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En este numero:

- Represión y Derechos Humanos. Por Carmen Gloria Arancibia
- ¿asesinato o suicidio? La muerte de Alejandro Castro
- El engaño y drama que se esconde detrás de Chile país de emprendedores. Por Pablo Fernando González

- Sumario completo



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Sobre el rodeo. Por Camilo Carrasco

"La verdad oculta tras de todo esto, que negaríamos de buen grado, es la de que el hombre no es solo una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se le atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad. Por consiguiente, el prójimo no le representa únicamente un posible colaborador y objeto sexual, sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo."
(Sigmund Freud. "El malestar en la cultura")

Un amigo psicólogo me hablaba la otra noche sobre la teoría que polemizaba respecto a la superioridad cognitiva del Homo Sapiens, desestimándola como el motivo de nuestra supervivencia y relegándola tras nuestra agresividad. Para él, basado en su indagación personal en la materia, es nuestra agresividad la que nos permitió sobrevivir al resto de los clanes de Homo.

Partamos por definir agresión como “inflingir daño a otrxs de forma intencional” (Baron en “Psicología Social”). Ahora, ¿Cuales son los mecanismos sobre los que se sostiene la necesidad de agredir? ¿Cómo se establece la valoración del sujeto a agredir? Y en esta valoración, ¿en que escalafón se sitúan los seres sintientes no-humanos?

Para Empédocles de Agrigento en el V A.C es parte de la naturaleza humana éste impulso por agredir, “la tendencia agresiva (o la “pulsión destructiva”) es una disposición instintiva innata y autónoma del ser humano” para Sigmund Freud, alimentado por Thanatos o el “deseo de muerte”, y que en materia de desarrollo, se presenta inicialmente en las actitudes autodestructivas y, a medida que el egocentrismo va decreciendo, se orienta a la destrucción de terceres.

CONSERVADURISMO COMO NEOFASCISMO

El sábado primero de septiembre vimos una marcha a nivel nacional rechazando la “tradición” del Rodeo, actividad “folclórica” según grupos conservadores de la sociedad chilena, consistente en destruir el cuerpo de un bovinx usando como herramienta u objeto el cuerpo de un equinx, comandadx por un humano.

Lo notable en la cantidad de incidentes de violencia reportados es cómo en la mayoría son grupos “patrióticos” los protagonistas del ejercicio de la violencia. Grupos patrióticos que se sientan en la vereda de la “defensa de las tradiciones”, colección en la cual, sostienen, cabe el Rodeo, y que acusan una gran conspiración internacional progresista que busca destruir la identidad de las naciones.

La práctica se ha intentado establecer como “patrimonio cultural”, sin éxito. Sin embargo, la actual Ministra del Deporte Pauline Kantor le ha defendido como tal. Por otra parte, las encuestas vigentes (CADEM y Adimark), realizadas en 2016, indican un rechazo a la práctica superior a un 80%.

¿Cómo me permito interpretar ambos datos?

La desconección de la opinión de la ministra con la voluntad popular es evidente, así como la de otras personalidades de gobierno (un Ministro de las Culturas y las Artes duró un par de días por sus opiniones respecto a la memoria sobre la dictadura cívico-militar 1973-1989) y, sin embargo, la población le licita al gobierno la administración de lo público y la exclusividad de proponer iniciativas de ley. ¿que correlato no está viendo la población respecto de la traducción de sus opiniones en las regulaciones del territorio en que habita?

Sobre ésta “tradición” mi postura no puede no ser, sobre todo de clase. Mi padre una vez me dijo “¿quién va a poder darse el lujo de maltratar (y perder como bien comerciable) un animal?” y se me hizo una obviedad, esta tradición es un entretenimiento de burguesía. Primero, por considerarles bienes comerciables y disponer de tantos como para deshacerse de uno por diversión. Después, no haber generado ningún tipo de relación con el animal, o cómo aún dicen en el campo chileno, “no haberse bajado nunca del caballo”. Y tercero, disponer de un público espectador que vitoree cualquier estupidez que se realice, siempre que se realice desde una posición de patronaje. El rodeo, por ende, si es una tradición chilena, lo es de una clase alta chilena que ha sido autora de incontables atrocidades contra la otra parte de la ecuación social marxista, lxs oprimidxs.

