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Oikoumene – Ecumenismo: Perspectivas en el hoy de las Iglesias Por. Juan Pablo Espinosa Arce

1.0 Preliminares

El propósito de estas líneas es reflexionar, desde una mirada católica, a una realidad teológica, pastoral y eclesial urgente, como es el Ecumenismo. Asumir la tarea constante del diálogo entre las Iglesias cristianas es un proyecto que nace del mismo Evangelio de Jesucristo, quien antes de padecer pide al Padre por la unidad de los creyentes a imagen de la comunión existente entre el Padre y el Hijo manifestada en el Espíritu Santo.

El recorrido que haremos será uno que tiene en consideración el acontecimiento del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965), verdadera primavera eclesial, momento de aggiornamento o renovación que propuso una forma de ser y hacer Iglesia desde el diálogo de la Iglesia con el mundo moderno. Y fue ecuménico justamente porque integró a una gran parte de Iglesias cristianas no católicas, evidenciando en esta opción pastoral el querer mismo de Jesucristo.

Junto con ello evidenciaremos algunos elementos que, a nuestro juicio, son indispensables para vivir una buena praxis ecuménica, entre los cuales resaltan el diálogo, la oración conjunta y el trabajo teológico y pastoral, especialmente en la promoción de valores humanos y cristianos especialmente para con los más pobres.

Finalizaremos esta reflexión cuestionándonos sobre aquellos desafíos que el Chile de hoy le impone al ecumenismo. Se espera constantemente una respuesta de las Iglesias, la cual necesariamente debe tener como condición el diálogo fraterno y no anatematizador. Esta columna está en vistas a las proximidades de la celebración del 31 de octubre que recuerda los 497 años del comienzo de la llamada Reforma Protestante iniciada por Martin Lutero.

2.0 El acontecimiento del Concilio Ecuménico Vaticano II

Sin duda el Concilio Ecuménico Vaticano II constituyó una verdadera primavera eclesial para toda la Iglesia. Según las memorias que relatan cómo el Papa Juan XXIII comenzó a fraguar la idea del Concilio, se dice que estando en su despacho abrió la ventana y entró un aire fresco. Era eso lo que la Iglesia necesitaba. De una actitud de la condena se pasó a una relación dialogal y fraterna con el mundo moderno y con las demás Iglesias cristianas.

A juicio de Joseph Ratzinger, el ecumenismo representó “el tercer gran movimiento con que el Concilio ha penetrado en la conciencia de la Iglesia y ha comenzado a imprimir un sello en la fisionomía del catolicismo” (2).Así, el 21 de Noviembre de 1964, con Pablo VI a la cabeza de la Iglesia y como continuador del Concilio luego del fallecimiento de Juan XXIII en 1963, se promulga el Decreto Unitatis Redintegratio (UR) sobre el Ecumenismo. El por qué de la presencia de UR en la totalidad de los documentos conciliares, se debe a que en las propuestas llegadas de todo el mundo aparecía marcadamente la necesidad del diálogo y la unión con las Iglesias separadas.

De esta manera “promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los principales propósitos del Concilio ecuménico Vaticano II” (UR 1). A juicio de UR, la división existente entre las Iglesias y denominaciones cristianas “contradice abiertamente a la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y daña a la causa santísima de la predicación del Evangelio a todos los hombres” (UR 1). No obstante, el Concilio sabe que en varias partes del mundo se están realizando trabajos para retornar a la unidad de los cristianos, y por ello él “mira con alegría todas estas aspiraciones, y después de haber expuesto la doctrina acerca de la Iglesia, movido por el deseo de restablecer la unidad entre los discípulos de Cristo, quiere proponer a todos los católicos los medios, los caminos y las formas con los que puedan responder a esta vocación y gracias divinas” (UR 1).

3.0 Elementos para vivir el Ecumenismo:

Por la extensión de este artículo, no podemos entrar en más dimensiones del ecumenismo, por ello hemos creído conveniente resaltar aquellas que el Concilio propone como lugares más propicios para el encuentro entre todos los discípulos de Cristo.

