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En este numero:

- El ejemplo de un militar patriota, Alberto Bachelet. Por Enrique Villanueva
- Contra el negacionismo. por Mariana Zegers
- NOUS SOMMES TOUS DES QUÉBECOIS! ¡TODOS SOMOS QUEBEQUENSES!

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Falleció Carlos Altamirano Orrego, histórico dirigente del PS

CARLOS ALTAMIRANO ORREGO. UN GRANDE DEL SOCIALISMO. Por Rafael Urriola U.

Carlos Altamirano Orrego nació el 18 de diciembre de 1922. Abogado. Fue secretario general del Partido Socialista de Chile entre 1971 y 1979, además de diputado (1961-1965) y senador de la República (1965-1973). En el plano académico se desempeñó como profesor de Hacienda Pública y Derecho Económico en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, su alma mater.

Fue el único político que conocí que trataba de Salvador al presidente Allende pese a que no eran de la misma generación universitaria.

En enero de 1971, tras el XXIII Congreso del PS celebrado en La Serena, Altamirano fue elegido de manera unánime como Secretario General del partido. Adonis Sepúlveda, obtuvo el cargo de subsecretario. El secretario general anterior era Aniceto Rodríguez un socialista moderado en la época y que no se le reconoció capacidad para liderar el período que se avecinaba. En este congreso el partido se comprometió a colaborar y obedecer el programa de gobierno del «Compañero Presidente», como se denominaba a Allende. Cinco meses más tarde, Altamirano redactaría un documento titulado «El Partido Socialista y la Revolución Chilena» donde hizo una fuerte autocrítica al partido (incluyéndose) por los Congresos efectuados en Linares y Chillán, en los cuales aseguró que fue un error denunciar la vía electoral en 1965 ya que se terminaría accediendo al gobierno por esta vía. Sin embargo, en el documento se anunciaba –hoy con justa razónuna fuerte crítica al comportamiento «imperialista» de Estados Unidos mediante la Alianza para el Progreso.

Altamirano fue electo senador gracias a un error electoral de la DC en 1965 que pudo haber sacado cuatro senadores pero solo presentó tres candidatos. Empero, para las elecciones parlamentarias de 1973, Altamirano es reelecto con una importante votación por la provincia de Santiago. En este momento la derecha buscaba declarar al gobierno de la UP fuera de la legalidad. Con la elección de Altamirano y otras figuras importantes de la coalición, la Unidad Popular logró un sorpresivo e incremental 44% de adhesión.

No fui -ni podía haberlo sido por mi edad- un amigo de Altamirano. Empero, estuve muchas veces con él, especialmente en Francia, pero hoy puedo decir que era un gran socialista. No de esos que estrujan compromisos militantes para terminar votando por cualquier cosa. ¿Cuantos socialistas de hoy podrán decir que han mantenido un discurso y han votado permanentemente contra los abusos de las grandes empresas? Altamirano, quizás se equivocó, pero jamás fue limitado en sus decisiones por aportes de las grandes empresas. Altamirano, al igual que Allende, jamás renegó de la democracia sino planteó que la defensa de ella debía hacerse por todos los medios que estuviesen a nuestro alcance y que, como la historia lo demostró, fueron escasos e insuficientes.

Altamirano tuvo la mayor capacidad para hacer una de las más soberbias autocriticas políticas a fines de los años 70 y se le acusó de reivindicar las reformas que, finalmente, fueron completamente asumidas 10 años después para desembocar en la Concertación.

No obstante, a diferencia de muchos de los posteriores dirigentes socialistas de la Concertación, Altamirano no renegó de los objetivos sociales y políticos del socialismo. Invitado por Pancho Olea a mi casa alrededor de 2005 opinó sobre la situación política sentenciando que la Concertación era un muy buen gobierno “para administrar el modelo”.

