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- LE MONDE DIPLOMATIQUE Nº 197 en quioscos - Sumario JULIO 2018

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Sobre el autor

Serge Halimi
Director de Le Monde Diplomatique.
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El capricho del príncipe

por  Serge Halimi

Después de haber sido cómodamente electo para la presidencia de la República Francesa con la colaboración de la casi totalidad de los medios de comunicación franceses, Emmanuel Macron exige que su mayoría parlamentaria le elabore una ley contra la difusión de “informaciones falsas” en período electoral. Quizás ya esté preparando su próxima campaña. El texto que debería ser votado de aquí a poco revela a la vez la ceguera de los dirigentes frente a las oposiciones que enfrentan y −al mismo tiempo− su disposición a imaginar sin cesar nuevos dispositivos coercitivos para remediarlas. Hay que ser en efecto corto de vista para seguir creyendo que la victoria de los candidatos, de los partidos o de las causas “antisistema” (Donald Trump, el Brexit, el referéndum catalán, el Movimiento 5 Estrellas en Italia) estaría dada, incluso de forma marginal, por la diseminación de noticias falsas por parte de regímenes autoritarios. Desde hace más de un año, la prensa estadounidense se empeña en demostrar, sin pruebas convincentes, que el presidente de Estados Unidos le debe su elección a las fake news fabricadas por Vladimir Putin; Macron parece habitado por el mismo tipo de obsesión.

Al punto tal de esperar conjurarla mediante un dispositivo tan inútil como peligroso. Inútil: consultado al respecto, el Consejo de Estado recordó el 3 de mayo pasado que “el derecho francés ya cuenta con varios dispositivos que apuntan a luchar contra la difusión de informaciones falsas”. En particular la ley del 29 de julio de 1881 sobre la libertad de prensa, que permite reprimir la difusión de noticias falsas, declaraciones difamatorias, injuriosas o provocativas. Peligroso: la propuesta parlamentaria le exigiría a un juez que actúe dentro de un lapso de cuarenta y ocho horas para que “detenga la difusión artificial y masiva de hechos que constituyan informaciones falsas”. Sin embargo, informa también el Consejo de Estado, estos hechos “no son fáciles de calificar jurídicamente, más aun cuando el juez en cuestión debe pronunciarse en plazos tan breves”. Por último, el dispositivo imaginado por Macron refuerza el “deber de cooperación” con las autoridades públicas de los proveedores de Internet y de hosting, porque extiende a toda “información falsa” una obligación que al comienzo apuntaba a prevenir… “la apología de los delitos contra la humanidad, la incitación al odio así como también la pornografía infantil”.

Por su parte, la intoxicación publicitaria, la asfixia financiera de los canales públicos de televisión y el hecho de que los medios de comunicación sean propiedad de millonarios amigos del presidente de la República no son objeto de una propuesta de ley. Y además, ¿por qué reservar una artillería judicial sólo para períodos electorales? Para no ir más allá de las últimas décadas, casi cada guerra −las del Golfo, Kosovo, Irak, Libia− sirvió a la proliferación de mentiras y las manipulaciones de la información. No causadas por Moscú, Facebook o las redes sociales, sino porque los amos de la democracia y del periodismo eran sus autores: los más importantes diarios occidentales, con The New York Times a la cabeza, la Casa Blanca, las grandes capitales europeas. Sin olvidar al gobierno ucraniano el mes pasado, que anunció la falsa muerte de un periodista ruso. Si un juez un día tuviese que atrapar a los criminales que propagaron todas estas falsas noticias, al menos conocería su dirección…

*Director de Le Monde Diplomatique.

Traducción: Aldo Giacometti


Texto en francés:

Le caprice du prince

Par Serge Halimi

Après avoir été confortablement élu à la présidence de la République avec le concours de la quasi totalité des médias français, M. Emmanuel Macron exige que sa majorité parlementaire lui concocte une loi contre la diffusion de « fausses informations » en période électorale. Peut-être prépare-t-il déjà sa prochaine campagne.

Le texte qui devrait être bientôt voté trahit à la fois la cécité des gouvernants face aux contestations qu’ils affrontent et - en même temps - leur disposition à imaginer sans cesse de nouveaux dispositifs coercitifs pour y remédier. Il faut en effet avoir la vue basse pour croire encore que la victoire des candidats, des partis ou des causes « antisystème » (M. Donald Trump, le Brexit, le référendum catalan, le Mouvement 5 étoiles en Italie) serait due, même marginalement, à la dissémination de fausses nouvelles par des régimes autoritaires. Depuis plus d’un an, la presse américaine s’acharne à démontrer, sans éléments probants, que le président des États-Unis doit son élection aux fake news fabriquées par M. Vladimir Poutine ; M. Macron paraît habité par le même type d’obsession.

Au point d’espérer la conjurer par un dispositif inutile autant que dangereux. Inutile : consulté sur le sujet, le Conseil d’Etat a rappelé le 3 mai dernier que « le droit français contient déjà plusieurs dispositions visant à lutter contre la diffusion de fausses informations. » En particulier la loi du 29 juillet 1881 sur la liberté de la presse, qui permet de réprimer la diffusion de fausses nouvelles, propos diffamatoires, injurieux ou provocants. Dangereux : la proposition parlementaire demanderait à un juge d’agir dans les quarante-huit heures pour « faire cesser la diffusion artificielle et massive de faits constituant des fausses informations. » Pourtant, relève encore le Conseil d’Etat, ceux-ci « sont délicats à qualifier juridiquement, à plus forte raison lorsque le juge saisi doit statuer à très brefs délais. » Enfin, le dispositif imaginé par M. Macron renforce le « devoir de coopération » avec les autorités publiques des fournisseurs d’accès à Internet et des hébergeurs, puisqu’il étend à toute « fausse information » une contrainte qui au départ visait à prévenir … « l’apologie des crimes contre l’humanité, l’incitation à la haine ainsi que la pornographie enfantine ».

La détention des médias par des milliardaires amis du président de la République, l’intoxication publicitaire, l’étouffement financier des chaînes de télévision publiques ne font pas, eux, l’objet d’une proposition de loi. Et puis, pourquoi réserver un attirail judiciaire aux seules périodes électorales ? Pour s’en tenir aux dernières décennies, presque chaque guerre – celles du Golfe, du Kosovo, d’Irak, de Libye - a vu proliférer les mensonges et les manipulations de l’information. Non pas à cause de Moscou, de Facebook ou des réseaux sociaux, mais parce que des maîtres de la démocratie et du journalisme en étaient les auteurs : les plus grands quotidiens occidentaux, le New York Times en tête, la Maison Blanche, les grandes capitales européennes. Sans oublier le gouvernement ukrainien le mois dernier, qui annonça la fausse mort d’un journaliste russe. Si un juge devait un jour mettre la main au collet des criminels qui ont propagé toutes ces fausses nouvelles, au moins connaîtrait-il leur adresse…

 
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