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En este numero:

- El fondo de la cacerola. Malestar y cambio en la sociedad. Por Ángel Saldomando
- Tres desafíos de un “acontecimiento” cultural. Por Pedro Celedón
- Sobre Estados, farándulas y racismo. LA PAJA EN EL OJO AJENO… Por Victoria Aldunate Morales

- Sumario completo



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Re-construcción participativa; un camino hacia la reconstrucción del tejido social. Por Carlos Fernández Jopia

“José Arcadio Buendía, que era el hombre más emprendedor que se vería jamás en la aldea, había dispuesto de tal modo la posición de las casas, que desde todas podía llegarse al río y abastecerse de agua con igual esfuerzo, y trazó las calles con tan buen sentido que ninguna casa recibía más sol que otra a la hora del calor. En pocos años, Macondo fue una aldea más ordenada y laboriosa que cualquiera de las conocidas hasta entonces por sus trescientos habitantes. Era en verdad una aldea feliz” (Cien años de Soledad)

I. Introducción

Chile tiene a su haber una cantidad no despreciable de desastres naturales en su historia, por lo que tratar estos acontecimientos como “eventos extraordinario” habla de que el Estado, como estamento político, no contiene un plan de prevención serio o una política pública permanente sobre la materia en cuestión. Más bien, al considerarlo como “eventos extraordinario” los trata una vez ocurrida la emergencia generando reconstrucciones recurrentes. Claro está que la historiografía ha demostrado lo contrario, estos “eventos extraordinario” han dejado de ser tan “extraordinario”, por ende, se hace necesario institucionalizar un plan conocido por todas las organizaciones públicas y todos los estamentos sociales, que en el fondo son los mandatados a realizar la reconstrucción.

El ultimo desastre natural que vivió la Región, como los anteriores que ha vivido nuestro país, han dejado en evidencia un problema estructura del Estado tanto en su eficiencia como su eficacia para desarrollar a tiempo políticas institucionales y herramientas publicas que den respuestas a la problemática.

La falta de un plan de Estado para enfrentar las catástrofes naturales deja en evidencia que la prioridad en la política publica es lo coyuntural versus la planificación. “cabe destacar que entre el año 2000 y el 2009 se produjo un promedio de un desastre natural casa dos años, con un costo económico acumulado superior a los US$1.000.- millones”[1]

Contemplar como acción y reacción los fenómenos naturales dejando de lado la prevención, es una mirada cortoplacista de la política pública, pues cuando estos eventos ocurren la experiencia indica que son resultados devastadores para las ciudades y en especial para los sectores mas vulnerados socialmente.

¿Cómo reconstruir entonces? Ensayar una respuesta a esta pregunta contempla pensar primero en un plan serio que disponga una política de Estado en el desarrollo de la prevención. Luego, y teniendo como respaldo un plan que pueda aminorar posibles catástrofes, se debe desarrollar la interrogante sobre qué ciudad se necesita construir y sobre todo, quienes la reconstruirán.

II. Marco Teórico

Reconstruir una Ciudad tiene por si una semántica derivativa, pues si hablamos de Re-construir, significa que alguien ya antes Construyó. Salta entonces una pregunta ¿Quiénes construyeron nuestras ciudades en la Región? Claramente quienes hayan sido lo hicieron pensando en el breve plazo y no tuvieron en el horizonte la construcción de un espacio que fuera sustentable en el tiempo.

Pensar la reconstrucción desde un simple espacio arquitectónico del territorio obedece a pensar solo una ciudad fría, carente de un tejido social. Hacerlo sin una mirada de participación deja una Ciudad sin sentido de pertenencia, y por ende, fomenta el desarrollo de vicios sociales como la delincuencia, inseguridad pública, fragmentación social, etc.

Para no caer en definiciones de reconstrucción arquitectónica de las ciudades diremos que reconstruir una Ciudad involucra la sumatoria de todos sus actores. Es decir, el involucramiento de la sociedad en su conjunto en la reconstrucción de la elaboración de los cimientos de la nueva alternativa a desarrollar. “La reconstrucción, así como la vulnerabilidad, debe transformarse en una oportunidad. Es decir, que reconstruir no sea un concepto pasivo, que conlleva a volver a lo mismo, sino que sea un concepto activo, que abre la posibilidad de cambiar la situación actual de precariedad social y económica de los sectores más vulnerables. Y esto no puede ocurrir sin la participación del conjunto de la sociedad, que involucre no solo a los afectados, sino que al conjunto de los actores y gestores socioculturales y económicos de la localidad”[2].

