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En este numero:

- Sobre los dispositivos de reproducción económico y cultural en la nueva era de la esclavitud. Por Marco Silva Cornejo.
- En Chile hay terroristas, están en Punta Peuco. Por Enrique Villanueva
- Coordinadora Nacional de Trabajadores NO+AFP Propuesta de un nuevo sistema de pensiones para Chile

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Skármeta On The Road o La insoslayable “Libertad de Movimiento”. Por Rony Núñez

1.- Skármeta and Kerouac on the Road 66.

La primera vez que leí al escritor y hoy Premio Nacional de literatura Antonio Skármeta, coincidió con la relectura del libro On The Road del escritor estadounidense Jack Kerouac, el que fue escrito mientras vivía en un apartamento en el número 454 de la calle 20 Oeste de Manhattan.

Ahora bien, la reminiscencia a Kerouac, que a simple vista pareciera una arbitrariedad, no es tal, pues en el nuevo texto de cuentos del escritor chileno “Libertad de Movimiento”, (publicado por Editorial Sudamericana) se advierten, en su propio estilo, la libertad de la escritura y el uso de las múltiples herramientas de un avezado en estas lides, como fue Kerouac. Skármeta, de este modo, se adentra en la cotidianeidad de los marginales o en los que alguna vez tuvieron mejores días. Un botón, es su cuento titulado “Chispas”, el autor comienza con el siguiente párrafo: “Era un chico tan pobre y tan alegre que todo el mundo le parecía rico y triste. En el barrio lo llamaban “el Chispas”. En las mañanas le hacía mandados al escritor Castillo: medio kilo de pan, cigarrillos, un par de cervezas Cristal, el periódico. Se reía con una dentadura fenomenal cuando el hombre le extendía una luca de propina. Una luca eran mil pesos. Y solo con cien pesos se podía dar una vuelta en la calesita.”

En el mismo texto ya citado, en una conversación entre el dueño de la calesita y el niño (hijo de un padre en permanente cesantía por sus ideas y militancia política), se deja entrever, en un Chile dictatorial, una frase totalmente actual a la luz de las marchas estudiantiles del 2011: “El dueño iba a apagar el cigarrillo aplastándolo en la suela del zapato, cuando el chico lo interrumpió.
- ¿Me deja la colilla, patrón?
- ¡A tu edad fumas!
- Según la televisión, a mi edad ya somos todos delincuentes juveniles”.

2.- La voz de Antonio Skármeta sobre “Libertad de Movimiento”.

Consultado sobre el porqué del título de su obra, Skármeta nos responde: “Es una colección de cuentos que se llama así porque se suceden en distintos países del mundo. Son cuentos, en algunos casos, donde niños con su familia emigran de un país a otro y en esta adaptación a nuevos territorios tienen dificultades y a veces los chicos encuentran soluciones para superar dichos problemas que los padres no encuentran al estar abrumados en sus propias problemáticas. Y luego hay otra serie de cuentos dentro de este libro, que trata de personajes que son un poco estorbosos u oscuros, seres que no se las han arreglado bien con la vida y en vez de consolarse o encontrarle una vuelta a su existencia u otro camino, movidos por el resentimiento, tratan de usurpar el lugar del otro o hacerle daño al que ha tenido una posición digna en la vida. Entonces el título “Libertad de Movimiento” se llama así, por la variedad de escenarios de países, pero también por el movimiento que va desde la infancia a la adultez.”

3.- Remembranza sobre una cancha de tierra: “El Portero de la Cordillera”

Al leer el cuento que tiene relación indudable con el cuento el “Chispas”, el “Portero de la Cordillera”, me conecto con mi propia infancia. Recuerdo a nuestro equipo de colegio, el glorioso Deportivo Rey, de camisetas también naranjas como las de los chicos en el cuento, embebidos en esas pichangas de barrio que sólo terminaban cuando el ocaso acababa con la poca luz que quedaba de día, y el balón, o lo que fuere para su reemplazo ya no se podía ver.

