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¡Por una nueva conferencia de Zimmerwald para enfrentar el desastre planetario! Por Miguel Fuentes Muñoz

Nota introductoria al ensayo

Al filo de una catástrofe ecológica inminente. Notas en torno al posible colapso del capitalismo y la necesidad de una revolución social cayendo en el abismo

Se entrega en el siguiente ensayo una caracterización de la naturaleza, dinámica y posibles consecuencias del calentamiento global y el cambio climático durante las próximas décadas, evaluándose además el papel que podría tener aquel en el proceso histórico. Para esto último discutimos, entre otras cosas, una serie de analogías históricas y posibles escenarios basándonos en los modelos climáticos existentes sobre los ritmos que podría tomar el calentamiento global en el futuro.

Se propone que el actual cambio climático constituiría un factor catastrófico de “orden terminal” en la dinámica histórica, entendiéndose por esto un tipo de factor histórico que, tanto por sus probables consecuencias sobre el medio ambiente y la vida humana, así como también por su papel como catalizador (acelerador) de las contradicciones económicas, sociales y políticas del presente, tendría el potencial de gatillar una “crisis terminal” (o colapso) del sistema capitalista y la civilización moderna. Asimismo, teniendo en cuenta la naturaleza del proceso ambiental y geológico implicado en el calentamiento global, por ejemplo los peligros asociados al deshielo del Ártico y a las actuales liberaciones super-masivas de metano desde Siberia, aquel podría actuar como elemento detonante de un fenómeno (fulminante) de extinción de la vida terrestre, esto siguiendo los planteamientos de un importante grupo de científicos en torno a este tema. Considerando lo anterior, proponemos así el desarrollo de tres grandes escenarios históricos (posiblemente concatenados entre sí) como consecuencia probable del avance de la crisis ecológica: crisis estructural, colapso civilizatorio y extinción masiva.

Discutimos desde aquí la necesidad de declarar un “estado de emergencia” al nivel de las organizaciones anti-capitalistas alrededor del mundo con respecto a esta amenaza, superior a todas a las cuales el hombre se haya enfrentado jamás, esto con el objetivo de comenzar un proceso inmediato de reflexión, discusión y acción conjunta respecto a la misma. Planteamos así la urgencia que tendría la convocatoria de una “Segunda Conferencia de Zimmerwald”, asumiendo con esto el desafío entre las organizaciones anti-capitalistas de adecuar el programa de la dictadura del proletariado y el horizonte comunista a los nuevos e inéditos peligros a los que la humanidad parece aproximarse. Esto tal y como hizo el puñado de revolucionarios que, de cara al desarrollo de la Primera Guerra Mundial, participaron de la convocatoria a la primera conferencia de Zimmerwald hace exactamente un siglo.

Entendemos, sin embargo, que producto de la derrota de la revolución proletaria durante el siglo XX y el tiempo de sobrevida que esta derrota brindó al capitalismo, permitiéndole a aquel exacerbar las contradicciones económicas, sociales, políticas y ecológicas planetarias a niveles nunca vistos, el desarrollo de un desastre ecológico y social planetario sería prácticamente imposible de evitar. Esto tal como sucedió, aunque a una escala menor si consideramos las posibles repercusiones actuales del cambio climático, con el estallido de la Primera Guerra

Mundial y la incapacidad que tuvieron las fuerzas revolucionarias para impedirla. De este modo, tal como en 1914, las fuerzas reaccionarias que nos conducen a un desastre de magnitudes tan inimaginables como las que tuvo para la humanidad el inicio de la gran guerra, parecen contar hoy con una fuerza tan avasallante que nada parece ser capaz de detenerlas.

