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Padre Eugenio Pizarro Poblete: 50 años sintiendo a Chile y sirviendo a los pobres. Por Periodista Pedro Vega

En medio de la comunidad, el Arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, destacó los principios que han iluminado la vida pastoral del sacerdote chileno.

El sábado 29 de septiembre por la tarde, pobladores, agentes pastorales, sacerdotes, religiosas y dirigentes sociales de diversas poblaciones de Santiago, llegaron hasta un alejado y deteriorado gimnasio de la población el Volcán en Puente Alto, un barrio popular a trasmano. Lejos del Santiago moderno, de calles limpias y bonitas, de altos edificios y de grandes centros comerciales, se congregaron para celebrar en medio de los que se sienten abandonados y marginados de toda esa prosperidad, una eucaristía particular. Y así dar gracias al Dios de la Vida por los 50 años de sacerdocio de uno de sus más connotados vecinos y pastor, quien también ha debido sortear durante estos años el sentimiento a veces de abandono y marginación, el Padre Eugenio Pizarro Poblete. Radiante, alegre, dichoso, ingresó hasta el gimnasio en procesión junto a un puñado de no más de 10 sacerdotes, entre ellos, y el que debió ser el gesto más llamativo de la celebración, el arzobispo de Santiago y Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Monseñor Ricardo Ezatti. Quizás una manera de reconciliación o de apoyo a las comunidades de base, justo cuando en sectores pudientes existen sacerdotes que enfrentan acusaciones de pedofilia. Justo cuando en otra población pobre y valiente, llamada “La Victoria”, parecía que los pobladores organizados habían resucitado y como no sucedía hacía tiempo se habían volcado en masa a las calles, para velar, para despedir ese sábado a otro pastor de los más desvalidos, al sacerdote nacido en Francia, Pierre Dubois, defensor de los pobres y de los perseguidos en tiempos de la dictadura militar. En medio de la crisis que enfrenta por estos días la jerarquía católica en Chile, la Iglesia de los pobres, compartía ese sábado los signos de la vida y la muerte, y las comunidades cristianas salían a decir “somos Iglesia”. El padre Eugenio vivía el cariño de esas comunidades de base que habían organizado su celebración de toda una vida al servicio de la Iglesia y los sectores marginados.

“Estoy ungido para evangelizar a los pobres y desde los pobres, a todos y a todo”, rezaba el lienzo del lema que ha acompañado al Presbítero Eugenio Poblete, en su fructífero y valiente sacerdocio, el que fue puesto a los pies del improvisado altar levantado en el gimnasio municipal de la población “El Volcán 3” de Puente Alto, donde parecía que todo se desmorona.

Consagrado sacerdote por el Cardenal Raúl Silva Henríquez en 1962, justo en el fervor del Concilio vaticano II, a los 23 años, el padre Eugenio Pizarro se hizo de los más pobres, atendiendo a las entonces llamadas “poblaciones callampas”. Rápidamente en tiempos de la dictadura militar del general Augusto Pinochet, el padre Eugenio sacó la voz por los que no tenían voz. Predicó al Dios de la Vida en medio de los signos de muerte, defendió y acogió a los perseguidos sin temor, corriendo peligro incluso su propia vida en varias ocasiones en que intentaron acallarlo.

De población en población se hizo conocido por su valientes homilías y su coherencia de vida entre los más humildes, tanto así, que un sector de comunidades de base, junto a un sector político desilusionado con el retorno a la democracia, luego de la salida pactada del gobierno militar, en 1993 lo llevó a ser candidato a la presidencia de la República. Tras el cansador e incomprendido periplo político, el que fue cuestionado por diversos sectores sociales y eclesiales, el que incluso le costó la suspensión de su ministerio sacerdotal durante un año, volvió a celebrar misa en medio de los sectores populares. Ha continuado evangelizando, tarea que nunca dejó de lado en su campaña como candidato y desde entonces en medio de un ministerio sacerdotal más bien libre prosigue asistiendo a quienes permanentemente lo buscan hasta ahora para escuchar la palabra, su firme posición de defensa de la Iglesia de los pobres o simplemente compartir sus problemas y alegrías cotidianas.

Hoy, a sus 73 años quiso recorrer su vida de entrega en esa eucaristía concelebrada en el gimnasio municipal que se transformó en su parroquia por un par de horas. Ese recinto deportivo carente de lo necesario, donde los jóvenes buscan apartarse de los males que enfrentan, entre ellos la droga, fue el lugar escogido por hombres y mujeres para celebrarlo y darle gracias por su vida. Militantes de Iglesias con quienes ha caminado en diversas épocas, entre ellos, pobladores de diversas juntas de vecinos, comunidades de trabajadores del Movimiento de Acción Católica MOAC, y comunidades de laicos Franciscanos de Puente Alto; comunidades de base “Padre Juan Vila” de San Bernardo; ex-alumnos, agrupación de vecinos de “Santa Filomena” y Pastoral de Trabajadores , de Maipo, entre otros.

