformador al ecologismo, dando forma al llamado Ecosocialismo.

El pensamiento ecosocialista plantea que la raíz de la crisis ecológica no está en la naturaleza sino en la sociedad, más específicamente en el modo de producción capitalista, por lo tanto “resolver la crisis ecológica sólo será posible mediante la superación histórica del capitalismo”. Siguiendo esta corriente, existen dos preceptos fundamentales: el primero es que el modo de producción y de consumo de países desarrollados se encuentran fundados sobre la lógica de acumulación de capital ilimitada y esta lógica sólo será posible hacerla extensiva al mundo entero a costa de una crisis ecológica de gran magnitud. En segundo precepto es que el capitalismo amenaza directamente la sobrevivencia de la especie humana, por lo que es un “imperativo humanista” incorporar a la lucha anticapitalista los aportes de la ecología.

Asimismo, estas luchas (y la totalidad de las luchas de la clase trabajadora) deben adquirir un carácter clasista. Si bien en muchos casos no se tiene consciencia de ello, los conflictos socioambientales se derivan de las pugnas propias de los intereses de clases.

A diferencia de la fuerza de trabajo (y sus portadores, los trabajadores), la naturaleza en tanto condición de producción no tiene subjetividad propia, por lo tanto, son las y los explotados y oprimidos quienes luchan por la preservación de ésta, debido a que son quienes tienen el contacto directo con la naturaleza, ya sea por medio de economías de subsistencia o porque habitan los territorios intervenidos por mega proyectos, agentes contaminantes e industrias.

Ejemplo de esto podría ser un conflicto por un recurso natural entre una empresa y una comunidad que habita el territorio en cuestión. A la empresa no le influye si es que la comunidad desaparece del territorio (al contrario, le favorecería), tampoco depende de la mano de obra de esa comunidad pues trae consigo sus trabajadores, pero sí necesita explotar los recursos naturales a los que también accede la comunidad en cuestión. En este momento comienza una relación de opresión de una clase sobre otra, a través de mecanismos estatales, ya sean legales o por medio de fuerza coercitiva (fuerzas armadas y de orden), la empresa comienza a desplazar, reducir o expropiar los espacios que son de la comunidad. Por ello es que las leyes son una herramienta del Estado fundamental para la opresión a pueblos con el fin de asegurar la propiedad sobre sus tierras o recursos.

Todo lo anterior evidencia dos cosas: por un lado, la crisis ecológica es fruto de las contradicciones del capitalismo, y, por otro lado, los conflictos socioambientales son conflictos de intereses entre clases, por tanto, forman parte de la lucha de clases. En ese sentido, los conflictos se dan por relaciones de opresión y/o de explotación del capital.

Se puede concluir que la burguesía por medio de legislaciones permite en ocasiones la opresión, explotación, o ambas de los pueblos que habitan un determinado territorio y que se encuentran subordinados a la clase dominante. Si bien la explotación y opresión son dos formas distintas de subordinación, los pueblos que han sido oprimidos y no explotados por la burguesía de igual manera forman parte de la clase subalterna, ya que son poblaciones afectadas directamente por el abuso de la clase burguesa en pos de mantener su propiedad privada y sus derechos sobre ciertos territorios, recursos u otros elementos que constituyen un lugar determinado.

Este punto es fundamental para comprender que los conflictos socioambientales son parte de la lucha de clases actual, ya que ha existido una tendencia a pensar que, porque en estos conflictos hay situaciones exentas de explotación directa entre burgués y proletario, ya que se configuran otras problemáticas como el saqueo, contaminación, sobrexplotación de recursos, exilio de comunidades, entre otros. Sin embargo, estas situaciones son parte del fenómeno denominado opresión económica, la protección del derecho a la propiedad sobre algo para su uso privado. En este caso, el conflicto surge en la disputa entre la burguesía que oprime a los pueblos en pos de asegurar su derecho de propiedad sobre tierras y recursos naturales para su explotación y acumulación de capital, frente a la resistencia y lucha de los pueblos y poblaciones afectados/as por sus territorios, su subsistencia y vida social y cultural.

El ecosocialismo hace la invitación a superar nociones esencialistas y “pachamámicas” de estos problemas, así como también advierte de los riesgos de caer en el extremo economicismo al analizar la estructura económica del capitalismo. Es necesario lograr un equilibrio entre lo moral, político, económico e ideológico para superar las perspectivas únicamente filosóficas e individualistas (como la ecología profunda) y, a su vez, romper con el determinismo económico, incorporando aspectos ideológicos y socioculturales al análisis marxista de la realidad concreta.

Hoy, profundizar el análisis desde el ecosocialismo de la realidad es una tarea fundamental para comprender la realidad actual de la sociedad de clases, así como para desarrollar teoría y práctica revolucionaria en miras de la generación de un proyecto clasista y revolucionario. En un país que vive de una economía primario-exportadora, bajo el yugo imperialista, es imposible no contemplar los conflictos socioambientales como parte de las luchas del pueblo oprimido y explotado, la lucha de las y los pobres del campo y la ciudad.

 
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