Aun así, teniendo en cuenta esta situación adversa, caracterizada por la ausencia de procesos revolucionarios clásicos, planteamos que los fenómenos de desestabilización y crisis estructural que podría traer consigo el desastre ecológico, exacerbando al límite las contradicciones económicas, políticas y sociales del mundo entero, permitirán el desarrollo de un nuevo ascenso revolucionario de masas a nivel internacional. Esto por lo menos durante el periodo inicial de la crisis ecológica, momento durante el cual sería posible, tal como en décadas pasadas, el impulso de una política revolucionaria anti-capitalista que se haga carne en cientos de millones alrededor del mundo. Y si consideramos aquí los devastadores efectos que tendría el cambio climático en los próximos años, tal como predicen una serie de investigaciones científicas, todo parece indicar que será justamente del avance de una política como la anterior (anti-capitalista) de la cual podría depender el propio destino de la humanidad. Esto ya que es evidente que no existe ninguna chance de combatir las causas que se encuentran en la base de la crisis ecológica en curso en tanto la sociedad capitalista no sea extirpada de raíz. Lo anterior mediante una revolución mundial que permita arrebatar a los capitalistas las riquezas materiales e intelectuales que tienen secuestradas para ponerlas al servicio de la humanidad completa, así como también la abolición de las caducas jerarquías de clase, sentando con ello las bases de una sociedad comunista fundada en la planificación racional de la economía, los recursos y el desarrollo tecno-científico. En otras palabras, el único modelo de sociedad capaz de brindarnos una alternativa de sobrevivencia (y civilización) ante la hecatombe planetaria a la cual estaríamos dirigiéndonos.

No podemos olvidar aquí, precisamente, que ha sido el capitalismo y su estructura económica y social arcaica (“faraónica”) lo que ha engendrado la crisis ecológica global en curso. Ejemplo de esto último es la actual distribución mundial de riquezas en la cual el 1% de la humanidad posee aproximadamente la misma cantidad que el 99% restante, generando lo anterior un patrón de sobre-consumo irracional en donde el 20% de los habitantes del planeta se apropian de más del 80% de los recursos existentes. Todo esto mientras más de mil millones de personas viven hoy en el hambre absoluta, existiendo a la vez alimentos suficientes para una población de más de 12 mil millones de personas; es decir, un número de habitantes muy superior a los 7 mil millones que componen la población mundial actual. Otro ejemplo de lo mismo ha sido la decisión (suicida) de las corporaciones capitalistas de impedir la necesaria transición tecnológica desde un patrón productivo basado en los combustibles fósiles a uno que tenga como eje la utilización de energías limpias, esto debido a la resistencia de los grandes grupos económicos ligados a la industria petrolífera y a las diversas ramas productivas asociadas a aquella. Queda claro así, a la luz de estos datos, que esperar que el capitalismo brinde una respuesta al verdadero test de sobrevivencia que significará probablemente el derrumbe ecológico-social que está a punto de producirse, sería como pretender que un cerdo resolviera una ecuación matemática altamente compleja, quizás la más compleja a la cual se ha enfrentado el Homo sapiens jamás. ¡No! Ninguna respuesta puede esperarse del capital, sus gobiernos, sus instituciones o sus partidos políticos. El capital, devenido en una bacteria asesina, no representa hoy más que una amenaza evolutiva (existencial) para nuestra especie. ¡Por la evolución, entonces, debemos aniquilarlo! Y es que... ¿puede acaso concebirse hoy otro punto de inicio para una política ecológica?

Ahora bien, tomando en consideración la situación política internacional y las actuales condiciones ecológicas planetarias, las que presentarían ya un nivel de deterioro que habría alcanzado un “punto de no retorno”, creemos que cualquier ascenso revolucionario futuro deberá ser pensado, tal como mencionamos anteriormente, asumiendo un escenario de desastre inminente. Esto último, otra vez, tal como ocurrió en el caso del horizonte histórico al que debieron enfrentarse los marxistas revolucionarios durante las primeras décadas del siglo XX, caracterizadas por el desarrollo de una gran cantidad de fenómenos reaccionarios de magnitudes jamás vistas hasta ese entonces. Ejemplos de dichos fenómenos fueron, entre otros, el estallido de las Guerras Mundiales y el ascenso del Fascismo, alcanzando ambos en cierto momento del proceso histórico una dinámica imparable.