Hay que dejar precedente de que la calidad de vida de los seres humanos esta direccionada al cumplimiento de sus necesidades, es decir; accesos a salud y educación, electricidad y agua potable, espacios de esparcimiento, vivienda, entre otros. Por lo que los órganos vivos que componen el territorio son los entes primordiales en el desarrollo de la reconstrucción y no al revés.

Si la obviedad supera lo razonable hay que preguntase el porqué de la nula participación de la ciudadanía en las distintas materias. Una respuesta ensayada puede arrojar de que la participación es un camino largo a recorrer que ningún gobierno se ha atrevido a caminarlo, pero que sin duda cobra mucho sentido cuando se está en juego la reconstrucción desde lo social hacia el cambio conductual de las personas.

Volviendo al punto, la reconstrucción arquitectónica sin la reserva moral de una reconstrucción social es solo un saludo, un buen deseo, una declaración de buenas intenciones. La sociedad debe de entender y conocer el ¿Qué paso?, el ¿Por qué paso? Y el ¿Cómo superarlo? Generando una reflexión social desde el desastre, que nos sirva de hoja de ruta para enfrentar el devenir histórico.

Superar la reconstrucción con participación ciudadana involucra un cambio de paradigma importantísimo, se trata de reconstruir también el tejido social. No es menos cierto que con la catástrofe también afloró un sentimiento de hermandad, asociatividad y trabajo colectivo de barrios poco antes visto en el paradigma tradicional. Brotaron las ollas comunes, los trabajos voluntarios, las ayudas solidarias, etc. La pregunta es entonces ¿Por qué no aprovechar ese potencial solidario en la reconstrucción del nuevo tejido social y de la nueva ciudad que queremos? Otra respuesta ensayada nos dirá que la plantificación es a muy largo plazo y las necesidades son coyunturales.

¿Cuál es entonces el punto de equilibrio entre lo coyuntural y la planificación? A juicio de las Ciencias Sociales, y por ende desde El Ser, debe de primar la voluntad política de avanzar hacia una nueva sociedad participativa versus los tiempos electorales que visualizan todo lo circunstancial como urgente.

III. Construcción desde la vulneración social.

La estrecha relación que mantiene el estado de vulnerabilidad de las personas, con la probabilidad cierta que sean ellas las que enfrenten de la peor forma posible un desastre de cualquier tipo, hace un raciocinio sobre el concepto de sociedad que se está construyendo bajo los conceptos políticos, económicos y sociales.

Los asentamientos humanos, por falta de una planificación seria, en especial los asentamientos vulnerados socialmente, son los más perjudicados cuando ocurre algún tipo de catástrofe. En un informe mundial elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo se establece un claro nexo entre los procesos de desarrollo y las consecuencias de los desastres naturales. “Las cifras de este informe nos muestran que si bien sólo el 11% de las personas expuestas a amenazas naturales vive en países con un bajo índice de desarrollo humano, éstos concentran más del 53% en el total de las muertes registradas”[3].

La necesidad de una vivienda en parte no menor de la población incrementa los riesgos de daños ante un desastre, pues se gatilla el afloramiento de viviendas en terrenos inadecuados, como también se deja ver la autoconstrucción como mecanismo para habilitar las viviendas en distintos terrenos, contribuyendo al aumento del riesgo ante un evento catastrofico.

