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En este numero:

- El cosmismo, ¿una “idea rusa” para el siglo XXI?
- El NAFTA revisado
- Una lucha no acabada

- Sumario completo diciembre de 2018





Sobre el autor

Serge Halimi
Director de Le Monde Diplomatique.
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Página de inicio >> Diciembre de 2018

Libertad para Julian Assange

por  Serge Halimi

Orgulloso como Artabán, sonriente, rodeado por unos cincuenta fotógrafos y camarógrafos, Jim Acosta hizo efectivo, el 17 de noviembre pasado, su regreso con fanfarrias a la Casa Blanca. Algunos días antes había perdido su acreditación de corresponsal de Cable News Network (CNN), pero la justicia estadounidense obligó al presidente Donald Trump a que anulara la sanción. “Era una prueba, y la ganamos nosotros −fanfarroneó Acosta−. Los periodistas tienen que saber que en este país la libertad de prensa es sagrada, y que están protegidos por la Constitución [para] investigar acerca de lo que hacen nuestros gobernantes y dirigentes.” Fundido encadenado, música, happy end…

Refugiado desde hace seis años en la embajada de Ecuador en Londres, Julian Assange acaso no pudo seguir en vivo por CNN un desenlace tan emotivo. Su existencia se parece a la de un prisionero. Prohibición de salir, bajo pena de ser arrestado por las autoridades británicas, y luego, con toda seguridad, extraditado a Estados Unidos; comunicaciones reducidas y vejámenes de todo tipo desde que, para complacer a Washington, el presidente ecuatoriano Lenín Moreno resolvió endurecer las condiciones de estadía de su “huésped”.

La actual detención de Assange, así como también la amenaza de algunas decenas de años de prisión en una cárcel estadounidense (en 2010, Trump deseó que fuera ejecutado), le deben todo al sitio de información que dirige. WikiLeaks está en el origen de las principales revelaciones que incomodaron a los poderosos del mundo desde hace unos diez años: imágenes de crímenes de guerra estadounidenses en Afganistán y en Irak, espionaje industrial de Estados Unidos, cuentas secretas en las islas Caimán. La dictadura del presidente tunecino Zine El Abidine Ben Ali se vio estremecida por la divulgación de un comunicado secreto del Departamento de Estado estadounidense que calificaba a esta cleptocracia amiga de Washington como “régimen esclerosado” y “cuasi mafia”. Fue también WikiLeaks quien reveló que dos dirigentes socialistas franceses, François Hollande y Pierre Moscovici, habían ido, el 8 de junio de 2006, a la embajada de Estados Unidos en París para lamentar el vigor de la oposición del presidente Jacques Chirac a la invasión de Irak.

Lo que la “izquierda” menos le perdona a Assange es la publicación en su sitio de los correos pirateados de la campaña de Hillary Clinton. Estimando que este affaire favoreció los designios rusos y la elección de Trump, la izquierda olvida que WikiLeaks primero develó las maniobras de la candidata demócrata para sabotear la campaña de Bernie Sanders durante las primarias de su partido. En ese momento, los medios de comunicación de todo el mundo no se privaron de transmitir esa información, como lo habían hecho con información precedente, sin que por eso sus directores de publicación fueran asimilados con espías extranjeros y amenazados de prisión.

El encarnizamiento de las autoridades estadounidenses contra Assange se ve alentado por la cobardía de los periodistas que lo abandonan a su suerte, o que incluso se deleitan con su infortunio. Así, en el canal MSNBC, el animador estrella Christopher Matthews, ex cacique del Partido Demócrata, osó sugerir que los servicios secretos estadounidenses deberían “actuar a la manera israelí y secuestrar a Assange”…

*Director de Le Monde Diplomatique.

Traducción: Aldo Giacometti


Texto en francés:

Liberté pour Julian Assange

Par Serge Halimi

Fier comme Artaban, souriant, entouré d’une cinquantaine de photographes et de cameramen, Jim Acosta a opéré, le 17 novembre dernier, son retour en fanfare à la Maison Blanche. Quelques jours plus tôt, il avait perdu son accréditation de correspondant de Cable News Network (CNN), mais la justice américaine a obligé le président Donald Trump à annuler la sanction. « C’était un test, et nous l’avons remporté, a fanfaronné Acosta. Les journalistes doivent savoir que dans ce pays, la liberté de la presse est sacrée, et qu’ils sont protégés par la Constitution [pour] enquêter sur ce que font nos gouvernants et nos dirigeants. » Fondu enchaîné, musique, happy end…

Réfugié depuis six ans à l’ambassade d’Équateur à Londres, M. Julian Assange n’a sans doute pas pu suivre en direct sur CNN un dénouement aussi émouvant. Son existence ressemble à celle d’un prisonnier. Interdiction de sortir, sous peine d’être arrêté par les autorités britanniques, puis, sans doute, extradé vers les États-Unis ; communications réduites et brimades de toutes sortes depuis que, pour complaire à Washington, le président équatorien Lenín Moreno a résolu de durcir les conditions de séjour de son « hôte » (lire l’article de Franklin Ramírez Gallegos page 5).

L’actuelle détention de M. Assange, ainsi que la menace de quelques dizaines d’années de prison dans un pénitencier américain (en 2010, M. Trump avait souhaité qu’il soit exécuté), doivent tout au site d’information qu’il dirige. WikiLeaks est à l’origine des principales révélations qui ont indisposé les puissants de ce monde depuis une dizaine d’années : images des crimes de guerre américains en Afghanistan et en Irak, espionnage industriel des États-Unis, comptes secrets aux îles Caïman. La dictature du président tunisien Zine El-Abidine Ben Ali fut ébranlée par la divulgation d’une communication secrète du Département d’État américain qualifiant cette kleptocratie amie de Washington de « régime sclérosé » et de « quasi-mafia ». C’est également WikiLeaks qui révéla que deux dirigeants socialistes français, MM. François Hollande et Pierre Moscovici, s’étaient rendus, le 8 juin 2006, à l’ambassade des États-Unis à Paris pour y regretter la vigueur de l’opposition du président Jacques Chirac à l’invasion de l’Irak.

Ce que la « gauche » pardonne moins que tout à M. Assange, c’est la publication par son site des courriels piratés de la campagne de Mme Hillary Clinton. Estimant que cette affaire a favorisé les desseins russes et l’élection de M. Trump, elle oublie que WikiLeaks a d’abord dévoilé les manœuvres de la candidate démocrate pour saboter la campagne de M. Bernie Sanders durant les primaires de son parti. À l’époque, les médias du monde entier ne s’étaient pas privés de relayer ces informations, comme ils l’avaient fait pour les précédentes, sans pour autant que leurs directeurs de publication soient assimilés à des espions étrangers et menacés de prison.

L’acharnement des autorités américaines contre M. Assange est encouragé par la lâcheté des journalistes qui l’abandonnent à son sort, voire qui se délectent de son infortune. Ainsi, sur la chaîne MSNBC, l’animateur vedette Christopher Matthews, ancien cacique du Parti démocrate, a osé suggérer que les services secrets américains devraient « agir à l’israélienne et enlever Assange »…

 
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