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En este numero:

- De la Ciencia Social Crítica a la Ciencia Social Cuántica (re)inventando la emancipación social. Por Carlos Fernández Jopia
- Después de Rio+20, ¿qué nueva gobernanza mundial el mundo precisa? por Gustavo Marín
- Carta abierta a la comisión de recursos hídricos de la cámara de diputados . Por Rodrigo Mundaca

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Educación y Madre Patria por Roberto Rivera

El Estado Nación se conforma en el transcurso de un proceso histórico que se inicia en la alta Edad Media y desemboca a mediados del siglo XX, en el modo de organización social que conocemos en la actualidad.

Según entienden los diccionarios, patria es el lugar, ciudad o país donde se nace, con la suma de bienes materiales e inmateriales, incluido su territorio y el conjunto de habitantes regidos por una misma legislación y gobierno. De este modo, un conjunto de personas de un mismo origen étnico que tienen vínculos históricos, tradicionales y culturales comunes, y tienen conciencia de pertenecer a un mismo grupo diferenciado, que incluso hablan el mismo dialecto o idioma, en tanto no posean y administren ese territorio que habitan, no conforman estrictamente lo que hoy llamamos indistintamente una nación o patria. Son etnias, como aymaras y mapuches, pueblos errantes como los judíos antes de su instalación en el Medio Oriente, o pueblos nómadas como los actuales gitanos.

Ahora bien, nuestra república surgida en 1810 toma en propiedad o se asienta en los territorios de lo que fuera la Capitanía General de Chile dependiente del Virreinato del Perú, y ésta se superpone sobre la más austral dominación Incaica, el Collasuyu que se extendía hasta el Maule. De allí al Sur el dominio exclusivo y absoluto era del pueblo mapuche. Habría sido el mismo Huaina Capac en campaña quien invistió como curacas a los caciques Michimalonco (el mismo que cercó y quemó Santiago) y a Tangalonco, en reemplazo de los designados por el Imperio.

Hoy a quinientos y doscientos años de distancia de aquellos hechos, cuando los movimientos sociales ocupan como tantas veces nuevamente las calles, los bloques y fuerzas políticas organizadas se ven sorprendidas por demandas precisas e impecables, construidas y/o rememoradas por jóvenes -en las que todos manifiestan estar de alguna manera y en parte importante, de acuerdo- como educación de calidad, ante el deterioro evidente de ésta y ya menos o con salvedades que sea pública y gratuita. Ante ello es pertinente recorrer un poco de nuestra historia y los argumentos esgrimidos, los cuales de manera consciente o subliminal portan o conllevan un concepto ideológico político de país o de patria. Ahora bien, argüir “el bien de la patria” o “la destrucción de la patria” sea quien sea quien lo argumente como fin último, de modo muy poco patriótico invalida el raciocinio del otro, y nos tienta a meditar sobre las vertientes y alcances de aquellas baterías de símbolos y conceptos.

La historia cuenta que en 1813 don José Miguel Carrera fundó el Instituto Nacional con el objeto de dar a la patria, en palabras de Fray Camilo Henríquez, un lautarino muy especial: “ciudadanos que la defiendan, la dirijan, la hagan florecer y le den honor” Es del caso que, el Instituto Nacional, pese a los embates de la dictadura que intentó su destrucción, desde 1813 a la fecha entregó Educación de calidad, pública y gratuita, pero no sólo Educación, sino también una sólida Formación, así como también lo hizo el amplio espectro de colegios y liceos que nacieron y surgieron bajo esta misma tradición, el internado Nacional Barros Arana, el Liceo Amunátegui, Barros Borgoño, Aplicación, el Liceo Uno de Niñas, el Liceo Siete y el Tres, en fin, todo un espectro Educativo y Formativo a lo largo del país, en Coquimbo y La Serena, Antofagasta y Concepción, Arica y Punta Arenas, que sería larguísimo enumerar y que funda los cimientos y las bases sobre las que se apoya y fue posible construir el Chile actual, porque sin ese incalculable capital humano, no podría haberse privatizado ni Chilectra, ni Endesa, ni Soquimich por ejemplo, ni la Cía. de Teléfonos tampoco, porque no existirían. No habrían surgido poetas como Gabriela Mistral o Pablo Neruda, no tendríamos a Nicanor Parra, ni el recientemente fallecido Gonzalo Rojas. Porque desde esa tradición y desde esa memoria Educacional es que se construye Chile y nuestro sistema educativo, jaspeado por allí y allá de colegios particulares, los más pertenecientes a órdenes religiosas con claros objetivos de instruir a las clases dominantes y de proveer por otro lado de empleados y sirvientes a esta misma, con establecimientos de caridad y misericordia en las antípodas sociales, en abierta disputa al libre pensamiento y al laicismo de la instrucción pública. Así es como se pone a andar la joven república y un concepto de país que desde sus orígenes está en disputa, así como también sus representaciones, como por ejemplo el abrazo de Maipú entre San Martín y O’Higgins, ambos también declarados lautarinos y a los cuales, en el momento cumbre de ese abrazo, -¡válame Dios! hubiere exclamado Sancho- se les aparece nada menos que la virgen del Carmen, patrona de Chile, dice la Iglesia, y acto seguido se pone manos a la obra a construir el templo votivo como acostumbra en el lugar mismo de los hechos, sobre el templo del hereje.

