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Jorge Magasich
Historiador.
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Página de inicio >> Noviembre de 2017

Historia
Los inicios de las relaciones entre la DC italiana y la DC chilena

por  Jorge Magasich

En 1957, año en el que nace el Partido Demócrata Cristiano resultado de la fusión de la Falange con los Conservadores Social-Cristianos y con grupos ibañistas, se celebra en Sao Paulo el Segundo Congreso Democratacristiano. Allí el vicesecretario de la DC italiana Mariano Rumor –futuro primer ministro– inaugura el “diálogo interoceánico” entre los partidos europeos y latinoamericanos. Luego visita Argentina, Uruguay y Chile. Su estadía en Santiago inicia las relaciones estructurales entre la DC italiana y la chilena, hoy mejor conocidas gracias a las investigaciones de largo aliento del historiador italiano Raffaele Nocera. En ellas basamos este artículo.

Los libros de Raffaele Nocera, apoyados en fondos documentales y en entrevistas, estudian las relaciones entre las dos DC y abordan el espinoso tema de las “ayudas” financieras. Es interesante constatar –indica Nocera– que los democratacristianos chilenos “siempre han negado la existencia de las financiaciones italianas. Así lo sostuvo, solo por poner un ejemplo, Patricio Aylwin Azócar en una entrevista concedida al autor en diciembre de 2005”. Sin embargo, su investigación establece claramente la existencia de los importes, proporcionando una estimación del monto y analizando sus objetivos.

La DC gobernará Italia durante casi medio siglo, desde 1946, a partir del referéndum que abolió la monarquía y proclamó la república, hasta los años 1990, cuando el Partido se disgrega en varios grupos por “asuntos” de corrupción.

A principios de los años 1960, a mediados de aquel ciclo democratacristiano, Italia aparece como el miembro de la Comunidad Económica Europea más próximo de América Latina (2). Sin embargo, el interés de Roma por Latinoamérica suscita pocas reacciones en los otros gobiernos europeos. Éstos perciben el continente como zona de influencia estadounidense, según las implacables reglas tácitas impuestas por la Guerra Fría.

Pero Italia persiste en acrecentar las relaciones con los países latinos por razones históricas. Varios de ellos recibieron millones de emigrantes italianos como Argentina, Brasil, y Uruguay, o decenas de miles como Venezuela, Perú y Chile. Y en todos estos países existe una fuerte presencia italiana.

Los primeros tratados firmados por Roma y Santiago, después de la guerra, conciernen la instalación de unos dos mil inmigrantes, seguidos por acuerdos comerciales. En el plano político la DC italiana se identifica con la corriente conservadora socialcristiana de Cruz-Coke, y no con la Falange, demasiado pequeña y sospechosa de izquierdismo. En efecto, contra la opinión de la Iglesia, la Falange había votado contra la “ley de defensa de la democracia” que ilegaliza al PC.

La Falange desarrolla relaciones internacionales modestas. Con otros grupos organiza en 1947, en Montevideo, la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), en realidad un organismo continental de conexión, donde difunde su revista mensual Política y Espíritu, nacida en 1945.

La situación cambia con la formación del PDC en 1957. Durante el Segundo Congreso Democratacristiano en Sao Paulo, ese año, aparece un claro entusiasmo por la candidatura de Eduardo Frei Montalva a las elecciones chilenas de 1958.

Después de la elección, en la que Frei llega tercero con 20,7%, los dos grandes partidos europeos, el alemán y el italiano, manifiestan un interés creciente por la situación chilena donde, por primera vez en Latinoamérica, un partido “hermano” tiene perspectivas de gobernar. Los contactos se intensifican.

La Unión Mundial Demócrata Cristiana
El interés por Chile se ve confirmado en la Tercera Conferencia de partidos demócratas cristianos efectuada en Santiago en julio de 1961. Allí se crea un organismo internacional de los partidos democristianos a iniciativa de los latinoamericanos: la Unión Mundial Demócrata Cristiana (umcd). A partir de entonces se establecen contactos estables entre Mariano Rumor, presidente de la umcd y el senador Tomás Reyes, representante del pdc ante la organización latinoamericana. La umcd va a desarrollar una política de ayuda que irá más allá de la propagación de los principios comunes.

