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En este numero:

- Declaración pública de los editores independientes ante suspensión de la 2da Feria del Libro de La Florida
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- Le Petit Prince por Juan G. Ayala

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Réquiem o el Final del Paraíso Artificial Por Daniel Malpartida

Nos prometieron que el ser humano era grandioso por su capacidad para generar dinero, ser exitoso y que el libre mercado y un estado débil eran la ecuación perfecta. Y aseguraron que el individualismo y la competencia eran esenciales para una existencia placentera y la de futuras generaciones. Y que según Francis Fukuyama, (un intelectual de origen japonés transculturizado) habíamos llegado al fin de la historia, que habíamos arribado a la meta suprema, nada más y nada menos que al Paraíso capitalista: léase al paradigma Neo Liberal. Una cruz de dólares flotaba en el espacio transgénico.

Que las empresas con “responsabilidad social” ganarían hasta tal punto que desde su cielo de negocios se produciría un derrame, una suerte de Maná sagrado que se transformaría en dinero para que los condenados de la tierra pudiesen vivir con dignidad en este paraíso que bien nos supieron vender y que bien supimos comprar. En Chile se le llamó chorreo a ese maná -¿Pero dónde, cómo?

Y pasamos de una tiranía a otra. Ahora se trataba de la tiranía del neoliberalismo. Y nos torturaron hasta el agotamiento con sus intereses y usuras impagables y con sus persecuciones insaciables. Y nos dimos cuenta que los créditos personalizados y la estafa eran la misma cosa.

E inventaron la neo esclavitud en las costas del Asia y África. En tanto su maquinaria digital vendían comodidad a cambio –como en el pasado- de nuestra tracción a sangre para que el modelo se sostuviera. Es necesario desencubrir la violencia del neoliberalismo contra el ciudadano.

No tuvimos ni tranquilidad ni fraternidad. Sólo angustia, persecución y rabia acumuladas. Que la naturaleza una vez debía ser conquistada, pero con ferocidad, como conviene a los ejércitos neo liberales que tiene por ejemplo a los conquistadores. No sólo se trataba de despojar, sino de esclavizar. No se trataba de cuidar, sino de exterminar.

Y que la fiesta sería inolvidable, pues la organizaban los dioses de la farándula, la sociedad del espectáculo que, por sobre todo, premiaban a los antihéroes. Y que la ética y los principios eran nociones desaparecidas -ideas y conductas de un pasado romántico- así como la lealtad y la solidaridad. Y que, por supuesto, el fin justificaba los medios. Y quisieron abolir el paso del tiempo que es inherente a nuestra historia. Intentaron por todos los medios de destruir el pasado y situarse en un presente perpetuo, practicando eso sí: la omnipotencia de las ideas a través de los medios de comunicación. Pusieron en práctica los comités de amnesia cotidiana. Más aún, quisieron ser seres históricos. Quisieron apropiarse de nuestros sueños.

Ahora que el tumor oculto ha madurado, su hedor invade todas las franjas sociales; nos enteramos oficialmente –lo que los ciudadanos ya sabíamos- que la libre competencia nunca existió, lo que si funciono fueron el monopolio, el duopolio o, en el mejor de los casos, el oligopolio. Los grupos empresariales en Chile se repartieron el territorio y decidieron cómo producir, cuándo producir, cuánto producir y dónde producir y decidieron a qué precio vender. Firmaron entre ellas acuerdos endogámicos de ventas, en tanto continuaban desapareciendo los pequeños comerciantes.

Y hoy se habla de que las empresas coludidas son verdaderos carteles a la mexicana. Carteles que, al parecer, tendrán que pagar millones de dólares en multa. ¿Y a nosotros los ciudadanos que compramos cotidianamente a precios prohibitivos, de los más caros del mundo, sólo que aquí, en Chile en el Sur del mundo ¿Quién nos va a compensar?

