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En este numero:

- La fuerzas armadas siguen siendo pinochetistas. Por Enrique Villanueva
- Consideraciones ideológicas en torno al giro a la derecha. Por Alex Ibarra
- “Una pregunta para el excelentísimo Presidente” (Ricardo Lagos entonces)

- Sumario completo



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En recuerdo de los que lucharon por la libertad de Chile. Por Enrique Villanueva

Mi intención no es mas que, escribir para recordar con cariño y admiración a los jóvenes, hombres y mujeres, que se decidieron valientemente a luchar en contra de la dictadura en el FPMR, muchos de los cuales entregaron su vida en esta noble causa, sentando las bases para la libertad y la democracia que hoy gozamos todos los chilenos. Como la mayoría las organizaciones de su género el FPMR nació a la vida política inspirada por la utopía de una sociedad mejor, mas justa e inclusiva teniendo como norte una patria socialista, pero en rigor nuestra nacimiento tuvo un gran objetivo, aportar a terminar con la dictadura cívico militar de Pinochet.

Una decisión que se debe analizar en su contexto, en aquellos años 1984 vivíamos bajo un régimen de terrorismo de Estado y por lo tanto no había Estado de derecho, era el poder dictatorial el que controlaba los demás poderes del Estado y a su antojo. La prepotencia y el desprecio por la vida de los demás, era la manera como la CNI actuaba en contra de los chilenos y chilenas, asesinando y violando todos los derechos humanos, para silenciar a los opositores a su régimen y en casos hacerles desaparecer.

Son cientos los casos estremecedores de abuso, que reflejan cómo los agentes el estado actuaban en esos años para contener el proceso de oposición anti dictatorial, principalmente sostenido por la juventud de nuestro país. Los antecedentes recopilados de ese periodo demuestran desde permanentes secuestros, ataques sexuales y violaciones, montajes para esconder los asesinatos y presentarlos como supuestos enfrentamientos, hasta la quema de dos jóvenes vivos en plena vía publica, por una patrulla militar a cargo de un Oficial del ejercito de Chile.

Por eso no es justo argumentar en contra de lo que hicimos quienes nos enfrentamos a la dictadura, diciendo que con nuestra acción “solo desatábamos mas represión”, eso no tiene asidero. A quienes dicen esto es necesario recordarles, en primer lugar, que las mayores atrocidades cometidas por la dictadura cívico militar se realizaron mucho antes del nacimiento del FMPR en 1984.

En segundo lugar fue la derecha chilena la que asesinó en 1970 a un Comandante en jefe del Ejercito de Chile para evitar que Allende llegara al gobierno, luego continuó con el bombardeo a la Moneda, realizado por pilotos y aviones de la Fach para asesinar al presidente de Chile y se prolongó con la represión brutal que duró 17 años. De esta manera implantaron un sistema económico que ha generado en 40 años, una sociedad tremendamente desigual, una de las mas grandes del mundo, y el enriquecimiento de elites económicas y políticas que son hasta el día de hoy sus herederas. Logros y granjerías que nunca pensaron dejar por su propia voluntad, la dictadura en Chile nunca se resignó a dejar el poder voluntariamente, por el contrario, ellos intentaron permanecer en el poder tanto como pudieron, lo que se confirmó con el intento desesperado de Pinochet y de sus ministros (algunos de ellos, quienes a la cabeza de los partidos de la derecha posan de democráticos) de dar un autogolpe la noche del 5 de octubre de 1988.

Cuando en 1984 nos organizarnos en el FPMR, sabíamos que Pinochet no dejaría el poder por su voluntad, por eso el camino era ayudar a derrocarlo y ojala juzgarlo por los crímenes cometidos, a el y a toda su camarilla militar y civil, como lo hicieron en Argentina. Teníamos claro que con todo lo que la dictadura cívico militar había hecho, sintiéndose los dueños del país, era imposible que los responsables y cultores de este modelo dejaran voluntariamente el poder.

Por el contrario fue Estados Unidos decidió cortar con Pinochet cuando este ya no le era útil y, cuando vio con preocupación que existía el peligro de una salida a la dictadura, en la cual la fuerza del movimiento popular con una clara convicción anti imperialista, estaba a la vanguardia. Por esta razón lo presionó y apoyo la creación de un movimiento opositor para sacarlo del poder, manteniendo el modelo económico, asegurando que este, el dictador, ni sus principales colaboradores militares y civiles fueran juzgados por las violaciones a los Derechos Humanos y por un periodo incluso, participando del proceso de transición.

En los documentos desclasificados de la CIA aparece un informe de una reunión del Consejo de Seguridad Nacional (NSC, sigla en inglés) que tuvo lugar el 18 de noviembre de 1986, en el cual se lee “El gobierno de Estados Unidos y esta administración en particular, quieren que Chile vuelva a su tradición democrática de 150 años. Entonces, la decisión clave no es si queremos o no democracia en Chile. La queremos. La pregunta para nosotros es cómo podemos contribuir más efectivamente a un resultado democrático en Chile”.

