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En este numero:

- Refundación de la “República”: el momento de la concientización. Por Alex Ibarra
- Identidad y letras latinoamericanas. Entrevista de Alex Ibarra a Javier Pinedo
- Las “soluciones” del Foro Mundial del Agua de Marsella por Rodrigo Olavarría

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Militancia y pensamiento de izquierda latinoamericana. Entrevista de Alex Ibarra al profesor José de la Fuente

Entrevista al profesor José de la Fuente, docente de la Universidad Católica Silva Henríquez y de la Universidad de Santiago de Chile (profesor de Castellano, Magíster en literaturas Hispánicas, Doctor en estudios americanos), realizada por Alex Ibarra Peña (A.I) Colectivo de Pensamiento crítico, palabra encapuchada.

A.I: José, gracias por aceptar esta entrevista. Eres un intelectual que no se ha conformado con el mero desarrollo de la formación académica ¿Fuiste militante político? ¿Qué te motivó a asumir la militancia?

J.d.l.F: Mi biografía política empieza a escribirse a los dieciséis años; en ese entonces era un adolescente nacido en el valle agrícola de Rinconada de Los Andes, ubicado en la provincia de Aconcagua; perteneciente a una familia de agricultores y profesionales de clase media acomodada e hijo de un médico (agricultor por tierras heredadas de mis abuelos) que rara vez cobró por atender a los enfermos y jamás a un pobre y menos a los indigentes. Mi sensibilidad por la cosa pública comenzó a fraguarse en el contexto de la década de los sesenta, momento histórico que favorecía el desarrollo de una conciencia social, cultural y política activa, rebelde, cuestionadora, democrática, donde las grandes interrogantes sobre el destino de la humanidad y, especialmente de los pobres “del campo y la ciudad”, no se permitían el lujo de la indiferencia ni del individualismo que hoy tiene tan apabullada y alejada a la humanidad de una ética solidaria y comprometida. En retrospectiva y ya como estudiante de pedagogía en la Universidad Católica de los ’70, miro ese tiempo con cierta nostalgia; en mí siguen estando muy nítidas las voces de la consigna “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, que la vinculo al sentido más profundo de aquella otra que aprendí en el 2001, en el Primer Foro Social Mundial cuando viajé a Brasil: “Otro mundo es posible, si la gente quisiere”. Por el hecho de haber nacido en el campo, rodeado de mis amigos que eran hijos de inquilinos, mis padres accedieron al capricho de mandarme a la escuela junto con ellos. Mi primero básico lo hice en la escuela pública Argentina, conocida como “la escuela 13 de Rinconada”, con murallas de adobe y piso de tierra; mi primera vergüenza ajena fue cuando al llegar a la escuela, el primer día de clases, me percaté de que yo era uno de los pocos niños que usaba zapatos, la mayoría solo ojotas o simplemente descalzos y ropas muy ligeras. Esta anécdota para mí es muy importante, ahora me doy cuenta de que esa imagen de mis compañeros fue la fragua que marcó mi conciencia ante las desigualdades sociales y económicas. En la enseñanza media viví los contrastes del colegio privado, religioso y franquista de los Hermanos Maristas y de mi “fuga” hacia el liceo público de la ciudad de Los Andes. El liceo fue mi gran escuela de democracia y pluralismo, de participación política en el Centro general de Alumnos. Allí leíamos la revista “Punto final”, “El caimán barbudo” que nos llegaba de Cuba, mucha poesía y novela histórica, “El rebelde” del MIR, etc. A los dieciséis años asistí, por primera vez, a un seminario de formación política. Comencé leyendo a Maritain, Gramsci, Lenin, Martí, Montaigne, encíclicas sociales, libros de historia contemporánea, a sociólogos, etc., y nunca perdí de vista ni dejé de observar el entusiasmo y fe de Salvador Allende por un Chile democrático y socialista. A medio camino de mi formación en la carrera de Pedagogía en Castellano, en la proyección de la Universidad Católica de la rectoría de Fernando Castillo, el momento más consecuente y digno de esa universidad en concordancia con la teología de liberación, de los curas por el socialismo, del cardenal Silva Henríquez, etc., tomé distancia de todo resabio ideológico pequeñoburgués e ingresé a militar en el MIR. Mi gran motivación para asumir la militancia fue la posibilidad real de participar de un instrumento revolucionario que respondiera a las nuevas exigencias y evolución de las acciones políticas en contra del imperialismo y de las organizaciones patronales nacionales. El inicio de la Guerra Fría era aún un fantasma que nunca imaginé que sería la proyección hegemónica internacional del neocolonialismo mundial que hoy la humanidad sufre bajo el eufemismo del paradigma de la sociedad de la información y del conocimiento. Nunca dejé de reconocer que en el Partido Comunista, en la Izquierda Cristiana, en el Partido Socialista, en la Unión Socialista Popular e incluso en el Partido Radical, había muchos jóvenes militantes que ya poseían niveles de conciencia de unidad revolucionaria y de auténtico compañerismo. La militancia fue para mí una escuela complementaria de formación intelectual; fue la práctica en que apoyé la concreción de mis ideas; en otros términos más impersonales, pienso que la militancia es una estrategia para profundizar aquello que la academia pura no entrega. La universidad es un ámbito de acción limitado, lo cual quedó demostrado con el histórico movimiento del ’68 en Paris y el gran aporte de Marcuse. A través de la militancia consolidé mi compromiso ético y político, me ayudó a sobrellevar los pesares y dolores como preso de la dictadura durante tres años y a entender mejor los procesos sociales. Cada afán tiene su tiempo; en la actualidad no soy militante de partido, pero mi compromiso por el cambio revolucionario lo siento más vital y joven que antes…Comparto plenamente la respuesta de mi amigo Sirio López, filósofo uruguayo de la liberación, cuando en un coloquio en 2004, le preguntamos qué significaba ser de izquierda hoy en día. Su respuesta fue: “Significa asumir o adoptar la tendencia plural de los que aspiran a una sociedad poscapitalista, donde se haga posible la realización del individuo universal porque ha sido superada la explotación y la dominación entre seres humanos y también se detenga-revierta la actual devastación practicada a la naturaleza no-humana”.

