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Sonidos del barrio: la plaza como escenario de integración de las identidades Alex Ibarra conversa con Caruso Moraga.

Obra pictórica de Jorge Araldi (JPEG)

Entrevista a Caruso Moraga (C.M) percusionista. Realizada por Alex Ibarra Peña (A.I) Colectivo de Pensamiento Crítico palabra encapuchada.

A.I: Estimado Caruso, gracias por esta entrevista. Eres un músico que goza con bastante reconocimiento entre tus pares, has tocado con varios músicos destacados. Seguramente tuviste desde pequeño condiciones innatas para la percusión. Desde tu biografía ¿nos puedes contar cómo te diste cuenta y sobre aquél momento en que decidiste dedicarte a la música por completo?

C.M: Te puedo contar que parte por el año 85, tenía entre 15 o 16 años, era un adolescente. Siempre me gustó la música y especialmente llamaba mi atención la percusión, el arte de percutir. Tuve la suerte de estudiar en la Escuela Experimental Artística, estaban segundo medio cuando entré a estudiar música en ese colegio. En este colegio por la mañana tienes las clases común y corriente, y por las tardes las especialidad artística. Ahí empecé a estudiar percusión, ese colegio tenía convenio con la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, los que queríamos seguir estudiando más profesionalmente pasábamos a esta escuela de la Chile. Este es mi caso, seguí estudiando la carrera de percusión clásica y me dedique a tocar, por ahí por el año 87 lo hacía con la banda Dekiruza, con ellos musicalizábamos la obra de teatro La Negra Estar del Tío Roberto Parra. Luego me tomé un semestre sabático y me fui a viajar como músico, con Carlos Alemani que era solista en zampoña, me llevó a la ciudad de Arica y aquí conocí el cajón peruano, viajaba mucho a Tacna y tomaba clases con los músicos que tocaban en las peñas de esta ciudad, o sino con músicos que venían de Perú a tocar a Arica, ciudades cercanas a la frontera. Volví a Santiago en el año 88 para seguir estudiando y me gané una beca en la Escuela Moderna de Música, estudié cinco o seis años ahí percusión clásica, pero seguía estudiando paralelamente con profesores que hacían clases particulares sobre música popular, principalmente centroamericana como salsa. Esos fueron mis inicios en la parte de estudio a la edad que conocí un poco la percusión, y bueno como una era joven siempre tienes ganas está el día ahí tocando. A los 16, 17 años tenía claro lo que quería hacer con mi vida, hacerme músico, percusionista, obviamente con todas las incertidumbres que acarrea este arte, esta profesión. Desde esta edad no he parado ningún día.

A.I: Has tenido una formación bastante rigurosa, sueles decir siempre que la interpretación de los instrumentos requiere de bastantes horas de estudio y dedicación. ¿Tuviste estudios formales de música? ¿Cómo se fue dando tu formación?

C.M: Un poco esto ya lo abordé en la pregunta anterior. Pero, puedo insistir diciendo de que cualquier instrumento de música requiere horas y horas de estudio porque uno que tiene que trabajar con el cuerpo aparte de lo teórico. Otra parte son las horas para poder dominar el instrumento, en este caso la percusión es tan amplia y variada, ya que no es sólo tocar un tambor. Por ejemplo, tocar la percusión afroperuana es un mundo, la percusión afrobrasileña o la afrocolombiana, constituyen mundos también, la percusión africana o chilena, etc. Todo esto es muy amplio, entonces realmente hay que dedicar mucho tiempo a este estudio. Como te decía de mi formación tuve la suerte de estudiar en las mejores escuelas de música aquí en Santiago. También tuve la suerte de viajar tres veces a Brasil donde tomé clases con músicos de la Escuela Creativa de Olodum, con músicos de la Escuela Precatum, la Escuela de Carlos Braun, con Badiño Baba, gran percusionista. Siempre he tenido la suerte de estar ligado a grandes músicos a grandes escuelas. Cuando era joven y venían los grandes músicos, como Silvio Rodríguez iba siempre a los hoteles a conversar con ellos, era como clasecitas particulares que hacían los músicos, otros como Juan Luis Guerra, Rubén Blades, con éste compartí escenario. Eran los tiempos en que tocaba en la Opus Salsa que era de la Facultad, incluso tuvimos el honor de escucharla una charla de ciencias políticas y nuestra orquesta fue contratada para tocar ahí en el Estadio Nacional, de hecho nos nombra en el concierto, esto fue una experiencia muy bonita.

