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- Tipnis si, coca no por Juan G. Ayala
- El microtráfico y el gobierno del miedo. Por Juan Ignacio Latorre e Ibán de Rementería

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NO + AFP Columnas de Juan Carlos Gómez y Luis Nitrihual

No + AFP

Luis Nitrihual Valdebenito

Y pensar que muchos de los que marcharon en contra de las AFP votarán por Piñera o Lagos en las próximas elecciones. Una contradicción. A este comportamiento, el filósofo Peter Sloterdijk lo llama cinismo. Se trata de aquella conciencia elástica en la cual el sujeto es capaz de tragarse su propia mierda y reir de buena gana. Es el cinismo proletario, el cinismo sufriente que espera que le caiga algo al final del día. En suma, me alegra y preocupa, al mismo tiempo, la masiva marcha familiar del domingo recién pasado.

No es extraño este comportamiento para quienes han estudiado el sistema de clases formado desde los años ochenta en adelante. El individualismo extremo, la competividad como forma de salir adelante, el esfuerzo personal que todo lo puede, son los valores que priman. No por nada el sociólogo reaccionario Fernando Villegas señaló hace unos días que “no tiene ninguna solidaridad con aquellos que pretenden vivir parasitariamente” Acostumbrado a polemizar de manera barata, para Villegas el esfuerzo es causa del éxito. Extraño en alguien que dice analizar la realidad social. Es más bien un analista de la casta y de la farádula, pero vale la pena tomarlo en serio en cuanto representa la opinión de mucho ciudadano medio.

La verdad suele ser más dura, pues según conozco de forma real y no solamente teórica, la mayoría de las personas se esfuerzan en sus trabajos y no ven progresos reales en sus rentas, en sus pensiones, en su salud, etc. Por más que luchan día a día, como piden Villegas y tantos otros, las personas tienen sueldos de 300 mil y pensiones de 140 mil pesos. El cerco de (im)posibilidades está pensado desde las propias instituciones del Estado, razón por la cual, por más esfuerzo que usted invierta, esto no se verá reflejado en mejores condiciones. Una persona que trabaja como temporera/o, no lo hace por flojera, sino por el conjunto de posibilidades/imposibilidades entregadas por el Estado para su desarrollo. La ideológica afirmación que explica la pobreza como resultado de la flojera es tan básica que funciona como sustento que busca entregar legitimidad a la dominación grosera de unos sobre otros.

Ahora bien, es evidente que en todo grupo social hay resiliencia; hay personas que superan las adversidades. Pero esto no puede convertirse en un ejemplo para demostrar a los otros que se puede. Antes bien, esto/as profesionales (o personas que les va bien en la vida) deberían luchar para que otros no tengan que pasar por las mismas circunstancias que él o ella. He ahí una ética mínima. En cambio, Villegas y tantos otros parecen decir: “Ven, cómo yo pude, usted también lo puede hacer, trabaje, esfuércese, no sea flojo!!…” Una ética neoliberal falaz desde su formulación más básica. Lo más triste de esto es observar que personas comunes se traguen este señuelo ideológico. Falta educación crítica.

Cinismo también hay, pero de modo más elaborado y cruel, en los creadores del sistema de AFP y aquellos que lo apoyan desde la casta política. No cotizan en el modelo. Dicen: somos capitalistas, pero no “giles” El sistema está hecho para estafar al conjunto de la población, pero no a ellos. ¿No es esta una concepción de clase en pleno derecho? Pues sí, el neoliberalismo es una estrategia de clase, como dice David Harvey. En Chile eso queda demostrado de sobra. En su útima gira, Sebastián Piñera viajó con Rodrigo Pérez Mackenna, Presidente de la Asociación de AFP. Un insulto a quienes marcharon tan bien intencionadamente este domingo. Seguramente, el candidato señalará, de cara a su electorado, que estudiará el sistema de AFP.

