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En este numero:

- Seminario Internacional Espacio y Violencia Política
- Manifiesto de los trabajadores de la cultura de Chile y Bolivia a sus gobiernos
- La corrupción detrás de la "Ley Longueira"

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Las utopías son programas políticos: los duros años que vienen para el pueblo. Por Alex Ibarra Peña.

La prensa vendida de la televisión se deleitó hablando de nuestro gran sistema democrático y seguirán engordando con este triunfo electoral de la derecha. Matías del Río los deja en evidencia. No vale la pena ser generales después de la derrota, pero Guillier no fue capaz de convocar a la ciudadanía a las urnas, como en las elecciones anteriores tendremos un Presidente de la República, elegido en el mejor de los casos por un 30% de electores. Sólo queda la duda sobre cuál hubiera sido el resultado si el candidato perde-dor hubiera tenido un leve giro o gesto hacia la izquierda real, que es aquella que no par-ticipa del Gobierno, esos movimientos populares que están poniendo el alma y el cuerpo en la calle hace ya varios años. La rutina del duopolio está lejos de todo misterio, nueva-mente Bachelet entregará la banda presidencial a Piñera y seguramente seguirá acumu-lando reconocimientos por parte de las instituciones internacionales que protegen la mun-dialización del neoliberalismo.

El triunfo electoral de Piñera es una mala noticia. No podemos estar confiados de que cumplirá los ofrecimientos a favor de algunas reformas a las que se abrió en la campaña de segunda vuelta, que no tuvo más mérito que acercarse más a las propuestas de su rival en el balotaje. Algunos temen incluso un retroceso como quitar el impuesto a los más ricos de Chile o ir para atrás con la ley de aborto en tres causales. Pero, lo más grave es que es muy probable que no lleguemos a la Asamblea Constituyente, que se fortalezca la defensa de la educación de mercado y el sistema de AFPs. Si es que las intenciones de este gobierno de derecha siguen esos caminos asistiremos a graves faltas a los derechos humanos, como sucedió en el gobierno de Bachelet.

El triunfo de Piñera es electoral y no es político. Es sabido que los triunfos políticos no están necesariamente ligados a los triunfos electorales. La fortaleza política del pueblo chileno, ese de la revolución cultural, se puede observar en que aparecen con claridad dos proyectos políticos de oposición a la derecha con representación política en el Congreso. El de centro que ha gobernado alternando el poder en el sistema duopólico y la izquierda emergente.

La izquierda emergente liderada por ex líderes estudiantiles, tendrá que madurar en expe-riencia política, tanto para la constitución de un Frente político popular, como para la aceptación de la diversidad que lo legitime como Amplio. Por otra parte, los grandes per-dedores, tendrán que hacer no sólo un maquillaje sino una transformación profunda que los aleje de la corrupción de los operadores políticos y acercarse a un programa político más diferenciado de la posdictadura.

Se vienen momentos de construcción de lo político en los cuales los movimientos sociales seguirán promoviendo una transformación más radical de la nueva ciudadanía. Hay tare-as políticas irrenunciables, éstas son las que permiten las realizaciones de las utopías. La derrota electoral de Guillier confirma la urgencia de seguir insistiendo en los proyectos de construcción histórica en defensa de la dignidad de los seres humanos más abusados por el capitalismo salvaje.

Se perdió en los votos la intención de derrotar a Piñera, pero la vía a la maduración políti-ca sigue abierta, incluso puede verse provocada por los políticos de derecha en cuanto nos muestren su agresividad. La conciencia del pueblo no puede dormirse por tanto tiem-po y la mala conciencia instalada en la clase intelectual tendrá que tomar compromisos concretos con la liberación de la herencia colonial. Hay que apelar a la conciencia que seguirá esperando que la despierten de su sueño ingenuo, para desbordar en sus posibi-lidades creativas anestesiadas por los placebos que nos acostumbraron a consumir. Siempre queda un resto de conciencia, el problema es la mala conciencia dispositivo ins-talado por el poder hegemónico.

La alegría del poder hegemónico no es un triunfo político, es sólo la confirmación del fracaso de la vía electoral impuesta por la posdictadura. Hay que seguir resistiendo y estar atentos a las agresiones que se vienen por una derecha organizada que disfruta una breve primavera en parte del Cono Sur. El avance de los gobiernos de derecha en la región constituye un peligro que nos obliga a estar atentos para desarticular el proyecto de usurpación que tienen programado. Estaremos enfrentados a los zarpazos de la dupla Macri-Piñera, que han logrado concretar parte del programa de los delfines de Aznar. La evidencia clara se puede observar en los vecinos argentinos que están siendo asediados con brutalidad desde el primer día del gobierno actual encabezado por el empresario trasandino.

Alex Ibarra Peña.
Colectivo de Pensamiento Crítico “palabra encapuchada”.

 
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