Hasta el día de hoy sigo estudiando, un músico tiene que estas siempre aprendiendo e investigando, siempre suceden cosas nuevas en el ambiente, se están creando nuevos instrumentos, hay técnicas nuevas, aparecen nomenclaturas también. Hay que estar siempre al cateo de la laucha como se dice, ya no tengo los tiempos con que contaba cuando tenía 15 años, detrás de mí hay gente que depende de mí, así que tengo que estar trabajando todos los días en producción, grabando, tocando con diferentes bandas de distintos estilos musicales, haciendo clases y preparándolas. Bueno la vida, esto es vivir de la música, ya no puedo estudiar las ocho o diez horas que estudiada antes, el amor también…jajaja…no sé el trabajo y el placer, me encanta el deporte al cual le dedico tiempo tres días en la semana, llevar una vida sana, me gusta el campo, disfruto de un lugar que tengo en el Valle del Elqui, en un pueblo diaguita en el cerro mamalluca está mi refugio, entonces además hay que sumar los viajes, necesarios para arrancar de la ciudad. Por último, siempre que viajo busco maestros de los cuales voy aprendiendo.

A.I: La creación musical que realizas tiene una pertenencia geográfica que reúne distintas fusiones ligadas al mundo afroperuano y afrobrasileño. Ambos ambientes de variada riqueza musical y que decidiste investigar. ¿Consideras importante que el trabajo del músico incorpore tareas rigurosas de investigación?

C.M: Claro, el trabajo del músico con respecto a la investigación es sumamente importante. El músico aparte de estar en una escuela de música adquiriendo toda la información que te están traspasando tus maestros y profesores, uno también tiene que tener las ganas de querer investigar. En mi caso siempre he sido como un ratoncito de biblioteca, al lugar que voy, por ejemplo si me toca viajar a Chico, voy a estar ahí dos semanas en me meto a las escuelas de músicas esas dos semanas. Creo que ese bichito, sobre todo los percusionistas, lo tenemos desarrollado, muy desarrollado porque siempre puedes encontrar algún instrumento o línea rítmica que te va a llamar la atención, por la cual te vas a acercar y vas a querer investigar. A mí me pasó con la música del Brasil y la afroperuana, fue algo bien especial, me liga algo familiar con Brasil, ya que mi familia en la época del 73 se fueron para allá por todos los problemas que habían acá, se fueron hacia Sao Paulo y Río de Janeiro, de hecho tengo primos que son brasileiros, por eso hay cosa familiar con la música del Brasil. Con la música peruana, te puedo contar que en los 90 tuve el honor de estar en ese país, enamorado de una polola peruana por mucho tiempo, que era familiar de Eva Ayllón, entonces ahí conocí un poco más del cajón, aquí empiezo a involucrarme más con este instrumento, dedicándome con todo a la música criolla de la costa negra, aunque también a la altiplánica, más bien rescatando la cultura afro. Todo su desarrollo con la música y con la danza, así que siempre investigando. Viviendo en Francia en la ciudad de Mónaco por ahí por el 94 o 95, tuve nuevamente un acercamiento con la música brasileña, trabajé como cuatro años en ese Principado del sur, ahí en la Costa Azul, continuando viajes permanentes al Brasil, en ese momento de moda de las batucadas. Volviendo a Chile formé escuelas de Samba desde Arica a Curicó, con el nombre de pachabatú que quiere decir tierra de tambores, duró casi diez años este proyecto llegando a tener más de 800 alumnos, tiempo en el que me tocaba viajar mucho por todas esas ciudades del país. También fuimos invitados en el 96 a la celebración de la inclusión de Chile en el Mercosur. El Embajador chileno de ese entonces, Heraldo Muñoz, nos hizo la invitación para viajar con un grupo de músicos, nos recibieron muy bien, naciendo algo así como una adicción por la música brasileña que también la sigo desarrollando hasta el día de hoy, aunque con algo menos de dedicación de cómo lo hacía antes. Como puedes ver tengo ligazones profundas con la música del Brasil y la música afroperuana, también estudiando músicas centroamericanas y venezolana, colombiana, puertorriqueña, sobre todo lo afrocubano a partir de las orquestas de salsa, grabé con varias orquestas de éstas, toqué en el primer festival de Salsa en Chile que se hizo en el año 91 en el Estadio Nacional en el participaron Tito Puentes, Celia Cruz, Oscar de León, grandes de la salsa. Yo era parte de la banda Opus Salsa que era una orquesta, teníamos nuestras composiciones que les gustó a estos artistas invitados, grabamos un disco, estuvimos en la televisión.

