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En este numero:

- Algo huele mal en Dinamarca. Por Pablo Salvat
- El EIIL o como sacar las castañas del fuego con la mano del gato. Por Alfredo Saieg
- Psicología comunitaria en Chile: la articulación de las periferias y el fortalecimiento de la retaguardia social como estrategia de transformación. Por Marco Silva Cornejo

- Sumario completo



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IMAGEN FINAL. El Asesinato del camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen, filmado por él mismo, el 29 de junio de 1973, en Santiago durante "el Tanquetazo"

El DVD IMAGEN FINAL está a la venta, en $3.990,en la librería y por Internet en http://www.editorialauncreemos.cl

IMAGEN FINAL, de Andrés Habegger: vida y muerte del camarógrafo Leonardo Henrichsen

Ernesto Carmona

Hace más de 39 años, el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen tomaba un grato desayuno en el inolvidable Hotel Crillón de Santiago, mientras leía los abundantes diarios de todas las tendencias que entonces existían en Chile, bajo Salvador Allende. Era una situación política muy distinta a la que se vive desde hace casi cuatro décadas, en que sólo existen El Mercurio y La Tercera, dos cadenas periodísticas nacionales que tienen la misma tendencia política –neoliberal, pro-dictadura y favorable al gobierno de Piñera–, que se expresa en cientos de toneladas de papel impreso cada día en más de treinta diarios y revistas, a lo largo del país.

El desayuno de Henrichsen fue alterado por ruidos estruendosos, raros, como el que hacen los tanques y, tratándose de un corresponsal extranjero que cubría la situación político-social en Chile, salió a indagar y a registrar en su cámara Eclair 16 mm qué estaba ocurriendo en calle Agustinas, entre Morandé y Bandera, exactamente a una breve cuadra del desaparecido hotel. Alcanzó a filmar dos minutos, porque los militares le dieron muerte ipso facto. Incluso. registró en su cámara a quienes lo mataron; pero, a pesar de existir imágenes de hombres disparándole, estos fueron identificados 30 años después.

El camarógrafo no alcanzó a enterarse que estaba produciéndose un intento de golpe militar contra Salvador Allende, el 29 de junio de 1973, una suerte de ensayo digitado desde la sombra por la organización facistoide Patria y Libertad y otros civiles de la extrema derecha, que sacaron a las calles los tanques del Regimiento Blindados N° 2, de Santiago, al mando del coronel de ejército Roberto Souper Onfray, que ni siquiera alcanzó a estar preso, porque el golpe definitivo acaeció 72 días después, el 11 de septiembre, y este oficial se convirtió en una suerte de héroe castrense.

Entre cientos de efectivos militares disparando por las calles se encontraba el asesino del periodista, el cabo segundo del ejército Héctor Hernán Bustamante Gómez, al mando de una patrulla transportada en un camioncito blanco, que se estacionó en Agustinas y Morandé. El asesinato de Henrichsen quedó en la más absoluta impunidad, porque la justicia estimó que el delito había “prescrito” y no fue asimilado a los crímenes de lesa humanidad que, según los cánones legislativos y judiciales, sólo se cometieron a partir del 11 de septiembre.

El DVD está a la venta, en $3.990, esa librería por Internet, en http://www.editorialauncreemos.cl/dvds/white109-dvd-imagen-final-un-camarografo-que-filma-su-propia.html.

Una película sobre una de las imágenes más famosas de la historia mundial del periodismo.


Ensayo mortal (Tanquetazo)

El departamentito allí, en la Diagonal Paraguay, muy cerca de Carmen, acogió cálidamente a Berta y sus suavidades, sus cimas excitantes y sus húmedas profundidades, y a él, de La Boca, medio sueco; medio azul y amarillo, casi de la mitad más uno…

Era la consolidación indesmentible de la pasión por sobre la barrera de Los Andes.

La ginebra Bols para nada era tan rica, como decían, pero en concomitancia con las ansiedades del amor, sabía adormecedoramente deliciosa.

Las sábanas desordenadas, la cubrían; sólo sobresalían los hombros romos y un tobillo; los glúteos que se insinuaban espléndidos bajo el género, lo alborotaron antes de irse.

En silencio, partió cámara en ristre. Más tarde se reencontrarían.

Emplazó el equipo en diagonal, apuntando a los soldados que, desde la camioneta, cubrían la céntrica esquina cercana al palacio de gobierno.

Iracundo , cual energúmeno, el suboficial dirigió su pistola hacia él y lo puteó. El peón real que lo acompañaba hizo puntería.

Pero el otro, el que se apostaba arriba del vehículo, ése, acertó.

En cinco segundos todo fue nada; sólo oscuridad.

Juan Gatica

 
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