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Nicotiana tabacum: sus efectos en la economía de Chile. Por Diemen Delgado García

El tabaquismo es una enfermedad, considerada como tal por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde hace más de 15 años, que se caracteriza por ser: adictiva, crónica y recurrente. Está clasificada con el código F-17 en la Clasificación Internacional de las Enfermedades.

El tabaco procede de una planta tropical del género de las solanáceas (Nicotiana tabacum) que tiene un alto contenido de un alcaloide, la nicotina, responsable de los efectos cardiovasculares y sobre el sistema nervioso que le confiere el poder adictivo.

Esta planta es originaria de América y su nombre es etimológicamente incierto, aunque se acepta que procede de la palabra tubaco, que significa pipa indígena. Fueron los españoles los que introdujeron el tabaco en Europa en el siglo XV, pero no fue hasta principios del siglo XX, tras la producción masiva de cigarrillos manufacturados, cuando su uso se extendió por toda Europa.

El género Nicotiana abarca más de 50 especies, que según el modo de cultivo, forma de curado, fermentación y proceso industrial, darán lugar a los diferentes tipos de tabaco. A las mezclas de tabaco (blended) americano se las somete además a un proceso conocido como salseado, mediante el cual se les añade una salsa que aumenta sus propiedades aromáticas y gustativas. Esta salsa es un secreto industrial que contiene, entre otras esencias, cacao, miel, regaliz y resinas.

El tabaco puede usarse sin combustión (tabaco para mascar, rapé) o con combustión (cigarrillo, pipa, puro). Es posible que el nombre de “cigarro” proceda de la plantación del toledano Henández de Boncalon, médico de cámara de Felipe segundo, quien en 1499, sembraba estas semillas en tierras situadas en los alrededores de Toledo denominadas cigarrales porque solían ser invadidas por plagas de cigarras.

El humo del tabaco contiene más de 5000 sustancias químicas, de las cuales al menos 60 resultan muy perjudiciales para la salud y más de 40 se saben que son cancerígenas. Se ha demostrado que las compañías de tabaco han añadido compuestos químicos derivados del amoniaco de forma artificial para aumentar el pH y, por tanto, incrementar la absorción de la nicotina presente en los cigarrillos.

Se conoce como corriente principal o directa a aquella generada por el propio fumador al aspirar. Cuando el fumador exhala el humo del tabaco, este se denomina humo exhalado. Por último, la corriente secundaria o lateral, es la que se desprende directamente del cigarrillo en combustión e inhala el fumador pasivo. La corriente terciaria es un concepto acuñado en 2009, está formada por metales pesados, gases, partículas y otros contaminantes residuales del humo del tabaco que se adhieren a las superficies (muebles, ropa, paredes, suelos, etc.), y en el polvo después de que se ha fumado, pudiendo permanecer ahí durante meses. Se ha demostrado su efecto tóxico en el ADN humano donde puede llegar por múltiples vías, como la inhalatoria, cutánea o digestiva.

Según la OMS, un tercio de la población mundial de más de 15 años fuma, por lo que se puede calcular que existen en el mundo más de 1.100 millones de fumadores. La epidemia de tabaco ha matado a 6 millones de personas durante el año 2015 en el mundo y se estima que para el año 2030 puede matar a 8 millones. La OMS considera fumador a la persona que consume, al menos, un cigarrillo al día en el último mes.

En Chile el consumo de tabaco, fue de un 33,3% en el periodo 2016-2017, mientras que la exposición en el hogar fue de un 15,2% en el mismo período de tiempo, en el hombre fue alrededor del 37,8% y en la mujer del 29,1%.

En términos monetarios, Chile gasta el equivalente al 0,8% del PIB en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades producidas por el tabaquismo, es decir el Sistema de Salud Chileno gasta cerca del 12% de su presupuesto anual en diagnosticar y tratar enfermedades por el consumo de tabaco.

A manera de conclusión:

El modo más eficaz de conseguir el abandono es mediante la combinación de asesoramiento y medicación. El asesoramiento individual, grupal y telefónico es eficaz y su efectividad aumenta con la intensidad del tratamiento.

Como parte de la terapia conductual, se recomienda utilizar los componentes psicoterapéuticos que han demostrado eficacia, entre ellas el desarrollo de habilidades, adiestramiento en resolución de problemas, técnicas de afrontamiento del estrés y apoyo social.

Se pueden identificar situaciones externas de riesgo que provocan reflejos de consumo de tabaco (consumo de alcohol, relación con lugares o tareas concretas, alimentación) o situaciones de carácter interno (momentos de alegría o tristeza, adaptación social, emociones, añoranza).

Inicialmente se recomienda la evitación de estos desencadenantes para prevenir recaídas precoces o el desarrollo de conductas alternativas. Posteriormente y de forma progresiva puede iniciarse la exposición a los mismos (desensibilización sistemática).

A manera de reflexión:

Es esencial que los profesionales sanitarios identifiquen, documenten y traten a todo fumador visto en el entorno de la atención sanitaria y sean consecuente con ello, en el sentido de ser un ejemplo haciendo propio la concepción “Que el tabaco es uno de los vicios más perjudiciales a los que se enfrenta el ser humano”.

A manera de recomendación: Parte del gasto del 0,8% del PIB se debería invertir en los colegios ya sea particulares y privados, con el objetivo de educar y así evitar que nuestros niños, niñas y adolescentes comiencen a fumar. Es importante que los jóvenes comprendan cuál es el impacto en sus vidas del tabaquismo, desde una visión integral, que les permita contrastar los riesgos a largo plazo, frente a lo que quizás ellos y ellas puedan percibir como beneficios en el corto plazo.

Diemen Darwin Delgado García MD. MPH. PhD
Secretario General de la Asociación Internacional de Doctores en Ciencias de la Salud en el Trabajo

 
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