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En este numero:

- Reflexiones teórico-prácticas desde la cotidianeidad de la exclusión social por Andrés Cabrera
- Análisis del fenómeno Bachellet y el gran desafío de la estabilidad democrática. Por Nelson Soto
- Del Capitalismo del desastre a la Blitzkrieg 2 por Álvaro Cuadra

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Las metáforas también votan- Por Carlos F. Reyes

1.- La metáfora y la concepción del mundo

El diccionario de la RAE define metáfora como una “Traslación del sentido recto de una voz a otro figurado, en virtud de una comparación tácita”. Así, la expresión “primavera de la vida” equivale a una metáfora de la juventud.

Esta figura retórica la usamos a diario sin darnos cuenta: “Perdí el hilo de la discusión” (metáfora de la costurera), “Sus palabras me levantaron el ánimo” (metáfora orientacional”); “Invertí mucho en esa relación” (metáfora económica); “Me enferman los discursos de los políticos” (metáfora médica). Estos tropos del lenguaje diario tienen como objeto facilitar la comprensión efectiva de lo que se señala, por eso usamos expresiones no literales como romper el hielo, abrir la mente, echar raíces, ver con buenos ojos, lavar dinero, estar bajo la lupa, ponerse las pilas.

Es curioso que cuando el sacerdote eleva el cáliz hacia lo alto (ahí está lo bueno) y repite las palabras atribuidas a Cristo: “Comed y bebed que este es mi cuerpo y esta es mi sangre”, está haciendo alusión, por una parte, a una metáfora canibalesca y, por otra, a una de naturaleza vampírica.

Un ejemplo clásico de la metáfora del terror es la que aparece en la primera página del Manifiesto Comunista: Un fantasma recorre Europa.

La metáfora participa en la construcción de significados pese al tradicional desprecio de la filosofía. Entre los filósofos griegos siempre se la consideró como un adorno, un recurso marginal que permitía “iluminar” el discurso; nada más. Su función sólo consistía en proporcionar placer estético al entendimiento. Aristóteles, tan riguroso en el empleo del lenguaje, sostenía que “la metáfora es como el condimento de la carne”. (1)

Pero este recurso estilístico no solo decora el discurso y lo hace más intelegible sino que tiene un mayor peso (metáfora de la balanza) específico del que creemos. En esta línea de pensamiento, González, J.M. sostiene que "la metáfora une razón e imaginación, es racionalmente imaginativa, nos hace comprender unos argumentos recurriendo a otros o estableciendo imágenes que nos conectan con todo un mundo -el de los símbolos, emblemas, representación iconográfica" (2)

Así pues, las metáforas tienen un valor cognitivo, forman parte dialéctica de la relación pensamiento/lenguaje. Por su parte, Nubiola, J. da un paso adelante (metáfora del caminante) al afirmar que “Las palabras por sí solas no cambian la realidad, pero los cambios en nuestro sistema conceptual cambian lo que es real para nosotros y afectan a la forma en que percibimos el mundo y al modo en que actuamos en él, pues actuamos sobre la base de esas percepciones”. (3)

En otras palabras, el lenguaje metafórico que aprendemos y usamos representa una forma de apropiarse del mundo, un modo de pararse (metáfora postural) frente a la sociedad y la historia; su materia prima son las categorías de pensamiento que convocan una manera definida de razonar.

