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En este numero:

- Los derechos humanos siguen siendo violentados. Por Rodolfo Romero
- A 50 años de la toma de la Catedral. Por Luis Enrique Salinas
- Relator de la ONU en Chile. La situación del pueblo mapuche y la Ley antiterrorista.

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La Estética de la Resistencia o un coloquio sobre rimas y conciencia. Por Rony Núñe

1.- Peter Weiss y su semilla fecunda.

El día ha sido ajetreado en demasía, más de lo esperado y con el estómago aún vacío, arremeto el final de la monumental obra de Peter Weiss, “La Estética de la Resistencia”, aquella que en opinión de Joxe Iriarte, encarna: “Una lucha de clases vista de una forma mucho más compleja y dialéctica de lo que dictaban los cánones de la dogmática del llamado marxismo soviético”. Y en la que el autor “Admira un Hércules contradictorio, rebelde a los dictados de los dioses, pero que a su vez forma parte de su mundo, del cual no puede huir, ni impedir que las masas de desheredados sigan confiando en ellos. Admira al artista cuyo cincel dio forma al friso, pero nos recuerda al cantero, sin cuyo sacrificio el artista nada hubiera podido hacer ¿Y el esclavo celta cuyo sufrimiento permitió al artista dotarse de la materia prima y a la vez le sirvió con su extenuado rostro, de modelo para escenificar al soldado desgarrado por la espada del ensalzado tirano?”.

Es pues, como todas las obras del escritor, una obra mirada y escrita desde una militancia clara y explícita, respecto de la cual se construye un estilo propio, original que convoca conciencias colectivas e inspira esperanzas. Esperanzas consumidas por la vorágine de la post modernidad, que se encargó de borrar del mapa, en buena parte, la proyección colectiva de al menos un suspiro de ilusión más allá del individualismo del consumo. Pienso en aquel poema del poeta penquista Alan Muñoz Olivares dedicado al bate Jorge Teillier, titulado “El fin de toda convicción” el cual reza:
“Nosotros, signos de agua,
viajamos al imperio de las ideas.
Nosotros, esclavos románticos,
pútridos y escandalosos, viajamos
en la máquina del tiempo
hacia no sabemos qué estado de la conciencia.
Viajamos por los pasillos meados
arrastrando como un lamento
el fin de toda convicción
a algún lugar que nos diga algo de nosotros.”

Retorno después de aquella cavilación poética a Weiss, y, si bien es una obra escrita en un contexto totalmente distinto al nuestro (en este caso el tiempo histórico que abarca entre 1937 y 1945 y cuya publicación se realiza en 1981), no es menos cierto que entrega una semilla a las futuras generaciones que nos ilusionamos con el conjunto de gobiernos progresistas y de izquierda que dominaron nuestro continente sudamericano desde comienzo del siglo XXI, en toda su diversidad y desde una formulación en base a sus propios contextos, un sello propio, más que de modelos foráneos, asumiendo los errores y horrores cometidos en el siglo XX emprendiendo un período de desarrollo sustentable evidenciable por múltiples organismos internacionales.

No obstante lo anterior, obras como las de Weiss y su necesaria relectura plantearon para el siglo XX una premisa que sirve de contexto y comprensión al actual proceso de cambios, o como lo describe en palabras de Juan Pedro García del Campo “¿Cómo construir una literatura del proletariado, un arte de los oprimidos, una estética de la resistencia? ¿cómo escribir sobre la experiencia revolucionaria, sin traicionarla al atenerse a las formas narrativas heredadas de la burguesía? En Weiss hayamos la naturaleza social y política de una realidad que la ideología al uso presenta como simples asuntos “humanos”: el impulso revolucionario frente al dejarse llevar por las circunstancias, la violencia de una forma de dominio social que conduce a los campos de exterminio, o la total deshumanización de las sociedades organizadas y burocratizadas del siglo XX.” Al escurrir cual manantial las hojas del texto por mis ojos, no sólo ratifica mi admiración por la complejidad y estilo del autor, sino su llamativa vigencia en nuestros países de carencias. Luego de terminar la última de sus hojas, bajo las escaleras hacia la calle, donde las luces se anticipan al ocaso, debo apurar el tranco pues he quedado citado con un artista músico-político, cual personaje de esas hojas que inmortalizaron a Weiss, que llevan la posta de sus letras con el convencimiento de que otro mundo aún es posible: mi amigo y músico Gustavo Lulo Arias.

2.- Artistas y política comprometida: Legua York presente.

Transito por la ciudad al encuentro de mi amigo Gustavo “Lulo” Arias, vocalista de Legua York y concejal por la comuna de San Joaquín representando al Partido Comunista. Arremeto hacia la locomoción colectiva que me permita arribar a aquella comuna que supo de luchas y resistencia a allanamientos y violencia en los aciagos tiempos de una dictadura que, pese a su brutalidad, no fue capaz de derribar el alma y corazón de hombres y mujeres que construyeron esta población hoy mítica para algunos e intervenida por la policía hace años bajo la sombra de pandillas y drogas que bailan en un baile de ciegos sin sentido. Recuerdo el poema de mi amigo y poeta Alberto Moreno “Fracción de segundo”, mientras me aproximo a la población, que me trajo hasta sus límites:
“1.- La imperiosa necesidad de salir corriendo
2.- Enfrentar una vez más el autobús y su maldito trajín infatigable.
3.- La imagen sonora, mis sienes ardiendo y Naima de Coltrane re-soplando in extremis.
4.- Mi cabeza a punto de estallar.
5.- Minutos después logro conjurar su espectro, encender un cigarrillo, tenderme en la cama.
6.- Recuperar el aliento”.

