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A.C.A.B: el pertinente uso de la expresión «Todo es policía es un bastardo». Por Alex Ibarra Peña

Esta expresión puede parecer una expresión de violencia, sin embargo se encuentra justificada sobre todo cuando surge de las víctimas. El cuerpo asesinado de Francisco Martínez Romero levanta su voz en las voces de quienes se manifestaron en repudio de las acciones graves de violación a los derechos humanos. Las protestas si bien reivindican la memoria de esta víctima son también un rechazo a toda esta institución represiva que por años viene usando la violencia contra el pueblo.

El pasado de Carabineros ligado a la dictadura y su plan de exterminio a los opositores ha sido lo suficientemente testificado. Las encuestas son claras en cuanto al temor que se le tiene a estos funcionarios del Estado. Los actos de violencia sistemática producen ese temor capaz de silenciar las voces que no aceptan los hechos de violación a los derechos humanos.

El cobarde asesinato de Francisco nos trae a la memoria de manera inmediata los crímenes de los últimos años, quizá el más notorio el de Camilo Catrillanca. El prejuicio es peligroso sobre todo cuando tiene como consecuencia la realización de asesinatos que es el término arbitrario de la vida. Las generalizaciones son peligrosas, pero podríamos predicar que la policía es asesina, por cierto no sólo en Chile.

Dos cuestiones a la reflexión. La primera, reiterando que las generalizaciones pueden ser injustas, también podríamos decir la policía es ladrona y corrupta. Además de las violaciones a los derechos humanos y los crímenes, el alto mando de la institución cometió un millonario fraude que sigue casi totalmente impune.

Esto apoya la tesis de que esta institución se encuentra totalmente desacreditada frente a la ciudadanía, eso de «un amigo en tu camino» más bien es un título para una serie con alta dosis de sicopatismo.

La segunda reflexión. El clasismo con el que operan las fuerzas del orden. Los asesinatos a mapuches o personas con una forma de vida alternativa, o si quieren asistemática, se reiteran. Detengámonos en la imagen del malabarista callejero que se instala en un espacio de margen, entregando al espectáculo por las monedas que van sobrando, itinerante en la ciudad, compartiendo la esquina con el limpiavidrios.

Las ideas para la reflexión es para seguir enjuiciando ciudadanamente a esta institución que ha sido respaldada por los gobiernos que las han ido militarizando no sólo en su formación sino que también con los insumos tecnológicos para la represión. Incluso su oficial más alto en la jerarquía hoy ha sido citado a declarar como imputado por las violaciones a los derechos humanos durante el llamado estallido social de octubre 2019.

La institucionalidad política vigente acepta a esta institución asesina y ladrona, perdón aquellos que visten el uniforme y estos calificativos les resultan injustos. Es la ciudadanía la que debe seguir manifestando las vías del nuevo contrato social. La rabia frente a los excesos de esta institución provoca esa indignación que encuentra su manifestación en la violencia. Tal vez podamos prolongar el reclamo en velatones masivas en las plazas y cuarteles para rechazar el accionar indebido de las fuerzas policiales. La violencia también puede ser respondida con nuevas prácticas, el Chile que se constituye no puede abandonar el espacio público tomando los resguardos de autocuidado por la pandem

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