Página de inicio

Colecciones

Publicidad

Suscripciones

LIBROS

Librería

Postgrados y postítulos

AGENDA - Encuentros

Fotos

Contáctenos

Otros sitios


Se puede imprimir

En este numero:

- Epistemológicamente curiosos. Por Juan Pablo Espinosa Arce
- Comunicado de la Red de Profesores de Filosofía de Chile REPROFICH
- Una Reforma que no reforma. Por Luis Mesina

- Sumario completo



Página de inicio

La disciplina filosófica como rigor académico y compromiso ciudadano. Entrevista de Alex Ibarra a Rubén Quiróz

Entrevista a Rubén Quiróz (R.Q) docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima y Director de la Revista Solar dedicada a la filosofía y pensamiento iberoamericano. Entrevistado por Alex Ibarra Peña (A.I) del Colectivo de Pensamiento Crítico palabra encapuchada. Agradecimiento a Claudia Bonicelli por la fotografía.

A.I: Querido Rubén gracias por darme esta entrevista que nos permite seguir dialogando en torno a la filosofía latinoamericana. Quiero partir reconociendo tu trabajo de reconstrucción de la tradición filosófica del Perú en el contexto continental al interior de la UNMSM. ¿Cuéntanos un poco sobre el apoyo y las dificultades institucionales en esta labor reconstructiva de la filosofía nacional peruana en el centro de investigación? ¿Consideras que la identidad sanmarquina influye en estos esfuerzos?

R.Q: Muchas gracias, Alex. Aprecio la labor de difusión que haces de la filosofía latinoamericana a través de Le Monde Diplomatique. Es un esfuerzo valioso y que reconozco por la tradición humanista y el respeto al pensamiento desde vuestra revista. Por otro lado, en Perú, seguro en general en América Latina, la institucionalidad es sumamente precaria. Esa estructura de gobernanza deseable es apenas un espejismo. Ello se ve claramente reflejado en todas las esferas de convivencia. Por supuesto, es sumamente claro en torno al asunto de la investigación. Los gobiernos apuestan poco a la investigación en general. Es evidente que el posible apoyo al trabajo filosófico es prácticamente inexistente. El esfuerzo es más bien individual y está concentrado en pocas personas. Consideremos que en mi país existen solo 6 universidades donde se enseña como carrera profesional la filosofía. Respecto a ello, la Universidad de San Marcos tiene una antigua tradición de formación en esa disciplina. Desde su fundación en 1551 hay una preocupación por este tipo de discurso. Claro, la línea evangelizadora colonial es característica desde las épocas fundacionales y todo el virreinato. Ello también ayuda a explicar porque nuestra universidad es el centro en el Perú de la investigación filosófica en los tópicos latinoamericanistas, a pesar de la precaria apuesta estatal. Es que tiene un notable y abundante corpus cuya genealogía es colonial y que atraviesa toda la historia del Perú. Además, de allí han salido las mentes más preclaras y cuya agenda intelectual es continental. San Marcos sigue siendo un resumen del Perú. Nudo de inquietudes, plaza de victorias, decía Gonzalo Rose, un poeta extraordinario. Siguiendo su prestigiosa tradición contestaria, ha sobrevivido a pesar de los gobiernos.

A.I: La tradición y producción filosófica del Perú es consistente y en el último tiempo han recuperado un corpus de textos considerable para el estudio y la investigación. ¿Nos puedes hablar sobre el trabajo de rescate de las filosofías coloniales y de las filosofías andinas? ¿Cuál es la valoración patrimonial que haces de estos documentos?

