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En este numero:

- Julian Assange, el indomable
- Una crisis que no toca fondo
- Reforma laboral para nuevas precarizaciones

- Sumario completo junio de 2019





Sobre el autor

Serge Halimi
*Director de Le Monde diplomatique.
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Página de inicio >> Junio de 2019

Un belicoso capricho estadounidense

por  Serge Halimi

¿Puede un Estado, sin ninguna razón real, abandonar un acuerdo internacional de desarme que ha negociado extensamente, y luego amenazar a otro Estado firmante con una agresión militar? ¿Puede ordenar a otros países que se alineen con sus posiciones caprichosas y bélicas, de lo contrario también sufrirán fuertes sanciones? Cuando se trata de los Estados Unidos, la respuesta es “sí”.

En resumen, es inútil perder el tiempo estudiando las razones dadas por la Casa Blanca para justificar su escalada contra Irán. Imaginamos que John Bolton, Asesor de Seguridad Nacional del Presidente Donald Trump, y Michael Pompeo, Secretario de Estado, han confiado a los diplomáticos y a los servicios de inteligencia de los Estados Unidos una misión como: “Busquen excusas, yo me encargo de la guerra”.

A Bolton no le faltan experiencias ni persistencia en sus ideas. En marzo de 2015, mientras su fanatismo por la invasión de Irak debilitaba su influencia, publicó en The New York Times una columna titulada: “Para detener la bomba iraní, es necesario bombardear Irán”. Luego de afirmar que Teherán nunca negociará el fin de su programa nuclear, concluye: “Estados Unidos podría hacer un trabajo de destrucción completo, pero solo Israel puede hacer lo que es necesario. (...) El objetivo será el cambio de régimen en Teherán”.

Tres meses más tarde, todas las grandes potencias, incluido Estados Unidos, firmaron un acuerdo nuclear con Irán. Según la Agencia Internacional de Energía Atómica, Teherán ha respetado escrupulosamente los términos. Sin embargo, Bolton prosigue en su línea. En 2018, adelantándose a las posiciones guerreristas del gobierno israelí y de la monarquía saudí, seguía más que nunca interesado en su “cambio de régimen”: “La política oficial de los Estados Unidos”, escribió, “debería ser el fin de la revolución islámica iraní antes de su cuadragésimo aniversario. Esto eliminaría la vergüenza de que nuestros diplomáticos fueran detenidos como rehenes durante cuatrocientos cuarenta y cuatro días. Y los ex rehenes podrían cortar la cinta durante la inauguración de una nueva embajada en Teherán”.

El actual presidente de los Estados Unidos ha hecho campaña contra la política de “cambios de régimen”, es decir, las guerras de agresión estadounidenses. Lo peor aún no está asegurado. Pero la paz debe ser muy frágil para que parezca depender de la capacidad de Trump para controlar a los enfurecidos consejeros que ha designado. Al sofocar económicamente a Irán con la ayuda de capitales occidentales y grandes corporaciones (restricciones y sumisión), Washington afirma que su embargo obligará a Teherán a rendirse. En realidad, Bolton y Pompeo saben que esta misma estrategia de guerra económica ha fracasado en Corea del Norte y Cuba. En cambio, esperan una reacción iraní que luego presentarán triunfalmente como una agresión que reclama una “respuesta” estadounidense. Intoxicaciones, falsificaciones, manipulaciones, provocaciones: después de Irak, Libia y Yemen, los neoconservadores han designado su presa.

*Director de Le Monde diplomatique.


Texto en francés:

Un caprice américain

Un État qui, sans motif réel, dénonce un accord international de désarmement qu’il a longuement négocié peut-il ensuite menacer d’agression militaire un autre État signataire ? Peut-il ordonner aux autres pays de s’aligner sur ses positions capricieuses et belliqueuses, faute de quoi eux aussi subiront des sanctions exorbitantes ? Quand il s’agit des États-Unis, la réponse est « oui ».

En somme, il est parfaitement inutile de perdre son temps à étudier les raisons invoquées par la Maison Blanche pour justifier son escalade contre l’Iran. On imagine que M. John Bolton, conseiller à la sécurité nationale du président Donald Trump, et M. Michael Pompeo, secrétaire d’État, ont confié aux diplomates et aux services de renseignement américains une mission du genre : « Cherchez des prétextes, je me charge de la guerre. »

M. Bolton ne manque ni d’expérience ni de suite dans les idées. En mars 2015, alors que son fanatisme en faveur de l’invasion de l’Irak a amoindri son influence, il publie dans le New York Times une tribune intitulée : « Pour arrêter la bombe iranienne, il faut bombarder l’Iran. » Après avoir prétendu que Téhéran ne négociera jamais la fin de son programme nucléaire, il conclut : « Les États-Unis pourraient effectuer un travail soigné de destruction, mais seul Israël peut faire ce qui est nécessaire. (...) L’objectif sera le changement de régime à Téhéran. »

Trois mois plus tard, un accord nucléaire avec l’Iran était signé par toutes les grandes puissances, États-Unis compris. Selon l’Agence internationale de l’énergie atomique, Téhéran en respecte scrupuleusement les termes. Pourtant, M. Bolton n’en démord pas. En 2018, devançant les positions va-t-en-guerre du gouvernement israélien et de la monarchie saoudienne, il tenait plus que jamais à son « changement de régime » : « La politique officielle des États-Unis, écrivait-il, devrait être la fin de la révolution islamique iranienne avant son quarantième anniversaire. Cela laverait la honte d’avoir eu nos diplomates retenus comme otages pendant quatre cent quarante-quatre jours. Et ces anciens otages pourraient couper le ruban lors de l’inauguration d’une nouvelle ambassade à Téhéran. »

L’actuel président des États-Unis a fait campagne contre la politique des « changements de régime », c’est-à-dire des guerres d’agression américaines. Le pire n’est donc pas encore certain. Mais la paix doit être bien fragile pour qu’elle semble ainsi dépendre de la capacité de M. Trump à maîtriser les conseillers enragés qu’il a nommés. En asphyxiant économiquement l’Iran avec le concours des capitales et des grandes entreprises occidentales (contraintes et soumises), Washington prétend que son embargo obligera Téhéran à capituler. En réalité, MM. Bolton et Pompeo n’ignorent pas que cette même stratégie de guerre économique a échoué en Corée du Nord et à Cuba. Ils escomptent donc plutôt une réaction iranienne qu’ils présenteront ensuite, triomphalement, comme une agression appelant une « riposte » américaine. Intoxications, falsifications, manipulations, provocations : après l’Irak, la Libye et le Yémen, les néoconservateurs ont désigné leur proie.

 
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