Ahora, en la vereda del antiespecismo, sugiero un ejercicio. Imaginar una medialuna repleta de público. Primero ingresan dos varones, vestidos como “huasos” sobre caballos, e inmediatamente después, una mujer, desnuda, separada hace minutos de su cría. Al ver los caballos correr contra ella, la mujer intenta escapar, pero es aplastada contra los muros de la medialuna por los jinetes que, apenas terminan de reventar sus entrañas, se acercan a la gradería a recibir los vítores del “respetable”.

Tras bambalinas, los jinetes aseguran que la mujer no sufrió ningún tipo de maltrato y se encuentra en perfectas condiciones. En una sala contigua, la mujer está vomitando sangre producto de los traumatismos internos que generaron los embistes de las bestias equinas. ¿chocante, no?

Ahora, para realizar el ejercicio al que invito, lo obvio es reemplazar a la mujer con una vaca. Las condiciones no son literarias, son reales, ocurren en cada “celebración folclórica”. ¿desde donde nos situamos para considerar que éstos vejámenes son aceptables, dignos, una libertad a ejercer?

Sobre los jinetes, a título personal: cobardes, canallas, egocéntricos poco virtuosos. Si fuesen talentosos en algo no necesitarían torturar en público para recibir aplausos y elogios. Son ustedes, éstas prácticas y sus símiles en cavernarismo la principal piedra de tope del desarrollo del país.

No debemos, sin embargo, negar una realidad por atroz que sea. Ésta práctica cuenta con un círculo de respaldo y promoción que, como ya describimos, cuenta con características de clase/casta. Y aquí es donde, para mí, el debate debe ampliarse. ¿es una libertad que valga resguardar? ¿existe un límite de violencia tolerable en las libertades que deben resguardarse? Y si es así, ¿cual es ese límite? ¿es lo humano (teniendo siempre en el recuerdo las violaciones de DDHH cometidas en nuestro país a petición de la élite que atestigua las corridas criollas) y sólo lo humano?

TRADICIÓN Y CRUELDAD: LA CAZA COMO ACTIVIDAD LÚDICA REGULADA

Pensemos en otras crueldades, su institucionalización y sus implicancias en las culturas en que se insertan.

Basta con escribir en un buscador “Caza en Estados Unidos” para encontrarse con el portal “cazaycazadores”, que en su oferta destinada al mercado norteamericano ofrece “instalaciones inmejorables para que después de un relajante día de caza podamos relajarnos con las mejores comodidades”. No basta una segunda lectura para entender que alrededor de esta práctica hay una cultura, una maquinaria de mercado y un conjunto de conductas, una tradición. Caza con perros de Bobcats, una amplia variedad de ciervos y “animales exóticos” en instalaciones en Texas son ofrecidos on-line preciados en euros.

En nuestro país vecino, la República Argentina, que en su progresismo ciudadano ha peleado por el aborto libre, es posible encontrar una oferta tan encolerizante para les detractores de la crueldad animal como la caza de pumas, especie protegida por el Servicio Agrícola Ganadero de nuestro país.

No sólo se oferta, se publicita con imágenes de los felinos ejecutados en brazos de sonrientes imbéciles, si me permite el equipo editorial tremenda subjetividad. No es mi intención, de igual forma, escribir desde una frialdad académica sino desde una indignación honesta. Aquí hay una cultura, pero, ¿una respetable?

PETA ataca ésta cultura aludiendo a que no existe la necesidad de cazar para acceder a alimentos hoy, lo que delimita la intencionalidad tras el ejercicio de la caza. Quién caza lo hace por diversión, por placer.

No es que crea los placeres una frivolidad, en absoluto. Sin embargo, los placeres a costa de otre ser sintiente ya han sido socialmente cuestionados, pero institucionalmente sólo cuando ese otro ser es humano.