3.1 El diálogo

El diálogo constituye una característica propia del hombre. Él es el ser del lenguaje y de las relaciones interpersonales. Es más, la misma Revelación se comprende como un momento dialógico entre Dios y el hombre reunido en un Pueblo. Lo que favorece el diálogo es “superar la división y acercar a la unidad” (UUS 29)(2). El diálogo constituye una necesidad y una prioridad para la Iglesia y se incentiva constantemente el espíritu del encuentro respetando siempre la libertad religiosa de cada uno de los participantes. La UR 4 sostiene que el diálogo posee una importancia esencial ya que favorece la mayor y mejor colaboración en busca del bien común, exigencia de la conciencia cristiana.

3.2 La oración conjunta

Una de las actitudes transversales en cuanto a la práctica del ecumenismo es la oración conjunta, la cual supone una paulatina conversión del corazón. La oración privada o pública por la unidad de los cristianos “ha de considerarse como alma de todo el movimiento ecuménico y con toda verdad puede llamarse ecumenismo espiritual” (UR 8). Es más, en el mismo Evangelio Jesucristo invita a orar constantemente y a saber que donde dos o tres están reunidos en su nombre, Él está en medio de ellos (Mt 18,20). Si Jesús antes de padecer oró al Padre por la unidad de los creyentes, él lo continúa realizando e invita a que sus hermanos lo imiten. A lo que la oración conduce es a poder “mirar con ojos nuevos a la Iglesia y al cristianismo” esto porque la “oración ecuménica está al servicio de la misión cristiana y de su credibilidad” (UUS 23).

3.3 El trabajo teológico y pastoral

Una tercera actitud o dimensión que queremos rescatar es el trabajo teológico y pastoral. El Concilio invita a que “las instituciones teológicas y las demás disciplinas, especialmente las históricas, se enseñen también bajo el aspecto ecuménico, para que respondan con mayor exactitud a la realidad” (UR 10). En cuanto a la expresión y a la exposición de la doctrina de la fe, el Concilio propone que esta nunca se convierta en “obstáculo para el diálogo con los hermanos” (UR 11). Se busca que el lenguaje teológico y pastoral sea cercano y comprensible para todos. La búsqueda común de los discípulos de Cristo debe ser la única verdad por medio de la caridad y la humildad. El fundamentalismo así no tiene cabida en una verdadera y sana práctica ecuménica.

4.0 Que sean uno: Desafíos en el hoy de nuestra historia y de las Iglesias

Juan Pablo II en Ut Unum sint sostenía que la oración común era uno de los principales motivos de la credibilidad cristiana (UUS 23). En nuestra historia reciente se han dado pasos importantes en cuanto a la vivencia del ecumenismo. Hay que hacer memoria agradecida para todos aquellos pastores y pastoras evangélicas y de otras denominaciones cristianas que en tiempos difíciles de los pueblos de nuestro mundo optaron proféticamente por la Defensa de los Derechos Humanos y en opciones por los más pobres, por los excluidos, por los sin voz. El desafío aún es grande. El querer de Jesús de que sus hermanos sean uno así como Él y su Padre son una sola cosa es un proyecto y tarea constante. Quiera Dios que en el hoy de nuestra historia los creyentes podamos vivir unidos respetando siempre nuestras legítimas diferencias.

1 RATZINGER, JOSEPH. El nuevo pueblo de Dios. Biblioteca Herder, Barcelona, 1972, p. 353.

2 JUAN PABLO II. Ut unum sint. Carta Encíclica sobre el empeño ecuménico. San Pablo, Chile, 1995, n°29. La expresión Ut unum sint significa “Que sean uno” (Jn 17,21).

Juan Pablo Espinosa Arce Licenciado en Educación (UC del Maule) Profesor de Religión y Filosofía Docente de Ética IP Santo Tomás, Sede Rancagua @juanpirancagua

 
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