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En este numero:

- Repensar la teoría del desarrollo
- El derecho al aborto, amenazado
- La nave de los locos

- Sumario completo marzo de 2008





Sobre el autor

Serge Halimi
Jefe de redacción de Le Monde Diplomatique, Paris.
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Página de inicio >> Marzo de 2008

Democracia simplificada

por  Serge Halimi

El 1 de enero de 2009, algunos de los veintisiete Estados miembros de la Unión Europea correrán el riesgo de estar dotados de instituciones que han sido rechazadas por su pueblo.

El Tratado de Lisboa –firmado en diciembre pasado por los jefes de Estado o de Gobierno– deberá, entonces, estar ratificado por todos los países miembros de la Unión. Hungría, Malta, Eslovenia, Rumania y Francia ya lo han hecho.

Sin embargo, Nicolás Sarkozy había declarado en su momento: “Ser un europeo consecuente y un hombre político responsable es no hacer como si después del ‘no’ francés a la Constitución Europea ¡nada hubiera pasado! Los franceses nos han dado un mensaje, que yo quiero tener en cuenta”. Esto era en junio de 2006…

Como aparentemente su elección como presidente le dio carta blanca para anular la expresión de la voluntad popular en materia europea, acaba de lograr que más de tres cuartas partes de los parlamentarios franceses voten un texto casi idéntico al que el 54,68% de los electores había rechazado el 29 de mayo de 2005. El Partido Socialista (PS) habría podido imponer otro referéndum. Se había comprometido a hacerlo, pero renunció a ello.

Algunas semanas antes de las elecciones europeas de 2004, Anthony Blair, preocupado por adelantarse y frustrar a los euro-escépticos, numerosos en el Reino Unido, prometió someter a sufragio universal la ley fundamental de la Unión. Pero el sucesor que eligió, Gordon Brown, prefirió confiar al Parlamento británico el cuidado de ratificar el Tratado de Lisboa (1).

En junio de 2005, los ciudadanos holandeses rechazaron el Tratado Constitucional Europeo con el 62% de los votos. Para no correr el riesgo de volver a consultarlos, ya que no siempre responden de manera conveniente, será el Parlamento el que pronto deberá, también aquí, ratificar el texto aceptado en diciembre pasado por el Consejo Europeo. En Portugal, finalmente, el Partido Socialista había proclamado, durante las elecciones legislativas de febrero de 2005, que sometería el proyecto constitucional al voto popular. Pero el primer ministro José Sócrates dio marcha atrás con el pretexto de –como Sarkozy, como Brown, como los socialistas holandeses– que “las circunstancias han cambiado completamente. Es un tratado diferente”. ¿Acaso no fue “simplificado”? (2)

Semejante atrevimiento nos deja pensativos cuando, en Francia, Valéry Giscard d’Estaing concede, sin esfuerzo, que “en el Tratado de Lisboa, redactado exclusivamente a partir del proyecto de tratado constitucional (muerto en 2005), los instrumentos son exactamente los mismos. Sólo el orden fue cambiado en la caja de instrumentos” (3). “No hay diferencia sustancial (entre los dos textos)”, observó también la Comisión de Asuntos Extranjeros de la Cámara de los Comunes dominada, sin embargo, por el Partido Laborista. En resumen, solo los irlandeses tendrán derecho, en mayo o junio, a un referéndum.

En 1983, François Mitterrand se declaraba “dividido entre dos ambiciones, la construcción de Europa y la justicia social” (4). ¿Será ahora la democracia la que pone un obstáculo a la primera de esas ambiciones? ¿Resulta indiferente que los parlamentarios que contradijeron la decisión del sufragio universal pertenecen cada vez más a las clases sociales privilegiadas, mientras el “no”, tanto en Francia como en Países Bajos, ganó fácilmente entre el electorado popular?

El ex ministro Jack Lang, catedrático de derecho público, ha respondido tal vez a todas estas preguntas, ya que consideró inútil “pelearse por disposiciones jurídicas que ni siquiera los especialistas entienden. Y después de todo, ustedes saben, un tratado no es más que un tratado”.

1 Esta ratificación fue aprobada por la Cámara de los Comunes el 21 de enero de 2008, por 362 votos contra 224. La Cámara de los Lores todavía debe pronunciarse. 2 En su alocución del 10 de febrero último, Sarkozy empleó cinco veces este adjetivo. Sin embargo, el proyecto tiene 287 páginas, 356 modificaciones en los tratados anteriores, además de 13 protocolos, 65 declaraciones y un anexo. Véase Bernard Cassen, “Résurrection de la Constitution européenne”, Le Monde diplomatique, diciembre de 2007. 3 Valéry Giscard d’Estaing, “La boîte à outils du traité de Lisbonne“, Le Monde, 27-10-07. 4 Mencionado por Jacques Attali, Verbatim 1, Fayard, París, 1993.

S.H.

A NUESTROS LECTORES: Cambios en Le Monde Diplomatique

Ignacio Ramonet, quien ingresó a Le Monde diplomatique en enero de 1973, fue elegido por seis años para dirigir el periódico por primera vez en 1990, y reelegido en 1996 y 2002, pasó más de diecisiete años a la cabeza de Le Monde diplomatique como director de la redacción y presidente del directorio. Un tiempo que él mismo considera más que suficiente. Es por esa razón que decidió no solicitar un nuevo mandato.

Los estatutos de Le Monde diplomatique S.A., sociedad editora de nuestro mensual en Francia, preveen que el presidente de su directorio es elegido por el conjunto del equipo del periódico –reagrupado en el seno de l’Association Günter Holzmann– pero que esta decisión debe ser ratificada por el Consejo de vigilancia (1).

Por lo tanto se llevó a cabo una votación el 17 de diciembre de 2007, y por unanimidad, los trabajadores del periódico eligieron a Serge Halimi. Por unanimidad también, el consejo de administración de la Association des Amis du Monde diplomatique, que representa a los lectores, aprobó esta designación.

Finalmente, el 21 de febrero pasado, el consejo de vigilancia de Le Monde diplomatique S.A. ratificó esta elección y nombró a Serge Halimi presidente del directorio y director de la publicación.

El nuevo director, que firma el editorial de este número, asumió sus funciones el 1 de marzo.
Ignacio Ramonet seguirá escribiendo regularmente en nuestras columnas. Al igual que Bernard Cassen quien, habiendo alcanzado el límite de edad, cesa en sus funciones de Director General.
Nuestra línea editorial sigue siendo la que nuestros lectores conocen y la que constituye nuestra principal marca de identidad.

1) Este Consejo está compuesto de cinco miembros: dos representantes del grupo Le Monde (que detiene el 51% del capital de Le Monde diplomatique S.A.), un representante de la Sociedad de redactores de Le Monde (accionista de referencia del grupo Le Monde), un representante de la Association des Amis du Monde diplomatique (25% del capital) y un representante de la Association Günter Holzmann (24%).

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