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En este numero:

- La muerte en el debate público
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- Sumario completo abril de 2018





Sobre el autor

Serge Halimi
Director de Le Monde Diplomatique
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Página de inicio >> Abril de 2018

Permiso para matar

por  Serge Halimi

La policía considera que la investigación llevará “muchos meses”, pero la Primera Ministra británica Theresa May ya identificó al culpable: la orden de matar a Serguei Skripal habría venido del Kremlin. Para el ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña Boris Johnson, “el peligroso comportamiento del presidente Vladimir Putin” constituye, en efecto, el “hilo conductor” que une el intento de envenenamiento del ex coronel de los servicios de inteligencia rusos refugiado en Londres con todos los crímenes anteriores del Kremlin: “la anexión de Crimea”, “los ciberataques en Ucrania”, “el hackeo al Bundestag”, “la injerencia en varias elecciones europeas”, “la indulgencia respecto de las atrocidades perpetradas por Assad en Siria” (1). Resumiendo: Putin es capaz de hacerlo, por ende es culpable.

Prácticas destestables Entre el picahielos y el té con polonio, entre León Trotsky (asesinado en México) y Alexandre Litvinenko (envenenado en Londres), los servicios de seguridad rusos eliminaron ciertamente a muchos opositores que vivían en el extranjero. Otros gobiernos recurrieron a prácticas también detestables, sin que ello generara un escándalo diplomático similar. La “larga historia de asesinatos encargados por el Estado” que hoy ofende a Johnson mancha algunas de las capitales occidentales (París, Berlín, Washington) las que, reemplazando a May, arremetieron inmediatamente contra Rusia.

Israel, en cambio, tuvo el buen tino de abstenerse, sin duda porque figura en la primera fila de los países que “proceden a este tipo de operaciones que califican de ‘eliminaciones extraterritoriales’” (2). En efecto, la lista de palestinos, incluyendo a representantes oficiales, asesinados por sus servicios secretos en el extranjero haría quedar a los rusos como meros aficionados: al menos media docena solamente en París, sin que se apliquen sanciones particulares. París, donde desapareció también el opositor marroquí Medhi Ben Barka, y donde fueron asesinadas la sudafricana Dulcie September, representante del Congreso Nacional Africano (ANC), y, más recientemente, tres militantes kurdas. En cuanto a Washington, un ex ministro chileno de Salvador Allende, Orlando Letellier, fue asesinado allí por agentes de Augusto Pinochet. Ronald Reagan no dejó sin embargo de celebrar su dictadura, y Margaret Thatcher no se privó de compartir en Londres con el General golpista un té (sin polonio) ni de regalarle un juego de platos Armada de plata.

“Eliminaciones extraterritoriales” definiría además bastante bien la práctica estadounidense que consiste en matar en el extranjero, a través de drones, a supuestos terroristas. Barack Obama autorizó oficialmente más de 2.300 asesinatos de este tipo durante su presidencia. François Hollande, por su parte, confesó haber ordenado varias ejecuciones extrajudiciales de “enemigos del Estado” –aproximadamente una por mes durante su mandato–. Sin embargo, ninguno de sus amigos políticos consultados al respecto durante las primarias socialistas de enero de 2017 se lo ha reprochado (3).

“Sí, a veces es necesario”, explicó incluso François de Rugy, quien asumió como presidente de la Asamblea Nacional de Francia.

1. Debate publicado por Le Parisien, 16-3-18.
2. Retomando una expresión del investigador Mathieu Boulègue, citado por L’Opinion, París, 13-3-18.
3. Debate televisivo, TF1, 12-1-17.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Gustavo Recalde


Texto en francés

Permis de tuer

La police estime que l’enquête prendra « de nombreux mois », mais la première ministre britannique Theresa May a déjà identifié le coupable : l’ordre de tuer M. Sergueï Skripal serait venu du Kremlin. Pour le ministre des affaires étrangères Boris Johnson, le « comportement dangereux du président Vladimir Poutine » constitue en effet le « fil rouge » rattachant la tentative d’empoisonnement de l’ancien colonel des services de renseignement russes réfugié à Londres à tous les forfaits antérieurs du Kremlin : « l’annexion de la Crimée », « les cyberattaques en Ukraine », « le piratage du Bundestag », « l’ingérence dans plusieurs élections européennes », « l’indulgence envers les atrocités perpétrées par Assad en Syrie ». Résumons : M. Poutine en est capable, c’est donc qu’il est coupable.

Entre pic à glace et thé au polonium, entre Léon Trotski (assassiné au Mexique) et Alexandre Litvinenko (empoisonné à Londres), les services de sécurité russes ont assurément liquidé nombre d’opposants vivant à l’étranger. D’autres gouvernements ont recouru à des pratiques tout aussi détestables, sans que l’affaire suscite le même hourvari diplomatique. La « longue histoire d’assassinats commandités par l’État » dont s’offusque aujourd’hui M. Johnson entache quelques-unes des capitales occidentales (Paris, Berlin, Washington) qui, relayant Mme May, ont aussitôt fulminé contre la Russie.

Israël, en revanche, a eu la sagesse exquise de s’en abstenir, sans doute parce qu’il figure au premier rang des pays qui « procèdent à ce genre d’opérations qu’ils qualifient d’“éliminations extraterritoriales” ». La liste des Palestiniens, représentants officiels compris, abattus par ses services secrets à l’étranger ferait en effet presque passer les Russes pour de tendres amateurs : au moins une demi-douzaine rien qu’à Paris, sans que des sanctions particulières n’en découlent. Paris, où disparut également l’opposant marocain Medhi Ben Barka, et où furent assassinées la Sud-Africaine Dulcie September, représentante du Congrès national africain (ANC), puis, plus récemment, trois militantes kurdes. Quant à Washington, un ancien ministre chilien de Salvador Allende, Orlando Letellier, y a été tué par des agents d’Augusto Pinochet. Ronald Reagan ne cessa pas pour autant de célébrer sa dictature, et Margaret Thatcher ne s’interdit pas davantage de partager à Londres avec le général putschiste un thé (sans polonium) ni de lui offrir un service d’assiettes Armada en argent.

« Éliminations extraterritoriales » définirait également assez bien la pratique américaine consistant à tuer à l’étranger, par voie de drones, des terroristes présumés. M. Barack Obama autorisa officiellement plus de 2 300 assassinats de ce genre pendant sa présidence. De son côté, M. François Hollande a confié avoir ordonné plusieurs exécutions extrajudiciaires d’« ennemis de l’État » – une par mois environ au cours de son mandat. Aucun de ses amis politiques interrogés à ce sujet lors des primaires socialistes de janvier 2017 ne lui en fit pourtant reproche.

« Oui, c’est parfois nécessaire », expliqua même M. François de Rugy, devenu depuis président de l’Assemblée nationale.

 
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