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En este numero:

- La elite fanfarrona en Chile. por Eda Cleary
- A propósito de la huelga de la UAM de México. Reflexiones sobre el caso chileno. Por Juan Carlos Gómez L.
- ¿Quién decide el tiempo de marchar? por Rodrigo Bustos

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Debates tras las elecciones

Bachelet: “antipolítica” + antipartido = gobierno de los mercados

por Atilio Borón* / ALAI, América Latina en Movimiento / 18-12-2013

Si hay algo que puede vaciar de contenido un proyecto democrático es la combinación entre abstencionismo electoral y el rechazo de los partidos políticos. Y esto es precisamente lo que está ocurriendo en Chile a partir del triunfo de Michelle Bachelet en un comicio en el cual quien verdaderamente arrasó fue el abstencionismo, que arañó el 59 por ciento del padrón electoral, mientras que Bachelet apenas obtuvo el apoyo de un 25 por ciento del mismo. No hace falta ser un Premio Nobel de Ciencia Política (plaga por ahora inexistente) para concluir que la democracia chilena enfrenta una grave crisis de legitimidad: la “antipolítica”, o sea, la indiferencia ciudadana ante el predominio indiscutido de los grandes intereses privados expresa, de manera categórica, el triunfo ideológico del neoliberalismo en un país en donde no sólo la economía tiene ese signo ideológico sino que también lo asume como su divisa una sociedad que lleva más de cuarenta años de indoctrinamiento en los valores más exacerbados del individualismo burgués.

La apatía ciudadana no es un capricho. Se explica por un hecho bien sencillo: una democracia que durante más de veinte años se desinteresó por la suerte de la ciudadanía (al paso que se desvivía por asegurar las ganancias de los capitalistas) al cabo de un cierto tiempo sólo podía cosechar apatía, desinterés y, en algunos casos, el abierto repudio de amplios sectores de la sociedad. No sorprende que la última encuesta de Latinobarómetro haya certificado que, interrogada sobre cuál es la forma preferible de gobierno, casi un tercio de la muestra entrevistada en Chile, exactamente el 31 por ciento, declarase preferir un gobierno autoritario o que “le da lo mismo” cualquier clase de régimen político. En Venezuela, en cambio, para tomar el caso de un gobierno ferozmente atacado por la prensa hegemónica en la región a causa de sus supuestos “déficits democráticos”, quienes contestan de la misma manera constituyen apenas el 11 por ciento de los entrevistados. Y como asegura la teoría política, la calidad de una democracia se mide, entre otras cosas, por las creencias políticas de sus ciudadanos. No es este el único indicador en el cual la Venezuela bolivariana supera a casi todos los países de la región, comenzando por Chile.

El triunfo del neoliberalismo y la exaltación de los valores mercantiles se traducen naturalmente en la derrota de la política a manos del mercado; del espacio público subyugado por la esfera de lo privado, dominada por las grandes empresas. A lo anterior súmesele la preocupante declaración que hiciera Bachelet al día siguiente de su victoria cuando dijera (tal como lo reprodujera Página/12 en su edición del 17 de diciembre) que “las decisiones las voy a tomar yo, no sólo del gabinete. La coalición que me apoya es una cosa, la constitución del gobierno yo la voy a decidir.” En otras palabras, el peor de los mundos: apatía ciudadana combinada con la desmovilización, o marginación de los partidos políticos y, por añadidura, de movimientos sociales u otras formas de organización, que son la expresión de las aspiraciones, expectativas e intereses de las clases y capas sociales que componen la sociedad chilena. ¿Creerá acaso la futura presidenta que de ese modo podrá avanzar en la reforma de la antidemocrática constitución pinochetista, el regresivo régimen tributario y la educación convertida en un negocio que ofrece pingües ganancias a los empresarios que lucran con ella, para ni hablar de derogar la decimonónica y reaccionaria legislación laboral que todavía subsiste en Chile? Sin una población re-politizada (como supo ser la del Chile de Salvador Allende) y sin partidos políticos y movimientos sociales que canalicen y potencien las aspiraciones populares la democracia chilena continuará siendo fácil presa de las clases dominantes, de los grandes empresarios que desde dentro y fuera de Chile han venido controlando el estado y los sucesivos gobiernos desde el golpe del 11 de Septiembre de 1973.

