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En este numero:

- Y hubo golpe en Brasil. Por Emir Sader
- El imperio “de la ley del falo”. por Ximena Valdés
- Chile durante los meses de enero y febrero de 1817. Patricio Núñez Henríquez

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Memoria y violencias. Entrevista de Alex Ibarra a Fátima Sime

Entrevista a Fátima Sime (F.S) Escritora. Realizada por Alex Ibarra Peña (A.I) Colectivo de Pensamiento Crítico palabra encapuchada.

Agradecimiento a Mari López fotografía.

A.I: Muchas gracias Fátima por aceptar esta entrevista. Sé que eres una buena dialogadora y que tienes una intención crítica en el desarrollo de la comunicación, lo cual no sólo está presente en tu escritura. Quisiera preguntarte ¿cómo llegas a esta vocación por la escritura o por el habla, quiero decir por la palabra, que se sitúa desde un plano provocador?

F.S: ¿Mis inicios? Nada muy entretenido o especial. Tuve un quiebre grande de vida y casi por indicación médica me metí a un taller de escritura autobiográfica. Luego la tutora de ese taller me insto a que siguiera uno de cuentos. Desde ahí no paré de escribir. Pero nunca fui de las personas que goza escribiendo, al contrario. Estoy más bien en el grupo de los que les duele. Ahora, no entiendo a qué te refieres con eso del “plano provocador”.

A.I: El título de quizás tu novela más importante refleja esto que te decía de la vocación por un lenguaje provocador. En la literatura chilena títulos de ese tipo suelen ser más frecuentes en lo que se suele clasificar como novela social. ¿Consideras que esta novela puede ser considerada dentro de este tipo de escritura? ¿Qué valoración tienes del género literario de la novela social?

F.S: La literatura de nuestra América sin la incorporación de lo social en la novela me parece impensable. Respeto y aprecio la novela social, me gusta mucho. Pero a mí me gustaría considerar la “Carne de perra” como una novela de memoria, si es que esa clasificación existiera. Siempre he dicho que en los años de la post dictadura vivimos en una especie de síndrome de Estocolmo: todos enamorados de un sistema capitalista, que nos tenía secuestrados y nos estaba haciendo mierda. Nada en esos años fue como se soñó. Mira, yo no vengo del mundo literario, pero he sido siempre una gran lectora. Y en mis lecturas sentía un vacío. ¿Dónde estaba la catarsis colectiva que el país necesitaba, la elaboración del duelo? Lo que leí era más bien un reflejo del sistema: asocial, inmediato, carente de la humanidad solidaria que caracteriza el sentimiento comunitario. Al menos yo no encontré un trabajo literario que motivara especialmente a las nuevas generaciones a pensar en conciencia el pasado. Todos queríamos una sociedad más sana para nuestros hijos. Recuerdo palabras de Moulian: el Chile actual se formó al interior de una matriz dictatorial que finalmente devino constitucional en tiempos de democracia y, a la vez, intentó por todos los medios olvidar dichos orígenes. En ese sentido el consenso es la etapa superior del olvido” (Moulian 1997:13). Había que trabajar en el tema de la memoria de manera frontal, y a la vez hacerlo entretenido, que fuera fácil de leer. Ahora, a la distancia, creo que lo logré.

A.I: Esta novela ha sido comentada en alguna ocasión desde el tema de la violencia, sin duda el contexto en que sitúas este relato es uno de los más altos a nivel de conflictividad y violencia. ¿Qué violencias te propusiste resaltar en ese momento? ¿Tienes algún análisis sobre la manifestación de violencia en estos días en nuestra sociedad?

F.S: Nada hay más violento y brutal que la relación víctima/victimario, de cualquier tipo. Nuestra sociedad, desgraciadamente, está marcada por las relaciones de poder. Pareciera que desde que se evolucionó del andar cuadrúpedo a la bipedestación, las relaciones son verticales. Veo la relación víctima/victimario como el brazo más oscuro de la manifestación del poder. Tengo que subrayar que no es necesario un escenario de dictadura, de quiebre social, como el de “Carne de perra” para toparnos con ese nivel de horror y violencia. Lo tenemos frente a los ojos, todos los días: dentro de las familias, de las instituciones religiosas, del sistema educacional. Es un imperativo sacarlo a la luz del sol, hacerlo público, disectarlos para buscar su origen. Escribí esa novela hablando con amigos sicoanalìstas, filósofos, historiadores. Luego de ese trabajo me quedé con lo dicho por Vonnegut a propósito de “Matadero cinco”: “Si este libro es tan corto, confuso y discutible, es porque no hay nada inteligente que decir sobre una matanza. Después de una carnicería sólo queda gente muerta que nada dice ni nada desea; todo queda silencioso para siempre. Solamente los pájaros cantan”. Pero mientras escucho los pájaros cantar tú y yo estamos hablando sobre el tema, y otros leerán al respecto, ¿verdad?