El personaje de Silvio, apodado rápidamente como el “Chileno”, apenas llega y hace amistades de juego con otros pibes “cerca de las Barrancas de Belgrano”, en Buenos Aires. Mientras juega, es observado por un veedor de inferiores buscando al nuevo Messi o Alexis en los potreros de la urbe, olfateando esa gambeta o finta que los catapulte al éxito como representantes de tan jóvenes promesas del futbol. Ahí está entonces Moscoso nombrado tras el mítico jugador y seleccionado nacional. Skármeta termina la historia con una goleada sufrida por el equipo de Silvio, frente a un rival más fornido y de mayor edad que ellos, los pibes de Belgrano, conducente conversación íntima y poderosa entre el padre, que consigue a duras penas encontrar un trabajo en una fábrica de colchones, y su hijo, aún embarrado después del partido de futbol:

“El hombre acarició los pómulos de Silvio y palpó con sus dedos la capa de barro que los cubría.
- Lávate la cara, hombre. Estás hecho un asco.
- Sí, papá.
- ¿No te alegra que encontré trabajo?
- Mucho, papá- dijo el muchacho, mirando concentradamente cómo la carne comenzaba a dorarse en el fuego.”

4.- Skármeta y Hinton en un café del West Side.

Susan E. Hinton, en su novela “Rebeldes” (publicada en 1967 y que Francis Ford Coppola llevó al cine), la que, dicho sea de paso, podría en cierta medida compararse con el libro de Skármeta, nos traslada a sus personajes marginales y cuyo futuro es sólo una quimera, nos dice de su novela: “En cualquier caso, seguí caminando hacia casa, pensando en la peli y con unas repentinas ganas de tener compañía. Los greasers no podemos ir andando por ahí mucho tiempo sin que alguien se nos eche encima, o sin que alguien se acerque y suelte un “¡greasers!”, lo cual tampoco es para quedarse tranquilo. Los que nos asaltan son los socs. No estoy seguro de cómo se deletrea, pero es la abreviatura de socials, la clase alta, los niños ricos del West Side. Para luego concluir, en cuanto a su condición de clase, “Somos más pobres que los socs y que la clase media. Seguramente también somos más bestias.” De esta forma, aquella generación que integraron nombres como Hemingway, Faulkner o Capote, se vierten, cuales lazos de parentesco con la obra de Skármeta, en especial en el uso del lenguaje, conciso por sobre todo y elaborando los escenarios donde se desenvuelven sus personajes con la autonomía que les entrega el autor, develando muchas veces la marginalidad de una burguesía ilustrada, pero a la vez excluida por un exilio asumido, como un “mal menor”, frente a los horrores de la dictadura chilena.

5.- “Cada uno de los cuentos tiene su voz personal”.

Antes de que Skármeta se zambulla en la vorágine de firmar autógrafos y sacarse fotos con sus lectores, le pregunto en cuanto a la estructura e hilo conductor de los cuentos que son parte de “Libertad de Movimiento”, me responde: “Cada uno de los cuentos tiene su voz personal y no hay hilo conductor entre ellos, porque cada cuento tiene una gran autonomía y yo me preocupo, de la manera más versátil posible, de hacer que estos cuentos cada uno tenga una atmósfera particular y privada para que el lector se conecte con ese mundo, el mundo de los sentimientos y de las emociones y de personajes que varían abruptamente de un cuento a otro, entonces el título de “Libertad de Movimiento” visualizo también que el lector se vaya movimiento de actitud psicológica frente a los distintos cuentos”.

6.- “Corazón partío” o la sombra de Chet Baker cantando “Everything happens to me”

“Era el verano del Corazón partío. Los chicos andaban con autos descapotados por la playa, las muchachas en biquini en las esquinas, y las novelas elegidas para las vacaciones eran largas y espaciosas. En una semana había mitigado el nerviosismo de Santiago, y en la lejana playa de Tongoy consumí horas de tenis y tenaces mariscos que me hicieron mirar con codicia las tres semanas de lujuria que aún faltaban para completar la felicidad”.

Siendo uno de los cuentos más cortos del texto, Skármeta da un golpe de timón, después del primer párrafo ya citado en este apartado de mi columna. Nada haría presagiar que el autor, o su narrador en primera persona, irían de urgencia, de retorno a Santiago a entrevistar al que fuera un torturador. De esta forma y cito este texto, “Corazón Partío” para el final, celebrando y recomendando el libro de Skármeta, en especial si se quiere salir de viaje, pues, como los relatos de Kerouac, se leen con la velocidad de cualquiera carretera, como nuestra panamericana norte.

Rony Núñez Mesquida
Analista y Observador Internacional.

 
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