A.I: En las ciencias sociales y humanidades hay hoy una corriente de estudio, que se ve enriquecido con el fenómeno migratorio, ligada a lo que se denomina interculturalidad. ¿Asumes un compromiso de representación de lo intercultural en tu trabajo musical?

C.M: Obviamente estoy ligado a eso, pero me gusta verlo más desde la integración. Mi trabajo con el cajón considera este elemento de lo peruano en Chile, quiero decir el Centro de Santiago, específicamente el Barrio Yungay, donde hay una gran inmigración no sólo del pueblo peruano, también haitianos y colombianos, pero es el pueblo peruano el que me he acercado más porque es el trabajo que hago en este momento, que es mi trabajo más visible por los nueve años que llevo en la plaza, pero no es lo único que hago siempre estoy ligado a otras bandas. Este trabajo musical de los cajones es fuerte en esto de trabajar la integración, asumo ese compromiso. Una vez un músico bien conocido, el percusionista Gigo Parodi que toca con Eva Ayllón, me dijo tu eres como Embajador, esto me lo repitió otro percusionista Cotito Medrano. De alguna forma uno está siendo patria de una música que no es nuestra, entonces el peruano se siente en su tierra cuando nos ve tocar, se saben las canciones, las cantan, se emocionan con los valses peruanos, se alegran con los festejos, se ponen sabrosos con los landó, sacan los pañuelos con las marineras y lloran con la zamacueca. Esto es un trabajo intercultural y de integración.

A.I: Hay un bonito ejercicio pedagógico que has ido mostrando en distintas presentaciones a las que he asistido en las cuales vas sumando al espectáculo a los integrantes del grupo-taller “Los cajones de Yungay”. ¿Nos puedes contar algo de tu experiencia de enseñar música?

