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En este numero:

- LA CONVIVENCIA FRACTURADA (desafección ciudadana, desigualdad y ethos republicano) por JAIME LIZAMA
- El atentado al tirano, un acto de dignidad y justa rebeldía. Por Enrique Villanueva
- Ante la decisión chilena, sobre la demanda boliviana en la Haya

- Sumario completo



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El sufrimiento animal, la negación humana

Se han realizado muchos estudios para determinar si los animales no-humanos tienen capacidades cognitivas y hasta dónde se extienden aquellas. Hablamos de estudios que abarcan muchos años de observación, recolección de datos, pruebas, análisis, como fue el caso de la chimpancé Washoe, capturada desde su hábitat natural, quien fue la primera no-humana en aprender el lenguaje de signos americano (ASL en inglés). Sin embargo, basta con ver un video de animales-no humanos haciendo algo que para los de nuestra especie resulta curioso o divertido, para entender que los animales no son los seres “accesorios” que pensamos “completan” el escenario de un mundo humano, como si de unos autómatas “se-movientes” se trataran (semovientes es la palabra utilizada en el libro II del código civil chileno para referirse a la clasificación de los animales no-humanos, más específicamente como cosas corporales muebles), idea que reforzamos por nuestra miopía de especie “dominante”. Por ejemplo, hace un tiempo circuló un video que mostraba a un perro luchando por salir de una piscina sin lograrlo. Otro perro que lo miraba desde afuera, al ver a su compañero angustiado y en peligro, se arrojó a la piscina para ayudarlo a salir. Aquel perro se preocupó por el otro, es decir, empatizó y consecuentemente actuó para ayudar al que estaba sufriendo. Pero no queremos hacer la conexión, no queremos reconocer en los animales no-humanos algo que nos haga dudar de que somos los únicos con la necesidad de ser respetados.

Andrew Knight, veterinario australiano-británico, profesor y director fundador del Centro de Bienestar Animal de la universidad de Winchester, comprometido con la defensa animal desde que era estudiante*, publicó en 2011 junto a una colega el ensayo Cognitivamente cercanos pero moralmente desconocidos (1). Revisando los estudios de larga data realizados por observación de especies en sus hábitats y otros experimentos de habilidades cognitivas, donde se menciona a delfines, chimpancés, loros, cuervos de nueva caledonia, entre otros, proponen (aunque no son los primeros ni los únicos) que la diferencia entre animales no-humanos y humanos no es otra que de grados de cognición, así como lo habría entre un bebé de unos meses de edad y un niño de 4 años, o entre un niño de 4 años y un joven de 20, y que de esto se desprende la necesidad urgente de asegurar ciertos derechos fundamentales a ciertos animales que muestran capacidades cognitivas más parecidas a las de los humanos, e ir garantizando los derechos de acuerdo a las necesidades específicas de cada especie. Sin embargo, podemos decir que, si las diferencias entre una especie y otra se pueden entender considerando las diferencias cognitivas que tenemos los adultos con los niños, o, por ejemplo, con un humano que tenga alguna discapacidad cognitiva, no debiera importar a qué grado de inteligencia pertenezcamos, ya sea en el extremo más “complejo” o en el más “simple” de esta gradación.

No importa qué grado de conciencia de sí mismo tenga el otro, sea de la especie que sea, lo importante es que nosotros sabemos que nuestras acciones le podrían ocasionar dolor o sufrimiento, y por tanto debiéramos al menos abstenernos de provocarlo. No debiera ser necesario que este otro sea capaz de verbalizar una oposición o rechazar la amenaza por la fuerza. Cuando un humano más fuerte molesta, amenaza, explota o daña a otro humano más débil, o cuando una organización o país hace lo mismo con otros más débiles, solemos decir que el primero es un abusador. ¿Qué pasa entonces con la relación entre humanos y animales no-humanos?, así como no es correcto abusar o explotar a alguien que se encuentra en una situación más vulnerable, ya que nuestra mayor capacidad cognitiva y dominancia técnica nos hace más fuertes frente a los demás animales, es nuestra responsabilidad ética, por lo menos, no abusar de ellos de ninguna forma, así como protegerlos. Que es exactamente lo opuesto a lo que se hace en gran parte del mundo, con mayor o menor conciencia de aquello. Millones de animales son reproducidos incesantemente en granjas industriales: aves, cerdos, vacas, sin dejar de lado las piscifactorías. Las vacas son constantemente inseminadas, y una de las cosas más desgarradoras es la separación del ternero de su madre; las aves son tratadas horriblemente, se les cortan sus picos, las gallinas están hacinadas, se les somete a cambios artificiales de luz-oscuridad, los pollitos machos son triturados apenas nacen. Los terneros de la industria láctea son vendidos por su carne, de hecho, la mayor cantidad de los animales que matan son bebés y niños de sus especies. Otra forma en que los utilizamos es en la experimentación, más silencioso aún que lo anterior y más desconocido, ya que se llevan a cabo en centros de investigación, universidades, laboratorios de empresas químico farmacéuticas, en el testeo de productos químicos, de maquillaje, del tabaco, donde ocupan perros para probar sus tóxicos, etc. Los zoológicos y parques acuáticos, los circos, el rodeo, las corridas de toros, las peleas de perros… todo esto nos dice una y otra vez que los estamos utilizando, y donde se utiliza al otro no puede haber respeto. El problema es ver al otro como un cuasi-objeto disponible, por lo que no es suficiente dejar a los pollos pastando libremente para después cortarles el cuello y venderlos como carne de pollo “libre”.