Los dos grandes partidos europeos representados por los italianos Roberto Savio, miembro de la Secretaría de Relaciones de la DC italiana, y por Sereno Freato, un hombre próximo a Aldo Moro encargado de la caja del Partido, y por los alemanes Peter Molt, de la Fundación Konrad Adenauer y August Vanistendael, integrante de la Confederación Sindical Cristiana, concuerdan en establecer un “plan mínimo”. En 1962 atribuyen U$60.000 anuales a los pequeños partidos latinoamericanos (3), en realidad una cifra modesta. Pero los dos grandes, el PDC chileno y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI) venezolano, son objeto de un tratamiento especial. Con divergencias.

La conservadora Christlich Demokratische Union Deutschlands (CDU) intensamente anticomunista y opuesta a todo entendimiento con corrientes de izquierda, desconfía del discurso “reformista” de la DC chilena. En 1961, por ejemplo, Tomas Reyes había informado a los europeos que en América latina la DC “en ninguna circunstancia puede presentarse como una fuerza conservadora”, pues esto le “sería fatal” (4).

Y en 1962 Frei escribe al holandés Karl Hahn para explicarle que la DC chilena sostiene una línea de avanzada popular que incluye una “apertura hacia la izquierda” (5). Semanas más tarde será más recatado en Estados Unidos. Viaja invitado por universidades junto a Radomiro Tomic. Dan varias conferencias, hablan en una emisión radial bien difundida y en una televisión. Usan el adjetivo “excelente” para calificar la Alianza para el Progreso, el llamado de Kennedy a efectuar reformas sociales para evitar nuevas revoluciones como la cubana (6). (En los próximos artículos veremos que allí comienza la relación estructural entre Frei y Washington).

Pero la CDU continúa reticente. Sólo se compromete a “estudiar” el pedido de ayuda de Frei. Finalmente, Peter Molt, encargado de las relaciones con América Latina, concentra la ayuda en el COPEI venezolano, en la misma sintonía.

La “ayuda” italiana
En cambio, los italianos Roberto Savio y Sereno Freato optan por financiar al “partido hermano” chileno que lo consideran en harmonía con las reformas preconizadas por Amintore Fanfani y Aldo Moro.

La DC italiana, en efecto, entrevé que el surgimiento en Chile de una alternativa demócrata cristina contra conservadores y comunistas, daría un impulso a la propuesta similar preconizada por Aldo Moro en Italia. Y sabe que esta opción es bien vista por la Casa Blanca desde la llegada de Kennedy. Durante los 25 primeros años de guerra fría su prioridad política es la “contención del comunismo”; es decir evitar que gobierne el Partido Comunista italiano, que, en momentos, alcanza un tercio de los votos. Y para eso requiere una política social. Lo que la asemeja al PDC chileno. Ambos destacan su perfil reformista como alternativa al comunismo, o a una izquierda fuerte.

Esto explica, al menos en parte, la atención sin precedentes que recibirá la DC chilena. Para la DC italiana, la prioridad no se manifiesta aún en el campo diplomático o comercial, sino en el de las relaciones entre partidos (7).

En 1962 la ayuda se concreta. El mes de octubre, Savio y Freato proceden pese a la oposición del Secretario de relaciones internacionales de la DC Angelo Bernassola. Envían a Chile al joven militante Franco Cortesi, quien llega a Santiago con una carta de prensa de Il Popolo. Escribe unos pocos artículos que, por lo general, el cotidiano DC no publica. Su misión real, “de carácter reservado”, es “sostener a la DC chilena y en particular a su líder, Eduardo Frei, con ayuda económica o asistiéndolo personalmente…” Más precisamente debe entregar “personalmente” a Frei, cada mes, la suma de U$8.000. Sereno Freato los transfiere desde Roma, a nombre de Cortesi, al Banco Nacional del Trabajo, o a veces a otro banco.