Nosotros siempre tuvimos muy claro que la única manera de alcanzar la libertad era luchando y por eso desde nuestro nacimiento, de manera decidida, nos unimos al monumental inicio de las protestas callejeras de 1983, a la pelea de las mujeres por encontrar a sus familiares desaparecidos, iniciando el camino de una lucha histórica que ayudó a que se concretara un plebiscito que inició la transición post dictadura. Una lucha valiente que ha sido intencionalmente silenciada por la historia oficial, desconociendo que para llegar al plebiscito de 1988, los chilenos (as) recorrimos un camino largo y difícil. Para los que aun desconocen este hecho es bueno recordarlo, lo sucedido en 1988 no fue posible por la “voluntad democrática” de la dictadura ni de la derecha heredera de la tiranía. Quienes argumentan aquello, incluso en las filas de la Concertación, le otorgan al genocida de Pinochet el galardón de haber entregado el poder de forma voluntaria para iniciar la transición a la democracia.

Tampoco el fin de la dictadura se produjo por la habilidad de los negociadores de la Concertación, quienes tal y como presentan los hechos, pareciera que ellos convencieron a la derecha y a las FFAA de abandonar el poder. La consulta y el triunfo del NO fueron posible porque la mayoría de los chilenos decididos a terminar con la tiranía, nos organizamos en la calle, venciendo el miedo, respondiendo a los crímenes y atropellos, transformando la indignación en fuerza combativa. Esta lucha frontal, política y militar del pueblo, fue lo que minó las bases del terrorismo de Estado y que decidió al gobierno de Estados Unidos a presionar para organizar una oposición que alejara a los chilenos de una salida revolucionaria a la dictadura.

Esa es la verdad y los intentos por acomodar la historia no pueden opacarla, lo sucedido entre los años 1983 hasta 1988, es un periodo en que la expresión de valentía y de compromiso con la libertad de Chile son imborrables, nos hicimos parte de esa realidad, de una mística y una fuerza moral que recorría todo el país motivando la organización antidictatorial política y militar, publica y clandestina. Nunca el FPMR hubiera podido resistir a los embates de los asesinos de la CNI sin haber contado con el apoyo de miles de personas anónimas que facilitaban sus casas, arriesgando todo por una gran causa común, la que nos unió a todos los chilenos, terminar con la dictadura.

Dimos la pelea y luchamos en todos los terrenos junto a las demás fuerzas políticas democráticas, al movimiento de solidaridad que se creo en el extranjero, todos con el único objetivo de conquistar la libertad. No solo fue el FPMR quien abrazo esta noble causa, pero el peso y el mayor costo en la lucha antidictatorial lo pagaron los jóvenes que con heroísmo y voluntad entregaron sus vidas por la libertad de chile, también los que sobrevivimos hasta hoy marginados política y laboralmente, perseguidos algunos por haber luchado y enfrentado el poder de la dictadura.

Los registros de la historia del pueblo inscriben, con letras doradas de consecuencia, el nombre de militantes y dirigentes que lideraron todo este proceso, del Partido Comunista, del MIR, el FPMR, sectores del socialismo, dirigentes de comunidades cristianas de base, familiares de detenidos desaparecidos, organismos y personas vinculadas a las organizaciones de DDHH, curas católicos que organizaban a la población, todos ellos fueron determinantes en la conducción y el éxito de las movilizaciones que permitieron el plebiscito de 1988, a pesar de los sistemáticos golpes a sus direcciones y de muchos de sus dirigentes asesinados o desaparecidos al día de hoy.

Nunca se podrá olvidar que la lucha en contra de la dictadura cívico militar, fue posible por el despliegue de un sentido heroico y combativo de todas estas personas, con una tremenda fe en la justicia de la causa que llevo a realizar los más extraordinarios hechos de valor. Los Rodriguistas emprendimos la lucha casi siempre con poco de lo material, hasta a veces con pocas esperanzas y en condiciones abrumadoramente adversas y, sin embargo, por la convicción de que peleábamos por una causa justa, por la indignación que provocaban en nosotros los crímenes y las bestialidades de la CNI, eso nos permitía luchar para vencer.

Moral de lucha tuvieron los aguerridos y valientes combatientes que intentaron ajusticiar a Pinochet, las mujeres y hombres que se atrevieron a salir a la calle a desafiar el poder omnipotente de la dictadura, expresada en grandes y potentes movilizaciones. Moral tuvo nuestro pueblo que por 17 años soporto y enfrento a una de las dictaduras mas crueles de Latinoamérica.

Es oportuno entonces en nombre de Raúl Pellegrin, jefe del FPMR, rendir un homenaje a los luchadores y luchadoras sociales que con su monumental entrega permitieron la libertad de la cual disfrutamos hoy. La lista de héroes y heroínas anónimos (as) es larga, son ejemplos que no debemos olvidar porque señalan que las ideas de cambio y, por un país mas justo no han fracasado, por el contrario hoy han adquirido mayor fuerza y vigencia. Es la realidad la que confirma su validez histórica.

Raúl Pellegrin, Miguel Enríquez, Salvador Allende entre miles, personifican una forma de compromiso político basado en el desinterés personal, el honor, la consecuencia y el latinomericanismo, por lo que su recuerdo y su ejemplo son válidos y más necesarios que nunca.

Enrique Villanueva M

 
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