Todo esto nos muestra que hemos perpetuado en los animales la indiferencia y abuso al que antes se sometía, como algo normalizado, a mujeres, niños, humanos de diferentes colores de piel, indígenas, extranjeros, siempre en contraposición al grupo dominante, quien poseía los “derechos”, quienes eran o son las “personas”, ya que, recordemos, este epíteto ha variado con el paso del tiempo. Lo que para nosotros es obvio ahora, como que las mujeres somos personas (sujetas de derechos, no objetos de apropiación o de segunda clase), iguales a los hombres y que, por supuesto, debemos -y debiéramos tener en la práctica- los mismos derechos, no hasta hace mucho era una afirmación chocante. Las mujeres eran vistas como seres inferiores, y por el hecho de ser más débiles físicamente se les excluyó por siglos del derecho a expresión y decisión, entre otras cosas que podríamos mencionar largamente y que no se puede tratar por espacio acá. Retomando, las demandas de aquellas y aquellos que han estado fuera del círculo de protección de los grupos dominantes se han encontrado con la burla de éstos. En una sociedad esclavista, aquel que se opusiera a la utilización de humanos de otro color de piel desde dentro de esa sociedad, habría sido catalogado de ridículo y, de seguro, lo habrían aislado por considerarlo estar manifestando ideas peligrosas o “extremas”. Lo mismo ocurre cuando decimos que tenemos que dejar de utilizar a los animales no-humanos, y que es necesario y urgente, sólo que los animales no-humanos están en una situación de vulnerabilidad tal, de una falta de protección y empatía tan grande por parte de esta especie dominante, que su dolor se encuentra invisibilizado para la mayoría. A los humanos les cuesta ver más allá de sus herencias culturales, y muchos, que se horrorizan con la esclavitud humana, no logran ver que al consumir los restos de animales, ya sea sus carnes, sus pieles, o al divertirse con ellos con sus prácticas violentas, como es el caso del rodeo en Chile, o las peleas de perros, están actuando con los animales no-humanos de una forma bastante parecida a como aquellos humanos esclavistas actuaban con otros humanos. Cuando hacemos esto, somos como los humanos del circo romano que estaban en las graderías, riendo de aquellos que sufrían en la arena, sin darnos cuenta de que es, en definitiva, lo mismo, solo que la época ha cambiado y los que están abajo no son los humanos. Es el especismo, como resultado de una configuración mental dominadora, que ha afectado a los miembros de diversos grupos humanos, el que nos hace pensar que estamos nosotros “los que somos” y ellos, los que son “algo”.

También hay una enorme desinformación e ignorancia respecto a una dieta que no contempla las carnes de animales y sus derivados. Dado lo arraigado que está en nuestra cultura, por la replicación de lo enseñado por nuestras madres y padres, por el peso de la incesante publicidad de las empresas de la industria cárnica-ovo-láctea y demases profitantes, de la influencia de estas empresas y otras de “alimentación” en la formación de los profesionales de la salud, de las campañas del estado como “yo tomo leche”, es que se mantiene tan firme en los humanos la idea de que necesitamos comer carne, huevos y lácteos. Sin embargo, existe evidencia suficiente, desde hace varias décadas, sobre los beneficios de una dieta vegana integral, que, como explican referentes de nivel internacional en nutrición como los doctores Michael Greger (2) y Caldwell Esselstyn (3), para ser completa y saludable debe incluir legumbres, cereales integrales, verduras, frutas, frutos secos y semillas, con una suplementación de vitamina b12, la cual tiene un precio accesible. Existe suficiente literatura científica que reconoce la dieta basada en plantas (plant based diet, una forma de referirse a una alimentación vegana completa) como la única capaz de detener y revertir una enfermedad coronaria grave (4,5). La Academia de Nutrición y Dietética publicó en 2003 y 2009 su postura oficial respecto a las dietas vegetarianas y veganas, diciendo que éstas, si son bien planificadas, son adecuadas para todas las etapas de la vida, incluyendo embarazo, lactancia y niñez. El 2016 volvieron a publicar el texto, ahora agregando que las dietas basadas en vegetales son “medioambientalmente más sostenibles que las dietas ricas en productos animales…” y que “vegetarianos y veganos tienen un riesgo reducido de ciertas condiciones de salud, como enfermedad isquémica del corazón, diabetes tipo 2, hipertensión, algunos tipos de cáncer y obesidad”… (6,7)