R.Q: Es un esfuerzo de muchos intelectuales. Desde la maestra María Luisa Rivara, Augusto Salazar Bondy, Francisco Miró Quesada, Walter Redmond, David Sobrevilla, José Carlos Ballón, Pablo Quintanilla, Augusto Castro hasta el Grupo Zulen (conformado por brillantes jóvenes de las canteras sanmarquinas). El corpus colonial a nivel filosófico era excluido de los tratados como documentos inválidos para conformar la trama de la historia de la filosofía peruana. Erróneos acercamientos metodológicos hasta prejuicios de orden conceptual, además de eurocéntricos muy en boga aún en varios centros universitarios latinoamericanos. El Perú desde el siglo XVI hasta la actualidad puede mostrar una matriz de tensiones filosóficas que sugieren varios escenarios del debate. Desde las confrontaciones sobre el estatus del americano conquistado, las múltiples voces de una comunidad intelectual naciente, hasta las diversas líneas contemporáneas más bien variopintas. En el primer caso los pioneros trabajos de Mejía Valera y Walter Redmond hasta las propuestas del profesor Ballón y su valioso texto La complicada historia del pensamiento filosófico peruano (2011) que reúne traducciones del latín barroco, estudios, aproximaciones a parte del corpus colonial. Nosotros mismos hemos aportado con investigaciones de la situación decimonónica. Sin embargo la genealogía sobre el debate de la naturaleza del pensar en estas regiones es un debate clásico del siglo XVII peruano. Espinosa Medrano en su prólogo Candido Lectori de Filosofía Tomística (1688) resume con claridad y preocupación sobre la propia validación del emisor colonizado. La filosofía latinoamericana se cuestiona desde allí su propia legitimidad desde el locus en que está situado. Es decir, el debate sobre la naturaleza de nuestro filosofar no empieza en el siglo XIX como la literatura republicanista intenta instalar sino de muchos siglos atrás. Es evidente que el nivel de tensión de una comunidad naciente de intelectuales configura su propia ubicación frente al imperio. En ese sentido, esta línea de polémica es de viejo cuño. Es eso que con contundencia se muestra desde el Perú. Es decir, la abundancia de textos del periodo de estabilización colonial nos señala uno de los caminos de la investigación en historia de las ideas. Recién se está revelando la dimensión colosal de todo el entramado coral discursivo peruano. De ese modo también es rastreable las esferas culturales originarias que se han descrito en muchos de los textos coloniales. Pero una “filosofía andina” corre el riesgo de ser esencialista. Además, es un mundo de por si heterogéneo, conflictivo, diverso. Cualquier intento de apropiación monotemática y su supuesta homogeneidad, sería un artilugio populista, además de falso. En cuanto a la salvaguarda de la memoria documentaria, es el eje de la investigación. Es por eso que una política de resguardo de la documentación y su incentivo público y financiado de estudios sobre ese material, además de urgente, es una obligación moral. La gastronomía peruana, celebrada y, sin dudarlo, deliciosa, se torna un alucinación para ocultar el irresponsable olvido de nuestros gobernantes hacia otras vetas de mayor envergadura e implicancia cultural. Por supuesto, una política de digitalización a toda esta serie de documentos sería un paso básico. Por ejemplo, en la Universidad de San Marcos, hemos podido digitalizar todas las tesis de grado en humanidades desde 1868 hasta 1908. Y su impacto, al difundirlas, ha sido inmediato en cuanto a artículos y libros sobre ese período. Ello permite ampliar nuestras propias agendas de investigación.

A.I: De la diversidad de aportes que has hecho quisiera destacar tu preocupación especial por el siglo XIX. Hace un par de años reseñe tu libro sobre la figura de Clemente Palma. ¿Cuál es la motivación que tuviste para dedicar tiempo de investigación a este autor, pero también para hacer tu trabajo en torno a este siglo?

R.Q: La discriminación racial es un grave problema en el Perú, impide notoriamente su progreso como colectivo. La implementación teórica desde la Conquista fue un violento modelo racista que permitía justificar un orden jerárquico del poder y, por supuesto, la exclusión de todo grupo social distinto al de origen europeo. Ese sistema de intimidación discursiva y mostrada con terror en las prácticas sociales originó una peligrosa ficción: asumir que existen grupos ontológicamente superiores a otros. Y ello se mantuvo y se mantiene por mucho y con diversas intensidades en la población peruana. El caso de Clemente Palma, hijo del tradicionalista Ricardo Palma, es un síntoma de la élite peruana, adheridos a esa poderosa marca racista. Mi texto La Razón Racial, intentó ayudar a desmontar los artilugios del mismo sin dejar de explicarlo en su contexto especulativo. Ello conectado a mi interés en los estudios decimonónicos ya que es un punto de partida que permite explicar el ordenamiento del Perú, fundado como República tardíamente respecto a sus pares en la región, anquilosado a esas formas perversas de inequidad social, principalmente con los grupos mestizos, nativos y afroperuanos. El Perú se fundó en la exclusión. El triunfo independista del sector criollo desplazó y mantuvo en los márgenes de la nación en ciernes, a los compatriotas vulnerabilizados. Se reprodujo el mismo sistema de menosprecio. Un grupo social, blanco, europeizado, letrado, se adueñó del país. Sus privilegios fueron naturalizados por la República criolla. El siglo XIX por ello permite revelar las estrategias y maniobras de estos grupos, pero también detectar los focos de resistencia desde las poblaciones marginalizadas.