A.I: Esta novela, y otros de tus textos, tienen siempre presente un tono que me atrevería a decir femenino. ¿Hay presencia de una identidad de género cercana al quehacer propio de la militancia?

F.S: Sólo la militancia de vivir el día a día con la lucidez plena de que ser mujer aún significa pertenecer a una minoría (en cuanto a posición no dominante), grupo eternamente postergado e invisibilizado por la historia. Y que esa lucidez te provoca frustración y rabia. Me obligo a estar atenta, a tratar permanentemente de descubrir las improntas insertas por la educación primaria en mi plantilla de procesos mentales, impronta que te llevan a normalizar actitudes tremendamente machistas. Créeme que ese ejercicio me ocupa bastante tiempo, dado las circunstancias.

A.I: Insisto en esto de una voz de mujer, pero de una mujer que aparece en una corporalidad no abstracta que asume la sexualidad y el desamor. ¿Esa relación entre sexualidad y desamor son parte de los constructos sociales sobre la mujer? ¿Hay denuncia de algún abuso de género?

F.S: Al respecto te puedo decir que la píldora anticonceptiva salìó al mercado alrededor del año 1960. Pero, que las bases para la síntesis de la píldora estaban listas muchísimos años antes. ¿Fue la causalidad de tanto atrasó circunstancial? ¿O por el contrario fue buscado por algún poder fáctico? No lo sé, es un hecho que el recurso de contar con la píldora significó un tremendo avance en lo referente a los derechos reproductivos, situación que en la línea de la historia pudo ser mucho antes. Te doy ese ejemplo de muestra, hay muchos. La sensibilidad para reaccionar sobre cualquier tipo de abuso está presente en mi escritura, pero sí, soy especialmente sensible frente a los abusos de género.

A.I: Has escrito también cuentos eróticos uno de los temas marcados en la historia de la literatura. ¿Cómo aparece este interés por la creación de relatos eróticos? ¿Cómo ves la relación del erotismo con el neoliberalismo tan presente en algunas literaturas de consumo globalizado?

F.S: Me gusta esa frase que dice: “no hay una gran literatura erótica, pero sin erotismo no hay gran literatura”. Hay mucho erotismo en mi escritura. Los relatos eróticos específicos nacieron en el tiempo de mi participación en los talleres. Una revista abrió un concurso de cuentos eróticos, participé, fui uno de los ganadores. El sexo es una de las actividades humanas más intensamente intervenidas por todo tipo de instituciones: se sataniza, se oculta, se enjuicia, se tergiversa, se moraliza. Si unes la consecuencia de ese escenario a la curiosidad humana, no debería extrañarnos que la mirada neocapitalista haya visto un nicho productor de dinero en él. Estamos llenos de seudo literatura erótica porque vende.

A.I: Tienes un desarrollo sistemático de estudios filosóficos relacionados a la ciencia. ¿Qué te gusta de esta disciplina del conocimiento? ¿Qué autores son los que más llaman tu atención?

F.S: Como te decía no vengo del mundo de las letras. Mi profesión es del área científica, supongo que de ahí mi interés específico en relación a la filosofía de la ciencia. También tengo un diplomado en filosofía de la mente y de filosofía de la biología. Popper, Kuhn, Bunge, Daniel Dennett. Hay un libro sobre ciencias cognitivas y la experiencia humana: “De cuerpo presente”, que tiene muchos conceptos filosóficos incorporados de Francisco Varela, Evan Thompson y Ekeanor Rosch.

A.I: Considerando otros estudios e intereses tuyos como la dramaturgia, pero incluyendo también los otros géneros de escritura literaria que practicas. ¿Ves alguna relación entre estas escrituras y la filosofía? ¿La filosofía contribuye en tu escritura literaria?

F.S: La filosofía para mí tiene que ver con la capacidad de reflexión y el rigor del uso de las palabras, con la búsqueda de la verdad y de una posición ante la vida moral y ética. Siendo atea y pensando que en el animal humano que somos la verdad siempre debe ir entre comillas, esta disciplina me parece de una importancia capital.

A.I: Finalmente, ¿en qué anda la escritora? ¿Estás trabajando algún nuevo escrito? ¿Puedes adelantarnos algo?

F.S: Llevo muchos años trabajando en una segunda novela que quiero publicar, tantos que he pensado en cambiar de tema. Pero no puedo, soy una obsesiva acérrima.

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Mari López fotografía

 
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