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En este numero:

- El dilema del patriarcado: desafíos históricos para la tierra y el pueblo de Chile. Por Maximiliano Salinas
- Lecciones de victorias y resistencias ¿Por qué mirar desde Chile y los movimientos sociales a los países del Medio Oriente? por Eva-Rayen Osorio Salinas y Carla Amtmann Fecci
- La Constitución del 80 y la Gran Minería del Cobre por Julián Alcayaga

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Eduardo Carrasco Pirard: Pasajero en tránsito en lo filosófico y lo musical. Por Alex Ibarra

Este título fue utilizado en el conversatorio organizado por Rodrigo Castillo Cuadra en el recuperado Palace del bonito Barrio Inglés en el Puerto de Coquimbo. Lugar en el que se dio este cruce entre filosofía y música recorriendo el relato biográfico de Eduardo Carrasco. La comunidad porteña tuvo la oportunidad de asistir a este encuentro de diálogo con uno de los referentes importantes de nuestra cultura, el cual, sin exagerar en el optimismo, evidencia una reflexión sabia acerca de nuestro tiempo que reclama la transformación radical hacia nuevos horizontes, despertándonos de la adormecida actitud escéptica en un nuevo tránsito a la utopía, como bien lo expresan algunos de los versos de la canción “Luz negra” del hermoso disco “La revolución y las estrellas”: “Yo quiero savia y amor de poesía/y lucho en el poema y en la tierra/mi combate es luz y fuego en la vendimia/de la revolución y las estrellas/Y busco mi país donde los hombres/se asignen el deber de la sonrisa/y busquen en el mar de lo invisible/la última razón en esta vida”.

Sin duda, además del filósofo y del músico está el poeta. Expresiones del pensamiento y el sentimiento reunidas. La palabra pensada respetando el tiempo del silencio humano, en este caso acompañado del ruido de las olas del mar y las gaviotas que ya reposan en el borde interrumpidas por una conversación que va desde el impacto de los Cuadernos Negros que opacan más la integridad moral del filósofo alemán Martín Heidegger, la responsabilidad política de los franceses frente a las fuerzas fascistas y ultraconservadoras que asedian en nuestra época, el gusto algo sibarita por algún pescado de roca, lo cotidiano como la identificación emotiva con algún equipo de fútbol con algo de responsabilidad del mismísimo Leonel Sánchez, pero siempre volviendo a la escucha del otro y también al silencio.

Más que música en este viaje fue la figura del filósofo que trae a cuestas no solo la actitud cuestionadora basada en las preguntas pertinentes y relevantes, sino que en aquel que es consciente que tras de sí ya existe una obra que testimonia que la filosofía no es la simple persistencia en el ocio, ya que hay una operación de producción que reúne pensamiento y escritura. Eduardo Carrasco es uno de los filósofos chilenos protagonistas de nuestra época, entre el ocaso del siglo pasado y el incipiente siglo al que pertenecemos. Un pensador bisagra en varios sentidos. La huella del exilio aparece en su identidad, por eso Francia le es tan propia y ajena como Chile.

Con entusiasmo era esperado por los asistentes al XXIV Coloquio de Filosofía, Educación y Sociedad: Sergio Romero González. Coloquio que lleva el nombre de este profesor baluarte de la filosofía en la caleta que para esta ocasión nos esperaba presente en sus obras pictóricas que recuerdan nuestro ser andino, junto a los colegas Marcelo Sepúlveda, Rodrigo Castillo, Rudyard Loyola, Claudio Pastén, Rodrigo Cárcamo y Juan Navarrete entre otros. Elogiable empeño de toda una comunidad académica y filosófica que cada año ininterrumpidamente se reúne a celebrar la actividad del pensar desde distintas perspectivas convocando previamente a filósofos como Humberto Giannini, Raúl Fornet-Betancourt, Ricardo Salas, Sergio Rojas, Patricio Peñailillo, Cristián Valdés, etc.

La conferencia principal “La muerte de Dios en la crisis de la modernidad” fue expuesta con una claridad envidiable que deja claro el dominio especializado de Eduardo Carrasco en la obra de Nietzsche, pero además nos donó una clase magistral de erudición, penetrando gran parte de la historia de la tradición judeocristiana.

Genuino encuentro de vocación filosófica que nos permite visualizar que nuestra historia no sólo acontece en la metrópoli capitalina. Por supuesto con siempre escasos recursos, administrados con creatividad y generosidad, podemos ser testigos de que el ejercicio del pensar se cobija bien en aquellos lugares donde se le respeta. La vocación por la filosofía es una fuerza, que aunque a veces titilante nos transforma en nuevos renaceres que expresan la dignidad.

Alex Ibarra Peña.
Dr. Estudios Americanos.

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