Proponemos aquí el concepto de “Revoluciones en el abismo” como una forma gráfica para referirnos al perfil que podrían alcanzar los procesos revolucionarios en el futuro, buscando a la vez con ello reconocer los elementos comunes que existirían entre aquellos y los de comienzos del siglo pasado. Uno de estos rasgos comunes podría encontrarse, según pensamos, en el desarrollo en uno y otro momento histórico de una crisis generalizada (estructural) del sistema capitalista y un salto en el nivel de la descomposición de este último. Paralelamente, enfatizamos con el concepto de revoluciones en el abismo el hecho de encontrarnos ante una situación histórica con perspectivas radicalmente diferentes a las que enfrentaron los revolucionarios en el pasado, esto incluso en los escenarios más adversos. Nos referimos aquí, principalmente, al desarrollo de un potencial colapso del capitalismo y la civilización moderna, aquello como producto de los efectos del cambio climático y el factor catalizador que pueda jugar aquel en las futuras crisis económicas, sociales y políticas mundiales. Destacamos por lo tanto el posible desarrollo de revoluciones que podrían verse inmersas, de iniciarse un fenómeno de colapso, en una situación de disolución progresiva de las bases objetivas de la revolución obrera y de la misma lucha de clases moderna, aquello tal como las concibieron Marx y Engels en los orígenes del Socialismo científico. En términos de la perspectiva de la revolución proletaria, esto quiere decir que si el nacimiento del imperialismo implicó la madurez de las condiciones objetivas para la revolución socialista mundial, una perspectiva de colapso civilizatorio contendría en sí una potencial “involución histórica” capaz de poner en riesgo la permanencia de dicho horizonte.

Discutimos lo anterior a partir de dos “intuiciones teóricas” de la tradición marxista: 1-la existencia de un horizonte alternativo al triunfo de la Revolución obrera y el Comunismo: es decir, la barbarie, posibilidad histórica contenida en la célebre frase de Rosa Luxemburgo “Socialismo o Barbarie”; 2-las ideas de Marx y Engels en torno al desarrollo de una potencial crisis terminal de la sociedad capitalista, esto como producto de la enajenación de aquella respecto al medio natural (vía enajenación del trabajo). Desde este punto de vista, pensamos asimismo que otra de las intuiciones teóricas de Marx al plantear que “ningún sistema social deja la escena histórica sin antes dar todo de sí”, alcanzaría hoy su pleno contenido histórico: es decir, la madurez de las condiciones objetivas para la autodestrucción de la sociedad capitalista. En términos epocales, esto plantearía el inicio de una “última carrera de velocidades” entre el horizonte revolucionario moderno (cuyas bases objetivas podrían comenzar a erosionarse) y su antinomia histórica: el colapso civilizatorio, cuyo avance podría ser acelerado por los efectos de la crisis ecológica mundial en curso, implicando con ello un riesgo para la propia sobrevivencia humana como especie.

Todo esto indicaría la posibilidad teórica del estallido de procesos revolucionarios con un carácter “bi-epocal”; es decir, que si bien tengan su origen en el marco moderno, puedan ser capaces de atravesar los límites de este último, aquello en la medida en que el propio mundo

moderno que permitió su desarrollo inicial comience a desmoronarse. De esta forma, la dinámica de estas revoluciones bi-epocales podría representarse como una flecha impulsada por una fuerza de aceleración originada en un “momento pasado” (mundo moderno) y que es capaz gracias a la inercia, por lo menos durante un cierto periodo, de continuar su trayectoria hacia su objetivo final: la sociedad comunista. Esto sin embargo hasta el momento en que aquella fuerza de inercia se agote, o bien hasta que la flecha en cuestión pueda encontrar, en condiciones favorables, una nueva “plataforma de lanzamiento” desde donde ser reimpulsada, aunque ahora en un contexto epocal radicalmente diferente al anterior. Siguiendo esta metáfora, la fuerza mecánica originada por un cierto instrumento de disparo representaría las condiciones objetivas (modernas) del desarrollo de estos procesos revolucionarios, constituyendo la fuerza de inercia el papel del factor subjetivo en un escenario histórico en “fase de derrumbe”: es decir, que presenta bases objetivas en “estado de disolución”. Finalmente, los “puntos de apoyo” que pueda alcanzar la revolución proletaria en un escenario de colapso civilizatorio (o bien, en términos de nuestra metáfora, las plataformas de relanzamiento desde las cuales seria posible reimpulsar nuestro “proyectil revolucionario”); requerirían ser alcanzados (construidos) con anterioridad al momento de colapso en sí; en otras palabras, durante el periodo de crisis estructural previa. Esto al modo de las trincheras construidas en un campo de batalla, antes de la batalla misma.