Cortesi se hospeda en el hotel Crillón, calle Agustinas, se instala en una oficina calle Ovalle, cercana a la de Eduardo Frei. Mantiene contactos con mucha gente de la DC, entre ellos –recuerda– a Alberto Jerez y a Rafael Moreno, y frecuenta la librería del Pacífico, punto de encuentro de la intelectualidad democristiana, entre otros Jaime Castillo.

El destinatario de la ayuda es Frei, no la DC. Entre 1962 y 1964, el futuro presidente recibe U$ 200.000 de manos de Cortesi. Pero la ayuda global italiana fue mayor. Roberto Savio estima que el aprovisionamiento total a la DC chilena, incluidos los fondos provenientes del sector público italiano, del privado, más una pequeña ayuda “extra” entregada a Frei durante su estadía en Italia en 1963 (8), totaliza unos U$700.000.

Los informes que Franco Cortesi envía a Roma son radiantes. En 1963, poco después de las elecciones municipales en que la DC se transforma en el primer partido con 22,8%, escribe: “nuestra ayuda ha sido oportuna y determinante […] La campaña de propaganda ha sido la mejor que han hecho en el partido, y a juicio de los expertos, la mejor y la más eficiente de todas las elecciones”. En otro informe precisa que U$5.000 mensuales financian los empleados de la sede central del Partido, más 32 activistas sindicales y 25 activistas campesinos (9).

Frei escribe a sus mecenas romanos pidiendo más, al menos en dos ocasiones. Ya candidato a la presidencia les recuerda: “para mí esto es decisivo porque he adquirido compromisos basándome en lo que me dijera en Roma [...] Le ruego que no nos olvide y piense que estoy trabajando contando con su generosa ayuda”. En abril 1964, Frei pide otra ayuda “inmediata de U$70-100 mil” (10).

Es esos años, los donadores italianos creen ingenuamente que son los únicos que apuntalan a Frei. Años más tarde se enteran de los contundentes fondos estadounidenses que recibe los mismos años. “Solo después descubrimos que el líder chileno se movió en una doble dirección”, afirma Savio (11).

La cooperación triangular Durante la presidencia de Frei la colaboración institucional se añade a la ayuda al Partido. Frei amplía los intercambios Chile/Italia en materias industriales, comerciales, culturales, militares y diplomáticas. Obtiene la instalación en Chile de algunas industrias, como la FIAT, y la apertura de una línea de crédito del 6,25 mil millones de liras para comprar maquinaria italiana. Las exportaciones chilenas a Italia doblan en el sexenio.

La importancia de la financiación italiana estimula sin duda a Frei cuando enuncia uno de los pilares de su política extranjera: la colaboración triangular Italia-Estados Unidos-América Latina. En efecto, durante su visita a Italia del 2 al 4 de julio de 1965, (irá también a Francia, Gran Bretaña y Alemania), Frei pide al gobierno italiano que transmita un mensaje a Washington: destaca su voluntad de “resistir a la penetración comunista”, pero, indica, para Estados Unidos los comunistas son extranjeros. En cambio en nuestros países son ciudadanos y “no podemos matar o arrestar o combatir como a un extranjero”. Y Frei indica su preferencia por “una participación italiana en una cooperación triangular” (12). Pero esta no pasará del estadio de proyecto; Washington no percibe a Roma como una potencia del mismo nivel.

1. Raffaele Nocera, 2015, Acuerdos y desacuerdos la DC italiana y el PDC chileno: 1962-1973, Fondo de Cultura Económica. Y, 2017, Il sogno infranto (el sueño roto) DC, l’Internazionale democristiana e l’America Latina (1960-1980), Carocci
2. España, entonces franquista, está fuera de la CEE.
3. Argentina, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Paraguay Perú y Uruguay.
4. Nocera, 2017, 25
5. Nocera, 2015, 131
6. Gazmuri Cristián, 2000, 528
7. Nocera, 2015, 96
8. Cuando Frei viaja a Europa en 1963 “vino a Roma a pedir dinero en vista de las elecciones presidenciales”, explica Roberto Savio. Nocera, 2015, 316
9. Nocera, 2015, 140-141; 146
10. Nocera, 2015, 145; 147
11. Nocera, 2015, 318
12. Nocera, 2015, 159-162

*Historiador.

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