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En este numero:

- Manifestación en la Plaza Salvador Allende, frente a la embajada de Chile en París.
- Violencia policial contra niños mapuche preocupa en la Araucanía
- La estructura pandillera de la elite chilena. Por Eda Cleary

- Sumario completo



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El despertar de los intereses de clase de nuestra burguesía criolla. Por Marco Silva

A Pablo Silva Rodríguez; continuador natural de nuestras luchas y nuestras sensibilidades.

Suman los días en la traslación del tiempo, así converge la coyuntura en el cotidiano patrio, caracterizado por el respaldo militarizante y la defensa ejemplificadora que la primera autoridad empresarial y nacional hiciera en la Araucanía en defensa del capital. No es casual que la subjetividad clasista del momiaje criollo exprese su máxima publica después de que Piñera con tanques y comandos diera la señal a la nación entera que aquí la paz es sinónimo de garantizar la protección de los bienes y la inversiones de los empresarios nacionales y extranjeros. Paz para esta esta administración nada tiene que ver con justicia e igualdad social, con el legitimo derecho a que los pueblos y las minorías en autodeterminación elijan la forma y el lugar donde vivir. Muy por el contrario, la paz social a la que nos invita la derecha económica es la que está subordinada al mandato del capital y a la construcción de valores patriarcales y pipiolos de la burguesía criolla recientemente transnacionalizada y con experiencia de capitalización global.

El mensaje presidencial y su puesta en escena en la Araucanía flanqueado de junglares comandos y escalofriantes blindados, da contexto al despreciable arribismo clasista con el que el cuiquerio de Las Condes problematiza la presencia de viviendas sociales y el consecuente desarrollo del virus social de la rotería y el proletariado en sus dominantes rotondas llenas de opulencia. La actitud contra-inclusiva que expresa esta derecha que se atreve a salir a la calle y exigir la delimitación geográfica que garantice la reproducción del capital cultural solo entre los suyos, los pudientes y bellos escotados en pieles, es la máxima expresión del ADN fascista que alberga aun nuestro momiaje nacional develando de manera manifiesta el pinochetismo latente que ha sobrevivido pese a las más de cuatro décadas del golpe.

No es esta vez el proletariado resentido el que ladra rabioso en las calles exigiendo derechos y garantías sociales para los más, para los ningunos. Son las minorías dominantes económicas y culturales las que salen a ladrar su odio fascista contra los que han tenido menos posibilidades y menos ventajas en esta dinámica cultural y económica creada para resguardar y perpetuar las lógicas de poder bajo las que se yergue el neoliberalismo colonizante. Es hora pues de avanzar en las convergencias que nos den la posibilidad táctica y estrategia de organizar las resistencias en los diferentes frentes de lucha. Somos los más, los desposeídos, lo que debemos definir nuestro futuro, el de nuestra tierra y el de donde se desarrollara nuestra prole y nuestro linaje, es hora de la ofensiva social y política, hasta que se extinga todo aliento fascista en el territorio.

 
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