La opción preferencial por los pobres

En medio de ellos y tras pedir por los excluidos y los marginados. Luego de las ofrendas cuidadosamente elegidas para esta ocasión, como la Estola, la Biblia, un pan amasado, la bandera de Chile y un ramo de Flores, el arzobispo de Santiago, Monseñor Ricardo Ezatti, agradeció el camino de consagración de Eugenio Pizarro Poblete. “Esta celebración es en primer lugar expresión de nuestra acción de gracias a Dios, por que la vocación sacerdotal es un regalo de Dios, no solamente para aquel que la recibe, sino también para los hermanos y hermanas que caminan en la fe, para los que entran en contacto con el Dios de la Vida”, dijo el pastor de la Iglesia de Santiago Celebramos los 50 años de sacerdocio del Padre Eugenio en dos contextos, dijo Ezatti, hace alusión a las vísperas de la fiesta de oración por Chile y al momento que vive la Iglesia chilena y nuestro país.

Consideró propicio el momento para referirse al ultimo mensaje entregado por los obispos de Chile. “La Conferencia Episcopal de Chile ha lanzado al país una carta pastoral que invita justamente, no solamente a reflexionar, sino a traducir en acción la reflexión que nos lleve a humanizar y a ser más solidario nuestro desarrollo. En la carta que hemos dirigido los obispos, hemos dicho que es oportuno y bueno, es necesario, fijar nuestra mirada en Jesús, por que es él quien nos enseña a reconocernos hermanos, nos enseña a percibir, a descubrir, a poner en práctica, que los bienes de la creación son patrimonio de todos”.

“El nos enseña a vivir en la justicia, en la solidaridad y en la paz. El nos enseña a recorrer los caminos para que la educación en Chile sea un patrimonio compartido por todos. El nos invita a mirar con ojos de misericordia, con compasión y sobre todo con compromiso vital, las situaciones más dolorosas que sufren los pobres, aquellos que quedan al margen de la sociedad, porque justamente muchas veces nuestro desarrollo pretende ser únicamente material y reservado a unos pocos”.

“Celebramos también los 50 años de sacerdocio del Padre Eugenio, en una realidad muy concreta. Aquí, en este gimnasio, en el corazón de una población. Este contexto nos invita a mirar justamente cuál es el objetivo, cuál es la opción preferencial de la Iglesia, que es tarea de evangelización. En América Latina de una manera muy particular, la Iglesia ha querido hacer, después del Concilio Vaticano II, una opción preferencial por los más pobres, los más necesitados. Y en la última asamblea de los obispos latinoamericanos, en Aparecida, esta opción ha sido renovada. Más aún, el mismo Papa, Benedicto XVI, nos ha dicho a los obispos que la opción preferencial por los pobres, es parte esencial de nuestra fe en Jesucristo”, sostuvo el Arzobispo.

“Esta realidad ha puesto a la Iglesia de América Latina y de Chile en un proceso de conversión y de nueva evangelización, para destacar la tarea que a todos nos corresponde. La Tarea de ser una Iglesia cada vez más cercana, una Iglesia que tenga cada vez más abierto el corazón para hacer espacio para aquellos que más necesitan”. La vida pastoral del padre Eugenio ha sido iluminada por estos dos grandes principios. Dos realidades, de sentir a Chile muy cercano en su ministerio y la voluntad de servir a los más pobres ha marcado el horizonte de su vida sacerdotal. Hoy damos gracias a Dios por el testimonio de su vida y damos gracias, porque nos permite darle gracias al iniciar este nuevo jubileo de su vida sacerdotal”.

Le deseamos al Padre Eugenio que por muchos años pueda seguir su ministerio, especialmente sirviendo a Cristo en los más humildes y más pobres. Y como Arzobispo de la Iglesia de Santiago quiero darle las gracias de nuestra Iglesia y de todo el pueblo fiel, por el compromiso con el cual él ha vivido su ministerio. A la Virgen del Carmen le queremos pedir que sea madre bondadosa para que él pueda seguir sirviendo. Muchas felicidades padre Eugenio, que el Señor te bendiga abundantemente y que sientas el cariño de tu Iglesia, de toda la comunidad cristiana y de todos los que te acompañan”, culminó Ezatti.

“Soy y moriré en la Iglesia de los pobres” Casi al concluir y tremendamente emocionado, el padre Eugenio Poblete se dirigió a sus amigos y hermanos en la fe, que habían llegado para celebrarlo y les dijo: “Dios actúa muchas veces al revés de nosotros. Él, de los humildes, de los pobres, de los pecadores, él hace maravillas. Es la espiritualidad desde abajo. Cristo nació pobremente en un pesebre, y ustedes saben que los pesebres no están limpios, están llenos de mugres de los animales, el Señor ha querido nacer a temprana edad en este pesebre que soy yo.