De todas formas, el respeto a los animales no-humanos no puede provenir exclusivamente de la idoneidad de la dieta vegana o de los beneficios de ésta cuando está bien planificada. Muchas personas, cuando se ven enfrentadas con la contradicción de por qué respetamos a los gatos y los perros, pero por animales de otras especies como vacas, cerdos, peces, pollos no tenemos ningún tipo de consideración, la respuesta suele ser: “yo como lo que quiero, si quiero comer carne es mi elección”. El problema es que, en esa elección, hay otro ser involucrado, otro que se vio afectado, que sufrió profundamente. Ese otro es el que objetivizamos, cosificamos, anulamos. Mientras no veamos eso, vamos a seguir considerando a los animales no-humanos como si fueran “nuestros”, y, por tanto, utilizándolos a nuestro antojo. Y eso no puede seguir ocurriendo. La pregunta es: si tenemos la opción de vivir sin provocar sufrimiento a otros, entonces ¿por qué no lo hacemos?

CAUCH – Coordinadora Antiespecista Universidad de Chile

*Como estudiante en la universidad de Western Australia, Andrew Knight se negó a participar en laboratorios convencionales donde mataban cerdos. Llegó a interponer una demanda contra la universidad e involucrar a los medios para que se dejara de realizar esta práctica, cosa que consiguió. Gracias a eso, la universidad de Western Autralia imparte el primer curso de cirugía veterinaria humanitaria, obligatorio para todos los estudiantes de la carrera. Ver: http://www.veterinaria.org/revistas/redvet/n101008B/BA023.pdf

Bibliografía

1. Benz-Schwarzburg, Knight. Cognitive Relatives yet Moral Strangers? J Anim Ethics [Internet]. 2011;1(1):9. Available from: http://www.jstor.org/stable/10.5406/janimalethics.1.1.0009

2. The Latest in Nutrition Related Research [Internet]. NutritionFacts.org. [cited 2018Aug8]. Available from: https://nutritionfacts.org/

3. Dr. Esselstyn’s Prevent & Reverse Heart Disease Program | Make yourself heart attack proof [Internet]. Dr Esselstyns Prevent Reverse Heart Disease Program. [cited 2018Aug8]. Available from: http://www.dresselstyn.com/site/

4. Esselstyn CB. A plant-based diet and coronary artery disease: A mandate for effective therapy. J Geriatr Cardiol. 2017;14(5):317–20.

5. Esselstyn CB, Gendy G, Doyle J, Golubic M, Roizen M. A way to reverse CAD? J Fam Pract. 2014;63(7):356–364b.

6. Melina V, Craig W, Levin S. Position of the Academy of Nutrition and Dietetics: Vegetarian Diets. J Acad Nutr Diet. 2016;116(12):1970–80.

7. Melina V, Craig W, Levin S. Postura de la Academia de Nutrición y Dietética: Dietas Vegetarianas. Acad Nutr Diet. 2016;1–11.

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Imagen de Jo Frederiks

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Sangre en el paraíso por Pierre Camiu

Existen preocupaciones reales que hay que atender, preocupaciones que van más allá de un tema filosófico, más allá de maestros antiguos y más allá de opiniones de libro. En este momento, mientras lees este artículo hay por lo menos un ser sintiente que quiere vivir, que sufre, que muere. Es por esta razón que decidimos dedicar nuestro tiempo a encontrar la manera de mostrar, de dar a entender y de cambiar una situación que es del mundo real, de cada día. Nos enfrentamos a la matanza más grande y silenciosa en la historia, la cual supera, en tan solo un día, a las víctimas humanas de todas las guerras pasadas. Hablamos de la matanza y tortura de los animales por el consumo de productos de origen animal.

Nuestros estudios son audiovisuales, ambos quisimos dedicar nuestra vida al mundo del cine, y decidimos usar esa herramienta para lograr dar base a nuestra demanda. Esta es la dirección que quisimos tomar, dar literalmente voz a los que no la tienen, darle un rostro a los seres sintientes que no la están pasando bien en un mundo dominado por el especismo. En la búsqueda de fórmulas para realizar este activismo desde el cine, nos pareció pertinente comenzar con documental, una primera experiencia para saber qué sucede en realidad dentro del negocio de la carne. Este es nuestro relato.

