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En este numero:

- Quintero y Puchuncavi: la oportunidad escondida en la crisis ambiental. Por Rodrigo Jiliberto
- Ciudadanía respalda proyecto que busca nacionalizar el agua y se desmarca de propuestas más conservadoras
- Artículo de Camila Vallejo ROMPIENDO LOS MITOS DEL NEOLIBERALISMO en español, francés, alemán e italiano

- Sumario completo



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Primer Coloquio Franco-latinoamericano ¿Renacimiento de las humanidades o cenotafio del humanismo?

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Argumento del coloquio:

¿Por qué nuevamente sostener una discusión por el lugar de la

humanidad en un siglo que aventura sistemáticamente formu- laciones dirigidas a su respeto y defensa? ¿Por qué nuevamente situarla

como un topos de interrogación? Junto a la preocupación de los gobier- nos democráticos por dar cumplimiento a las garantías que supone la

existencia de la humanidad, el tiempo presente nos instruye igualmente

respecto de la marcada presencia de diversas figuras de (des) humaniza- ción. La educación misma parece verse afectada por la desaparición de

las “humanidades” en la formación de las nuevas generaciones de ciuda- danos. De un cierto modo, la cuestión de la Humanidad sería entonces

un asunto inactual, es decir intempestivo. Cabría notar en este sentido, que ser intempestivo desde Nietzsche y Françoise Proust, no consiste en

pensar y actuar en contra del tiempo presente, sino a la inversa, a contra- pelo, sellando otra forma de pensar. Lo anterior signa de algún modo la

(in)actualidad del presente. Es lo que Walter Benjamín traduciría como el porvenir, que es a la vez lo que el pasado llama y lo que llama al pasado. Lo intempestivo no es ni una tarea, ni una obligación, sino una propiedad a tomar en cuenta para pensar el tiempo presente, sus imaginarios, sus

relatos de mundo, sus acciones de fabricación diversa. La idea de humani- dad continúa transitando por dominios que destierran su ideal más esen- cial -como es aquel de dar cabida a la idea de hombre-, aun si este fuese

el de un horizonte jamás cumplido. Este horizonte inacabado cuestiona al mismo tiempo la figuración en el presente de un proyecto civilizatorio,

aun si él es anunciado sistemáticamente por medio del progreso científi- co-técnico. Este cuestionamiento se extiende indudablemente a los diver- sos modos neoliberales de concebir una idea de democracia, y al lazo que

esta podría expresar con la existencia de un proyecto civilizatorio. Pero un cuestionamiento sobre la humanidad no podría olvidar la situación

histórica de la mujer, su “exilio” de los problemas de la ciudad, su mane- ra de afrontar la constitución del espacio público. Esta (in) actualidad del

presente que transita por estas fulguraciones, haciéndose presente en la declinación de las referencias simbólicas brindadas para pensar el habitar político y colectivo del hombre, nos conmina a situar nuevamente una interrogación por los sentidos de la humanidad. ¿Existe ella aun? ¿Cuáles son sus condiciones de existencia? Podría decirse que la humanidad no existe “allí donde ella existe”, porque antes de la experiencia de la historia y de los sistemas económicos, la idea de la justicia y del derecho que ella persigue como un ideal preconcebido, de una forma de civilización, no se produce por medio de la simple transformación mecánica de los modos de producción, sino bajo la influencia oscura o claramente sentida de ese ideal. Ideal perdido de paz y de felicidad, de igualdad y de fraternidad, que es reminiscencia del mito de la edad de oro, de Platón, de Tomás Moro y de Campanella, y de todas las religiones.

 
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