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En este numero:

- Un debate necesario: sobre elecciones y perspectivas. Por Ángel Saldomando - Respuesta de Sergio Grez
- El perdón y la reconciliación. Por Jorge Tarride
- Protesta en defensa del agua frente al Ministerio de Obras Públicas

- Sumario completo



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Nos convertiremos en piedra, dentro de 500 años volveremos a hablar: a propósito de la visita de David Choquehuanca. Por Alex Ibarra

(JPEG) Estas palabras, recogidas en el título, resonaron en uno de los salones de la Universidad de Chile (Institución republicana) en la conferencia pronunciada por David Choquehuanca que inició con un saludo sagrado a quienes estaban y a quienes ya no estaban, fiel a las concepciones indigenistas de nuestra américa que nos recuerdan que no estamos solos.

Con estas palabras se puede representar el proceso de descolonización y despatriarcalización con la cual la revolución boliviana viene interpelando al mundo como superación de la crisis provocada por el capitalismo. Choquehuanca, destacado intelectual heredero del pensamiento amáutico de Fausto Reinaga, lo expresaba -citando a una tradición indígena del norte- en las siguientes palabras: "emergeran los guerreros del arcoiris que devolverán la armonía al planeta". Asistimos a la liberación del envenenamiento espíritu producto de las extrañas doctrinas dominadoras que impuso la colonización.

La concientización libertaria de los pueblos indigenas nos desafían a la renuncia del pensamiento colonizado, recuperando el ser que se situa en el sentir como condición previa al pensar, o en palabras del hermano boliviano el "pensasiento". El cambio paradigmático transformador del indigenismo se fundamenta en el acontecimiento "jiwasa" entendida como recuperación del ser. Este ha sido el motor de la revolución a la cual Bolivia nos invita reconociéndonos como panakapachakuti (hermanos del cambio).

Ya no estamos en el olvido del ser, reclamamos su reconocimiento. Somos alteridad que rompe la falsa identidad con el Occidente capitalista culpable de los grandes desequilibrios. Hemos recuperado el habla para maldecir el régimen de injusticia negador del Suma Qamaña (Bien Vivir), estamos cansados de la situación nihilista de la crisis. En palabras del filósofo boliviano "vivimos en el caosmos", es decir el lugar de la antibelleza y del desequilibrio. Los legendarios hombres piedra en su despertar nos apoyan (jallalla) en el retorno al camino del equilibrio (pachakuti).

Estos elementos de la vida espiritual aymara, tan similar a la de otros pueblos de nuestra america, conservan el legado que ánima la revolución boliviana. Es la herencia del pensamiento indio/amaútico que reclamaba Fausto Reinaga desde la segunda mitad del siglo XX. Frente a la ocupación planetaria del "capitalismo salvaje" (Luis Tapia) concurren todas aquellas manifestaciones que buscan otro mundo posible. La utopía revolucionaria ha sido revitalizada por una larga tradición de pensamiento crítico de "marxismo latinoamericano", de la cual Reinaga renegó, pero que puede ser conciliada y que es necesaria incorporar para la comprensión de la Revolución Boliviana como lo propuso Hugo Moldiz en su esfuerzo de interpretación marxista del Bien Vivir.

En nuestros días de crisis capitalista y de supuesto fracaso de los socialismos, la experiencia y la producción teórica boliviana aparecen como un camino (Qhapaq ñan). Es urgente recuperar el ancestral sistema de organización de la vida (Ayllu). El mensaje de los amautas bolivianos viene a ser una donación en tiempos de la escases reflexiva propia de los momentos en que imperan los escepticismos y relativismos que interrumpen y anulan nuestra responsabilidad política.

Alex Ibarra Peña.
DR. Estudios Americanos.

 
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