Demos, pues, otra vuelta de tuerca (metáfora gasfiteril-mecánica) a este descuartizamiento (metáfora tanatológica) de la metáfora, subrayando algunas consideraciones: a) Conviene tener presente que la lengua no solo es abstracta -nadie se sienta en la palabra silla, y la palabra vidrio no se quiebra-, sino que la mención lingüística de la realidad no tiene que ver con ella, porque “la lengua es arbitraria”, (Saussure, F.) (4). De suerte tal que la lengua induce a un conocimiento paradójico: a medida que se acerca a la realidad, se aleja del “decir originario”. El signo lingüístico representa la realidad solo por una convención social.

b) La verdad no existe. “La verdad misma es un tropel de metáforas” Nietzsche, F. (5) Sólo hay puntos de vista, interpretaciones. Nuestras miradas sobre la realidad son subjetivas, dependen de nuestra posición económica, expectativas, sueños; del ideal de sociedad que queremos, del estado emocional en que nos encontremos, del contexto histórico, de nuestra historia de vida, etc. Por ello echamos mano a la objetividad como el argumento infalible para argumentar: “Cada vez que queremos convencer a alguien para que concuerde con nuestros deseos, y no podemos o no queremos usar la fuerza bruta, ofrecemos lo que llamamos un argumento objetivo o racional” (Maturana, H.). (6)

c) El debate, especialmente político, suele plantearse como un combate. Lakoff y Johnson (1998), estudiosos de la metáfora, sostienen que “El hecho de que en parte conceptualicemos las discusiones como batallas influye sistemáticamente en la forma que adoptan las discusiones y la forma en que hablamos acerca de lo que hacemos al discutir”. (6)

En esta concepción, según la cual una discusión es una guerra de bolsillo, encontramos expresiones metafóricas del tipo:

Su posición es indefendible

El candidato presentó una nueva línea de ataque

El Partido tiene una táctica y una estrategia definidas

d) Muchos de los cambios culturales nacen de la introducción de conceptos metafóricos nuevos que se amoldan al sistema de dominación imperante. Por ello es razonable suponer que los cambios en nuestro sistema conceptual, o el afianzamiento de él, afectan la forma en que percibimos el mundo.

En rigor, la metáfora es PODER y quienes lo detentan enmascaran los signos adaptándose a la época. Esto lo sabe y aplica muy bien el sistema de dominación ideológico que manipula la percepción de la realidad mediante la complicidad de los medios de comunicación, las instituciones religiosas, la educación. Desde muy antiguo las metáforas se usan como un ejemplo fácilmente comprensible hasta para los imbéciles, esos de “techito bajo” (metáfora arquitectónica):

2.- La metáfora en el español de Chile y su incidencia en el discurso político

El lenguaje metafórico ocupa un espacio de privilegio en las formas expresivas de los chilenos. Somos un pueblo que se caracteriza por el uso cotidiano de la lengua no verbal (gestos corporales, rictus faciales, miradas cargadas de sentido y silencios elocuentes) y el empleo de una variada gama de formas lingüísticas como la personificación, la ironía, la metonimia, los símiles, la metonimia y las expresiones idiomáticas. Las más curiosas se registran en el imaginario creativo del español de Chile en su dimensión zoonímica:

Como ando pato, tuve que hace perro muerto
La cabra se fue al chancho cuando le sacaron los choros del canasto
Este es un cabro choro, hijo de tigre
El gallo choro mandó a freír monos al gallo sapo pat’e vaca

También es posible reconocer metáforas engullentas rayanas en la antropofagia: Me comí un Barros Luco; mi compadre devoró un Barros Jarpa; le metí diente a un italiano con harta mayonesa.

Aunque no falta la metáfora textil: El académico es alguien que hila muy fino; tras su divorcio, ella estuvo atando cabos.

También se registran metáforas orientacionales según las cuales lo bueno es arriba y lo malo, abajo:

Ayer tuve un bajón.

Las metáforas ganaderas no pasan de moda. ¿Quién no ha oído acerca del período de “vacas gordas” o “vacas flacas” para referirse a la economía?

Hay otras que tienen el valor de una arenga: ¡La roja de todos!

La metáfora marca de manera significativa el uso de nuestra lengua en el ámbito político, forma parte de este poderoso instrumento manipulador. La Dictadura Militar acuñó una metáfora médica para justificar sus acciones porque el cáncer marxista estaba en el cuerpo de Chile. El tirano realizó denodados e inútiles esfuerzos quirúrgicos para tratar de extirpar el tumor. Por otra parte, ¿quién no recuerda sus palabras: “En Chile no se mueve una hoja son que yo lo sepa”?