Como se desprende de lo anterior, todo esto supone el desafío de comenzar a reflexionar en torno a las vías por las cuales impulsar la lucha por una sociedad comunista no sólo ante un escenario de crisis estructural (similar a las que el capitalismo ha experimentado en el pasado), sino que además, de ser necesario, en medio de una crisis civilizatoria que amenace con tirar abajo los propios fundamentos del mundo moderno. En otras palabras, revoluciones sociales al calor de una potencial dislocación fundamental del modo de producción capitalista, el estado nación, el imperialismo, la vida urbana, el desarrollo científico-tecnológico y la propia lucha de clases moderna. Y aunque es cierto que lo anterior constituye un escenario hipotético, su validez radica en la propia objetividad de las variables consideradas en el mismo: es decir, las consecuencias históricamente explosivas del cambio climático, el nivel inédito que ha alcanzado hoy la descomposición capitalista y la naturaleza catastrófica-terminal de los peligros que se derivan de la combinación de las variables anteriores. Peligros mortales, definitivos, que comienzan ya a cernirse sobre el horizonte histórico y que, tal como veremos a lo largo de este ensayo, podrían tomar no sólo la forma de algunas de las principales amenazas a las cuales se ha enfrentado la humanidad en su historia, sino que además la de aquellas que hicieron sucumbir en el pasado geológico a la mayor parte de las especies naturales. Esto último, tal y como comienza a reconocer una cantidad cada vez más nutrida de científicos alrededor del mundo, producto de las fenomenales fuerzas que el capitalismo ha desatado en su desenfreno maniático.

Creemos así, por lo tanto, que con el objetivo de prepararnos ante el posible apocalipsis ecológico-civilizatorio al cual podríamos estar aproximándonos, apocalipsis que como hemos dicho podría implicar la necesidad de llevar la lucha por un horizonte comunista hasta un escenario (ahora sí) “post-moderno”, nos veremos obligados a echar mano de todos los “recursos programáticos” de la tradición revolucionaria y de la lucha de clases en su historia. Y es que ¿cómo podríamos hacer frente a un escenario de barbarie absoluta, por ejemplo de aumentar en 2 o 3 grados la temperatura global, sin el espíritu de redención que caracterizó a las primeras corrientes comunistas: por ejemplo aquellas representadas por Dulcino, Müntzer, Roux o Babeuf? ¿Cómo podríamos resistir el golpe de un verdadero armagedón planetario en el caso de que la temperatura llegue a los 4 grados centígrados de aumento durante las próximas décadas, sin la voluntad de lucha que inspiró a algunos líderes revolucionarios del pasado tales

como Cromwell, Robespierre, Saint Just, Marat? ¿Cómo podríamos soportar la caída de “todo lo existente”, de cumplirse las peores predicciones en torno al calentamiento global, sin tener en cuenta el coraje de todos aquellos líderes indígenas que debieron enfrentar el derrumbe de sus respectivos mundos, por ejemplo los caudillos Lautaro, Túpac Amaru II y María Angata? Finalmente, ¿cómo seriamos capaces de sobrevivir un dantesco escenario de aumento de la temperatura global en 5, 6 o más grados centígrados durante el siglo XXI, sin tomar en consideración las ideas de los socialistas utópicos del siglo XIX y sus modelos alternativos de sociedad?

