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EN RECUERDO DE CARLOS FUENTES: Hacia la región más transparente por Juan Ayala

El seguimiento que hacemos de las personas que consideramos parte de nuestras vidas, nos permite que de la sola invocación de su sonido-nombre se generen asociaciones constructoras de sentido, es lo que nos provoca el nombre de Carlos Fuentes, ahora extinto pero no desaparecido. La pérdida es grande, nos preguntamos, ¿cómo será la ganancia?.

Muchos lo recordarán como el autor de “La región más transparente” su obra de 1958 donde presenta un friso urbano de México D.F., o por la película a la que su obra dio lugar, “Gringo viejo”, pero otros lo recordaremos como el gran ensayista que fue, como la conciencia crítica de América. Su pluma hilaba en cada trazo la conciencia del hombre americano, dictada desde una cosmovisión insuflada por los valores del hombre universal. Su manera de hablarnos vestía su rebelión con un aura cosmopolita y glamorosa. Saramago se refirió a Fuentes diciendo, “qué difícil es ser revolucionario con corbata”, concordamos y acentuamos, pero de la corbata que viste una realidad, no aquella del acomodo por la ocasión o el oportunismo.

De la numerosa obra del mexicano universal destaco sus ensayos, 6 publicados y 2 por aparecer, incluyendo uno donde expone la influencia que tuvo Pablo Neruda. Me quedo con “El Espejo Enterrado”, lo compré en México nunca llegó a Chile, es una colosal síntesis antropológica que narra a petición de la Comisión Quinto Centenario, el encuentro de dos culturas, España y América, puesto que a decir de Fuentes, el descubrimiento es recíproco, no hubo descubrimiento, lo que hubo fue encuentro. De esta obra me consta que existen unos pocos ejemplares en la Biblioteca Nacional, el Fondo de Cultura Económica pretendía reeditarlo en edición príncipe, todavía no se concreta, hacerlo sería una manera de dar densidad a un discurso que actualiza que las relaciones políticas y económicas, tanto nacionales como internacionales no deben ser traumáticas, la cultura puede darles un sentido y una nueva luz, transparentarlas es humanizarlas.

Fue un gran amigo de los chilenos, Valparaíso lo conmovía, concretaba su ideal literario, “pancho” era la materialización del diálogo necesario entre la ciudad y el hombre. Su formación inicial y sus vivencias juveniles eran nuestras. Como hijo de diplomático el mundo fue su ciudad, pero Chile constituía un barrio importante, desde esa chica adolescente santiaguina del departamento de arriba, hasta cuando a pocos días de fallecer visitara a sus amigos chilenos, intelectuales y políticos. Carlos Fuentes fue un pensador de un refinado compromiso socio histórico, amigo de Mario Vargas Llosa y de Gabriel García Márquez, José Donoso lo describió como el príncipe de los escritores. Fue motor del llamado “boom” de la literatura hispanoamericana, y en realidad fue un aristócrata en el sentido más relevante.

Consciente de su estatura, de su capacidad de trabajo, de su alta cultura, reconocida en premios internacionales y doctorados honoris causa, invocaba constantemente que la libertad enraizada en el profundo conocimiento del otro, su terruño, sus dolores, sus insatisfacciones, eran el único camino para alcanzar la felicidad. Pero no se quedaba en declaraciones, siempre pasaba a la acción, la muerte lo sorprendió en campaña contra la forma que el gobierno de su país dirige la lucha contra el narcotráfico homicida. Podríamos sintetizar que todo su trabajo apuntaba a que verdaderamente América sea una “región más transparente”.

Juan G. Ayala Profesor, Departamento de Estudios Humanísticos Universidad Técnica Federico Santa María

 
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