Así como ayer, hoy también, en medio de esa tradición en estos mismos colegios, los alumnos venidos de las más diversas familias, de empleados, enfermeras, obreros o carabineros, de asesoras del hogar, sin segregación de ninguna especie resisten el embate de la “modernidad” entre comillas y obtienen mejores resultados que los colegios formados al amparo de refundación nacional, alrededor de 3.000 colegios en todo el país, manejados por lo que se ha dado en mal llamar “sostenedores” que, con dineros del Fisco, eventualmente pueden otorgar una educación acorde a sus muy particulares grandezas y limitaciones. Cierto es que el país ganó con ello en cobertura educacional, pero cierto es también que al mismo tiempo el Estado, al depositar esta responsabilidad en terceros, renunciaba a su rol histórico, derivando en municipios, en municipios, y privados subvencionados, no sólo la educación de nuestros jóvenes y niños, sino y principalmente su papel formador, la transmisión de una ética y valores asociados a la Nación, en una suerte de caótica proliferación de establecimientos de la más variopinta concepción y arquitectura, sin controles adecuados, o sin más control que la del llamado “mercado de la educación” Establecimientos de carácter subalterno casi el cien por cien, con su posterior seguidilla de frustraciones, que han desembocado en una educación técnica deficiente, o estudios en institutos con nombres de universidades, en un virtuoso círculo subalternidad y de inmovilismo social. Muchos, muchísimos de los vándalos detenidos junto al lumpen en los márgenes de las marchas y manifestaciones, según consta, provienen precisamente de estos establecimientos.

Una refundación como decíamos que, al amparo de la guerra fría, junto a las extirpaciones, desarrolló una alergia instintiva a la palabra Estado y a las políticas de control. El resultado fue obtener un Estado pequeño y dinámico, en sus propias palabras “posible de ahogar en una bañera” con la consecuencia extrema que, nuestro exitoso país se transformó en uno de los países más inequitativos de toda la tierra.

Pero revisemos que dice cada cual respecto del tema: “... un sistema mixto de provisión de educación, en que coexista la educación pública con la educación privada en todos los niveles. Este modelo ha generado un creciente aporte en cobertura, calidad, equidad y movilidad social, desde que ha combinado la diversidad, el emprendimiento privado, la filantropía o la motivación de obtener una legítima retribución, con la necesaria presencia y provisión de educación por el Estado. Con todo, tratándose de las universidades, nos ocuparemos de hacer cumplir la legislación vigente en cuanto dispone que son corporaciones sin fines de lucro” Políticas y propuestas de acción para el desarrollo de la educación chilena. Texto entregado a los estudiantes el 1° de agosto por el ministro Felipe Bulnes.

“...el ministro de Educación, acogiendo los llamados a revisar el actual sistema de educación municipal –en rigor un compromiso ya contraído anteriormente por el gobierno- , haya evitado caer en la fórmula simplista de prometer su retorno al poder central” Editorial, diario La Segunda, 2 de agosto de 2011.

“Entonces, seguimos tratando de arreglar el tema de la educación sin hablar de ésta, y nos vamos a llenar de más entidades burocráticas estatales que no saben que controlar, y que deberán inventar su razón de ser y de gastar” Sergio Melnick.

“En definitiva la calidad no se impone ni por Constitución ni por sentencia judicial. La educación de calidad vendrá por la reforma que se realice en la sala de clases, y no en un texto constitucional” Rodrigo Delaveuau Wett. Libertad y Desarrollo.

“La municipalización no resultó, por lo tanto, hay que establecer un mecanismo que permita a nivel de la región y las comunas crear corporaciones de derecho público” Senador Alberto Espina

“Pero el agraz supera al dulce. No se acepta siquiera comenzar a discutir las bases fundacionales de un sistema completamente cuestionado, como el financiamiento compartido, el lucro en la educación general y los niveles de regulación del sistema particular” Mario Waissbluth. Educación 2020.

“Creer que el conflicto estudiantil se reduce a becas más o intereses menos es no entender la magnitud del grito social que estamos viviendo” Claudio Orrego. Alcalde de Peñalolén.

“Pero la educación envuelve aspectos que van mucho más allá del beneficio individual que se obtiene como producto de ella. Se forman ciudadanos y conceptos caros a una nación, adhesión al bien común...Se forma un espíritu de servicio público” Luis Riveros Cornejo, es rector dela U. De Chile.

“Un cambio importante en educación, especialmente a favor de la escuela pública, requiere un gran acuerdo nacional. Pero los fundamentos del sistema político vigente están diseñados para evitar reformas estructurales” Ricardo Solari.

Las opiniones y conceptos vertidos nos confirman que, quienes argumentan, lo hacen dando por conocida e incorporada la tradición educacional chilena fiscal y gratuita, y sus opiniones más bien parecen responder al punto en el cual se ubican respecto de ella y la refundación aplicada sin anestesia en los años 80: uno, los que no quieren que cambie nada; dos, los gastospardos que quieren que todo cambie para que todo siga igual, y tres, los que de una manera u otra, quieren devolver al Estado el rol que históricamente jugó.

La Patria, la Matria, la Madre Patria, más fuerte aún, la madre- padre, compleja expresión lingüística elegida por la comunidad para relacionarnos y designar la tierra que nos nació, cuando entre los mamíferos sólo una especie, y no precisamente la más mimada, sería capaz fisiológicamente de hacer realidad este núcleo de severa contradicción, que a la vez cabe reconocer otorga una tremenda fuerza y potencia a la expresión, tal vez para ocultar o invisibilizar que andando el tiempo, sólo se puede tener una Nación si olvidamos el derramamiento de sangre y el trauma que se encuentra en las bases sobre las cuales esta misma se creó.

Roberto Rivera Escritor.

 
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