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En este numero:

- Carácter de clase del segundo período presidencial de Sebastián Piñera Echenique. Por Manuel Acuña Asenjo
- Jorge Coulón: Más allá del mármol, una guitarra que tiene sentido y razón. Por Rony Núñez Mesquida
- ANIVERSARIO DE LA DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS por Gladys Díaz

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Por el camino actual ser político y corrupto sale a cuenta. Por Enrique Villanueva

La corrupción que quedo al descubierto en le caso PENTA cobra espectacularidad por los actores que están involucrados y porque dejo en evidencia algo de lo que todo el mundo hablaba en los pasillos, la relación entre los grandes conglomerados empresariales, dueños del país, con políticos que se corrompen transformándose en el principal instrumento para mantener y multiplicar sus ya lucrativas ganancias. Lo acontecido en todo caso no puede ser generalizado, porque eso es lo que quieren los involucrados, para hacer un análisis objetivo hay que focalizarlo en el ámbito que corresponde, que es en un sector de la política y del gran empresariado, una misma “familia” que es la dueña del país y que necesita de esta santa alianza para continuar administrando un modelo económico especulador, que vive de la desigualdad social y que tolera el abuso en todas sus expresiones.

Por lo tanto el análisis de lo sucedido debe llevarnos mas al fondo del asunto, porque pone de manifiesto la importancia de los principios morales y éticos que subyacen la actividad económica, algo que Adam Smith uno de los padres de la economía advirtió hace ya bastante tiempo atrás, invalidando los argumentos de quienes en su época justificaban la acción económica desprovista de todo rigor ético y moral. Smith no aceptaba el argumento de que “el hombre es un depredador que ve en otro hombre a un competidor con el cual tendrá una guerra a muerte” porque el cimiento ético de la economía radica en que “el hombre tiene la facultad de la empatía, lo que permite a un sujeto ponerse en el lugar de otro sujeto”.

Después de casi varios siglos estos principios “justificadores del mal” reaparecen y nos demuestran que lo malo no es PENTA sino que en los valores que están detrás de todo esto y que indudablemente son la base de la crisis moral que alimenta la corruptela. Los Delano, los Lavín fueron formados, y ellos reproducen el modelo que se fundamenta en la primacía del individualismo, en el predominio del materialismo y la preeminencia del hedonismo, principios según los cuales el centro de la actividad humana es el individuo y su libertad es adquirida como valor absoluto sin ninguna referencia comunitaria

Son varias las generaciones de profesionales, particularmente Ingenieros comerciales, que han sido formados sobre la base de un individualismo beligerante, quienes no saben ejercer su profesión sino es para buscar una meta suprema, la consecución a cualquier precio de la satisfacción del interés privado y del individuo. Como en una carrera de “galgos” estos profesionales son adiestrados para correr detrás del enriquecimiento individual, reclamándose asimismo como los guardianes, modernos templarios, de la libertad de las actividades económicas y de la sacralidad de la propiedad privada, construyendo un dogma que se puede resumir en que "fuera del mercado no hay salvación".

Entonces no estoy tan seguro que solo una comisión de hombres buenos sea la solución para este y otros casos que vendrán en el futuro, sin entender que la crisis no es la empresa PENTA o la empresa en general, sino que los principios, el cimiento doctrinario sobre el cual se construyó el edificio neoliberal en Chile. Me pregunto si hay algo mas corruptamente violento que el origen de la dictadura, que nació con el mensaje de la prepotencia, de apropiarse de la vida y del futuro de millones de personas para construir un paraíso en el que algunos se enriquecen prácticamente eliminando los derechos de las personas o asimilándolos a sus propios intereses y beneficios.

Es bueno recordar que los empresarios PENTA fueron activos constructores y beneficiarios de este modelo económico, de la dictadura cívico militar, la que en sus últimos días les facilitó las cosas, entregándoles activos de todos los chilenos para que iniciaran sus negocios, en un momento histórico en el cual engañar al fisco importaba bien poco. Es en ese momento que surgen las redes entre los políticos UDI con los empresarios que hoy aparecen coludidos en PENTA, quienes a lo largo de estas dos o tres décadas han controlado el Estado, transformándolo en funcional a sus intereses, al mismo tiempo que se adueñaban de aquellos sectores de la economía que les proveen mayores ingresos; los bancos, los recursos naturales del país, el sistema de pensiones, la salud y la educación.

Entonces lo que están haciendo los PENTA-UDI es lo que piensan, obedece a sus principios rectores, son personas a las cuales no les duele la tragedia ajena producida por la marginalidad y la pobreza. La desigualdad humana, las desigualdades sociales, para estos señores son simplemente la expresión de las diferentes capacidades de adaptación al mercado y, por lo tanto, inevitables.