Educación convertida en negocio Convendría que, habida cuenta de lo anterior, Bachelet reflexionara sobre lo que más de una vez sentenciara George Soros: “los ciudadanos votan cada dos años, los mercados votan todos los días”. Controlar ese nefasto influjo cotidiano de los mercados –eufemismo para no designar por su nombre al gran capital- será una misión imposible sin sortear la trampa de la “antipolítica” y sin garantizar que los partidos, sobre todos los de izquierda, jueguen un papel protagónico en su gobierno. De lo contrario, el tránsito desde esa frágil democracia sin ciudadanos hacia una plutocracia desenfrenada será tan acelerado como inevitable.

*) Dr. Atilio Boron, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina. Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2013.

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Fuente: http://alainet.org/active/69915&lang=es


LA VITRINA Y LA REALIDAD

Por Ángel Saldomando

Repasando el caudal informativo sobre la segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilena, se tiene la impresión que muchos artículos ya estaban escritos de ante mano. Sólo había que agregar los resultados de la ganadora y el porcentaje de abstención. No había incógnita sobre quién ganaría. Ganó Bachelet y por un alto porcentaje 62%, es la mayoría de los pocos que votaron, tal fue la abstención. Detrás del hecho consumado hay un innegable aroma de fin de época que tiene la vitrina. Tres componentes caracterizan este estado de cosas.

La derecha derrotada.

La derecha ha regresado a su rincón en minoría, derrotada moral y políticamente. Las justificaciones del golpe militar que le dieron poder por 40 años murieron, su papel en las violaciones de los derechos humanos la descalifican, su arraigo en valores arcaicos están en desfase con la práctica social real de los chilenos, su modelo económico y social es rechazado, su personal político está desgastado y en desbandada, el intento de Piñera de refundar la derecha con un discurso popular fracasó. Nada de esto es menor, abre un inmenso espacio para repensar el país pero no borra las consecuencias duraderas de la devastadora y violenta dominación de la derecha. Y una de ellas y la más resistente sin duda es el modelo económico. Hay una agenda de cambios sobre la mesa

Las tres principales prioridades de la agenda Bacheletista, porque la nueva mayoría es un engendro que aún no se sabe con qué está pegado y cómo va a funcionar, educación pública gratuita y de calidad, nueva constitución y reforma tributaria, constituyen cambios importantes si se realizan. La característica fundamental de estas propuestas se relaciona con los marcos normativos y el financiamiento de cobertura institucional pública, particularmente en salud.

Queda por precisar la capacidad y el impacto redistributivo de esta agenda en lo económico y los avances democráticos que logre. Es claro que el paso de un neoliberalismo depredador a un capitalismo inclusivo, es el norte de la propuesta. Otra cosa es una agenda post neoliberal y un modelo socio económico sostenible, igualitario y democrático. Ello implica replantear el modelo económico algo de lo que todavía no se habla, concentración oligopólica, especialización primaria, derechos y participación social en las empresas y en el territorio, papel del estado, calidad de la inversión e impactos ambientales y sociales por ejemplo.

La tensión entre lo necesario, lo posible y las cuestiones de fondo, aparecen ahí en toda su dimensión. Es claro que no se puede hacer todo, pero abrir los canales para que se aborden es indispensable. El modelo de gobernabilidad cerrado con el híper pretexto de estabilidad a toda costa está derrotado y su último estertor lo dio bajo el gobierno Piñera, contra la movilizaciones en las regiones. Chile necesita imperiosamente abrirse cultural y políticamente y no sólo depender de una tecnocracia ilustrada que interpreta las demandas. El modelo “bismarkiano”, reformas desde el estado, si se me permite el término, es seguro para la tecnocracia y la elite pero dejaría afuera una vez más a la sociedad.

