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- LE MONDE DIPLOMATIQUE Nº 196 en quioscos - Sumario JUNIO 2018

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Sobre el autor

Serge Halimi
Director de Le Monde Diplomatique.
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Felpudos europeos

por  Serge Halimi

Las súplicas y las demostraciones de afecto de tres dirigentes europeos –Emmanuel Macron, Angela Merkel y Boris Johnson– hacía Donald Trump no sirvieron de nada: el presidente de Estados Unidos les respondió humillándolos. Los amenaza con represalias comerciales y financieras si no violan el acuerdo que ellos mismos firmaron con Irán hace tres años. Como Estados Unidos cambió radicalmente su posición en este tema, a sus aliados no les queda más que alinearse. A sus ojos, París, Londres y Berlín no tienen peso alguno, en todo caso mucho menos que Riad o Tel Aviv.

“Cuando un hombre se condena a sí mismo, uno siempre tiene ganas de pegarle para quebrar en mil pedazos la poca dignidad que le queda”, escribía Jean-Paul Sartre en Los caminos de la libertad. Su observación también es válida para los Estados. Por ejemplo, los de la Unión Europea. Macron proclama su rechazo a hablar “con un fusil en la sien” y Merkel lamenta que Washington haga las cosas aun más complicadas en Medio Oriente. Pero ni el uno ni el otro parecen dispuestos a responder más que a través de lamentos. Y las grandes empresas europeas comprendieron que debían obedecer, ya que el envío de un correo electrónico a través de un servidor estadounidense o el uso del dólar en una transacción con Irán las expondría a multas extravagantes.

Apenas anunciado el diktat de Trump, Total –en otras épocas Compañía Francesa de Petróleo– anuló sus proyectos de inversión en la República Islámica de Irán. Sin embargo, el presidente Macron buscaba al mismo tiempo preservar el acuerdo con Teherán. Aunque aclaraba: “Voy a ser muy claro: no vamos a sancionar o contra-sancionar empresas estadounidenses. […] Y no vamos a obligar a las empresas [francesas] a quedarse [en Irán]; ésta es la realidad del mundo de los negocios. El presidente de la República francesa no es el CEO de Total” (1). Quien por lo tanto obedece las órdenes de la Casa Blanca.

Nuestras sempiternas ruedas de plegaria sacaron como conclusión de este episodio que hace falta más Europa (2). Pero cuanto más se amplia e institucionaliza Europa, menos resiste a las órdenes estadounidenses. En 1980, los nueve miembros de la Comunidad Económica Europea sentaban posición sobre Medio Oriente reconociendo las aspiraciones nacionales del pueblo palestino; el pasado 14 de mayo, en cambio, cuatro Estados de la Unión (Austria, Hungría, República Checa y Rumania) estuvieron representados en la inauguración de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén mientras las fuerzas armadas israelíes ejecutaban a decenas de civiles de Gaza. Mejor aun –si se puede decir así–: entre los veintiocho miembros actuales de la Unión, once invadieron Irak junto a las tropas estadounidenses.

La Unión Europea no deja de endurecer sus criterios de convergencia. Siempre se olvida de uno, que Trump acaba de recordarle: la necesidad para sus miembros de ser independientes y soberanos.

1. Conferencia de prensa, Sofía, 17-5-18.
2. Un credo que el columnista de France Inter Bernard Guetta machaca todas las mañanas desde hace más de veinte años, cualquiera sea el tema del día…

*Director de Le Monde Diplomatique.

Traducción: Pablo Stancanelli


Texto en francés:

Paillassons européens

Les suppliques et les marques d’affection de trois dirigeants européens – M. Emmanuel Macron, Mme Angela Merkel et M. Boris Johnson – venus cajoler M. Donald Trump n’auront servi à rien : le président des États-Unis a riposté en les humiliant. Il les menace de représailles commerciales et financières s’ils ne violent pas l’accord qu’ils ont eux-mêmes conclu il y a trois ans avec l’Iran. Les États-Unis ayant radicalement changé de position sur le sujet, leurs alliés n’ont plus qu’à s’aligner. À ses yeux, Paris, Londres et Berlin ne pèsent pas lourd, beaucoup moins en tout cas que Riyad ou Tel-Aviv.

« Un homme qui se condamne lui-même, on a toujours envie de taper dessus pour briser en mille morceaux le peu de dignité qui lui reste », écrivait Jean-Paul Sartre dans Les Chemins de la liberté. Son observation vaut aussi pour les États. Ceux de l’Union européenne, par exemple. M. Macron proclame son refus de parler « avec un fusil sur la tempe », et Mme Merkel regrette que Washington rende les choses « encore plus difficiles » au Proche-Orient. Mais ni l’un ni l’autre ne semblent prêts à riposter autrement que par des lamentations. Et les grandes entreprises européennes ont compris à qui elles devaient obéir, dès lors que même l’envoi d’un courriel transitant par un serveur américain ou le recours au dollar dans une transaction avec l’Iran les expose à des amendes extravagantes (lire ci-dessus l’article d’Ibrahim Warde).

Sitôt annoncé le diktat de M. Trump, Total – anciennement Compagnie française des pétroles – a annulé ses projets d’investissement en République islamique d’Iran. Le président Macron cherchait pourtant au même moment à préserver l’accord avec Téhéran. Mais il précisait : « Je le dis très clairement : on ne va pas sanctionner ou contre-sanctionner des entreprises américaines. (...) Et nous n’allons pas contraindre les entreprises [françaises] à rester [en Iran] ; ça, c’est la réalité de la vie des affaires. Le président de la République française n’est pas le président-directeur général de Total. » Lequel obéit par conséquent aux ordres de la Maison Blanche.

Nos sempiternels moulins à prières ont conclu de cet épisode qu’il faudrait davantage d’Europe. Mais plus celle-ci s’élargit et s’institutionnalise, moins elle résiste aux injonctions américaines. En 1980, les neuf membres de la Communauté économique européenne prenaient position sur le Proche-Orient en faisant droit aux aspirations nationales du peuple palestinien ; le 14 mai dernier, en revanche, quatre États de l’Union (Autriche, Hongrie, République tchèque et Roumanie) étaient représentés à l’inauguration de l’ambassade des États-Unis à Jérusalem au moment où les forces armées israéliennes exécutaient des dizaines de civils gazaouis. Mieux – si l’on ose dire : parmi les vingt-huit membres actuels de l’Union, onze ont envahi l’Irak aux côtés des troupes américaines.

L’Union européenne ne cesse de durcir ses critères de convergence. Elle en oublie toujours un, que M. Trump vient de lui rappeler : la nécessité pour ses adhérents d’être indépendants et souverains.

 
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