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En este numero:

- Falleció el dirigente peruano Javier Diez Canseco
- Exitoso cierre de la Escuela Nacional de Monitores y Monitoras para la Asamblea Constituyenre
- De la Ciencia Social Crítica a la Ciencia Social Cuántica (re)inventando la emancipación social. Por Carlos Fernández Jopia

- Sumario completo



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Crisis política: momento de la transformación democrática. por Alex Ibarra

(JPEG) Soy uno de los tantos ciudadanos que se vio afectado con el grave cambio de los patrones electorales. Alguna vez por cosas de la vida registré domicilio en Ñuñoa, pero jamás pedí el cambio de registro electoral para esa comuna. No voté en las elecciones pasadas, ya que los candidatos que iban a la presidencia no me representaban, no fue necesario ir a anular el voto como otras veces, simplemente no me aparecí en las urnas. Por cierto, que no me arrepiento de no haber votado por los candidatos actuales que están en el poder no me representan. Para estas municipales había decidido votar pensando que podría hacerlo en el distrito que consideraba me correspondía, sin embargo aparezco inscrito en otro lugar por este hecho que parece irregular. Pero, como en Chile no importa el derecho del ciudadano seguramente los políticos serán los que determinen si puedo votar o no. Así funcionan las democracias de estos partidos políticos corruptos que seguramente estarán con calculadora en mano sumando y restando que les conviene.

¿Es esta la única forma política posible? Como no quiero caer en el desencanto propio de mi generación y de una conciencia que se justifica en que es común no hacer nada porque nadie hace nada, me parece importante señalar algunas experiencias políticas alternativas a esta escandalosa política de nuestros representantes que hoy nos llaman a “reencantarnos” con la política, en este llamado que utilizan en sus campañas no hay problema, lo grave está en que quieren que nos reencantemos con el mismo modelo fracasado. Sería un grave error volver a votarlos quizá sea un buen momento para reflexionar frente a algunas cuestiones políticas que han ido surgiendo desde la acción política popular.

Hace unos días el columnista Cristián Warnken que no suele ser jugado en opiniones políticas, aunque de una manera un poco solapada no con tanta claridad, sorprendía haciendo una reflexión en torno a la candidatura de Jorge Sharp a la alcaldía del querido puerto de Valparaíso. El columnista señalaba que dicha candidatura era un hito político, y tenía razón en esto, ya que esa candidatura tiene un respaldo popular, debido a que era un candidato no puesto a dedo por un partido político sino que se había instalado desde un plebiscito local. Las reflexiones de Warnken aludían a que si este candidato lograba imponerse a los otros, estaríamos frente a un nuevo de hacer lo político. En lo personal, me parece que dicho hecho ya merece una lectura política positiva, como lo político no se reduce simplemente a ganar una elección, el mero hecho de que un grupo de ciudadanos se sienta llamado a decidir plantear cual es el candidato que quiere, si esto es con independencia de los partidos políticos es ya un hecho relevante. Mejor todavía si es que el puerto querido con sus ciudadanos consigue ganar esta elección. Algunos analistas consideran que es peligro “despolitizar” las elecciones municipales, cuando lo dicen se ponen tan serios, que pareciera que están hablando desde una convicción política y no mercantil, pero si vamos a los hecho que un candidato a alcalde en una elección puede ser candidato por un pacto y a la siguiente puede hacerlo por otro parte, o sea el tema de las convicciones políticas al parecer no es algo de tanta seriedad entre los candidatos. Creo que lo relevante es que en las alcaldías y concejos municipales finalmente queden aquellos que sacaron más votos, el famoso arrastre entre medio de los pactos políticos resulta injusto para algunos candidatos y para quienes los votaron.

Otra alternativa antipartidista, aunque más radical, pero posible y en casos necesaria es la historia de un poblado mexicano que lleva como nombre Cherán. En este pueblo, decidieron expulsar a los mercaderes, narcos, políticos e incluso a la policía. Es paradigmático que esta revolución haya sido organizada por las mujeres del pueblo y que el motor principal del levantamiento tuviera que ver con la defensa del bosque, en cuanto a que por éste es posible la mantención del agua que es vital para los cultivos agrícolas y para el ganado. Como se ve no hay una idea inocente de defensa del bosque. Esta experiencia política no es un idilio, surge de esa angustia que sufre quien ya no tiene nada que perder, en un contexto donde la violencia es parte del cotidiano. Lamentablemente muchas transformaciones políticas sólo son posibles en esos contextos de violencia, por supuesto que eso no les desmerece ni les deslegitima en cuanto son alternativas políticas posibles. Los habitantes de Cherán fueron más allá de la palabra con eso de que “se vayan todos” y han asumido con total responsabilidad el establecimiento de la soberanía. El pueblo soberano no es una utopía negativa ni ficticia, el Estado soberano es un programa político utópico.

Este año se cumplen 500 años de la utopía de Moro. ¿Por qué no recuperar el valor de la utopía? La utopía es una respuesta política frente a un rechazo a la injusticia. Además de ser un género literario encontramos en ella una función política que desespera aquellos que nos decían que ya no hay alternativas posibles porque llegamos al “fin de la historia”. En el utopismo concurre aquel que no se convirtió ni en apocalíptico ni integrado como dice uno de nuestros buenos libros de ciencia política. Hay en Chile y en América latina una larga presencia de la utopía, tanto como género de escritura ilustrado, pero también como praxis política. En estos días nos asediaran las instituciones del orden con mensajes que vamos a las urnas a votar por ellos, ejercer el voto “quienes puedan” puede ser el comienzo de que tengamos algunos representantes que se tomen en serio el cumplimiento de esa obligación. El voto es un derecho y no una obligación que puede ser usado con responsabilidad en el actual orden de nuestra institucionalidad jurídico-político. La participación política que comenzamos a recuperar ayudará al establecimiento de una democracia popular, muy distinta a ésta que nos ofrecen quienes ya sabemos para no reincidir.

Alex Ibarra Peña
Colectivo de Pensamiento Crítico palabra encapuchada

 
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