El frente social pro cambios

La apertura cultural y política aparece sobredimensionada porque en un país crispado sobre el continuismo, reconocer una agenda de cambios da la impresión de un arranque nuevo. No es casual que en la derecha se sobredimensionara la propuesta de Bachelet con términos dignos de la guerra fría. “Es la vuelta del socialismo, quiere convertir a Chile en Venezuela, si se ponen muy socialistas conseguiremos otro Pinochet” es su versión más extrema de la descalificaciones ideológicas.

Pese a todo estamos ante la posibilidad de un cambio de tendencia histórico pero los actores de ese cambio todavía están en formación. En orden disperso han logrado al menos hacer emerger la agenda, pero la conformación de un frente social pro cambios es una tarea pendiente.

El fenómeno Bachelet durará sólo cuatro años y no se podrá representar, la carta salvadora que se encontró para esta elección y canalizar las expectativas, no se podrá repetir. De allí que junto con su llegada al gobierno se abre un proceso de reconfiguración de alianzas y posicionamientos. La nueva mayoría, concertación más PC y algunas nuevas caras, no configura toda la geografía de ese posible bloque social. Basta ver la baja opinión positiva sobre los partidos y la tasa de abstención de la segunda vuelta presidencial y de las municipales. Hacer nueva política para un nuevo ciclo requiere también repensar los caminos para desarrollar ese bloque social pro cambios en el largo aliento. Las teorías vanguardistas, de partidos autoafirmados como únicos representantes del pueblo están muertas, pero también las coaliciones centristas “responsables” pero sin definiciones y sin ética sobre los problemas de sociedad están moribundas.

La nueva mayoría es un útil taxi electoral que lleva a Bachelet a la Moneda pero hay que encontrar los buses y las avenidas que lleven a una mayoría social a sostener una dinámica de cambios en el tiempo, dónde lo necesario, lo posible y lo de fondo se articulen en el tiempo. Estos cuatro años serán en este sentido un desafío mayor. En su solución no sobra nadie y hará falta mucha madurez y menos exclusión para aprender a convivir en la construcción de ese bloque.

Algunos se han encargado tempranamente de ofuscarse y de encerrarse en sus fronteras ideológicas inmutables, quedarán a la vera del camino. También existen buenas dosis de conservadurismo de sectores de derecha y de izquierda, coincidentes en modelos anacrónicos frente las exigencias de nuevos patrones de evolución social. También hay anomia y despolitización destructiva dentro de los abstencionistas, no sólo opinión de protesta. Permanecen núcleos ideológicos duros y con poder en favor de la preservación del modelo económico, dentro y fuera de la nueva mayoría.

Las líneas divisorias y de alianza necesitarán moverse por sobre las exclusiones, porque la realidad las ha movido y ello pasa por dentro y por fuera de la mayoría, del vasto sector abstencionista, de las nuevas formaciones políticas. La nueva mayoría, la social, hay que hacerla aun realidad.

AS


Rotundo Triunfo de los Indignados Chilenos: Segunda vuelta elecciones presidenciales en Chile

Por Nelson Aquiles Soto Aguilera

Hoy 15 de Diciembre 2013, se llevó a efecto la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile, cuyos resultados han tenido distintas interpretaciones, entre ambas candidatura a la primera magistratura de nuestro país.

