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Sociedad chilena: el renacer del sujeto políticamente castrado. Por Mauricio González Seguel

Atendiendo a la realidad de Chile en lo social luego de la vuelta a la “democracia” podemos presenciar todas las semanas manifestaciones que abogan por causas que distan mucho del modelo clásico de lo político. Jean Baudrillar, filósofo y sociólogo francés señaló “La Masa es lo que queda cuando se ha olvidado todo lo social”. La Masa como concepto sería el vacío mismo, nada puede crecer en el vacío y nada puede magnetizar positiva o negativamente el vacío. Por ende en para abordar la premisa del ciudadano como constructor de la realidad política primero debemos volver a magnetizar a la Masa. A continuación los avances del sujeto para transformarse en actor.

La Masa debe volver a interesarse en lo social y por ende en lo político, pero no es posible interesarla con los viejos relatos históricos, en mi opinión la sociedad se volvió Masa al vivir la polarización del mundo en el periodo de la Guerra Fría. La complejidad del mundo se simplifico en blanco o negro y la sociedad consumió lo que le entregaron los grandes líderes políticos del momento. Así la sociedad se olvidó de cuestionar la realidad que se le entregaba y absorbió todo ya procesado. En el momento que la sociedad dejó de cuestionarse, la sociedad se volvió Masa. La Masa existió y se puede comprobar en las estadísticas y en los sondeos o encuestas sobre algún tema de interés coyuntural, pero no va más allá de una simple latencia.

Observamos la simple y banal existencia de la Masa durante largo tiempo, asistimos a la larga siesta del actor social, obligado por la dictadura y ayudado por el consumismo como paradigma, presenciamos el descalabro del interés por el otro (moral) y al congelamiento de la termodinámica de lo social. Pero la Masa se volvió a magnetizar, libros como “El regreso del actor” y “¿Podremos vivir juntos? Iguales y diferentes” de Alain Touraine, no señalan los intereses que magnetizaron a la Masa. La política clásica dio paso a cuestiones medio ambientales, de género, edad, sexualidad y étnicas entre otras. Los sujetos vuelven actuar y moverse bajo consignas ideológicas, vuelven a tomarse las calles y manifestarse, pero bajo nuevas consignas, se preocupan por el medio ambiente que heredarán a sus hijos, también por luchas más acotadas como el paso de una autopista y cómo esta afecta su calidad de vida. Manifestaciones como Patagonia sin represas son la epítome del sujeto como actor, esta marcha congrego a 80 mil personas que marcharon pidiendo una Patagonia chilena sin represas. Presenciamos el nacimiento de los Nuevos Movimientos Sociales.

Los Ciudadanos opinan “los partidos no son ya otra cosa que empresas políticas puestas al servicio de un candidato más que de un programa o de los intereses sociales de sus mandantes”[1].Esto más el notable divorcio de los actores políticos con la realidad de sus electores es causa del desprecio de la ciudadanía por lo que ellos consideran un simulacro democrático. Pero a esto el ciudadano responde con pequeñas escaramuzas subjetivas al sistema, por ejemplo la batalla que dan los vecinos del Barrio Yungay, ellos abogan por la defensa de su barrio como parte del patrimonio histórico material e inmaterial de Santiago. Y, la batalla de los vecinos del barrio Ñuñoa por defenderse contra el plan urbano regulador de la administración del señor Sabat. Claramente estas luchas son pequeñas batallas, podríamos señalarlas como tácticas de guerrilla, atacamos y nos retiramos, sabotaje al sistema con marchas en las calles que cortan el tránsito, actos culturales o batucadas que buscan desestabilizar a la superestructura.

Hoy el cambio de paradigma ya está instaurado, pasamos de la política construyendo la sociedad (Guerra Fría). Hoy el ciudadano tímidamente vuelve asomar su nariz y trata de retomar las riendas de su realidad política y social, ejemplo claro es la idea de una Asamblea Constituyente (AC), esta busca generar una constitución política realmente representativa de los ciudadanos chilenos. Claramente este movimiento tiene un signo menos subjetivo que los anteriores y esto se da por carácter implosivo que tiene. El movimiento llama a implosionar el sistema político chileno, nos llamó en las elecciones presidenciales a marcar nuestro voto pidiendo AC. El movimiento busca desequilibrar y transformar las bases desde agotar todos los recursos que ofrece la democracia .Hacer esto obliga a colapsar al sistema en una danza de ser manipulado, pero a la vez manipular; evaluar, ser evaluado y circular y hacer circular “Violencia implosiva que resulta no ya de la extensión de un sistema, sino de su saturación y de su retracción, como ocurre con los sistemas físicos estelares. Violencia correspondiente a desmesura densificación de los social, al estado de un sistema superregulado, de una red (de saber, de información, de poder) demasiado espesa y de un control hipertrófico sobre todo pasadizo intersticial”[2]

El ciudadano construirá su realidad política desde su subjetividad, desde la trascendencia, y si los políticos quieren sobrevivir deberán saber leer los intereses del actor social. La revolución ha puesto al ciudadano al tope de la estructura y dependerá de él, transformar esta revolución en una Evolución político social.

"Le estamos señalando a la dictadura y al sistema que pese a todas las represiones, pese a todos los pampillones, el pueblo está firme y decidido a construir su destino por más represión que se aplique." (Agustín Tosco)

Mauricio González Seguel

Periodista y diplomado en comunicación interna.

Columnista en www.futbolchileno.com

Twitter: @gmauricio554

Notas

[1] Alain Touraine: ¿Podremos vivir juntos? México DF 1997, tercera reimpresión 2006. Editorial Progreso. Santiago de Chile. Universidad Arcis P 244

[2] Baudrillard, Jean. “Cultura y Simulacro”. Editorial Kairós. Barcelona España. Pág. 101

 
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