Recupero el aliento y acostumbro la vista cuando llego hasta el monumento al presidente Salvador Allende que adorna la comuna, el lugar citado para nuestro encuentro, ciertamente ideal para hablar de la vida de un músico-político, un comprometido de la resistencia permanente contra la agresión y el estigma.

Lulo me recibe con su eterna sonrisa, la misma con que lo conocí años atrás en un concierto efectuado en la Plaza de la Constitución, frente al palacio de la Moneda, que alberga a los presidentes de Chile, en homenaje al Presidente Allende, donde, con micrófono en mano y en la otra llevando a su hijo Salvador, nos maravilló con sus rimas de utopía, memoria y justicia. En este contexto el artista-político primeramente recuerda sus raíces escritas en su página de Facebook: “Cuando me propuse escribir esto desde un micro espacio, quizás un imaginario de nuestra Latinoamérica, aquella que es posible por los esfuerzos de cada uno y una de sus habitantes, a mi mente se fueron todos los macro temas que siguen pendiente desde la dictadura hasta la fecha. Pero en ese mismo momento, también mire mis pies y al darme cuenta, que la calle sigue siendo de barro, me propuse finalmente partir de cero. Para los que no me conocen soy Gustavo “lulo” Arias, un hijo de poblador de la legua, que se enamoró de una mujer del barrio franklin y dieron vida a este que escribe, que nació cerca de los límites geográficos del ayer ósea, cerca del zanjón de la aguada.” La reminiscencia a obras como “Zanjón de la Aguada” de Pedro Lemebel son inevitables, a los que les son comunes militancia y carrera de artistas, aunque en distintas áreas como destinos de vida que ambos afrontan con valentía.

Luego casi sin pausa, como si fuere una rima de una de sus canciones continúa el ejercicio de memoria: “Parto citando esto porque el ayer y el hoy se funden en discriminación, muchas veces cuando el patrimonio nuestro, es nacer y crecer donde antes terminaba la ciudad y comenzaban las chacras. Sé que esto no es solo en San Joaquín, luego se fue expandiendo y forjando la nueva periferia más allá de Américo Vespucio incluso. Quizás sigue esto siendo un poco enredado y hasta ambiguo pero, sigo pensando que todo está relacionado de una forma u otra. Crecí en calles del matadero Franklin, en calles de la Legua y desde ahí los más viejos pobladores me contaron cómo llegaron y porqué es importante definirse entre ricos y pobres, explotadores o explotados, entre espectador o protagonista. Esa definición la realicé en mi adolescencia lo que terminó en la formación de la agrupación cultural llamada Legua York. Lo primero fue decir “antes que artistas somos pobladores”, somos hijos de obreros y obreras y claro, como la historia se repite lo seguimos siendo nosotros y nuestros hijos. Claro está, cada cual en su propio contexto”.

De esta forma, la concientización de clase progresiva, y el asumir un rol desde su entorno y en defensa y dignificación de éste, es lo que a mi juicio define en buena parte la música de Legua York, arte que toma una definición y asume un compromiso que nutre y da una perspectiva a la creación artística y a la acción política, como si fueren dos caras de una misma moneda, o, en este caso, de un mural de la Brigada Ramona Parra como varias que adornan el barrio, y que advierten que la resistencia se encuentra en cada cuadra contra la adversidad que en vez de ser sujeto de vergüenza es aliciente de dignidad y grandeza.

“Es así como de músico, pase a ser también dirigente y de dirigente hoy a concejal”, asevera Lulo, desde una toma de conciencia que pasa a la disputa y logro de espacios políticos de representatividad, dando un sello ciertamente distinto a estructuras muchas veces anquilosadas.

En su diagnóstico es certero: “Desde lo local se avanza organizando, estando y forjando espacios comunitarios para que los niños/as y jóvenes tengan alternativas de desarrollo. En educación siempre hemos dicho que vamos de la mano con las demandas que no son de hoy, son las mismas del 2011, 2006 de los noventas e incluso de la década de los ochentas. Como referencia podemos observar el documental “Actores Secundarios” para darnos cuenta que la demanda por la educación es desde hace mucho tiempo. Por eso es preciso el inicio de camino que tendremos con la llamada reforma, digo inicio de camino por que todos sabemos desde estos micros espacios que aún queda mucho por hacer. En tema de salud hablemos, la falta de medicamentos para vecinos y vecinas cuando van al consultorio, también eso va directamente relacionado con el per cápita que es cosa de otro espacio y no directamente municipal, pero claro que nos afecta en lo cotidiano. Así podríamos seguir hablando de la vivienda social y basado en lo sucedido en nuestra comuna, el estado puede expropiar al privado para edificar solución habitacional a tantas familias que viven de allegados, ósea, cuando hablamos de temas micros son también macros muchas veces y viceversa”.

Es evidente entonces, que el artista se empodera en este caso de un cargo para colocarlo a disposición de su comunidad, de su clase que advierte y se identifica con su propia vocería, aquella que se forjó en sus calles y cuya voz se forjó en los potreros entre pelotas de trapo y sonrisas de esperanza, entre sueños donde antes que el “yo”, está el “nosotros” y que está dispuesta a ratificar en él su confianza.

Rony Núñez Mesquida
Analista y Observador Internacional.

 
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