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En este numero:

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- La nación y la universidad. Por Hernán Neira
- Carta abierta a periodistas, editores/as y directores/as de canales de la televisión chilena

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La crisis como oportunidad de cambio. Por Juan Pablo Espinosa

Quizás la palabra que ha caracterizado el acontecer nacional (e internacional) de los últimos meses ha sido crisis. Crisis económica, política, el Gobierno de la Presidenta Bachelet ha bajado en popularidad, empresarios, parlamentarios y funcionarios públicos citados a tribunales por posibles hechos de corrupción. Crisis provocadas por los desastres naturales, que han azotado al norte y al sur del país; crisis al interior de la Iglesia –que somos todos- y la pérdida de confianza en su jerarquía. Hemos vivido situaciones extremas como el asesinado de dos jóvenes estudiantes que estaban en una manifestación; una prolongada huelga de hambre de ex presos políticos de la dictadura en el templo Catedral, y así, diversos hechos que han provocado que la población sienta que estamos en una crisis. ¿Es un sentir extremo? ¿o será más bien algo real?

El propósito de este artículo es reflexionar en torno a esto que hemos titulado “La crisis como oportunidad de cambio”, de manera de evidenciar cómo la problemática social, política, económica y también eclesial, constituyen posibilidades de pensar nuevos paradigmas (formas de hacer las cosas, modelos), construir nuevos relatos o narraciones (la persona como la que cuenta su historia: desde el presente evalúa su pasado para proyectar un mejor futuro), y proponer, en el caso de nosotros los creyentes, nuevas acciones pastorales de manera de provocar la tan ansiada y comentada conversión pastoral que los últimos documentos magisteriales y el Papa Francisco nos han presentado como programa eclesial. Por medio de la consideración de algunas nociones filosóficas del pensador español José Ortega y Gasset, llamado el “filósofo de las crisis históricas”, y de algunas reflexiones teológico-pastorales pretenderemos proponer alguna palabra que funcione como pre-texto, en el sentido de que la conversión pública (¡y por favor también en las comunidades cristianas!) sobre la crisis no puede ser en ningún sentido algo terminado, sino que por el contrario debe tornarse algo necesario, urgente y siempre actual.

Perspectiva filosófica: José Ortega y Gasset y las crisis históricas

Antes de entrar a leer la crisis desde la filosofía, nos gustaría presentar la etimología o el origen de la palabra crisis. Es una palabra que proviene del griego (krisis; verbo krinein) y significa: separar, decidir, juzgar entre posibilidades u opciones, o también decidir. Así, la crisis no tendría, en un primer momento, una connotación negativa, por el contrario, se presenta como una exigencia de elegir un nuevo camino, una nueva forma de vivir o de pensar en vistas a que otras opciones ya han quedado caducas. Así, podríamos afirmar que cuando decimos que “este es un tiempo de crisis” estamos sosteniendo que este momento histórico, ya sea personal o social, es el tiempo de la decisión de una opción mejor para mí y para los demás. El origen de la palabra ya nos está invitando con esto a ver la crisis como una posibilidad de cambios.

Veamos ahora el planteamiento filosófico. La filosofía siempre ha tenido una pretensión de totalidad, es decir, de intentar interpretar el acontecer histórico, al hombre y también al mismo Dios. Es este afán de interpretación que queremos presentar ahora desde la figura del filósofo español José Ortega y Gasset (1883–1955). Él fue llamado el “filósofo de las crisis históricas”, esto por el contexto histórico en el cual le tocó vivir y reflexionar. ¿Qué es una crisis para Ortega? Es una situación transitoria (de ahí el carácter de posibilidad, opciones) en la que se vive en dos sistemas de creencias, uno nuevo y otro viejo, pero sin que la persona se sienta cómoda en ninguna de las dos. Esta incomodidad la experimentamos a diario: suben los productos, incluso los de primera necesidad, pero los sueldos nos suben. Muchos de los hermanos que leen estas líneas han tenido que hacer largas esperas en los consultorios públicos esperando atención. La colusión económica, por ejemplo, de las farmacias ha permeado fuertemente en la obtención de medicamentos. En nuestra misma Iglesia. Las encuestas nos dicen que la confiabilidad en sus líderes ha bajado y lo sigue haciendo. La clase política ya no nos representa. Vemos que los intereses de unos pocos no expresan el sentir de la mayoría. Mientras los sueldos o las pensiones de vejez son indignas, otros hablan de millones de pesos. Cinco grandes familias controlan la producción económica de la nación. Nos sentimos frustrados, parece que la crisis nos ahoga y no podemos salir de ella. “¿Qué hacer?”, nos preguntamos.