Hay muy serias sospechas de que Pinochet habría planeado su asesinato, como lo hizo comprobadamente con Frei Montalva. De hecho, con un puñado de compañeros en Paris lo acompañábamos, cuanto nos permitían nuestros trabajos, a sus actividades. Más de alguna vez tuvimos la intuición de que se le seguía. Probablemente, esta decisión de nosotros, jóvenes socialistas de la época, evitó que el compañero Altamirano hubiese terminado como Bernardo Leighton, Carlos Prat, Orlando Letelier o Eduardo Frei.

Su participación fue decisiva en el XXIV Congreso celebrado en la clandestinidad y en Francia en 1980. Esto le dio, luego de confusas negociaciones, la Secretaría General a Ricardo Núñez quien finalmente se enfrentaría a la otra fracción del PS, ubicada en la Alemania Oriental y que dirigía Clodomiro Almeyda (allí participaban los más acérrimos partidarios de la alianza con el PC (entre ellos, solo por nombrar algunos famosos de hoy, Camilo Escalona y Michelle Bachelet). Las asperezas en las dos tendencias del PS solo se limaron poco antes del plebiscito del 89. Altamirano, odiado por el pinochetismo por considerarlo un “guerrillero”; alejado de los socialistas pro PC de la época por considerarlo un socialdemócrata y, puesto en segundo plano por la llamada mega tendencia del PS (los más autocríticos del proceso de la UP) ya que más allá de sus reflexiones su imagen no le era conveniente en ese grupo.

Don Carlos como le decían algunos compañeros de las bases de seguridad tuvo la enorme capacidad de reconocer que se había convertido en un chivo expiatorio conveniente para moros y cristianos. Su inteligencia le permitió, en lugar de intentar reivindicaciones estériles, retirarse de la actividad pública. Aun así, fue siempre un socialista claro, lúcido y consecuente.

Texto publicado en http://www.revistaprimerapiedra.cl


CARLOS ALTAMIRANO ORREGO, UN GRAN Y CONTROVERTIDO SOCIALISTA REVOLUCIONARIO DEL SIGLO XX CHILENO. POR JUAN CARLOS GÓMEZ LEYTON

La crítica y la autocrítica imponen la obligación
ineludible a la vez un derecho irrecusable
Carlos Altamirano Orrego, 1977.

En Carlos Altamirano O. (1922-2019) se sintetizan muchos de los aspectos y características del socialismo chileno y en especial del Partido Socialista de Chile (PS) que emergió en la década de los años treinta del siglo pasado. Un socialismo estructurado por un conjunto diverso de colectividades políticas que se identificaban con el ideario socialista desde los ilustrados masones a los revolucionarios trotskistas y con una composición social que reunía a rancios terratenientes sureños a simples sujetos populares. Organización socialista, heredera de esa particular y única experiencia que fue la República Socialista de 1932, que convocaba a los trabajadores intelectuales y manuales a re-fundar la República Socialista de Chile.

Diverso y plural era el Partido Socialista de Chile al cual Carlos Altamirano ofreció sus mejores oficios como profesional (abogado) militante, dirigente y parlamentario. Durante décadas de militancia Altamirano fue un socialista integro que abrazó en la década de los sesenta los principios y postulados de la revolución cubana y latinoamericana.

Desde esas posiciones compartidas con otras y otras socialistas durante los años sesenta impulsó al interior del PS, una rebelión generacional y acentuó la crítica política a la democracia burguesa, existente en Chile. Su crítica demoledora del parlamento y de la figura de la institución presidencial lo llevo a la cárcel. En efecto, el gobierno democratacristiano de Eduardo Frei Montalva (1964-1970), lo encarcelo por apología a la violencia política revolucionaria. Fue uno de los promotores de la radicalización del PS en el Congreso de Chillán en 1967 y de su controvertido voto político, en el cual se planteaba que la resolución del conflicto político en Chile pasaba por “la lucha armada". Altamirano como otros dirigentes socialistas de la época pensaban “que la institucionalidad [democrática] era legítimamente aprovechable por el movimiento revolucionario. Pero no en la perspectiva de completar el ciclo histórico hasta construcción del socialismo”. Por eso, “intentar transitar el camino político institucional sin tropiezos hasta alcanzar el objetivo final, era sólo una ilusión, una frágil ilusión”. Que certeras y oportunas son estos planteamientos cuando hoy, en la democracia neoliberal, las y los socialistas insisten en fortalecer una democracia espuria y corrupta.

