Página de inicio

Colecciones

Publicidad

Suscripciones

LIBROS

Librería

Postgrados y postítulos

AGENDA - Encuentros

Fotos

Contáctenos

Otros sitios


Se puede imprimir

En este numero:

- Terminó el paro, siguen pendientes nuestras reivindicaciones. Por Enrique Villanueva
- Caligrafía en descontento: perspectivas y desafíos de los movimientos sociales que irrumpieron en Chile durante el 2011 por Marco Silva Cornejo
- Crónicas de un hombre bicentenario por Marcelo Sánchez

- Sumario completo



Página de inicio

Un fantasma recorre Chile: el fantasma de Allende. Por Eduardo Valenzuela

Espectros de Salvador Allende…

“Me seguirán oyendo. Siempre estaré con ustedes...”. S. Allende (Septiembre 1973)

Tuve la ocasión de ver y escuchar, por internet, durante la presentación del libro Otro Chile es posible (1), las palabras del dirigente estudiantil Francisco Figueroa. En esa oportunidad Figueroa habló de la necesidad de redescubrir el pensamiento de Salvador Allende, y expresó la idea de que el movimiento estudiantil y el movimiento social debían inspirarse en éste. Su alocución me hizo pensar en un texto de Jacques Derrida, Espectros de Marx (2), en el cual hace referencia, entre otros tópicos, a esa frase famosa del Manifiesto Comunista: “Un fantasma recorre Europa: es el fantasma del comunismo. Derrida piensa que Marx habla del fantasma del comunismo, en el sentido de algo que no existe, que no está presente, que no es palpable, que está latente, que va venir. Nos habla del futuro.

En realidad pareciera que los pueblos evocan los fantasmas, los espíritus y los espectros, cuando las sociedades están mal, cuando están “desorientadas. "The time is out of joint” es la expresión utilizada por Hamlet, queriendo decir que la sociedad de su época no andaba bien, como era el caso de la sociedad inglesa en los tiempos de Shakespeare. Pienso en el Chile actual y es probablemente por esa razón que un joven dirigente estudiantil nos habla en 2011 de un espectro, nos habla del espíritu de un dirigente político eminente de los años setenta, de un héroe nacional fallecido hace ya casi cuarenta años.

Derrida expresa una idea muy importante y es que quizás nunca más podamos pensar sin Marx. «Será siempre una falla no leer y releer Marx. Será cada vez más una falla, una falta de responsabilidad teórica, filosófica, política». En Chile, podemos pensar, que uno de los errores de cierta izquierda ha sido tratar de pensar sin Allende, pensar que debíamos olvidarlo, olvidar su herencia.

En el caso de Allende, cuando hablamos de su espectro, de su “espíritu”, estamos hablando de su legado, de sus ideas, de su ejemplo, de su alma. Estamos hablando de un espíritu revolucionario.

Su ejemplo es heroico y corresponde a otra época histórica, al siglo pasado. En esa época la idea era «crear, sea cual fuera el precio, un nuevo mundo y un hombre nuevo» (3). Era un siglo que Alain Badiou califica como «el siglo de las orientaciones heroicas negativas». Badiou hace referencia a tantas revoluciones que no funcionaron y que terminaron mal, tan mal.

El legado de Allende es moral, es el legado de un hombre íntegro que defendió la voluntad popular con las armas en la mano el 11 de septiembre de 1973, que defendió la constitucionalidad del país al precio su vida.

Sus ideas fueron progresistas, generosas y siempre en relación con la defensa de los intereses de la clase trabajadora, de la mujer pobre del campo y de la ciudad, de la juventud, de los estudiantes.

Allende reaparece en el paisaje político chileno en 2011, pero reaparece con otra fuerza, con otra dimensión, con otra consistencia. The time is out of joint. Chile no está bien, como toda la sociedad neoliberal. En estas condiciones Allende vuelve, nos acompaña y nos invita a recurrir a su ejemplo de consecuencia y de integridad, a su pensamiento para cambiar, para transformar la sociedad chilena. El espíritu de Allende puede ayudar a salir del consenso restrictivo que han impuesto los partidos de gobierno en Chile. Este consenso hace que las preguntas sean internas a las fuerzas de gobierno. Tenemos que recordar que es el Estado el que organiza los procesos electorales y que no es el pueblo el que los administra.

El espectro de Allende vuelve de manera fantasmagórica. Su pensamiento no está muerto, bien al contrario, sus ideas viven y están presentes y los jóvenes estudiantes, con sus diferentes acciones, nos lo recuerdan. El fenómeno es interesante, pues estamos hablando de jóvenes que no conocieron, que no vivieron con Allende, pero que conocen su "espíritu".