Otros políticos recurren a metáforas meteorológicas: Soplan vientos de cambio; o de carácter náutico: El gobierno tiene que enderezar el rumbo. Rodrigo Valdés, Ministro de Hacienda señaló que “Vamos a mantener el timón firme de la economía”. Camilo Escalona (PS), ex Presidente del Senado, ha empleado en más de una ocasión una metáfora bélica: dispararse en el pie. Hay algunos que aplican dicho tipo de metáforas a fórmulas paradojales: Dar la batalla contra la pobreza o Lucharemos para conquistar la paz.

Patricia Verdugo, dio en el clavo (metáfora carpinteril) con la metáfora animalesca que empleó en su libro Los zarpazos del puma. Aunque los pobres animalitos nunca son tan despiadados como los asesinos que violaron (metáfora de la desvirgación), los derechos humanos, sembrando (metáfora agrícola) la muerte y el terror en nuestro país.

Otra de las metáforas animalescas se divulgaron cuando el sátrapa y su equipo de asesinos bautizaron sus actividades criminales como Operación cóndor y el Plan Leopardo. En la misma línea se inscribe el infame titular del diario La Segunda: Exterminados como ratones, cuando se refirió a los 119 asesinados por la Dictadura.

La Gordi -epíteto que empleó Nicolás Eyzaguirre (PPD), ministro Secretario General de la Presidencia para referirse a la Mandataria-, usó una metáfora lúdica cuando se vio en aprietos ante la prensa: dijo “paso” como quien juega una mano (metáfora anatómica) de dominó para no manifestar su opinión respecto del gobierno del Presidente Sebastián Piñera.

Éste, además de cometer frecuentes metaplasmos, del tipo tusunami o marepoto, se ha expresado con metáforas orquestales: A mí me dan como caja todos los días. Aunque una de sus preferidas, tal vez por su simpleza y escasa elaboración intelectual, fue: “Barreremos los delincuentes de las calles”. (metáfora del aseo y ornato).

Llaman la atención las metáforas boxeriles: Al primer golpe, Golborne cayó a la lona y quedó fuera de combate. Un analista político, al analizar los resultados de la encuesta CEP de junio, explicó que “Goic queda efectivamente contra las cuerdas”.

También se registran metáforas culinarias: Para estas elecciones vamos a tirar toda la carne a la parrilla. ¿Y cómo olvidar la “cocina” del senador Andrés Zaldívar (PDC) cuando se discutía la Reforma Tributaria?

En política abundan ejemplos, algunos curiosos; otros, divertidos. Se habla de Los chascones de la DC, Los momios, Tener muñeca política, Se subió al carro de la victoria, El chancho está mal pelado, Las viudas del tirano, Este no es ná, ni chicha ni limoná.

A comienzos del segundo periodo presidencial de la Mandataria, se hizo famosa la metáfora de la retroexcavadora del senador Jaime Quintana (PPD) cuando se refirió a la necesidad de implementar cambios de fondo en Chile. Es una imagen que permanece en el imaginario colectivo, que no ha pasado de moda y a la cual recurren con frecuencia algunos políticos. El candidato presidencial, Sebastián Piñera, afirmó que “Hay que terminar con la cultura de la retroexcavadora”. Y su competidor, el senador Manuel José Ossandón sostuvo que “Me voy a comprar una retroexcavadora para acabar con la Ley Longueira”. Por su parte, Felipe Kast, también candidato y opositor de los dos anteriores, afirmó que “Hay que dejar atrás la idea de la retroexcavadora”.