Teniendo esa claridad política, al momento del triunfo popular de Salvador Allende en 1970, Altamirano se planteó defender en 1971, al asumir la Secretaria General del PS (Congreso de la Serena) el programa de la Unidad Popular como la plataforma política para “avanzar sin tranzar” al socialismo. Durante el gobierno del presidente Allende, asumió posturas radicales y críticas con la vía chilena al socialismo y lucho abiertamente en transformar al partido socialista en un partido marxista-leninista, entrenado y preparado para actuar ante “el enfrentamiento decisivo”. Así lo ratifico en el Pleno del Comité Central del PS de Algarrobo, en 1972, luego del para patronal de octubre de ese año. “El enfrentamiento es el problema central y básico de todo este periodo… desde el 4 de septiembre de 1970 la lucha de clases ha desembocado en un enfrentamiento permanente de clases”. Lamentablemente, los asertivos planteamientos del PS y de Carlos Altamirano se hicieron realidad en septiembre de 1973. “Sin embargo, preciso reconocer –escribe en su libro Dialéctica de una Derrota, Siglo XXI, 1977) no estuvo en condiciones de desarrollar una política consecuente con aquellas posiciones. Su tradicional debilidad orgánica y la falta de formación de sus cuadros, no superadas al calor de la experiencia revolucionaria, le impedía implementar por sí solo una estrategia armada. No era, por cierto, el partido de Lenin. Estaba muy lejos de constituir una organización acerada, monolítica y disciplinada”. En otras palabras, el Partido Socialista que condujo Altamirano, fracaso en el hacer posible la revolución y, sobre todo, de la defensa armada del proceso abierto por la Unidad Popular en 1970. Altamirano, fue uno de los primeros dirigentes socialistas en reconocer ese fracaso y, por consiguiente, la derrota.

Luego de 1973. Asumió tareas duras y de gran responsabilidad históricas y políticas. Como he dicho, realizó una de las más inclementes y rigurosas reflexiones críticas tanto del accionar del socialismo y de su partido, que también, es una dura crítica a su propia gestión de dirigente central del principal partido del gobierno popular, en su ya nombrado libro Dialéctica de una Derrota. Esa crítica llevo a Carlos Altamirano, a dar un giro en sus posiciones políticas, iniciando en 1979 a un desgarrador proceso revisionista teórico y político que condujo a un explosivo fraccionamiento del socialismo chileno.

Carlos Altamirano, desde los años noventa hasta hoy, durante tres décadas, salió de la política activa partidaria y entró en la historia. Esa historia de los socialistas que tiene hasta el día de hoy mucha oscuridad y silencios para dar un juicio político e histórico sobre su accionar ante y post 1973.

Lo cierto, que Altamirano fue muy consciente de su lugar y rol en la historia del siglo XX y del socialismo chileno, dejó numerosos testimonios escritos y hablados que serán muy útiles para re-construir la historia de un socialista controvertido y complejo, pero ni tanto ni más que otras y otros grandes socialistas, tales como: Marmaduque Grove, Eugenio Matte, Eugenio González, Raúl Ampuero, Aniceto Rodríguez, Adonis Sepúlveda, Belarmino Elgueta, José Tohá, Julio Cesar Jobet, Oscar Waiss, Alejandro Chelén Rojas, Arnoldo Camú, Ricardo Lagos, Carlos Lorca, Exequiel Ponce, María Elena Carrera, Carmen Laso, Julieta Kirkwood, Fidelma Allende, Beatriz “Tati” Allende, e incluso, del propio Salvador Allende Gossens.