Resolver el tema de la vivienda social ayuda a amortizar los riesgos de desastres naturales, por ende, establecemos una ecuación directa entre Vulnerabilidad social de la Vivienda y desastres naturales. “La vivienda y la salud no pueden tratarse como si fueran entidades independientes; requiere de puntos de vista multidisciplinares que tengan en cuenta no sólo el daño físico esperado enfermedad, sino también los factores sociales, organizacionales e institucionales, relacionados con el desarrollo de las comunidades”[4]

Para el efecto de solución de problemas habitacionales, como para el caso de las viviendas a reconstruir, logren un desarrollo social-cultural integrador, debe de fomentarse el desarrollo comunitario en todos sus niveles, tales como; la capacidad de autogestión, participación comunitaria vinculante, discusión, por nombrar algunos. Se hace impensable desarrollar una reconstrucción estructural de fondo sin esos cimientos que fomenten la reconstrucción del tejido social. “la dimensión socio-cultural persigue que la reconstrucción postdesastre de la vivienda y el hábitat logre una real activación del protagonismo de los individuos, la familia y la comunidad local en las acciones que se emprendan en el contexto local para la recuperación, tanto en la toma de decisiones que involucran al ámbito socio-comunitario, como en la capacidad de autogestión de la población, a la vez que se armonice con identidad social y cultural, regional y nacional”[5]

Variables que se identifican en la dimensión de la reconstrucción desde el tejido social

· Sentido de pertenencia de la nueva vivienda postdesastre al perfil sociológico local

· Protagonismo participativo de la población local en la recuperación del hábitat

· Respeto por la cultura local en la reconstrucción del medio construido

· Enfoque de género y atención a grupos en desventaja social de las acciones

· Respeto por las aristas socioculturales de la relocalización postdesastre de asentamiento

IV.- Variables a considerar para la elaboración de un mapa de riesgo Regional y una reconstrucción sustentable.

Para la elaboración de un instrumento que permita diseñar un mapa de riesgo en la región, y pensar en una reconstrucción efectiva [tomando en cuenta la hipótesis planteada anteriormente que a mayor vulnerabilidad, mayor es la posibilidad de que enfrenten de peor manera un desastre] se deben de cruzar ciertas variables. Una definición enciclopédica de la vulnerabilidad desde el desastre, podría definirse como la capacidad disminuida de una persona o un grupo de personas para anticiparse, hacer frente y resistir a los efectos de un peligro natural o causado por la actividad humana, y para recuperarse de los mismos. Es un concepto relativo y dinámico, la vulnerabilidad casi siempre se asocia con la pobreza, pero también son vulnerables las personas que viven en aislamiento, inseguridad e indefensión ante riesgos, traumas o presiones. “La exposición de las personas a riesgos varía en función de su grupo social, sexo, origen étnico u otra identidad, edad y otros factores. Por otra parte, la vulnerabilidad puede adoptar diferentes formas: la pobreza, p. ej., puede resultar en que las viviendas no puedan resistir a un terremoto, y la falta de preparación puede dar lugar a una respuesta más lenta al desastre, y con ello a más muertes o a un sufrimiento más prolongado[6]”

Variables de la vulnerabilidad

Como mencionamos anteriormente, la vulnerabilidad la consideramos como la incapacidad de una comunidad para absorber los efectos de un determinado cambio en el ambiente. Para la elaboración de un mapa de riesgo identificamos las siguientes. · Vulnerabilidad por Exposición: Identifica si una comuna se encuentra más o menos expuesta al fenómeno natural (o social) que puede desencadenar en desastre.

· Vulnerabilidad por Ingreso: determina que tan fuerte es una comunidad. Esta variable se mide según el numero de salarios mínimos per capital que recibe la comunidad de forma mensual

· Vulnerabilidad por construcción: Esta variable busca determinar la calidad de edificación de la comunidad

· Vulnerabilidad por densidad poblacional: una comunidad es más vulnerable a la acción de un fenómeno natural si la densidad poblacional de la misma es mayor

· Variable de infraestructura: se entiende por infraestructura general de una comunidad el conjunto de instalaciones y servicios necesarios para el normal funcionamiento socio-económico y cultural de la misma.

· Variable del tejido social: permite identificar cual es el grado de involucramiento que tienen los individuos que conforman el territorio. A mayor grado de involucramiento social, mayor debiese ser la solución de problemas colectivos.