A decir verdad, creo que esta marcha es sólo el comienzo de una larga lucha por la dignididad. Lo que se requiere es un cambio de mirada del sistema como conjunto. Cuando en los años ochenta vino la crisis económica que llevó a la posterior instalación del neoliberalismo a ultranza que actualmente tenemos en Chile, se nos privó de salud, educación y previsión. Todo fue paulatimanente barrido por los chicos de Jaime Gúzman. un

Fue Pinochet, como suele decir Gabriel Salazar, quien desindustralizó Chile más de lo que ya estaba en los años ochenta. La irrupción del capital financiero produjo una desaparición de las pocas industrias que existían a favor de las empresas del retail, las transnacionales y la sociedad del crédito fácil. El resultado: gigantescas masas de chileno/as endeudo/as tres o más veces su renta. Pobres que no se consideran pobres. Trabajadores que se consideran colaboradores. Una gigantesca tenaza basada en la usura y la especulación.

Para el cierre queda la idea ya señalada por tuiteros de que si somos capaces de aceptar que se presenten a las elecciones los mismos de siempre, tal vez merecemos el país que tenemos. Prefiero pensar con optimismo que levantaremos alternativas desde el trabajo colectivo y sin apresurarnos en buscar la política profesional como modo de subsistencia.
L.N.


“NO + AFPs, ni privadas y ni estatales”: la única solución la expropiación ciudadana.

Juan Carlos Gómez Leyton
Dr. en Ciencia Política

Una nueva gran manifestación ciudadanía se hizo presente el domingo 24 de julio en diversas ciudades del país con una sola gran demanda: no más AFPs. No creo que sea necesario explicar las motivaciones que tuvieron cientos de miles de trabajadores para hacerlo. Las razones han sido expuestas de manera contundente por expertos en la materia, por economistas, por analistas del sistema de pensiones existente en Chile, tanto nacionales como internacionales. Repetir aquí sus argumentos resulta inoficioso. Baste con señalar que en la actualidad hay miles de pensionados del sistema que apenas viven, recibiendo menos de 200.000 mil pesos mensuales, luego de haber trabajado 40 años. Son pensiones de hambre, de miseria, indignas, que condenan a cientos de miles de hombres y mujeres a vivir su vejez como un tormento, aquejados por las enfermedades propias de la edad, imposibilitados de vivir. Con un sistema de salud pública precario y de pésima calidad. Lo único seguro que les queda es una muerte digna, e incluso hasta eso, en la mayoría de los casos, tampoco lo es.

La sociedad neoliberal es una sociedad de los desperdicios como dice Zigmunt Bauman, hay seres humanos que sobran, que son escorias, basuras, por un lado, están los niños y niñas vulnerables y pobres, prueba de ello es la falta de una política para atender a la niñez desde hace más de 35 años, el ejemplo del SENAME, es prueba irrefutable de ello. Donde la Ministra de Estado Javiera Blanco, estrecha colaboradora de la elite de poder y comunicacional de este país, califica a los niños y niñas vulnerables como un “stock”, o sea, mercancías o desechos o basuras. Por otro lado, están los adultos mayores, los viejos y viejas, los abuelos y abuelas, las y los ancianos, estos son una carga, un fardo, que sobran, que molestan, que se enferman, que piensan y lo peor de todo, viven, pero no producen. Son inservibles, de los cuales hay que deshacerse de ellos. Entre las clases medias pobres o de los sectores populares, la situación es muy grave. Pues, hay otros ancianos que viven como seres humanos: son sectores de la tercera edad que pertenecen a las clases “pudientes” o “acomodadas”, por cierto, que son los menos.

En una sociedad de clases, la vejez se vive de acuerdo a la clase a que se perteneció como trabajador. La marcha del 24J no solo fue una marcha contra el sistema de previsión social establecido por la dictadura militar de Pinochet sino en contra de la clase política nacional, especialmente, la vinculada a la Concertación de Partidos Políticos y la Nueva Mayoría, es decir, en repudio de la Democracia Cristiana, del Partido Socialista, del Partido por la Democracia, del Partido Radical Social Demócrata, del Partido Comunista de Chile, del Partido Izquierda Ciudadana, del MAS, de todos y cada una de estas organizaciones que han permitido que durante tres décadas y media, el sistema de acumulación de capitales neoliberal explote y esquilme a millones de trabajadores.

Muchos chilenos y chilenas desde que José Piñera, el intelectual orgánico del capital nacional, estableciera e impusiera el sistema en los años ochenta, se plantearon en su contra. Era una aberración y solo conduciría a incrementar la pobreza de los adultos mayores en el futuro, y que la forma como el capital neoliberal extraía no solo plusvalor a los trabajadores cotidianamente, sino que los obligaba a entregar el 10% de sus sueldos miserables para incrementar la acumulación capitalista del empresariado nacional e internacional. Con ello el capital lograba reproducirse exitosamente en el tiempo, concentrándose cada vez más en menos manos. Éxito del modelo era total y completo. La solución para el esquivo proceso de acumulación, que el economista estadounidense Tom Davis había señalado en 1962 como el principal obstáculo para la reproducción del capitalismo nacional, había sido encontrado.