C.M: Aquí pasa algo bien especial, sabes que estudié música y no pedagogía, pero me salió como algo innato esto de enseñar, me fluye muy fácil, varios buenos músicos tienen este problema los alumnos se les van, no tienen la paciencia tampoco la metodología. Tú te has dado cuenta que en mis presentaciones voy invitando al escenario a algunos de los integrantes del taller de los Cajones de Yungay para que tengan la experiencia, así le toman amor a la agrupación y respeto al instrumento. Varios alumnos pasan algunos meses, en los cuales se suele aprender muy poco, por el tiempo de estudio que requieren los estudios. Me gusta hacer la escuela en la barriada, en la calle, antes con los escuelas de samba en el Parque Quinta Normal, ahora con los cajones en la plaza Yungay. Una pregunta que me suelen hacer es dónde trabajas tú, yo responde en esta plaza está mi aula ahí está mi oficina…jejeje…pucha se cagan de la risa. Más que un trabajo es el amor a la música, a la percusión, para difundir esto, hermano querido sabes tú que si todos los músicos de Chile hicieran esto, no hablo solamente de los músicos imagina que un periodista tomara un grupo de chicos por seis años y les enseñara el oficio, no tendrían un título universitario, pero adquirirían un oficio podrían trabajar, eso es lo que me interesa haciendo cultura en el barrio. Por eso es que en las presentaciones, como has visto, en cada canción invito a uno o dos cajoneros, venga para acá a tocar y tiene que estar a nivel. Mi repertorio en el escenario es el mismo que hago en los talleres con los cajoneros. La persona que no viene a los ensayos, que no practica en su casa, que no se aprende las canciones, ¿que le pasa si lo hago subir al escenario?, hace el ridículo, entonces esa persona no quiere eso, ahí está la motivación para que tengan que estudiar, ya que sabe que en cualquier momento el profe lo llamará y tendrá que salir a tocar, es como un examen. A mí también me pasó, me tocaba participar en conciertos de percusión clásica a los 17 años tocando marimba en una obra de Bach en la sala no era problema, pero frente a 500 persona en la sala Isidora Zegers, te viene la vergüenza, te cagai de miedo, por el pánico escénico y todo lo que estudiaste se te va a las pailas. De alguna forma esto es bueno, los estudiantes pierden el miedo, el nerviosismo no te puede afectar tanto, así uno comienza a disfrutar tocar arriba en el escenario, en la calle, o en la Quinta Vergara frente a miles de personas. Ahora el público me da lo mismo, toco porque siento un placer haciéndolo y por el placer que le provoca al público, también vivo de esto, así que tengo que hacerlo lo mejor posible y perseverar.

A.I: Los cajoneros de Yungay son una muestra expresiva de arte que interviene el espacio público, hay ensayos días de la semana y los domingos en que se les puede apreciar en el corazón de este hermoso barrio de Santiago. Este barrio sufre distintas persecuciones por las distintas autoridades que van pasando, pero siempre insistes en que lo cajoneros no abandonarán la plaza. ¿Qué evaluación tienes de la institucionalidad cultural y a su labor de apoyar a los artistas?

C.M: Hablemos de los Cajones de Yungay, nosotros estamos hace 9 años ahí domingo a domingo como dice la cumbia. Tengo algunos reclamos de los vecinos a veces, pues nos juntamos a las 15.30 que es la hora de terminar el almuerzo, dormir la siesta o disfrutar de un partido de fútbol, escuchar su música y de repente te aparece un flaco tutututum que está ahí con los tambores. Eso me preocupa no sé cómo hacerlo, no tenemos apoyo más que el de una Junta de Vecinos que cordialmente nos presta un espacio para hacer las clases los días viernes que son los reforzamientos de los cajoneros que duran de 20.00 hasta 22.30, ahí es a puerta cerrada, pero no caen los 40 cajoneros. Varias veces en la plaza llegan los guardias municipales, en una parada muy fome y hasta a veces agresiva a echarnos de la plaza con el discurso típico, demagógico que puede tener un guardia: “¿flaquito tenís permiso para tocar acá? No. Ya no podís tocar”. Este año me dije ya voy a conseguir permiso, ya que de esos cuatro ensayos al mes que tengo los domingos en la plaza con los cajones, tengo dos ensayos con otros músicos, llevo amplificación, mesa de sonido, micrófonos.