No queremos ser profetas de la desventura. Y por eso el llamado de Ortega es que la persona sea inteligente, en el sentido de discernir entre los modelos de vida que hoy imperan y proyectar una nueva forma de desarrollarnos en la que converjan todos los esfuerzos ya sean políticos, económicos, sociales, religiosos o culturales. Ortega acuñó una expresión que a nuestro entender viene a dar sentido a esta ‘crisis como oportunidad’, a saber, que el hombre es “yo y su circunstancia”, en donde el yo es alguien que esencialmente es uno que está viviendo, desarrollándose en el espacio público en relación constante con otros. Es en el aquí y ahora en donde la crisis nos urge, nos interpela y nos exige crear este nuevo horizonte. Creando esta nueva forma de ser y convivir la persona entendida siempre como ‘humanidad’ puede humanizar su presente para así lograr que el futuro sea más ‘vivible’ para todos.

Perspectiva teológico-pastoral: La imagen de la barca que cruza a la otra orilla

Manteniendo los aportes del filósofo español, demos el paso a la consideración teológico-pastoral de la crisis como oportunidad. Para ello, nos queremos servir de la imagen del Nuevo Testamento de la barca que cruza a la otra orilla. El Jesús que nos presenta el Evangelio de Marcos realiza, entre muchas acciones, una actitud que se repite: cruza a la otra orilla del lago en la barca (Mc 1,9.14.38; 3,8; 4,35; 5,1). ¿Qué significa esto? ¿Es un añadido más en el texto? Los estudios bíblicos han llegado a la conclusión de que el “cruzar a la otra orilla” representa una experiencia evangelizadora, el sentido más profundo de la misión cristiana. Jesús y los discípulos cruzan en la barca para anunciar la liberación a los que creen que las crisis históricas no tienen solución, que en el evangelio representa las tierras no judías o impuras.

Jesús y la Iglesia también experimentan una crisis en el ‘cruzar al otro lado del lago’, ya que deben escoger entre evangelizar a los de su nación o a los que nadie ha evangelizado. Sin duda, las situaciones que ha vivido la Iglesia hoy- que incluso han sido llevadas al cine- nos duelen; me duele mi Iglesia. Pero aun así seguimos creyendo en una Iglesia más parecida a la que Jesús quería y que comenzó como un movimiento itinerante y popular en una lejana y marginada tierra llamada Galilea.

Creo que esta nueva forma de ser y hacer Iglesia nos la está presentando esto que se ha llamado la “Iglesia en salida”. Hermanos, tenemos el desafío de hacer una nueva pastoral que desafíe proféticamente a la crisis institucional que como Iglesia estamos teniendo, y que esa misma Iglesia proponga una nueva forma de vivir la vida frente a la crisis social y política. Necesitamos una Iglesia que asuma la crisis como oportunidad de cambio, tanto se hacia adentro como hacia afuera de ella. Creemos que este cambio debe vivirse en clave samaritana, es decir, estando al lado del que sufre, especialmente del que nadie quiere ayudar, de las minorías sexuales, culturales, raciales, etc. Que sea nazarena, es decir que anuncie la liberación a los que están esclavos por sus pecados o por un sistema estructuralmente que condiciona sus vidas. Y que sea también galilea, es decir, que parta desde sus orígenes, que vuelva constantemente a sus fuentes. La barca que cruza el lago no es un símbolo edulcorado, sino que es más bien la forma más auténtica de ser Iglesia, una que no evita afrontar la crisis, el cambio, sino que desde la experiencia evangelizadora de Jesús nos invita a experimentar el universalismo de la acción misericordiosa de Dios haciendo de nuestra comunidad una Iglesia al estilo de Jesús.

Juan Pablo Espinosa Arce
Profesor de Religión y Filosofía (UC del Maule) Magíster© en Teología (PUC)

 
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