Ellos están convencidos de esto, que la grosera acumulación de riqueza en manos de unos pocos, o que “la existencia de las grandes fortunas, es beneficiosa para la sociedad pues permite su desarrollo”. Tienen la firme convicción de que el progreso económico que disfrutamos los chilenos, dentro de la lógica neoliberal, es porque para los pobres es beneficioso el incremento de los ricos y su riqueza, cuya existencia permitirá que habrá más inversiones y, si es así, disminuirá el desempleo y toda la sociedad se beneficiará.

Estos son los valores y principios que le han hecho daño a nuestra sociedad, que están en la Constitución y que han sido, a lo largo de estos años, adoptados por sectores Concertacionistas quienes se suman en la defensa del modelo económico y social actual. Hoy conforman una fuerza transversal que defiende los principios enarbolados en su momento por Jaime Guzmán, elevando el mercado a la categoría de “orden natural y espontáneo”, es decir que existe independientemente de la voluntad de los hombres.

Un “orden natural que posee una moralidad que está por encima de cualquier criterio humano”, por lo cual entonces la distribución de bienes y servicios que realiza, esta más allá de cualquier consideración ética humana, es decir que entonces las calificaciones de justa o injusta solo sirven para caracterizar distribuciones deliberadas.

La pregunta es que hacemos entonces, vamos seguir viviendo con estos principios y valores que día a día destruyen la convivencia social, que son los argumentos de quienes a través de la usura, el lucro y la corrupción comprometen el futuro de millones de jóvenes, explotan a los que trabajan, se apropian de nuestros recursos naturales, del medioambiente, la respuesta es no. Alternativas hay, la mas importante es la acción política constituyente, porque es la única forma a través de la cual los ciudadanos de a pie y los políticos honestos, podamos crear nuevas relaciones políticas, cambiar el actual sistema de democracia representativa atrofiada, cautiva por los dueños de la economía, en el cual la política no tiene otro camino mas que administrar los intereses de los poderosos.

La reflexión que nos corresponde hacer en bien del futuro de los chilenos y chilenas es necesaria y profunda, con la magnitud de lo que salió a flote en PENTA, que no debe ser mas que la punta del Iceberg, quedo de manifiesto que de seguir así las cosas terminarán siendo irreversibles. Las muestras están a la vista en países en los cuales la Justicia, el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, dejan de defender los principios constitucionales y pasan a ser instrumentos de los intereses de los grupos de poder y del dinero, incluida la droga.

En todo caso este tema no es nuevo, la corrupción se ha convertido en una especie de bacilo de la peste que padecemos desde hace tiempo y con el cual hemos hecho la vista gorda. Y así es, porque delitos tan actuales como el cohecho, el tráfico de influencias, el robo de las arcas del Estado, la adjudicación de obras públicas a amigos poderosos o la compra de votos ya aparecieron antes.

Es cierto que aun no llegamos a niveles de corrupción extremos pero el camino de la amargura ya se empieza a ver y desde hace rato, con un sistema electoral que si no se corrige facilita el trafico de dinero e influencias, al cual debemos oponer remediales comprometidos y radicales, con sanciones efectivas. La devolución del dinero o el llanterío publico no sirven, los delitos de corrupción, cohecho o tráfico de influencias, la malversación y apropiación indebida de fondos públicos por parte de un funcionario son actos en contra de la República y deben ser castigados como tales.

Basta ya de hacer la vista gorda en función de la perversa política de los empates instaurada en nuestro país, eso favorece la impunidad, la que ha metido bajo la alfombra los hechos de corrupción cometidos por funcionarios de la Concertación durante el gobierno de Lagos. Y antes de eso, un caso emblemático, el desfalco que cometió el ex presidente Sebastián Piñera, sancionado por la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) el año 2007 por uso de información privilegiada, procesado y declarado reo en 1982 por fraude en el caso del Banco de Talca y ojo, una de cuyas empresas fue mencionada en los últimos días por el fiscal Gajardo en referencia a los contratos forwards de Penta.

Las medidas legales son útiles pero sin instrumentos de control serán ineficientes y una perdida de recursos, la ley sin un reglamento y un sistema de avaluación no sirve, aquí no podemos tener un presidente de la República, un diputado, un senador, un Intendente, Alcalde, un Gobernador, un director de empresa publica o un funcionario publico independiente de su nivel, con un pasado de corrupción. La impunidad hace que el sistema democrático pierda confianza en el ciudadano y que este deje de creer en sus instituciones.

De una buena vez es necesario terminar con que imputados con pruebas que resultan más que evidentes, jamás lleguen a ser condenados, una practica que debe ser revertida, como ha sucedido con cientos de violadores de derechos humanos y culpables crímenes de lesa humanidad.

Que no pase como en otros países en los cuales la sensación ciudadana es que ser político y corrupto sale a cuenta.

Enrique Villanueva M

 
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