A.I: Tuviste parte de tu experiencia formativa en lo intelectual a la par con la militancia ¿Cómo lograste compatibilizar ambas? ¿Consideras que esta experiencia entre la universidad y la militancia es fecunda para la formación intelectual?

J.d.l.F: Pienso que a pocos les puede resultar fácil compatibilizar la formación intelectual con la militancia. En aquellos tiempos, los partidos políticos, cuál más cuál menos, eran bastante celosos y exigentes con la dedicación de sus militantes, los compromisos doctrinarios y los tiempos destinados a la acción. Está claro que sin disciplina y cumplimiento de lo pactado entre el grado de adhesión y las tareas, no es posible que una organización funcione. Pude compatibilizar ambas líneas formativas porque tuve la suerte de dedicarme a tiempo completo, con mucha pasión y denuedo, para aquellas intuiciones de servicio y trabajo social que comencé vocacionalmente a descubrir desde mi adolescencia. Mi formación de pre grado la obtuve en una universidad privada sin fines de lucro, democrática, de currículum flexible, abierta al mundo y a las ideas, sin exclusiones de ningún tipo, con participación de todos los estamentos. Soy parte de una generación de jóvenes que nos atrevimos a desplegar, en el frontis de la universidad, el lienzo con la leyenda “El Mercurio miente” (y hasta el día de hoy sigo sosteniendo este acierto) y de la elección democrática de un rector laico, arquitecto y de política de base (Alcalde), en una universidad pontificia. Fue tan elocuente el apoyo de estudiantes y de académicos, que a los curas manipuladores de la burocracia vaticana no tuvieron otra alternativa que aceptar el veredicto de esta acción política pluralista y antipalaciega. Déjame recordar, Alex, aunque me desvíe un poco de tu pregunta, que la única universidad chilena que reconoció a Neruda con un Doctorado Honoris Causa fue la de Fernando Castillo. Sin duda que la experiencia entre la universidad y la militancia es fecunda para la formación intelectual. Me indigna, como educador, que hoy en día se prive a los jóvenes de educación política, de formación cívica, que tengan que escuchar las omisiones y letanías de profesores asépticos y hasta cobardes frente a la (in)formación y reflexión ideológico-histórica. Los partidos políticos de aquella época eran algo más que simples “escuelas de cuadros”. Toda opción ética individual tiene un impacto colectivo, en los demás, en el común denominador de la “otredad”. Pienso que la dedicación intelectual, la científica en todas las disciplinas, sin formación política, carece del horizonte de sentido de la solidaridad y del compartir la búsqueda de la verdad a través de todas las manifestaciones del espíritu. Para mí, las verdades de las ciencias y las verdades de las artes no son incompatibles; por el contrario, ellas son complementarias e indivisibles. Sin duda que en mi formación recibí la contribución de mi familia, compañeros destacados de universidad, profesores dialogantes y cercanos y, por sobre todo, los buenos ensayos, libros de ciencias, de historia y de literatura, etc. Las artes, por su estética, tienen la virtud de formar y ensañar sin recurrir a la pedagogía, basta que el entorno nos desarrolle la capacidad de asombrarnos para contemplar, interpretar y analizar lo que vemos, sentimos, oímos, cantamos o leemos…