A.I: En la reseña que acabo de mencionar hice un comentario a cierto tipo de escritura peruana que tiene como horizonte referencial la huella de la catástrofe ocasionada por la Guerra del Pacífico -me parece pertinente la pregunta ya que en el último tiempo Chile ha recibido demandas limítrofes en el tribunal de la Haya tanto por parte del Perú como de Bolivia- en el cual tu escritura también consideraba este horizonte mencionado. ¿En tu caso consideras esto como un asunto político pendiente? ¿Crees que dicho hito histórico es también una referencia cultural vigente?

R.Q: El mejor signo de que ello es un asunto en vías de resolverse (siempre hay fanáticos de ambas partes) es el trabajo conjunto que hemos venido desarrollando con colegas chilenos como tú y algo análogo sucede con otras disciplinas. Por supuesto, sin olvidar, por respeto a la memoria histórica, que la ferocidad de la oligarquía chilena y la ineptitud y cobardía de los gobernantes peruanos de la época, fueron un coctel terrible para la serie de abusos bélicos. Entre ellos, algunos crímenes de lesa cultura aún no resueltas como el saqueo por parte de la tropa de los libros de la Biblioteca Nacional del Perú. Las guerras suelen mostrar lo peor de la humanidad pero también su lado más virtuoso. Sobre esta última virtud hubo muy poco. Lo recomendable es que nunca más vuelva a suceder entre países que tienen más de ganar conjuntamente que separados. Como campo de investigación es muy sugestivo este periodo, tanto para balances como agendas posibles.

A.I: En la filosofía latinoamericana del siglo XX destacan en la historia de las ideas los aportes de Mariátegui y de Augusto Salazar Bondy. Ambos autores han sido estudiados por el entrañable maestro David Sobrevilla que los consideró como aportes fundamentales para la filosofía latinoamericana. ¿Te parece que estos autores han sido reconocido con amplitud en el canon filosófico latinoamericano? ¿Crees que los aportes de estos autores son sustanciales para lo que se viene denominando como “marxismo latinoamericano”?

R.Q: Mariátegui está completamente vigente en varias de las universidades latinoamericanas y las organizaciones civiles. Su magisterio es impresionante a través de los años. Suele ser así con quienes tienen razón en sus diagnósticos. Pero hay que evitar una lectura religiosa y acrítica del Amauta. Cuando se convierte en fe o en palabra indiscutible se acabó la filosofía y se entra al horizonte de la devoción. Todo culto es nefasto. Eso mismo suele suceder con los filósofos europeos y sus predicadores en América Latina. Cual evangelización contemporánea sus apóstoles sermonean la palabra de Husserl, Heidegger o Arendt. Ese tipo de catequización hay que combatirlo. Y no están excluidos de ellos los filósofos latinoamericanos como el caso de nuestro pensador marxista. Mi maestro David Sobrevilla, recientemente fallecido, hizo una espléndida labor de repensar la filosofía, como bien describes. O el maestro Osvaldo Fernández en Chile. Claro está conectado con el activismo y la responsabilidad llevada a cabo con éxito por parte de Augusto Salazar Bondy, un fundador de la filosofía de la liberación. Su presencia, muy reconocida en los años 60 y 70, persiste en diversos ámbitos. Por supuesto, el mejor homenaje es cuestionarlos. En el caso de José Carlos Mariátegui es indudable la densidad e influencia que alcanza en el marxismo latinoamericano. Hay una inmensa bibliografía al respecto. En cuanto a Salazar, su raigambre de índole marxista no es la única, ya que su composición teórica es más compleja y trasciende la escuela que señalas.

A.I: Siguiendo en esta línea de reconocimiento de autores peruanos a la filosofía o historia de las ideas latinoamericanas ¿Cuáles te parecen los autores más relevantes desde la segunda mitad del siglo XX hasta la fecha? ¿Podrías distinguir entre autores que influyen en la academia y otros autores que influyen en otros campos de la cultura?