Y continuamos esperando, obedientes como buenos chilenos supimos pedalear y pedalear hasta el agotamiento, hasta que los diques de la represión cedieron y emergió la palabra y las acciones de los ciudadanos que hacen temblar al paraíso neo liberal. Y para continuar con esta opereta de absurdos, un alcalde homenajeaba a un asesino y torturador a la vista de todos. En la misma escena, familiares de las empresas coludidas son funcionarios del gobierno. Obedientes supimos esperar y esperar hasta que la frustración nos despertó de una larga pesadilla que ni Freud imaginó.

“El fundamentalismo de mercado neoliberal siempre ha sido una doctrina política que sirve a determinados intereses. Nunca ha estado respaldado por la teoría económica. Y, como debería haber quedado claro, tampoco está respaldado por la experiencia histórica.

Aprender esta lección tal vez sea un rayo de luz en medio de la nube que ahora se cierne sobre la economía mundial”. Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001. Las promesas nunca llegaron. Nunca se cumplieron. Y ahora arde el paradigma en su propio mercado. Lipovetsky llamó La era del Vacío a esta época. Lasch, los representantes de La Cultura del Narcisismo. Braudilliar, dijo que eran los jinetes de violencia incandescente de la indiferencia Para ellos, los metarelatos habían muerto. Debord los clasifica como los seres de la Sociedad del Espectáculo Sloterdik escribe Critica de La Razón Cínica, otra de las características de esta pequeña era.

Un acoplamiento ideológico, social y cultural se produjo entre el Post Modernismo y el Neo Liberalismo y no es casualidad que los dos paradigmas juntos estén llegando a su final. Como dijo Stabile (1995), “Para el postmodernismo no pueden existir luchas integrales anti sistémicas porque no existe ningún sistema, por eso todas las luchas son fragmentadas”. Nada mejor pudo ocurrirle al neo liberalismo: porque según los post modernos: no hay estructura dominante.

El neoliberalismo y el postmodernismo al tiempo que se derrumban, se defienden y se resisten a su inexorable final. La resistencia al cambio de paradigma se observa aquí y ahora en las cientos de catástrofes económicas, sociales y culturales que estamos no sólo observando sino viviendo y sufriendo. La caída deja al descubierto una estela psicopatológica nunca registrada en la historia del hombre.

Pero los jóvenes que hoy nos representan y luchan contra el sistema neoliberal arrojándose contra la boca del Dragón, no aceptan el momento aciago que les toca vivir. ¿Acaso nosotros los hombres de 60 años, lo aceptamos?. Los estudiantes y la ciudadanía organizada avanzando sin partidos son las únicas fuerzas responsables que pueden enfrentarlo.

Todo anuncia a nuestro alrededor que los cambios del mundo llegarán después del sacrificio, la muerte y la violencia. El cambio de mentalidad ya circula por las ciudades del mundo. Y cuando la mentalidad cambia –tal y como lo demuestra la historia- el proceso no se puede detener.

Los filósofos del neoliberalismo y todos sus think tanks han trabajado en la gestación del monstruo que ahora niegan y rechazan por el horror que les inspiran las expresiones de inhumanidad que han producido ayudados por el momento histórico donde, como nunca antes, la tecnología al servicio de las comunicaciones terminó convirtiéndose en el caballo del Apocalipsis más eficaz del paraíso artificial.

Dejemos hablar a Derrida “Jamás la violencia, la inequidad, la exclusión, el hambre y, por tanto, la opresión económica, afectaron a tantos seres humanos en la historia de la tierra y de la humanidad… ningún grado de progreso nos permite ignorar que nunca antes, en cifras absolutas, tantos hombres, mujeres y niños han sido sometidos, muertos de hambre o exterminados en la tierra.”

Y ahora, ni siquiera alcanzan a ser un enemigo honorable. Ustedes practican la guerra sucia. Para ustedes escribir la verdad equivale a revolución. En su fanfarria de hipocresías, la verdad es peligrosa. Que así sea. Tuvieron, como todos los paradigmas humanos, la oportunidad de realizar los cambios que prometieron. Pero la música del Réquiem se escucha hoy por los cuatro puntos cardinales de la tierra. Una sola mujer en el mundo pudo ayudarlos: La Historia. Pero ya es tarde. Ella no los quiere.

Daniel Malpartida: Psicoanalista del nuevo extremo. Malp.daniel@gmail.com

 
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