A.I: A pesar de tu especialización en literatura, me da la sensación de que no has abandonado tu vocación política, he escuchado algunas de tus conferencias en torno al socialismo allendista en los contextos latinoamericanos actuales ¿Nos puedes hablar del rescate teórico que se viene realizando de este legado político? ¿Según tu parecer es una perspectiva vigente?

J.d.l.F: Salvador Allende fue combatido en vida por los sectores retardatarios de la política nacional, incluso por militantes de dentro y fuera del movimiento sindical y político que, en su momento, no alcanzaron a vislumbrar la perseverancia de su desempeño y entrega desde que formó parte, como estudiante de medicina, de la Federación de estudiantes de la Universidad de Chile. Era respetuoso, según las condiciones de cada pueblo en su cultura, de las formas y opciones nacionales para avanzar en su desarrollo hacia la superación del capitalismo en camino hacia la conquista de la democracia socialista. De manera implícita o explícita, por similitudes causales o analogías históricas, América Latina y el mundo nunca han desconocido su ideario y derrotero ideológico. El profesor Sergio Vuscovich, entre otros, a través de sus escritos, ha entregado testimonios e informaciones precisas sobre la importancia y reconocimiento de Allende en la memoria de los pueblos y en las mentalidades más preclaras de políticos y presidentes actuales, incluso en Europa. En Nuestra América, las demandas sociales siguen vigentes y nos interpelan igual que antes, con otras perspectivas culturales y requerimientos de las nuevas generaciones de pobres, marginados y enajenados por los juguetes de la comunicación virtual que pretenden sustituir la palabra por la imagen; es decir, anular el potencial vivificador de la intrínseca relación “palabra-realidad-poesía-acción”. Cuba fue una excepción que se adelantó en muchos aspectos y que hoy debe ser fuente de análisis y de autocrítica muy seria por la izquierda, sin desconocer el enorme daño histórico que le ha inferido, durante décadas, el bloqueo imperialista. Argentina, Venezuela, Ecuador, Brasil, Bolivia y las emergentes redes de integración que han ido demostrando la ineptitud de la OEA, creo que son avances significativos para las ideas y proyecciones latinoamericanistas que Salvador allende fue consolidando desde el FRAP hasta la UP. El socialismo a la chilena, basado en el horizonte de la épica social americana que en los años ’30 intuyó el poeta Pablo de Rokha, junto a la experiencia revolucionaria cubana de los ’50 en adelante, son las semillas ideológicas y prácticas más importantes del siglo XX en América Latina. Para mí es importantísimo el proceso que está viviendo el pueblo boliviano desde que Evo Morales asumió el liderazgo político. Con qué dignidad e inteligencia ese pueblo ha ido recuperando las riquezas materiales y especialmente su riqueza cultural sin desdeñar sus tradiciones indígenas. Creo que la actual Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia es uno de los grandes documentos cívicos que se han escrito, en las últimas décadas, para la rearticulación y consolidación efectiva de las identidades socioculturales de los diversos pueblos de América Latina. He leído hace poco el libro de Álvaro García Linera Comunidad, Socialismo y Estado Plurinacional (2015), conjunto de ensayos, aplicaciones y reflexiones sobre el modo de integrar la tradición política y filosófica indígena boliviana, con la teoría y la experiencia a partir de pensadores como Lenin, Gramsci y otros clásicos que han intentado sustituir el capitalismo por un nuevo humanismo. Me parece que es un libro inteligente, basado en la conciencia crítica de un mestizo que se abre sin tapujos a los nuevos desafíos para la aplicación del socialismo en medio de la mundialización globalizada, cuyos elementos negativos siguen ejerciendo resistencias y condiciones hegemónicas a base de una ideología neocolonizadora para la mantención del neoliberalismo. Pienso que el concepto de “Vía chilena al socialismo” de Salvador Allende, como experiencia proyectada a la arena internacional, rebasa los límites nacionales en tanto se concibe para una América Latina integrada, respetando los avances de los movimientos sociales de cada país en particular y sus especificaciones históricas, en reconocimiento y función de las convergencias individuales por un destino común. Pienso que una de la preguntas que aún no hemos respondido a cabalidad es la siguiente ¿Por qué la derecha, los mercaderes criollos y los fascistas chilenos cívico-militares dieron un Golpe de Estado, apoyados por la intervención directa y planificada del imperialismo norteamericano? La política de exterminio en contra de la dirigencia popular no fue solo una reacción odiosa del dictador de turno, sino una estrategia para abortar el proceso de la Unidad Popular a nivel del Tercer Mundo en el inicio de la Guerra Fría. La “Vía chilena al socialismo” era otra modalidad para avanzar hacia el socialismo; en la actualidad, Bolivia está implementando su propia “Vía boliviana al socialismo” y así otros países de la región. La Unidad Popular fue cruel y violentamente avasallada del poder porque lo estaba haciendo bien, a pesar de las contradicciones internas de toda índole y del nivel de madurez y aprendizaje político de un pueblo que, por primera vez en su historia, iniciaba un proceso de liberación real a cuenta de su propia visión de mundo. No dudo que si la Unidad Popular, liderada por Salvador Allende, hubiese desviado su proyecto y desde el comienzo las políticas implementadas hubiesen sido erráticas y equivocadas, el Golpe de Estado no se habría justificado, el pueblo mismo y no los golpistas la habrían corregido o sacado del poder. A base de estas constataciones, a más de cuarenta años del Golpe, estamos en condiciones de aprender de los errores y de relevar cuestiones teóricas que ayuden al pueblo chileno a salir del mercantilismo neoliberal…