Carlos Altamirano, fue, al igual que las y los nombrados, un socialista-revolucionario de toda una vida. Pero, circunscrito al siglo XX chileno. Siglo que concluyó violentamente en septiembre de 1973. Fecha que también puso fin la heroica y revolucionaria historia del Partido Socialista de Chile.

©JCGL/jcgl, 19 de mayo 2019

PH. D EN CIENCIAS SOCIALES Y POLÍTICA
ACADÉMICO, UPLA.


¿QUIÉN TENÍA LA RAZÓN? ¿QUIÉN ESTABA EQUIVOCADO? Por Miguel Lawner -

A raíz del fallecimiento de Carlos Altamirano, los medios de comunicación y redes sociales, han dado bastante publicidad a una expresión formulada por Altamirano al diputado demócrata cristiano Matías Walker, cuando le expresó sus condolencias, por el fallecimiento de Patricio Aylin.

Altamirano habría afirmado: “Yo estaba equivocado. Aylwin tenía la razón”. El diputado Walker ha ratificado la veracidad de dicha afirmación.

La lógica aristotélica que yo aprendí en el Instituto Nacional, otrora primer foco de luz de la nación y ahora un martirizado Colegio, no admite dudas.

Si Aylwin tenía la razón en su lucha, quiere decir que su adversario: Allende estaba equivocado. Por lo tanto, al afirmar Altamirano que Aylwin tenía la razón, comparte el juicio de que Allende estaba equivocado.

Aylwin falleció en abril de 2016. Habían transcurrido 43 años tras el golpe militar. Suficiente tiempo para que Altamirano se hubiera hecho su propia autocrítica. En ese caso, sus palabras de condolencias debieron ser: “Yo estaba equivocado. Allende tenía la razón”.

Lo que si ocurrió, es que un sector del Partido Socialista no compartía los principios que llevaron a la victoria a la Unidad Popular: la tesis de construir el socialismo por una vía pacífica. Tesis inédita hasta entonces en todos los procesos revolucionarios desarrollados durante el Siglo XX.

Allende siempre sostuvo que estábamos construyendo el socialismo “en democracia, pluralismo y libertad”. Nadie lo apartó nunca de este principio ni aún en sus horas más difíciles.

Confirmada la victoria de Allende, hubo acuerdo con la Democracia Cristiana en el respeto a las garantías constitucionales y en el programa básico de gobierno. Gracias a esta unidad, el Parlamento aprobó unánimemente la Nacionalización del Cobre y de otras riquezas básicas. Gracias a estos acuerdos, culminó la Reforma Agraria iniciada durante el mandato de Frei Montalva. Gracias a estos acuerdos se creó el área social de la economía y el pueblo chileno comenzó a vivir los mil días más dignos y felices de su existencia.

Cuando el despiadado proceso de desestabilización fraguado y financiado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, comenzó a hacer aullar la economía chilena tal como lo instruyó el presidente Richard Nixon a los agentes de la CIA, Allende hizo los máximos esfuerzos por evitar un golpe de Estado. Solicitó la mediación del Cardenal Silva Henríquez para acordar con Aylwin alguna salida democrática, que éste rehusó.

El Presidente resolvió entonces convocar a un plebiscito nacional, a fin de ratificar su mandato y si el resultado le fuera adverso, se comprometía a convocar a nuevas elecciones presidenciales. Todos estábamos enterados de esto. Y no cabe duda que fue la razón para apresurar el golpe de Estado.

Ya sabemos la tragedia que esto significó para el pueblo de Chile.

Allende no estaba equivocado. Entregó su vida por los valores que siempre sostuvo. Otros fueron los equivocados. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Todo fallecimiento nos merece respeto y por cierto respetamos el fallecimiento de Carlos Altamirano y le expresamos nuestras condolencias a su familia y a su Partido. Pero he sentido la necesidad de poner las cosas en su lugar, según mi punto de vista.

M.L.


 
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