“El señor en lo pequeño se manifiesta grande. En lo débil y frágil se manifiesta fuerte, por eso les recomiendo no buscar tanto el perfeccionismo, como es hacerse una escala de muchos escalones que van subiendo en perfección, porque finalmente se llega a la conclusión que uno no puede llegar a donde quiere llegar. Si queremos ser Santos tenemos que abrirnos humildemente mostrando nuestras miserias, dolores y sufrimientos al Dios de lo imposible, quien hará grandes maravillas: Esa es mi espiritualidad en estos 50 años de sacerdocio”.

Quiero decirles que amo a mi Iglesia, nunca seré un rupturista. Amo mi Iglesia que no es ni de Pablo ni de apolo, ni de Kefas (de Pedro), es de Jesús. Y Jesús va a estar con ella hasta la consumación de los siglos. Y el que a vosotros oye, a mi me oye; y al que vosotros rechaza, a mi me rechaza. Yo amo a esa Iglesia de Jesús”.

“La Iglesia paradójicamente tiene la santidad y el pecado, son dos cosas que van a ir siempre juntas y tienen que darse la mano. El pecador le dará la mano al santo para salir de su pecado. El que no da la mano no entiende lo que es ser cristiano. Realmente en estos momentos difíciles de nuestra Iglesia, en que nuestros Obispos en su última carta hacen el mea culpa de toda la Iglesia, por los pecados de los miembros de la iglesia, rechazamos el pecado, el delito. Pero a las víctimas de ese pecado y delito, y al victimario, le abrimos los brazos, porque nuestra misión es salvar, tender la mano al pecador”. “Estamos en una sociedad humana y existen los tribunales, a nosotros no nos toca sentenciar, no nos toca condenar, a nosotros nos toca salvar. Hago la distinción entre el hecho y la persona, el pecado y el delito no lo queremos, no lo aceptamos, lo rechazamos. Queremos apoyar a las víctimas, pero al pecador, al que ha cometido el delito, el abuso, nosotros tenemos que salvarlo, es un hermano de la Iglesia”.

“Ante esta dificultad que hemos vivido no se marginen, no tomen distancia, no escupan a su Iglesia, no sean francotiradores, como si estuvieran fuera de La iglesia lanzando disparos. Más bien súmense a la Iglesia. Para recuperar la credibilidad los necesitamos a todos trabajando por el reino de Dios, porque la Iglesia no es abuso sexual, no es pedofilia. La Iglesia tiene una tarea y misión hermosa: construir el Reino de Dios. El mal no es más que ausencia del bien, y el pecado moderno de la omisión de quedarse con los brazos cruzados de no hacer nada es un pecado grave en estas circunstancias. El que dice que ama a Jesús y no ama a su Iglesia miente. El que dice Cristo sí, la Iglesia, los curas y a los agentes pastorales no, no ha entendido, no sabe distinguir entre lo accidental y lo esencial, entre la Iglesia santa y pecadora”.

“Con mis 50 años de sacerdocio, les digo que hay que amar a la Iglesia. Todo sucede por el bien de los que Dios ama. Estoy cierto de que Jesús nos está pidiendo algo grande. Tengo la esperanza, la fe, que la Iglesia será Santa, saldrá purificada y para eso los necesitamos a todos. Necesitamos católicos de línea, de militancia, de entrega, no solo pertenecer a la Iglesia por el bautismo, sino trabajar por ella, esa es la tarea que el Señor nos ha encomendado en el mundo”.

Lo que le da sentido a mi sacerdocio es Jesús, el crucificado, que es el resucitado. Creo en ese Cristo que ama hasta el extremo, el que nos dice les doy un mandamiento nuevo, ámense como yo les he amado y eso supera el ama a tu prójimo como a ti mismo”. “La misa es mi vida, ese sacrificio de amor que supera el ama a tu prójimo como a ti mismo. Este Cristo es la antípoda de la sociedad economicista de crecimiento, de acumulación, de concentración de poder y riqueza en pocas manos privadas, coludidas con las transnacionales y las multinacionales. Eso es todo lo contrario a la civilización del amor, del compartir, de entregar, de despojarse de todo como lo hizo Cristo”. “Nos unimos a nuestros obispos y exigimos con el ministerio de la Iglesia, que el pecado social, que produce esta economía privatizadora y acumuladora en pocas manos, haciendo el 80% de pobres en el mundo, esa termine, y esa es tarea nuestra, de todos nosotros”.

“Gracias a mi arzobispo Ricardo Ezzati, le entrego todo mi respeto, obediencia, amor. Me adhiero profundamente a su ministerio en medio de nosotros, me adhiero a la última carta publicada por la Conferencia Episcopal”.

“Soy de la Iglesia, seré de la Iglesia y moriré en la Iglesia. Amén”, culminó el padre Eugenio Pizarro al dar gracias al Dios de la Vida, a los más pobres, por sus 50 años de sacerdocio.

 
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