A.I: Volviendo a la reflexión entre universidad y política, y teniendo la experiencia vivida de las demandas estudiantiles por la educación gratuita ¿Qué balance haces del proyecto de gratuidad que se viene implementando?

J.d.l.F: Si el balance lo situamos solo en lo que respecta a las décadas de los seis gobiernos de apariencia democrática de la postdictadura, convencidos de que la restrictiva e indiferente participación electoral es la herramienta que abre espacios para el cambio, el balances es desolador y mercantilmente grotesco. Es un hecho histórico el propósito y método que usó la dictadura de Pinochet para reducir el rol del Estado en educación y la formación de las futuras generaciones: fraccionamiento de las universidades públicas, privatización de todos los niveles de enseñanza a base del principio de subsidiaridad que transformó el negocio de los nuevos mercaderes en la gran teta nacional, de bajísimo riesgo financiero subsidiado por el Estado, cuya administración se deja en manos del lucro, de alcaldías ignorantes y pobres en recursos técnicos y de infraestructura, de la especulación de los aranceles, de los actos de corrupción en el interior de la Central Nacional de Acreditación (CNC), de los oscuros manejos evaluativos de sus agencias acreditadoras y del jugoso negocio de la banca privada a través de préstamos y becas con el aval del mismo Estado. El Ministerio de Educación, reducido a una burocracia que repite lo que señala la OCDE y convertido, en la práctica, en un repartidor de los dineros para proyectos sectoriales sin visión de los problemas globales del país, etc. Las evidencias que no han sido ni podrán ser refutadas, están anticipadas en las investigaciones de María Olivia Monkeberg. Los mercaderes, nunca antes en la historia de Chile, se habían apropiado y convertido el ámbito más importante del desarrollo cultural, en una vaca lechera de acumulación de dinero ajeno, del endeudamiento de las familias y de mala calidad en sus resultados. La movilización estudiantil que sale a la calle en 2006 ha sido una lección de dignidad y responsabilidad de los jóvenes frente a los actos vandálicos de los mercaderes de turno y de su modelo que concibe la educación como cualquier otra mercancía –“bien de consumo” lo define la Derecha en boca del ex presidente Piñera-, sin importar la calidad y menos el derecho de los jóvenes pobres y talentosos. Los gobiernos de la Concertación y luego de la llamada Nueva Mayoría, cada día más deslegitimada por su volubilidad política, concluyen el 2015, con un proyecto de gratuidad bloqueado por la Derecha en tres instancias que Bachelet no podrá revertir: una débil y manipulada Reforma Tributaria, un Tribunal Constitucional apegado al principio de subsidiariedad heredado de la dictadura y un aparato de publicidad y propaganda administrado por el duopolio de los Medios de Comunicación neoliberales. El balance es resultado de la falta de un análisis crítico y porvenirista de una clase política –Nueva Mayoría , incluida la oposición- que propone una reforma como eslogan electoral y que, al poco andar, la juventud consciente se apropia de la propuesta como un hecho ya instalado que no admite volver atrás. Solo la lucha estudiantil y de los profesores podrá, en un futuro incierto, reemplazar la gratuidad restringida a un sector minoritario de estudiantes pobres, a la mayoría de los niños, adolescentes y universitarios chilenos. Hasta el momento, los motivos centrales de la gratuidad parecieran relevar casi exclusivamente una redistribución de fondos para un tercio de los estudiantes; la mayoría de los políticos guarda silencio con los requisitos para que universidades privadas y públicas sean adjudicadas: acreditación o indicadores de estándares de calidad, participación política de los estamentos al interior de los claustros, transparentar los manejos financieros sin fines de lucro, etc. No se habla de un Plan Nacional de reforma de las universidades que implique una corresponsabilidad entre el Estado y la Academia en orden a: Diseñar una política de desarrollo curricular que responda, a mediano y largo plazo, a la consolidación de profesionales realmente competentes en todos sus quehaceres, cuya cobertura de desempeño beneficie al pensamiento y la industria nacional; reivindicar y dignificar, de una vez por todas, al magisterio nacional y proveer, de manera privilegiada, de todos los insumos necesarios a las escuelas y programas de pedagogía para la formación de profesores de excelencia en todos los niveles. Basta ya con el clientelismo, especialmente en las universidades privadas-, falsa retención y mediocres promociones de profesores que ingresan a las carreras con 450 o 500 puntos en la PSU; luego, los aprueban con promedios de menos de 5.0 en sus años de estudio y los eximen en sus cursos regulares con nota 3,95. El facilismo mercantil priva a los jóvenes de hacer ejercicios de síntesis al eliminar los exámenes y las tesis, acortar las carreras a un mínimo inaceptable para la asimilación decantada del conocimiento y las lecturas, etc. Es urgente retomar la discusión antropológica y axiológica sobre qué tipo de hombre y de mujer queremos formar, qué tipo de universidades y centros de formación técnica necesitamos para aprovechar bien la inteligencia de los jóvenes en el desarrollo solidario del país, reincorporar el protagonismo de las humanidades en el discurso formativo de todas las disciplinas, etc.