R.Q: Hay tres autores claves en esa última mitad del siglo XX. Augusto Salazar Bondy, por su intensa dedicación a la producción filosófica y pedagógica, además de profundamente comprometido con los cambios sociales que reordenen equitativamente al país. Lideró una de las revoluciones educativas más transformadoras en los años 70 bajo el gobierno de Velasco Alvarado (a propósito, este gobernante fue repudiado por la izquierda peruana y aborrecido hasta ahora por la oligarquía peruana. Es curioso como esos extremos coinciden en sus odios). El otro es Gustavo Gutierrez, padre de la Teología de la liberación, una de las mentes más lúcidas y honestas, cuya reinterpretación de los evangelios desde la situación real de opresión en América Latina, tiene alcances globales. Además, es un activista constante contra las formas de autoritarismo y dominación social. Claro, hay que subrayar que lo hace desde los códigos cristianos y ya sabemos cuál es su agenda. El tercero es Francisco Miró Quesada Cantuarias, cuyas fronteras de producción intelectual son amplios y diversos. Como periodista también es uno de los más persistentes difusores de la filosofía y la ciencia al alcance de todos. A eso hay que sumarle su preocupación a nivel político y su incansable inquietud por los asuntos educativos. Es notoria la influencia tangible en diversos campos culturales de esta tríada de pensadores peruanos. Es decir, el nivel alcanzado por ellos es inspirador para todos aquellos que nos dedicamos a la reflexión.

A.I: Tu trabajo no sólo se limita al Centro de Investigación sobre el pensamiento peruano y latinoamericano, hace algunos años diriges una revista que ha alcanzado consolidación en corto tiempo, me refiero a la Revista Solar. ¿Puedes hablarnos de los principales aportes que ha hecho esta publicación? ¿Cómo ves la proyección de esta importante revista?

R.Q: Solar es la publicación más importante sobre filosofía latinoamericana en el Perú. Son ya diez años de trabajo constante de difusión de nuestro pensamiento como comunidad filosófica. No solamente la dedicamos a mostrar los artículos bajo los estándares de indexación, sino a mostrar las diversas investigaciones ligadas al tema latinoamericana en nuestra web (www.revistasolar.org). Hemos recuperado y digitalizado diversos textos de filosofía peruana. Además tenemos una línea editorial de libros producidos tanto en papel como su puesta virtual de amplia difusión a varios niveles. Junto con la Sociedad Inca Garcilaso por el Desarrollo Intercultural (Lima/París), presidida por nuestro amigo y maestro Edgar Montiel, hemos financiado becas de investigación a jóvenes interesados en la filosofía latinoamericana. También desarrollamos infatigablemente Congresos, Coloquios, Seminarios, Talleres, donde se delibera de forma conjunta. Sin embargo, estamos comenzando. El campo de trabajo en nuestra disciplina es amplio. Este 2015 vamos a celebrar su primera década organizando un número especial a manera de balance, autocrítica y agendas posibles.

A.I: Como te conozco de cerca sé que tu preocupación no sólo es la filosofía sino que también has escrito poesía y eres comentarista de obras de teatro en medios de comunicación en Lima. ¿Crees que el trabajo del filósofo adquiere mayor sentido al participar de manera más activa en la cultura? ¿Tu trabajo cultural se vincula a tu trabajo filosófico o te parecen cuestiones distintas? ¿Qué visión tienes sobre el ejercicio filosófico en América Latina?

R.Q: Recuerdo que fuimos, en tu visita, a ver una obra teatral en la Alianza Francesa de Lima, y pasamos una noche magnífica charlando. Sin embargo, la vinculación con otros géneros y su reflexión es una opción más no un imperativo. No creo que haya recetas para un modelo de filósofo. Pero si es importante acentuar la magnitud de la responsabilidad ciudadana en general y eso incluye a aquellos que se dedican a filosofar de manera profesional. En mi caso, he publicado libros de historia del teatro peruano y, efectivamente, tengo una columna semanal de crítica teatral. El placer en ese género es distinto y procuro no llevarlo a una explicación desde la disciplina filosófica. Tengo dudas si lo he logrado. Me inclino a asumir que dedicarse a la vida en filosofía y desde América Latina es un maravilloso reto con altas responsabilidades también. Pero es factible pensar que ello no nos debe llevar a concluir que es un estatus especial o una posición privilegiada. Considero que es tan común y equiparable a las profesiones en general y forma parte de una mecánica de roles y compromisos desde sus particulares situaciones personales y profesionales. No creo que el filósofo deba asumirse mesiánicamente o reconocerse como guía de los pueblos o redentor de las masas. Sospecho que nuestra existencia como filósofos tiene un rol más humilde y de trabajo disciplinado.

(JPEG)
 
Contáctenos | Todos los derechos reservados | Todos derechos reservados © 2018 Le Monde diplomatique.