V.- Reconstrucción desde la nostalgia

Reconstruir por sobre edificar desenvuelve una necesidad de aportar al desarrollo de una localidad desde su medula. Es importante dejar registro de todo lo ocurrido no con un fin morboso del desastre, sino más bien con la finalidad de constatar un hecho histórico. “Vemos la nostalgia como un recurso psicológico que nos sirve para conjurar esos momentos en los cuales podemos sentirnos solos o tristes. Es paradójico, pero la nostalgia puede servir para todo lo contrario de lo que pensábamos. Todo sea dicho: depende del tipo de memorias que traigamos, cómo lo hagamos y por cuánto tiempo. La nostalgia es genial para ciertos momentos, especialmente cuando evocamos memorias positivas”[7] Se trata de recuperar todo material y registro histórico de lo ocurrido antes, durante y después del desastre. De ahí cobra importancia actividades que involucren la recolección de datos, entiéndase; estudios sociales, relatos, fotografías, levantamiento de información periodísticas, debates en aulas escolares, entre otros. Con el claro fin de levantar la memoria histórica y comprender desde muchas aristas lo vivido. “La memoria es un derecho en tanto cada grupo, colectivo, sociedad debiera poder develar sus memorias en el espacio público. Es deber del Estado facilitar eso, a través de leyes que promuevan la libertad de expresión, por ejemplo. Es también, como todo derecho, un ejercicio”[8] Reconstruir sobre la esencia del ser humano gatilla el pilar principal en la conformación de un nuevo sujeto social, por ende, en la construcción de un nuevo tejido social. Reconstruir desde la nostalgia contribuye al desarrollo de cimientos sólidos y fundados en historias de vida, en recuerdos palpables. “La memoria como herramienta pedagógica también es fundamental; la consideración de esa dimensión genera ciudadanos y ciudadanas vinculados y entrelazados con su proyecto de vida, con su localidad, comuna, país o con el mundo. Propicia personas que tienen la capacidad de atender el pasado para proyectar presente y futuro, construyendo tejidos sociales que consideran la tolerancia, el respeto a la diversidad y otros tantos valores universales”[9]

VI.- Conclusión

Es más fácil construir y reconstruir en sociedades cohesionadas, que hacerlo en sociedades fragmentadas. Si el discurso sigue siendo construir mirando desde la simpleza del edificar, se cae en un simplismo coyuntural que resiste la idea de hacer una reflexión social. ¿Por qué es más fácil hacerlo en sociedades cohesionadas? Porque claramente la comunidad es participe de su propio cambio, es participe de establecer planes y sueños que son colectivos. Habría que preguntarse entonces, ¿Por qué no hay una medición de cuanto es el capital social que tiene la Región antes del desastre? Una respuesta ensayada nos puede encaminar a un encabezado que diga que, el tejido social está destruido. Ensayada esta respuesta, salta otra pregunta, si NO hay tejido social, ¿que se está haciendo para reconstruirlo? Valga entonces la duda para establecer que las intenciones de reconstruir un nuevo tejido social son más que pocas.

Reconstruir involucra pensar que sociedad se quiere, significa establecer un punto de partida en la planificación territorial verdadera. Luego, y con consideración del tejido social, la edificación constituye el resultado palpable del proceso constructivo. Fomentar el tejido social logra ser beneficiosos para el desarrollo integro de una sociedad, incrementar su reconstrucción significa darle un nuevo significado a las conductas de acuerdo a membretes culturales específicos, que servirán para construir desde abajo, un tejido social importante.

[1] Brescianni Luis Eduardo: De la emergencia a la política de gestión de desastre

[2] Parada Escobar Marcos; En el camino de la construcción y reconstrucción diegopueblohundiana. Una mirada desde lo local y desde lo humano.

[3] La reducción de riesgos de desastres. Un desafío para el desarrollo

[4] Rojas María del Carmen; La vulnerabilidad y el riesgo de la vivienda humana desde la perspectiva holística

[5] Revista de la construcción: Enfoque multidimensional de la reconstrucción postdesastre de la vivienda social y el hábitat en países en vías de desarrollo: estudio de casos en Cuba

[6] Federaciones internacionales de sociedades de la cruz roja: ¿Qué es la vulnerabilidad?

[7] Martin Leocadio: la nostalgia, una herramienta positiva

[8] Cardoch Nicole: La importancia de la memoria Histórica en la educación en Chile

[9] idem

Por: Carlos Fernández Jopia Magister en Ciencias Sociales

 
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