A.I: En tu producción intelectual ligada a la literatura has rescatado parte de la obra de Huidobro ¿Por qué rescatar esta obra? ¿Tienes algún proyecto por venir relacionado a la poesía o literatura chilena? ¿Qué nos puedes compartir de tus investigaciones de literatura comparada entre la literatura brasileña y la escrita en español de América?

J.d.l.F: Te agradezco, Alex, concluir esta entrevista hablando de literatura, la pariente cada día más pobre –y para qué decir la poesía y la estética de la palabra- en enseñanza media y hasta en los currículos de formación de los profesores equivocadamente denominados “de lenguaje y comunicación”. El exotismo de la falsa academia pedagógica chilena ha calado tan hondo con sus tecnicismos lingüísticos y el exagerado pragmatismo atiborrado de “análisis del discurso” y de superficiales recursos periodísticos, que en el Chile de hoy se comienza a eliminar al Profesor de Castellano por esa abstracción gelatinosa de “Profesor de Lenguaje y Comunicación” ¿Acaso ahora nos avergonzamos del legado hispánico, del romance, de nuestra base lingüística que originó el español de América y con el cual, en tanto nos apropiamos de él como lengua mestiza, nos liberamos del conquistador? Los tecnócratas de la pedagogía, se olvidan de lo que dijo Neruda sobre los conquistadores españoles: Se llevaron el oro, pero nos dejaron las palabras. El rescate de la obra de Vicente Huidobro comenzó en Chile con las investigaciones de Cedomil Goic y de Hugo Montes. Es curioso lo que ha sucedido con la línea de investigación que yo asumí a fines de los ’80, tratando de recuperar la prosa testimonial y dispersa de Huidobro. El libro Textos inéditos y dispersos de Vicente Huidobro ya ha sido editado tres veces (primero por DIBAM en 1993, luego por la UCSH en 2004 y mejorada en 2015 por Editorial Tácitas). Creo que se ha convertido en el tercer volumen de las obras completas que organizó en dos volúmenes el profesor Hugo Montes para la Editorial Andrés Bello. Sin duda alguna Huidobro es uno de los grandes escritores del siglo XX, vino al mundo a oxigenar la poesía latinoamericana y –como dice Gonzalo Rojas- a poner la libertad en el cerebro. Las imágenes de su lenguaje son aéreas, arraigadas en el mundo real, con ansias por una revolución permanente en el lenguaje y en la sociedad. Su poesía, sus novelas, su teatro, su periodismo, sus manifiestos y hasta sus diatribas en contra del paradigma neoliberal, está plenamente vigentes y su palabra seguirá interpelando a los guatones vinosos que viven en sus jaulas de oro terrenal. Respondiendo a tu segunda pregunta, actualmente estoy trabajando en una investigación titulada Crítica, críticos, aplausos y denuestos: Nicanor Parra ha bajado del Olimpo. Se trata de un ensayo de largo aliento donde cuestiono el excesivo entusiasmo de la crítica laudatoria, academicista y excluyente al sentenciar que Nicanor Parra es uno de los poetas más importantes de América Latina. En mi investigación trato de sostener que una poesía tan errática, de opción política y estética tan contradictoria e incoherente como la zigzagueante “marca antipoesía”, hay que volver a leerla y a situarla con mayor acuciosidad. Pienso