Con todo, no queremos decir con lo anterior que el Socialismo científico no deba continuar jugando un papel fundamental como “guía para la acción revolucionaria”. Más bien, a lo que apuntamos es a que sería necesario un reacondicionamiento del mismo de cara a los posibles escenarios históricos (inéditos) a los cuales la revolución deba enfrentarse en el futuro, aquello tal como hizo la generación de marxistas de la primera mitad del siglo XX al consumarse la transformación del capitalismo de libre competencia en capitalismo imperialista. Esto último considerando los posibles escenarios futuros de la lucha de clases moderna (...y más allá de esta última si es necesario), así como también dando cabida a un mayor diálogo entre la tradición marxista clásica y sus precedentes teóricos: Socialismo utópico, tradición comunista francesa, corrientes mesiánicas igualitarias, etc. Llevado a un ámbito programático, esto significaría repensar los problemas fundamentales de la lucha de clases tales como la toma del poder, la insurrección, la dictadura del proletariado, el periodo de transición, el partido obrero, la internacional revolucionaria, el programa, la lucha política, etc., desde una evaluación detallada de los potenciales cursos que pueda (o no) tomar el proceso histórico, considerando para ello el papel históricamente disruptivo (terminal) de la crisis ecológica. Todo esto discutiendo la articulación de dichos problemas tanto con el avance de un posible escenario (tradicional) de crisis estructural capitalista, así como también la probable “hibridación” de este último con el desarrollo de escenarios históricos potencialmente inéditos que, aunque todavía hipotéticos, podrían constituir una realidad muy contundente durante este siglo. Aquello sobre todo si tenemos en cuenta las recientes informaciones provenientes del ámbito científico en torno a las desastrosas consecuencias que traerá el calentamiento global en los próximos años, así como también si consideramos el verdadero callejón sin salida económico, social, político y ecológico al que parece habernos llevado la podredumbre capitalista en su fase de decadencia absoluta.

No podemos olvidar aquí que el Capitalismo ya ha demostrado, en contadas ocasiones durante el siglo pasado, su vocación destructiva. Guerras mundiales, bombardeos atómicos, carrera nuclear, centenares de guerras regionales y locales, innumerables golpes de estado, hambrunas continentales, miseria abismal, explotación sin límites, destrucción medio-ambiental a escala planetaria. Década tras década, ha sido el mismo capitalismo el cual ha venido cavando no sólo su propia tumba, sino que la de cada habitante y especie natural de este planeta. Ha sido el mismo capitalismo, en definitiva, el que ha venido preparando, paciente y cotidianamente, un descalabro de proporciones bíblicas. Y no podemos olvidar tampoco que, al no haber sido frenado a tiempo por los procesos revolucionarios del pasado, el desenfreno capitalista se ha desarrollado a un ritmo tan enloquecido e insospechado que sólo un idiota o un ciego tendrían problemas para entender que hoy, efectivamente, “lo peor es posible”. No puede sorprendernos, por lo tanto, el hecho de que nos veamos ahora ante la escabrosa tarea de tener que pensar la revolución en un posible escenario que, tal como ha comenzado a sugerir un importante grupo de estudiosos en diversos países, nos colocaría cara a cara ante una realidad que pareciera más bien sacada de una novela o película futurista.

Pero este es un efecto común... ¿Quién habría pensado en 1930 que la capital intelectual del mundo, Alemania, seria dominada por un nuevo tipo de inquisición semi-secular? ¿Quién habría pensado al estallar la II Guerra Mundial en Auschwitz o en la solución final, o bien en el apocalipsis nuclear de Hiroshima y Nagasaki? ¡Nadie! Y es que el capitalismo ha tenido siempre una virtud: su ingenio insuperable para el horror. Hoy, el capitalismo lo ha hecho otra vez... Justo cuando comenzábamos a pensar, ingenuamente, en la posibilidad de una nueva oportunidad revolucionaria tal como las anteriores, el capitalismo ha utilizado su “último as”: su auto-destrucción inminente y con ello la posible aniquilación del género humano. Con esto, el “hábil” capitalismo nos ha puesto nuevamente ante una situación desesperada.

Miguel Fuentes Muñoz. Licenciado en Historia (Universidad de Chile) Licenciado en Arqueología (Universidad de Chile) Maestría en Arqueología / Programa de Doctorado (University College London)

Marzo 31, Santiago

Nota

La versión final del ensayo estará disponible en las próximas semanas en la página de Rebelión.

Las secciones I y II pueden revisarse por ahora en el siguiente link:

https://www.scribd.com/doc/258765581/Al-filo-de-una-catastrofe-ecologica-inminente- Notas-en-torno-al-posible-colapso-del-capitalismo-y-la-necesidad-de-una-revolucion-social- cayendo-en-el

 
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