Coyhaique

Coyhaique, su belleza desborda por donde mires, cordilleras nevadas, cascadas majestuosas, bosques enredados, todo podría considerarse un paraíso en la tierra. Hacia donde apuntábamos la cámara existía un plano digno de premio, una suerte de estudio fotográfico de la naturaleza. No podemos explicarlo de otra manera, la paz en la mirada se encuentra en 360 grados. Después de vivir toda una vida en un mar de cemento, saber que eso que está ahí te hace pensar muchas cosas, sobre todo pensar en lo que significa la naturaleza y su manera de aflorar en cada rincón. Los animales no son la excepción, aunque sean criados para la industria, los animales se ven relajados en grandes praderas. Aun así, su condición de esclavos permanece, es fácil perder la objetividad cuando uno se encuentra envuelto en belleza, pero la verdad es que incluso este paraíso es su cárcel.

Primera parada: Feria

Luego de 4 días de recorrer y disfrutar, tuvimos nuestra primera muestra de realidad, que repercutió tan fuerte en nosotros, que decidimos tomar la cámara con más seriedad, nos dimos cuenta de que estábamos grabando seres que morirían. Estábamos en una feria de esclavos, cuyo objetivo era vender en una subasta a cada animal. Su estructura nos hacía recordar un campo de concentración, recorrer los puentes y observar a los animales desde lo alto como si los humanos fuéramos sus dueños nos provocó un sinfín de sentimientos, vergüenza, ira, sufrimiento, pero todo acabó en convicción. La condición en la que los animales se encontraban era lamentable, caminaban en su orina y excremento, se encontraban hacinados y sin bebederos o alimentación. Todos eran dirigidos por el laberinto de madera, eran marcados, revisados y puestos en custodia en corrales comunes, para luego pasar a la jaula. En este espacio de unos veinticinco metros cuadrados, los animales llegaban por una puerta metálica. Y se enfrentaban a un cómodo público en graderías, quienes los observaban por los barrotes. Lo más chocante de ese acto y que tuvimos que preguntar en el momento, era que el valor del animal era de 600 pesos chilenos e iban sumando de a poco los pesos, para nuestra sorpresa el animal se vende por kilo, es ese el nivel de objeto que llegan a tener en este lugar. El último plano del día, un ojo lloroso de una vaca, atormentada por los gritos de los cerdos.

Ese día, luego de ver cómo, uno a uno, se peleaban por elegir a sus víctimas, supimos realmente lo que significa el consumo de productos de origen animal. No basta por completo con leer libros ni conocer la teoría de lo que pasa con los animales; se siente el sufrimiento cuando lo ves en los ojos de aquel que consideras un igual.

Segunda Parada: Matadero

Es de madrugada. Un camión llega a las puertas del recinto y por un puente bajan los bovinos, 500 kg de peso que apenas caben por los pasillos. Nosotros, al igual que todos los del lugar, vestidos de blanco, como un ángel de la muerte retorcido. Los motores comienzan a sonar y los trabajadores preparan sus herramientas. Una caja de metal oxidado espera por un cuerpo que se resiste, los animales saben que este lugar no puede ser algo bueno, se retuercen, gritan, golpean. Pero la mano del hombre siempre logra posarse sobre sus cabezas, un “golpe certero”, que en muchos casos no lo era, dejaba al animal tumbado en el piso, noqueado por un perdigón de metal, en el momento en que, lamentablemente, nosotros lo decidiéramos; sí, porque no estaban acostumbrados a una cámara y buscaban en nosotros la orden de disparar. Cuando el animal estaba en el suelo atravesaban su pierna con un gancho, en ese momento, la mayoría se movía y agitaba sus patas, evidentemente aun podían sentir. Una vez boca arriba, comenzaba la línea de trabajo. Primero, la piscina, en donde les cortaban la garganta, el lugar es tan frío que el aire se condensaba con cada corte, inundando el complejo y provocando una neblina de muerte. Luego eran cortadas sus patas, ya nadie las necesita. Su piel era quitada de su carne para que una sierra monstruosa los partiera por la mitad. ¿Es necesario seguir? Sí, por qué tú puedes ser parte de esto sin saberlo y es este el momento de tomarlo en consideración. Las cabezas colgando con la lengua afuera era limpiadas con agua a presión, la sangre en el piso transformaba al blanco en rojo. Un verdugo tomaba un hacha, colocaba las cabezas sobre un trozo de madera y las golpeaba, hasta que las cornamentas solo fuesen un recuerdo. Luego de eso, aquel que fue un ser sintiente, se ve reducido a pedazos, pedazos que revelan la ignorancia del ser humano, pedazos que llevamos a nuestros platos para devorar sin necesidad, toda una vida de sufrimiento y el final más cruel que se pueda imaginar, sólo para obtener eso: un pedazo de cadáver.


Recomendamos el dossier "Nuevos derechos para los animales" en la edición chilena de Le Monde Diplomatique, agosto 2018

 
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