Por una lado los sectores que apoyaron la candidatura presidencial de Michell Bachelet, se han declarado triunfadores de este proceso, , al haber obtenido el 62 16 % de aprobación , teniendo en consideración que además de los partidos de la Concertación de esta Nueva Mayoría, se agregaron sectores más izquierdistas, que estaban fuera de este conglomerado, como lo fue entre otros el partido comunista, sin embargo, a pesar de ello esta elección presidencial, ha sido el porcentaje más bajo de aprobación de la ciudadanía, desde la llegada de la democracia, considerando la inscripción automática y el voto voluntario, especialmente si a esta candidatura, se habían adherido algunos líderes de los movimiento sociales como Camila Vallejos, George Jackson, Ivan Fuentes, la presidenta de la Cut, el ex – candidato presidencial ambientalista, el guiñeo de ojo de Parisis, o las ayuda extranjeras que tuvo, la candidata con la intervención del Ex – Presidente de Brasil Lula Da Silva, así también la millonaria propaganda comunicacional, en radio, prensa y publicidad, sin dejar de mencionar el intervencionismo solapado de algunos organismos internacionales, nada de ello incentivo a la gran masa de Indignados chilenos, por ir a votar en esta segunda vuelta.

En igual forma el sector de la candidata derrotada también a pesar de haber obtenido el 37,83 % de las preferencia en esta segunda vuelta, también se sienten triunfadores justificándolo algunos personeros de este conglomerado, por el solo hecho de que la campaña de Evelyn Mathhei , fue corta y que tuvo que prepararse solo en cuatro meses. Sin embargo, en estas elecciones presidenciales de segunda vuelta, ni la Nueva Mayoría, menos aún la Alianza, han sido los ganadores de esta jornada, los verdaderos ganadores en estas elecciones presidenciales , han sido los INDIGNADOS CHILENOS, que con su actitud silenciosa de no ir a votar en estas segunda vuelta, quedándose en sus casas, ganaron en estas elecciones con un 58,65 % de aprobación del total de electores, donde 7.960.610 ciudadanos de un total de 13.573.143 de ciudadanos con derecho a sufragar, le entregaron un rotundo mensaje a toda la clase política, por lo que han hecho y permitido en más de tres décadas, como permitir la privatización de los recursos naturales como el agua, el cobre, el mar, así también, por avalar un sistema AFP, que solo empobrecido a pensionado o están a punto de pensionarse, en igual forma por un sistema de salud, transporte y educación que la ciudadanía, no aguanta más y que lo único que espera que efectivamente Chile se refunde, como un país que crea y tenga confianza en sus autoridades, sean estas legisladores y gobernantes.

Ahora bien es muy importante que la ciudadanía especialmente quienes no fueron a votar sepan la importancia que tienen y tendrán a futuro con la actitud que tomaron el día de hoy, por la siguientes razones:

1) En este proceso eleccionario, votaron 5.695.764, ( 41,35 % ) incluyendo votos blancos y nulos de un total de 13.573.143 electores.

2) De los 5.695.764 (41,35 %) ciudadanos que votaron, en favor de la candidata de la Nueva Mayoría sufragaron 3.468.389 (62,16 %), y en favor de la candidata de la Alianza votaron 2.111,306 (37,83 %) personas.

3) Sin embargo, si sacamos los porcentajes de aprobación obtenido por ambas candidatas, considerando el total del padrón electoral (13.573.143 personas), realmente los resultados son los siguientes:

a. Michel Bachelet, obtuvo el respaldo solo del 25,55 % de respaldo los chilenos

b. Evelyn Matthei, obtuvo el respaldo solo del 15,55 % de todos los chilenos

c. Los Indignados Chilenos, que no fueron a votar y fueron los grandes ganadores en estas elecciones, tuvieron el respaldo del 58,65 % de todos los chilenos

Por todo los anterior, reitero y creo URGENTE, que quién salió elegida que al menos en los primeros seis meses de señales claras de cambio, que el pueblo chileno necesita y reclama y que han estado en la palestra en todos los movimientos sociales de este país, desde los inicios del movimiento pingüino del 2006, caso contrario y no siendo alarmistas, más viendo observando lo que pasa en el diario vivir, tendremos que lamentar estallidos sociales que pudieran ser difícil de controlar.

Fraternalmente

Nelson Aquiles Soto Aguilera Ex – Consejero Nacional Federación de Trabajadores del Cobre

Los Andes, Diciembre, 15 de 2013


 
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