que el escritor de Poemas y Antipoemas y después de Obra Gruesa en adelante, se distorsionó por su miedo irascible al socialismo y su ansiedad por ser considerado poeta popular por encima de Neruda y de De Rokha, en un obsesivo galope por obtener el Nobel, con un discurso de “terrafirmista decidido” que terminó tragado por el remolino de la farándula mercurial. Se confundió, pareciera que se dejó arrastrar por el aplauso fácil y la risotada sin límites de una mezcla rara de seguidores pinochetistas y antipinochetistas, de conservadores, anarquistas y descreídos a ultranza. Todos unidos y encerrados en la misma bolsa de gatos de la postmodernidad. En uno de sus testimonios cinematográficos, dijo que Pinochet había sido un mal menor, un salvador… ¡Con qué soltura de cuerpo pudo afirmar tamaña estupidez de la derecha fascista! Todos los dictadores, sin excepción en la historia, son la peor ignominia contra los pueblos en sus procesos políticos democráticos. Estas ligerezas o licencias verbales ni en broma pueden ser lujos de la poesía -¿es perder el humor al poner las cosas en su lugar?- Hay que revisar en la escritura de Parra qué hay detrás de la ironía, del sarcasmo, de la carcajada y del chiste de ocasión, de la transgresión humorística a rajatabla, del absurdo utilizado como mensaje bíblico ¿Una máscara de su ideología? ¿La fotocopia de Marcel Duchamp y de Joan Brossa? El humor reiterativo se confunde con el mal gusto, se torna demasiado corrosivo y hasta provoca violencia y terrorismo como en el reciente caso de la revista “Charlie Hebdo”, en Francia. Obviamente la antipoesía no posee el poder comunicativo de “Hebdo”, no le da para tanto. El humor es una forma inteligente del ejercicio de la crítica, pero la ridiculización majadera, el sarcasmo desmedido, termina provocando el efecto contrario, pisotea su propia ética, pierde el respeto a los demás en su diferencia. El próximo mes, la editorial de la UCSH publicará Literatura y pensamiento latinoamericano, un libro misceláneo que incluye traducción de poesía, teoría y crítica de la literatura, reflexión fenomenológica sobre mi escritura, entrevistas y dos artículos sobre la contribución política de Víctor Raúl Haya de la Torre y de Salvador Allende. Y para tu última pregunta, constatando que Brasil representa casi el 40% de América Latina en territorio, población, pensadores y universidades, escritores, músicos, economía, cine y producción, etc., en Chile se estudia muy poco su creación artístico-literaria; pareciera que nos conformamos con las imágenes turísticas del carnaval, del futbol y de su alegría. Lo que se estudia pertenece al claustro universitario. Creo que uno de los poetas actuales que merecería un reconocimiento internacional es el riojaneirense Affonso Romano de Sant’Anna, y para qué decir de la trascendencia teórica e histórica de los estudios de Antônio Cândido y demás pensadores como Silviano Santiago y tantos otros. El único considerado hasta ahora en portugués es José Saramago. Algún día América Latina será trilingüe, hablaremos con soltura lenguas nativas, español y portugués; el inglés será una más entre ellas.

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