La caza ya está en tela de juicio, al menos, en la sociedad civil. ¿cuando ésta discusión se lleva al espacio institucional desde éstas organizaciones civiles? El congreso norteamericano derogó la ley que prohibía la caza de osxs y lobxs en Alaska en Julio de 2017. Al parecer, ésta irrupción no se ha dado aún, o no de forma representativa en los organismos regentes del país norteamericano.

En Chile las organizaciones animalistas, presentes desde antes del 2010 en mi recuerdo se han centrado en si mismas, en mi opinión, y por consiguiente han discutido en espacios donde no sirve. Parecido al fenómeno que experimentan también, creo, los círculos vanguardistas de discusión política universitaria, éstas organizaciones se han encerrado al punto de fragmentarse en otras organizaciones, más pequeñas, con influencia aún más cosmética. La adopción de animales domésticos abandonados claro que es una materia importante, importantísima, pero personalmente apuesto por que sea una labor colectiva. Y por colectiva me refiero a institucionalizada en lo público, y organizada en los espacios, por ende, estatales.

Creo esa una pelea también importante, tal vez mucho más que la regulación de los hoteles de mascotas, materia que si encuentra espacio en la farandulera “ley Cholito”.

Pero el animalismo sigue ahí, con un tarro de café pidiendo aportes voluntarios para alimentar animales abandonados. ¿Y si propusiéramos, exigiéramos y organizáramos, en el estado, los fondos públicos para responder a ésta necesidad del país? ¿Es en exceso altruísta, o “jipi”, pensar en que además éstos espacios estuvieran centrados en el bienestar de lxs animales que sufren los efectos de la urbanización sin el “beneficio” del acceso al trabajo y al consumo que el primero conlleva?

Si, y sólo si, se convierte, eventualmente, en materia de discusión política (en el sentido de la organización institucional colectiva, y también sobre los idearios en que ésta organización basa las regulaciones que emiten) para mí es correcto hablar de “organizaciones animalistas”, la concertación para reparar una problemática sin discutir las bases en que se sustenta la problemática no tiene niún efecto real, duradero ni menos profundo.

A través de lo anterior quiero presentar una fotografía del estado actual, desde lo civil, de la crueldad animal institucionalizada en nuestro país para avanzar al debate, o al planteamiento de éste, sobre la regulación prohibitiva de “tradiciones” crueles.¿Estamos en condiciones de avanzar al cuestionamiento de éstas prácticas lúdicas que se valen en el sufrimiento de animales? O más bien, habiendo sido ya cuestionadas por cientos de personas en los últimos años, ¿están las condiciones para traducir éste cuestionamiento en normativas prohibitivas de una explotación perversa “por diversión”?

CONCLUSIÓN: EL DEBER DE PROHIBIR, ASÍ COMO EL DEBER DE LA MEMORIA

No se me hace coincidencia que los grupos que revalorizan la práctica del Rodeo sean también los que se sitúan en la vereda de responsabilizar a las víctimas de violaciones de derechos humanos, los que demandan un nuevo modelo capitalista de corte “nacionalista” y que atentan contra cada arremetida popular progresista amparados en el sentir de tradición desde el peligroso “neoconservadurismo” que reivindica las oligarquías, el modelo de élites y un Estado débil en contraposición con el poder de éstas élites como entes reguladores de la nación.

Por la descavernarización, por la ética es necesario regular. Y esa regulación no puede no ser, en mi opinión, la prohibición de acciones violentas para con otres. Así como se penaliza la agresión a otre ser humano, debemos avanzar en generar políticas públicas que apunten a limpiar de prácticas crueles nuestro territorio, o al menos sacarlas del sobreprotegido espacio de las “tradiciones”, espacio que alberga las atrocidades de nuestra historia. La memoria parece gustarles cuando se trata de mantener ejercicios de crueldad y no cuando se busca castigarlos.

El animalismo debe radicalizar sus denuncias, aquí rescato profundamente la iniciativa de ley del diputado ecologista Félix González que busca tipificar el rodeo como maltrato. Esperemos la cámara dé luces de desarrollo intelectual.

 
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