“Puerta” ha sido la metáfora más manoseada en estos meses previos a las elecciones. Sebastián Piñera, en su anterior candidatura presidencial, ya había señalado que “Acabaremos con la puerta giratoria” (metáfora del portero de hotel). La senadora Carolina Goic (DC) en sus primeras palabras tras la votación que la confirmó como candidata presidencial, convocó a los militantes “a golpear todas las puertas, a transmitir un mensaje de esperanza…”. Por su parte, Andrés Velasco (PR) afirmó que “Con esta decisión (la de postular candidata propia a las elecciones presidenciales) la DC cierra la puerta a futuras conversaciones”. En tanto que el diputado Guillermo Teillier (PC) dijo que con la decisión de la DC “Se le entreabre la puerta a la derecha y tenemos que hacer todos los esfuerzos para cerrar esa puerta”. Por estos días, apareció un titular en el sitio web de Radio Biobío: “Chile Vamos abre la puerta a que posibles descolgados de la DC apoyen a Piñera”. Al respecto, el senador independiente Alejandro Guillier comentó antes de la proclamación de la senadora Goic, que “Las puertas siempre estarán abiertas”. A su vez, Álvaro Elizalde sostuvo, refiriéndose a la próxima elección presidencial, que “Siempre van a estar las puertas abiertas para converger en una candidatura común”. Incluso la Presidenta Michelle Bachelet afirmó en su último discurso ante el Congreso Nacional que “Hace poco más de tres años abrimos las puertas a nuevas esperanzas”. Por cierto no se trata de las puertas del Cielo.

Llama la atención que durante el último tiempo han disminuido las referencias futbolísticas en el lenguaje político: Salimos a la cancha; entramos al área chica; damos comienzo al segundo tiempo del gobierno (Michelle Bachelet); estamos en los descuentos”.

El lenguaje es el instrumento manipulador por excelencia en el arte de convencer tanto a partidarios como a adversarios especialmente durante las campañas electorales. Solo así se explica el uso de expresiones como desarrollo, cambio, avanzar, en marcha y otras de carácter impreciso que sirven de comodines (metáfora lúdica) para la construcción del discurso. En este orden de cosas, la ambigüedad es un recurso retórico muy eficiente pues cada oyente puede decidir cuál es el significado más apropiado para sus intereses.

Resulta razonable preguntarse cómo los políticos, en este período de contienda electoral, van a seducir a un electorado desilusionado, renuente a cumplir con el deber cívico (metáfora culposa) en las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias; cómo le van a vender humo (metáfora comercial) al elector indeciso; cómo los actores de este drama (metáfora teatral) van a aparecer en escena cuando los sentidos figurados que flotan (metáfora hidráulica) en el ambiente se refieren a que “está mal repartido el naipe; hay un panorama líquido; los partidos son una bolsa de gatos”.

En resumen, el discurso metafórico, ese que respiramos a diario y que repetimos como si fuese de nuestra creación, es constitutivamente importante para la comprensión del discurso político y, sobre todo, para imponer los dictámenes de las esferas del poder. Así, las metáforas no están ajenas de los procesos eleccionarios, a su manera también votan, nos hacen votar o no.

Carlos F. Reyes es Profesor de Estado en Castellano (Universidad de Chile)
Egresado del Magíster en Educación Especial (Pontificia Universidad Católica de Chile)

Notas.

1.- Aristóteles. (1999). Retórica. Madrid. Gredos.

2.- González, J.M. (1998). Metáforas del poder. Madrid. Alianza.

3.- Nubiola, J.(2000). “El valor cognitivo de las metáforas”, en Cuadernos de Anuario Filosófico N°103. Pamplona.

4.- Saussure, F. (2003). (24ª ed.). Curso de lingüística general. Madrid. Losada.

5.- Nietzsche, F. (1980). Verdad y mentira en sentido extramoral” en Cuadernos Teorema N° 36. Valencia.

6.- Maturana, H. (1997) La objetividad. Un argumento para obligar. Madrid. Dolmen.

7.- Lakoff, G. y Johnson, M. (1998). Metáforas de la vida cotidiana. Madrid. Alianza.

 
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