Te cuento una anécdota. Algún domingo pasó que llegaron los músicos y no pudimos ensayar, dónde metes toda esa gente si es como una sinfónica, así que me decidí a solicitar el permiso, era necesario para el ensayo, somos casi sesenta. Fui al Departamento de Cultura que está en calle Merced, los tipos me ubicaban, “ahhh tú eres Caruso, el que ha tocado con Joe, con Dekiruza, en la tele. Pues me dijeron si ya dale, me llamaron me dijeron Don Caruso su permiso fue aprobado, pucha yo estaba más contento que la cresta, fui a la Municipalidad buscar el permiso, me dicen ya, yo había pedido desde las tres y media hasta la seis de la tarde, me dijeron el permiso es de cinco a siete, pero esa no fue la hora que yo pedí, pero esa es la hora que se le puede dar, no puede usar amplificación. Respondí, perdone caballero pero fui claro llenando toda la cartola, aclarando que llevo amplificación y tres micrófonos, cuestión que sólo para que suenen lo músicos, un sistema mini para ensayo, y el compadre se fue en los noes, entonces le dije me estás dando el permiso que tu quiere, pero no el que necesitamos. Le puse el ejemplo de que me estaba dando el permiso para ocupar una cancha de futbol pero sin poder jugar. Entonces, es como una burla te hacen ir varias veces, de aquí para acá, llenar papeles, sacar personalidad jurídica. Tuve que decirle mira compadre ahí tienes tu permiso, no me sirve, no me estás dando lo que te pido, si no me vas a dar lo que te pido no me des el permiso, pero no me llames diciéndome que el permiso fue autorizado, ya que eso es una mentira finalmente no fue autorizado, entonces por estas organizaciones culturales sobre todo municipales, más con el nuevo alcalde que hay, no están ni ahí con que haya cultura ahí en la plaza, hermano querido, para ellos esto es ruido. Pero tú ves la cantidad de narcotráfico que hay tanto chileno como extranjero, prostitución en la noche, alcoholismo todo el día, un día un guardia me dijo yo sé que lo que haces es super bonito, pero no puedes estar aquí, le dije mira compadre ahí al frente están vendiendo cocaína y me dice no es que eso lo tiene que ver carabineros, se pasan la pelota de mano en mano, horrible, burocracia. Entonces, tengo una decepción total, pero me apoya la Junta de Vecinos, lo barrial, eso funciona.

A.I: Para finalizar quiero referir al grupo que has logrado consolidar, al cual hace unos pocos días atrás pudimos escuchar en el Café Brazil animando una tarde-noche de domingo. Supongo tienen planificadas nuevas presentaciones y trabajos de producción. Es el momento en el que puedes relatar parte de la historia de este grupo y promocionar el trabajo que viene.

C.M: Gracias hermano, espero te sirva este material. Te cuento la agrupación de los Cajones de Yungay, en enero cumpliremos 9 años, los domingo en la Plaza y los viernes en la Junta de Vecinos de calle Herrera 350 haciendo clases. A futuro estamos trabajando en la organización del VIII Festival de cajones que queremos hacerlo en enero 2018, probablemente tengamos que cambiar la fecha por el asunto de que viene el Papa, entonces hay un decreto, ¡un decreto, hermano querido!, que no se pueden usar los parques, no se puede realizar ninguna actividad pública a partir del 10 hasta el 20 de enero o algo así. Hasta la fiesta del roto chileno está peligrando con la venida de este caballero. El 20 de diciembre daremos otro concierto en el Café Brazil ahí cerca de la Estación de metro Cumming, con esto juntamos algo de plata, ya que no tenemos otros apoyos, antes la Embajada peruana nos llevaba a algunas presentaciones que nos pagaban bien, ahora la plata que entra es porque los mismos alumnos hacen un aporte que es mínimo. No tenemos muchos recursos, estamos regularizando lo de la personalidad jurídica para en abril postular a los fondos concursables del Municipio. Estoy viendo la posibilidad para otros conciertos en la comuna de San Joaquín. Siempre nos sirven más contactos de gente que se pueda interesar en nuestro espectáculo, lo que pasa es que no es tan fácil meter 40 personas en un escenario, no hay mucho soporte técnico para eso, imagina ese despliegue para una intervención de 10 minutos, mucha pega, esto requiere de mucha coordinación, entonces a veces no tenemos mucho trabajo, yo la hago de todo productor, manager, pero me gusta, lo voy a hacer hasta que me dé el ánimo, a veces me vienen los bajones al igual a que a los otros músicos, pero ahí seguimos hasta cuando podamos.

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