Mucha gente hizo y ha hecho lo imposible para que la figura de Allende muera definitivamente, pero no pensaron en su “espectro", no pensaron en su “espíritu". Hoy podemos decir, con lo que estamos viendo en Chile, que la tentativa de eliminar la figura de Allende no fue un éxito. Apenas su cuerpo dejaba de vivir y su corazón de palpitar, inmediatamente su ejemplo y su espíritu comenzaron a acompañarnos y sus últimas palabras comenzaban a resonar, a hacerse una realidad,“siempre estaré con ustedes...”

El consenso entre las fuerzas de gobierno, entre los partidos de gobierno, para eliminar el legado de Allende, existió siempre. Primero fueron las fuerzas reaccionarias de la dictadura que intentaron hacer desaparecer la figura y el ideario de Allende. Posteriormente, con la vuelta a la democracia y al sistema “capitalo-parlamentarista, fueron las fuerzas de centro izquierda que se alejaron de su ideario, de su imagen, de su espíritu, pues el pensamiento de Allende parecía demasiado revolucionario, y éste no permitía crear el consenso restrictivo a través del cual el Estado impone sus soluciones, sus partidos, sus ritmos y su sistema electoral.

Las fuerzas liberales, de derecha y de izquierda, saben que al olvidar el pasado, al negar el pasado, no hay fantasmas, no hay espíritus, no hay espectros que vuelven.

Pierre Leroux (4)(1797/1871) pensaba que un corazón decepcionado es un corazón cerca de renunciar a sí mismo. Leroux pensaba que un corazón que renuncia a sí mismo se instala en el individualismo sin futuro.

Allende mostró con su ejemplo convicciones que las fuerzas y los partidos de gobierno posteriores no han tenido. Cuando Allende dice en su últimas palabras «...Yo no renunciaré. Colocado ante un trance histórico pagaré con mi vida la lealtad del pueblo» sabe de una manera muy pertinente lo que está haciendo, está tomando una decisión histórica, espectral, al ofrecer su vida está pasando definitivamente a la historia. Pero pasa a la historia como parte de un presente, de un futuro, para estar “siempre” con nosotros.

Luchar por la justicia es luchar por la verdad. Allende sabía lo que nos legaba con su muerte. Sabía que su espectro, el “espíritu” de su espectro, su fantasma nos acompañaría siempre. Decide dejar al pueblo de Chile su ejemplo, le ofrece a las nuevas generaciones un legado, pero un legado de lucha, de lealtad, de valor. Nos dice claramente hacia el final de sus últimas palabras, con una visión histórica tremenda, como la de Sócrates, cuando no acepta la evasión que le proponen su amigos para evitar la pena de muerte:“Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, me seguirán oyendo. Siempre estaré con ustedes...».

Estas palabras, al margen de ser muy hermosas y emocionantes, son las palabras de un héroe preclaro, de un héroe con una visión histórica y política única. Son las palabras de un luchador por la justicia, por la libertad, por la dignidad, por la igualdad, por la verdad. Es decir todo lo contrario de lo que nos propone el Chile actual y sus fuerzas de gobierno.

Hoy los miembros de los partidos de gobierno tampoco renuncian, pero a lo que no renuncian es a sus privilegios y a sus prebendas. Definitivamente estas fuerzas dan otro ejemplo a la sociedad. Los jóvenes y los estudiantes han elegido, y han tomado el ejemplo de ese presidente inolvidable que fue Allende. Esta elección de la juventud chilena nos habla de la derrota ideológica anunciada de las fuerzas conservadoras y neoliberales en Chile. Estas fuerzas pensaron que habían encontrado una síntesis y que esta no cambiaría más, pensaron realmente que era el fin de la historia, como Fukuyama (5). Pero la humanidad se desarrolla y cambia las síntesis, las altera, las modifica y esto nos permite ver el pasado cada vez de una manera diferente. Las fuerzas liberales quisieron enterrar para siempre todos los fantasmas del pasado y de esta manera crear un“presente falso.

Cuando Allende decide pagar con su vida la “lealtad del pueblo», tiene un gesto de una significación simbólica inmensa, de una fuerza subjetiva enorme, corresponde a un gesto político único y excepcional. Allende muere como un soldado, no como un guerrero. Muere en la tradición que se inaugura con la revolución francesa (1789) y que se termina con la revolución cultural en China (1976). La muerte del guerrero pertenece a un gesto individual y aristocrático. Esta figura“no formaliza una disciplina en relación con una idea». Podríamos afirmar que Allende muere en la tradición más democrática y colectiva del soldado. Muere por una causa, por una idea.

Para Badiou, «el soldado es una metáfora que contiene tres elementos fundamentales del ser humano cuando éste es captado (sorprendido) por la verdad: primero es un ejemplo para cada uno; después es la creación de una nueva posibilidad; finalmente es un ejemplo de lo que hay de inmortal, o de eterno, en una acción al servicio de una idea verdadera».