La acumulación destinada para reproducción ampliada del capital no la harían los capitalistas sino los trabajadores. Pero, quien administraría los recursos expropiados compulsivamente a los trabajadores, serían las empresas capitalistas nacionales o extranjeras, la ganancia la obtendrían ellos, pero las y los trabajadores disfrutarían solo del 35% o con suerte con un 40% del salario acumulado y percibido durante 40 años de trabajo. O sea, salarios y pensiones de miseria. Eso se dijo en los años ochenta. Y, esa es la gran responsabilidad social y política de aquellos que consolidaron, ampliaron y profundizaron el sistema en la sociedad nacional, son los Aylwin, los Frei Ruiz Tagle, los Lagos, Bachelet y, por cierto, Sebastián Piñera.

La marcha del 24J por multitudinaria que haya sido, no basta. De ninguna manera resuelve el problema, presente y futuro. Tendrán que venir más y más. Pero, no hay que cometer el error del movimiento estudiantil de 2011, dejarse expropiar la demanda por el fin del lucro, por una educación gratuita y de calidad, por la clase política miserable enquistada en la Nueva Mayoría. Esa lección ciudadanas y ciudadanos no debe volver a ocurrir. La demanda: NO MÁS AFPs, es nuestra y nosotros debemos, las y los ciudadanos, organizarnos social y políticamente, es decir, transformarnos en actores con poder, para encontrar la solución más óptima para un problema que nos compete y nos interpela. No podemos pensar que la clase política actual corrupta y podrida no va dar la solución. Tampoco, podremos pensar que los dueños de la AFPs van dejar ir el negocio tranquilamente, tendremos que arrebatárselo.

Todos las y los trabajadores de las AFPs son accionistas de ellas, por lo tanto, somos los dueños de ellas y de los recursos que allí se depositan todos los meses. Nos pertenecen, lo primero que hacer debemos es organizarnos por AFPs. Todos los que pertenecen a una, debemos reunirnos y comenzar exigir nuestros derechos de accionistas. Somos miles. Según la información que se dispone al 31 de mayo del año en curso hay cerca de 11.000.000 de afiliados, distribuidos de la siguiente forma en 6 AFPs, que hoy dominan el mercado.

AFP TOTAL, AFILIADOS
CAPITAL 1.737.710
CUPRUM 640.416
HABITAT 2.042.288
MODELO 1.483.860
PLANVITAL 973.900
PROVIDA 3.221.644
TOTAL 10.099.818

Tenemos la fuerza y la razón. Debemos comenzar a organizarnos para tomar el control de ellas. Para producir en el más corto plazo su expropiación. Y, comenzar administrarlas financieramente como los trabajadores administraban las Sociedades de Fondos Mutuos, la Mutuales u otras organizaciones sociales de ese tipo. El control de las AFPs debe ser ciudadano y no estatal.

Las y los trabajadores debemos tomar consciencia que las AFPs existen porque nuestras cotizaciones mensuales las dotan e inyectan los recursos para que los dueños inviertan en rentables negocios, por lo tanto, hay que buscar un mecanismo financiero para que los trabajadores comiencen a tener el control directo de las cotizaciones. Evitar así que los patrones abusen y usen nuestras cotizaciones en beneficio propio. Tenemos que tener claro que los dueños de la AFPs están coludidos con los patrones y empresarios a los cuales les trabajamos diariamente.

La próxima acción ciudadana en contra de las AFPs no debe ser una marcha sino un paro nacional de advertencia que apunte la ocupación (toma) masiva de las casas centrales de estas empresas, ocupar sus oficinas y constituir una asamblea permanente de afiliados y la constitución de un directorio general de trabajadores para tomar el control popular y ciudadano de ellas.

NO podemos esperar. ¡¡¡A terminar con las AFPs, ahora!!!

Santiago Centro, 24 de julio 2016 ©JCGL/jcgl

Temuco, julio de 2016

 
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