“Me seguirán oyendo. Siempre estaré con ustedes...”estas palabras son una revelación. Allende estaba iluminado, sabía que lo íbamos a seguir oyendo, sabía que no lo íbamos a olvidar. Sabía que iba a “estar” con nosotros «siempre». Con la crisis general del sistema neoliberal, con la irrupción de los estudiantes y de los trabajadores en la vida política chilena, Allende reviene, guía, inspira. Su espíritu recorre Chile e impulsa a las nuevas generaciones a luchar por la justicia, por una sociedad mas solidaria, mas democrática, y a salir del consenso desmobilizador en el que se ha vivido en los últimos veinte años, durante la llamada transición. Como dicen los estudiantes, Chile no vive en democracia sino en una post-dictadura.

Cuando al final de su últimas palabras Allende dice : «Sigan ustedes sabiendo que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor », Allende nos da el programa de lucha para los próximos cincuenta años, el programa para las luchas del siglo XXI del pueblo chileno. Pero este programa no ha sido el de todas las fuerzas políticas de la izquierda chilena. Allende nos proponía, en sus últimas palabras, estar siempre junto a nosotros, pero muchos entendieron que había que olvidarlo para siempre.

“El hombre libre, una sociedad mejor», es todo un programa. Una sociedad mejor es lo que exigen los jóvenes hoy. Las máximas de la revolución francesa siguen vigentes: libertad, igualdad, fraternidad. Pierre Leroux proponía cambiar una de ellas, la fraternidad, que tiene una connotación religiosa, por la de solidaridad, expresión con un contenido más laico. Los ricos en general toman como bandera la libertad, pero se olvidan de la igualdad, de la solidaridad. Esto es normal, pues los ricos tienen como proyecto hacer cada vez más de lo mismo, juntar más riqueza.

En el fondo es un proyecto que niega el pasado y que por lo mismo no tiene futuro, es siempre más de lo mismo. Es como si el presente se estancara, se detuviera, se petrificara. No era en todo caso el proyecto de Allende con su gobierno popular, proyecto que debía permitir una transformación democrática del país. Quién se recuerda, o quizás prefieren olvidar, de la reforma bancaria, que llevó a la nacionalización casi total de los bancos en Chile ? Cuando vemos la crisis bancaria de hoy, se puede pensar que Allende era ya un visionario en 1970.

El espectro de este luchador materialista nos sigue dando, nos dará siempre, materia e ideas para construir un Chile nuevo. Las grandes alamedas comienzan a llenarse de jóvenes estudiantes, de trabajadores, que quieren por fin llevar a cabo el proyecto de transformación de Salvador Allende. Este fantasma que inspira el movimiento social, está reapareciendo, es como si se estuviera despertando, para observar y guiar lo que pasa, lo que va a suceder. Su espíritu alimenta las esperanzas de la juventud chilena y le ayuda a razonar de manera política. “Me seguirán oyendo”.

El espíritu de Allende es un bello ejemplo para nuestra juventud, es el ejemplo de un hombre digno, leal, con convicciones. No todos los pueblos tienen un Allende, no todos los pueblos tienen un espectro con un espíritu tan rico, tan profético. Habría que, definitivamente, aprovecharlo más, mucho más.

Esa podría ser, quizás, la tarea para los próximos años. Ese sería, tal vez, el mejor homenaje que la juventud y los trabajadores de Chile pudieran ofrecer a la memoria del doctor Salvador Allende, retomar su pensamiento, analizarlo, estudiarlo, apropiárselo y recrearlo. El pensamiento de Allende tenía la gran virtud de ser un pensamiento revolucionario, abierto, no dogmático, y no pretendía haber llegado a “la síntesis”. La síntesis de Allende será siempre perfectible, y todos estos años, entre 1973 y 2012, nos permiten desde ya tener una lectura diferente de su legado.

Eduardo Valenzuela Bejas. Músico, Magister en Artes de la Universidad Paris 8

NOTAS:

1) Obra colectiva, Otro Chile es posible, Editorial Aún creemos en los sueños, 2011
http://www.lemondediplomatique.cl/e...

2) JAcques Derride, Spectres de Marx, Editions Galilée, 1993

3) Alain Badiou, La relation énigmatique entre philosophie et politique, Ediciones Germina, 2011

4) Pierre Leroux, filósofo francés del siglo XIX. Gran amigo y colaborador de la escritora Georges Sand.

5) Francis Fukuyama, filosofo, economista e investigador en ciencias politicas estadounidense, de origen japonés.

 
Contáctenos | Todos los derechos reservados | Todos derechos reservados © 2019 Le Monde diplomatique.